Archivo del Autor: Elena Ferro

Feliz día del libro, feliz día de Sant Jordi

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Foto de Begoña Romeu, de Tea on the moon

Hoy es el día de Sant Jordi, el día del libro, 23 de abril, uno de mis días preferidos. Desde que nació Kireei – precisamente una primavera hace 4 años – no he dejado de recordaros esta fecha cada abril. La primera vez ya conté unas cuantas cosas acerca del por qué del día del libro , así que no volveré a repetir lo mismo. Pese a ciertas críticas al mercantilismo (editorial y florista) eso no consigue estropearme la fiesta que, para mi, es casi el símbolo máximo de la civilización: el pensamiento, la creación y la belleza al alcance de cualquiera, entre la gente, al aire libre, en la calle. 

A través de los libros conectamos con mentes lejanas en el tiempo o el espacio, soñamos, nos emocionamos, aprendemos. Claro que no solo a través de los libros podemos conseguir esto, ni la lectura es garantía de nada, pero tampoco podemos obviar que las sociedades más cultas y avanzadas siempre sobresalen en todas las estadísticas por sus niveles de lectura, sus estupendas dotaciones públicas en bibliotecas y sus bien surtidas librerías. ¿Son sociedades más felices? No necesariamente. La felicidad es algo tan etéreo y fugaz… Pero creo rozarla cierta mañana de primavera volviendo a casa con un libro bajo el brazo y oliendo a rosas por las calles.
 

Mi papá is a monster, de Kokoro editorial

MI PAPA

 

Es sorprendente que en tiempos de crisis alguien tenga la valentía de montar una nueva editorial, estando como está la cultura en este país – se lee poco, se compra menos! – y, además, de álbum ilustrado, con su tapa dura, sus ilustraciones… ¡con lo caro que resulta! Pero sí, alguien se ha atrevido. Se trata de la Editorial Kokoro que, de momento, cuenta con cuatro títulos, todos con una cuidada edición que ya quisieran para sí muchos de los grandes monstruos del mundo editorial… 

Y hablando de monstruos, quiero hablaros especialmente de uno de sus títulos. “Mi papá is a monster” de Antonio Zurera, una historia en edición bilingüe español-inglés que trata de la separación entre padres e hijos. Más allá de la utilidad del cuento para el aprendizaje de los idiomas o para trabajar las emociones, cosas que seguramente estaban presentes en la mente del autor y que muchos adultos apreciarán para su uso en el aula, quiero centrarme en la historia. Fiel al estilo que ya exhibe en “La montaña”, también editado por Kokoro, la protagonista es una niña (yo diría que la misma pero algo crecidita y con el mismo amor por los lazos) y su padre. Si en “La montaña” el padre era básicamente unas piernas, en esta es todo un monstruo. Un monstruo peludo, azul, algo tontorrón, egocéntrico y simplón que, sin embargo, rebosa de amor por su niñita. Como en “La montaña”, la historia encadena una serie de situaciones divertidas y humorísticas, pero no de un humor grueso sino amable y a menudo sutil para los niños. Y, como en “La montaña”, no falta el gato. Me gusta que el autor no se haya empeñado en dejar todo bien clarito al lector infantil, sino que le ofrezca una aproximación asequible a los dobles sentidos y a la ironía. Aunque no conozco a Antonio Zurera de nada, me da la impresión de que él mismo debe ser un papá que sabe reirse de sí mismo.

Si queréis saber más, ¡tendréis que conseguir tenerlo en vuestras manos!

 

El conillet Benet

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¡Mirad qué cucada os traemos hoy! Se trata del conillet Benet, un conejito de tres años que vive con sus papás en una casa rodeada de campos y montañas, cerca de la ciudad. Este personaje, creado por Christian Inaraja, tiene su propia página web, El conillet Benet, en la que podréis encontrar más información sobre este conejito, la colección de cuentos en la que se narran sus pequeñas aventuras, y sobre la revista Piu-Piu (revista en catalán para niños de 0 a 5 años) en la que Benet tiene su espacio fijo e incluso ha sido protagonista de alguna portada. 

