Adolescentes ¿Incapaces de interesarse por nada?

 11155150_10206169411212483_7169017387595676679_oFotografías de Carmen Hache

 

Ahí los tenemos. Sentados y ausentes, la pasividad en persona. Incapaces de interesarse por nada; bueno, al menos por nada de la escuela y seguramente por pocas cosas fuera de ella. Por un oído les entra y por otro les sale. Impermeables al conocimiento. Sus profesores no lo entienden. Ellos solo “pasan”. “Es la adolescencia”, dicen los adultos. “¡No todos los adolescentes son así!”, exclaman otros adultos más optimistas. Es cierto. Solamente son así los que han entrado en apagón emocional. ¿Y eso qué es? Habrá que explicar algunas cosas antes para entenderlo.

Veamos, ¿qué tenemos? Un cuerpo antiguo, diseñado para la vida hace 200.000 años, y un mundo nuevo, que ha cambiado a ritmo cada vez más acelerado en los últimos siglos. Este adolescente pasota de hoy nació hace algo más de una década y empezó a aprender de su entorno desde ese mismo momento. De hecho, ya había aprendido unas cuantas cosas dentro del útero.

Genéticamente vendría programado con más o menos inteligencia, creatividad, constancia… Sin embargo, eso es solo un marco de posibilidades. Los estímulos de su entorno habrán hecho que determinados genes se activen o no. También se habrán dado cambios epigenéticos; esto es, que condicionaran la expresión de sus genes a largo plazo o incluso durante toda su vida. De este modo, su entorno familiar, ambiental, social, escolar… ayudará a que su creatividad se despliegue al máximo o a que se anule, a que sea capaz de aprender durante toda su vida o a que tenga un interés mínimo por el mundo que lo rodea.

Nuestro adolescente viene equipado con neuronas espejo. Esto le ha permitido aprender por imitación. Y no solo puede hacerlo con las habilidades motoras – igual que hacen los chimpancés – sino también con sus habilidades sociales. Se mirará en el espejo de su entorno y lo imitará. Este es un mecanismo moderno, evolutivamente hablando.

También dispone de un mecanismo muy antiguo: el de huida o lucha, que es la respuesta a una situación de estrés. Cada input negativo que ha recibido este adolescente en su vida ha generado estrés. Si las negativas han sido constantes, el cerebro desconecta, decide no reaccionar más. Y llega el apagón emocional. Ya no huye ni lucha ante nada. O quizá pase lo contrario, se pasa el día huyendo de todo, o luchando contra cualquier cosa.

El adulto responsable levanta el dedo y exclama: “¿Qué pasa? ¿No vamos a poder decirles nunca que no para que no se frustren? ¡En mis tiempos esto no pasaba! ¡Nosotros sí que sabíamos lo que era la disciplina! ¡Qué apagón ni qué apagona!”

Tranquilo, querido adulto (que crees firmemente que cualquier tiempo pasado fue mejor y que la juventud de hoy en día está perdida). No se trata de eso. Se trata de neurociencia, de lo (poco) que hemos aprendido del cerebro humano y de su capacidad de aprendizaje.

Los niños son pequeños científicos y, aunque ahora no lo parezca, nuestro adolescente también lo fue. Dedicaba sus días a experimentar, a establecer hipótesis, a comprobar los resultados, a repetir las experiencias, a cambiar variables… Imaginad un bebé golpeando un objeto repetidamente contra el suelo, luego comprobando qué pasa cuando lo golpea contra otro objeto, y contra otro más… ¡Esto es, sin duda, el método científico!

Debemos preguntarnos si su entorno se dedicó a preservar este espíritu curioso e investigador o, por el contrario, censuró todos sus experimentos (y no solamente los más arriesgados). Quizá una y otra vez le hizo creer que sus capacidades eran nulas, que no sabía, que no podía y que no debía esforzarse en averiguar por si mismo las cosas sino que debía escuchar, obediente, lo que otros, que sabían más, le explicaban. Así fue como empezó a apagarse su curiosidad.

Luego llegó la adolescencia y, con ella, una verdadera revolución neuronal (a parte de la hormonal). Los circuitos de su cerebro implicados en la percepción, la imaginación, el pensamiento abstracto y la toma de decisiones se volvieron aparentemente locos. La toma de decisiones se tornó mucho más emocional.

“Un momento”, dice el adulto responsable, “¿estamos volviendo atrás? ¿No habías dicho que el niño era científico?” Sí, había dicho eso. Y mientras hacía sus experimentos científicos, iba ligando emociones a sus aprendizajes. Los recuerdos más persistentes siempre van ligados a emociones, los procesos cognitivos son inseparables de las emociones. Y el siguiente paso es la optimización de la toma de decisiones…

El método científico es lento y costoso. Si ya el cerebro ha aprendido tantas cosas, por qué no utilizar las emociones como un método rápido y efectivo para decidir. Evolutivamente tiene sentido, es un sistema que favorece la supervivencia, pues se toman decisiones en décimas de segundo que pueden suponer la diferencia entre la vida o la muerte. En la prehistoria – cuando el ser humano era fisiológicamente igual que ahora aunque su mundo fuera muy distinto – el adolescente debía tomar su lugar en la comunidad, asumir riesgos, innovar e introducir cambios. ¿Podemos imaginarlo como una explosión de energía y optimismo?