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Para este Sant Jordi, el conillet Benet tiene una novedad: “El conillet Benet fa de Sant Jordi”. Como todos los de la colección, es un libro cuadrado, de páginas de cartón grueso, a la medida justa para las manos pequeñas y en el que se suceden las escenas que hilan la historia, pensadas para observar y comentar, desarrollando el vocabulario y trabajando las emociones en conexión con el mundo infantil. Pero sobre todo, y lo que es más importante, para que los más pequeños disfruten y establezcan una primera relación positiva y placentera con los libros. 

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De momento solamente está disponible en catalán, esperamos que se traduzca a muchos otros idiomas porque nos encanta el personaje. 

Próximamente el conillet Benet estará en Món Llibre (13 y 14 de abril, en Barcelona) con un taller de construcción de un móvil y un cuento explicado por la cuentacuentos Gina Clotet. Si tenéis niños pequeños no os lo podéis perder.

 

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La mirada infantil a través de la fotografía

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Cuando hablamos de incorporar las nuevas tecnologías al aula siempre pensamos en ordenadores. Pero tecnologías, nuevas o no tan nuevas, hay muchas. Una de ellas es la fotografía digital que de “nueva” solamente tiene la parte digital, parte que le ha otorgado a un invento centenario un montón insospechado de posibilidades en el aula y fuera de ella gracias al abaratamiento del proceso por la desaparación del carrete.

La fotografía, como el cine, pone en juego valores artísticos, culturales y personales. Ayuda a prestar atención a lo que nos rodea, a dar forma a las ideas, a afilar la sensibilidad, a documentar procesos y resultados, a relacionarse con el mundo, a expresarse con otros lenguajes…

Muchas escuelas ya han incorporado la cámara digital a la cotidianeidad del aula para mostrar el día a día de los niños. Algunas de estas escuelas han puesto la cámara en las manos de los alumnos para hacer que sean ellos mismos los que documenten sus procesos de aprendizaje y dejen constancia de las creaciones efímeras que van mucho más allá del dosier en papel: construcciones, danzas, representaciones… 

La asociación cultural A Bao A Qu trabaja para la introducción de la creación en las escuelas e institutos, y ha puesto en marcha diversos programas de cine y fotografía. Uno de estos programas, Cinema en Curs, ha llegado a la escuela Congrés-Indians de Barcelona y se ha materializado en una exposición: “Los edificios y espacios arquitectónicos del barrio desde la mirada de los niños” . Es increíble comprobar cómo la mirada de los niños no tiene los límites que a veces nos autoimponemos los adultos. 

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Os invito a conocer la exploración fotográfica por el barrio y el visionado y selección del material que hicieron. Una de las maestras que ha seguido el proceso, Isabel, me dice que vivirlo en persona ha sido muy emocionante y transmitirlo en palabras, muy difícil. Personalmente, es un proyecto que me emociona simplemente mirando el blog, viendo las imágenes y leyendo las explicaciones. 

Saliendo de la escuela también la cámara puede tener un papel tan importante como el de los libros, los juguetes, el papel y el lápiz, o cualquier otro material que alimente la imaginación y estimule la creatividad. Como ejemplo os quiero mostrar algunas fotos que ha hecho Rita, una niña, hija de Caterina Pérez . Acompaño las fotos con un extracto de los comentarios de su madre. 

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Al regresar a casa (pues estos días me toca tallerear mientras papá se ocupa de los chicos) mi chica me muestra con emoción su colección de imágenes. Se ha pasado el día retratando “el día” y todavía estoy con la boca abierta. Y es que en sus fotos hay algo muy de mí… no sé cómo explicarlo… la sensación de que se fija en mi mirada sobre el mundo mucho más de lo que yo me doy cuenta….

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…incluso tiene una preciosa serie de fotos sacadas en la calle! Su forma de sacar fotos me ha dado mucho que pensar… mucho.