El cerebro del adolescente es emocional, y es posible que hayamos matado gran parte de su cerebro científico infantil. Y justamente ahora la escuela considera que es el momento de introducir el método científico y de dedicarse al razonamiento puro. Soy partidaria del método científico, que a mi entender debe ser uno de los pilares de la escuela, pero… ¿dónde queda la emoción?

Si ese adolescente ha pasado por la constante negación de sus capacidades y se ha frustrado a diario durante toda su infancia, puede apagarse. Aún teniendo en cuenta que no solo la escuela ha influido sino todo el entorno, y que no todos los niños y adolescentes reaccionan igual, llegaríamos a la famosa frase de Sir Ken Robinson: “¿Matan las escuelas la creatividad?”

¡Y ahora qué hacemos!

Pues lo primero, prevenir: No apaguemos a los niños si no queremos tener adolescentes apagados. Preservemos su capacidad para aplicar intuitivamente el método científico. Estimulemos su curiosidad. Digámosle menos veces “esto esta mal” y más veces “puedes hacerlo mejor”.

Lo segundo, curar: Hay que emocionar. Y tener en cuenta las neuronas espejo. Si queremos adolescentes optimistas, creativos, innovadores, comprometidos… necesitaremos una escuela optimista, creativa, innovadora y comprometida.

¿Y cómo lo hacemos? La próxima semana os presentaré algunos ejemplos reales de escuelas que piensan en niños científicos y en adolescentes entusiastas. Eso sí, teniendo en cuenta que la escuela no es el único – y tal vez ni siquiera el más influyente – entorno de aprendizaje.

 

Para saber más:

“El juego es el disfraz del aprendizaje”, entrevista al el neurocientífico Francisco Mora.
“La mirada de aprobación del maestro es más gratificante que un 10”, entrevista al genetista y divulgador sobre ciencia y educación David Bueno.

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H paseoFotografías de Carmen Hache

 

 

 

10 respuestas a Adolescentes ¿Incapaces de interesarse por nada?

  1. 1
    Heva dice:

    Estupendo artículo Elena, feliz fin de semana =)

  2. 2
    Cefe dice:

    y qué hacemos cuando ese adolescente no se interesa por nada?
    Cuándo a todas las propuestas para despertar su parte creativa, responde con una negación?
    En casa somos creativos y lo ha visto desde niño. Él también lo fue.
    Ahora está dormido, ausente.
    Cuando ni siquiera quiere ir a clase…
    Lo estoy pasando tan mal!

    • 3
      virginia dice:

      Cefe, desde que te he leido, no he parado de pensar en ti, en mi…. En lo complicado de la adolescencia :( Mi hijo mayor, desde que entro en esta etapa, tiene ya veintitantos y no la ha dejado :( El sigue siendo creativo, a mi eso no me importa que en la adolescencia se abandone la creatividad, me preocupa más el abandono emocional, dejar de ser un niño y perder el contacto físico, los abrazos, dejar de trasmitir sus emociones y compartir como antes hacía. Ahora cuando hablamos de esa etapa, mi hijo me recrimina que siempre era yo la que estaba en guerra con él (y lo cierto, es que después de miles de veces de decirle una cosa, en tono amistoso, al final siempre acababa levantándole la voz, para que se moviera :( ) con el tiempo he aprendido, que aunque haya que marcar límites, intentar nunca perder el tono de voz (esa frase que dice “no es lo que dices, sino el tonito con el que lo dices” Ahora muchas veces, me muerdo la lengua, Creo que la etapa más decisiva de nuestra vida, es la adolescencia, hoy en día no es fácil ser adolescente. Un abrazo

  3. 4
    Silvia dice:

    pienso que en general los colegios solo de pretende “enseñar” para conseguir unos objetivos… que nuestros hijos estudien una carrera…casi siempre una ingenería…empresariales…cosas de provecho… nunca nada creativo…, para casi todo lo chicos funciona… pero los que son diferentes no encuentran su lugar y eso es dificil de llevar…por lo menos eso nos ha pasado en casa con mi hijo…su cole es muy bueno para prepararles en ser ciudadanos eficientes pero no les hacen pensar ni expresarse… lo que nos ha llevado a buscar para el próximo año que comienza el bachillerato buscar un nuevo cole, un instituto público… espero que se encuentre con gente con parecidas ilusiones…y que le motive más… y salga del letargo :)

  4. 5
    Yolanda dice:

    Me ha llegado mucho este artículo. Tengo un familiar muy cercano así. Se pasa el día en la cama y la noche frente al ordenador. No hay forma de estimularle. Si le pides ayuda viene y te ayuda, pero no tiene ideas ni iniciativa. En mi familia están desesperados. Y ves a tantos así. Cada vez más los hikkikomori japoneses se encuentran en nuestra casa. Ante la visión de que estudien lo que estudien y hagan lo que hagan no tendrán trabajo ni se sentirán realizados, se paralizan, se quedan en “stand by”. Y entonces, me acuerdo de otras crisis y cracks de otros países y pienso que ellos lo tuvieron peor que nosotros. Y salieron. Me pregunto cómo.

    • 7
      virginia dice:

      Buenos días, Elena, me ha encantado. Lástima que hace 10 años no lo hubiese leido :( Mi pequeño cachorro, que siempre había tenido un comportamiento manso de perrito, se transformó en un gato y yo seguía tratándolo igual. Con mis entradas bruscas :( Ahora lo que le hago saber es que sea, lo que sea, yo lo amo igual, respeto su espacio y sólo deseo que la suerte siempre le acompañe. Gracias por el enlace, creo que será muy interesante ver todas las entradas. Saludos

  5. 8
    Isabel dice:

    Elena,

    Mis felicitaciones por este artículo. Realmente, muy interesante. Me queda lejos en lo profesional y en lo personal, pero siento que tiene un gran valor empezar a hablar de la adolescencia y ayudarnos, entre todos, a comprendernos y comprender a las personas que se encuentran en esa etapa de vida tan compleja.
    Es una época muy, muy, compleja pero, a su vez, muy hermosa. Pueden parecer dormidos los adolescentes, pero, en realidad, están despertándose: su vida interna es muy activa y buscan como locos una correspondencia entre sus sueños, sus deseos y la realidad que les envuelve.
    Por mala pata, a muchos adolescentes actuales les ha tocada vivir una mala época social y económicamente y puede que eso les esté llevando aún más hacia dentro y a distanciarse de los adultos que, según ellos, hemos construído un mundo hostil que no les puede acoger.
    Igual vale la pena dibujar un futuro más positivo entre todos, no se trata que lo haga una familia o dos, se trata que lo haga una sociedad entera: empezar a encontrar los agujeros de nuestro panorama para empezar a colar en ellos la luz de la ilusión y que todos les digamos a estos adolescentes de hoy que tienen un sitio y que les esperamos.
    Los adolescentes, no olvidemos, tienen una energía muy especial algo que nosotros como adultos hemos ido perdiendo y que ellos conservan del todo: la rebeldía, el deseo de hacer algo diferente que nuestros ancestros, el pensar que el mundo, en sus manos, puede ser cambiado. Démosles oportunidades para poner a prueba esa energía en la escuela, en la sociedad en todos lados y escuchemos sus ideas no con el escepticismo de los que ya nos damos por vividos, sinó con la ilusión de los que aún tenemos mucho por aprender.
    A la espera me quedo de la siguiente parte del artículo con ganas de escuchar…

  6. 9
    La Tribu dice:

    Gracias por el artículo, nos invita a reflexionar!

  7. 10
    Pètal dice:

    Cada vez que leo artículos como este me desespero y estoy más convencida que debo desconectar y no leerlos más.
    En todos ellos hay una teoría muy bonita y muy creíble. Y realmente son ciertos, explican lo mejor para nuestros adolescentes y la mejor manera para tratarlos. Pero en ninguno de ellos hay una persona a tu lado diciéndote dónde y cuándo te equivocas. Nadie te dice cómo tienes que actuar cuando tu adolescente se planta ante cualquier cosa que le pidas (no que le mandes). No puedes pedir ayuda a tus padres, antes las cosas se hacían así y punto.
    He cogido un montón de libros en la biblioteca sobre adolescentes, me he leído un montón de artículos, mirado reportajes, preguntado a padres que ya han pasado por este maravilloso mundo (que sé que en un futuro pensaré que es). Pero es que por muy informada que estoy, para mi hijo de 12 años que justo empieza ahora a buscar su sitio en esta vida, me estoy convirtiendo en una madre más malvada que la madrastra de Blancanieves. Y para él es duro, pero para mí es desolador ver como voy descendiendo de la torre más alta desde el cielo a un pozo sin fondo.
    Y el único consuelo que me queda es pensar que, con los años, esto solo habrá sido una pesadilla necesaria para volver a tener como recompensa a mi príncipe azul convertido en todo un rey en su monarquía familiar.
    Así que sintiéndolo mucho, a partir de ahora, he decidido no leer más artículos sobre cómo escuchar a los adolescentes, para poder dormir por las noches sin remordimientos porque le he exigido a mi hijo que se ponga a estudiar que es su obligación o se vaya a duchar para no parecerse a una mofeta.

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