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El otro día volvíamos a casa y de repente me llamó. Me giré y la vi detrás de su camarita. Un instante tan solo. Y luego se acerco corriendo y me enseñó la foto que acababa de tomar y me dijo: “Ves? muevo la cámara un poco y así sales como si fueses una dibujo! Me gusta mucho que quede así! lo hago adrede para que quede como pintado. ¿A que es chulo?”. Y yo sonreí, y le dije que era chulísimo, y me quedé alucinada y me entró un nuevo ataque de amor por mi enana que crece tanto, y que es tan ella, y que sabe tanto!

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esta tarde rita me ha tomado esta foto. Juro que no está ni editada, ni recortada, ni reencuadrada. Rita me ha tomado esta foto, tal cual. Y me ha entregado la cámara con la foto en la pantalla y una sonrisa orgullosa. “Ésta sé que te va a gustar”. Y sí. Lo estoy escribiendo aquí y siento un nudo en la garganta… será el orgullo!

 

¿Qué pasaría si los niños trabajasen la fotografía, no solo como tecnología a dominar sino como medio de expresión, durante toda su educación infantil y primaria? ¿Qué posibilidades se abrirían para los adolescentes en la secundaria a través del lenguaje fotográfico? ¿Qué aportaría desde el punto de vista de la creatividad? ¿Y de la autoestima? ¿Qué importancia tendría incorporar nuevos y diversos lenguajes más allá de la palabra escrita? 

Me he quedado con ganas de investigar más, así que seguramente continuaré hablando de ello otro día. 

Artículo publicado originalmente en mi blog Quadern d’idees

Alicia

Esta entrada se publicó por primera vez el 23 de abril de 2009 y ha sido revisada.

Cuando pensamos en los clásicos de la literatura infantil, invariablemente nos acordamos de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll.

La Alicia de Carroll está repartida entre dos libros: Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo. El primero fue escrito basándose en el relato que el propio Carroll (que en realidad se llamaba Charles Dodgson, era sacerdote anglicano y profesor de matemáticas en Oxford) hizo a las tres hermanas Liddell durante un paseo en barca. Una de las hermanas se llamaba Alice y a ella le regaló Carroll el manuscrito del relato, ilustrado por él mismo.

                                Esta es Alice Liddell, fotografiada por Lewis Carroll:

01-535482_0x440 y esta es la última página del manuscrito, con la foto de Alice:

 

Posteriormente el libro fue publicado con ilustraciones de John Tenniel, que dio vida a una Alicia rubia:

 

 

En respuesta al éxito de Alicia en el País de las Maravillas, Carroll escribió la segunda parte, en la que Alicia atraviesa el espejo.

Los dos libros son un compendio de geniales bromas del reverendo Charles Dodgson, un montón de retruécanos que ha sido objeto de análisis literarios y psicológicos de todo tipo, hijos de la época victoriana en que fueron concebidos, profundamente ligados a la lengua inglesa: un verdadero reto para cualquier traductor y dificil de entender para cualquier niño que no sea inglés, no viva en el siglo XIX o, incluso, no esté a bordo de la barca con las niñas Liddell aquella lejana tarde de verano de 1862. Es por eso por lo que, pese a ser un clásico infantil, su verdadera inmortalidad está en el interés que despierta su lectura en los adultos.

Y para adultos es la obra que recomiendo: La Alicia anotada, una edición comentada por Martin Gardner, conocido matemático y ensayista americano, que incluye ambos cuentos.
Consta del texto íntegro acompañado de comentarios que enriquecen sumamente la lectura y contextualizan el particular sentido del humor de Carroll. Es la edición más importante realizada de las dos Alicias en el mundo anglosajón. La traducción, de Francisco Torres Oliver, es excelente y la cuidada edición incluye las ilustraciones originales de Tenniel. ¡No puede faltar en ninguna biblioteca que se precie! 

Para que disfruteis, aquí os dejo algunas otras Alicias, a parte de las de Tenniel.

                          Una Alicia morena, calcada a Alice Liddell, de Inga-Karin Eriksson:

  

                                           Otra Alicia morena, de Lola Anglada:

 

Y otra, de Bessie Pease Gutmann:

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La Alicia rubia de Mabel Lucie Attwell:

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Mi Alicia preferida, la de Arthur Rackham:

  

 

Algunas modernas me gustan también como la de Helen Oxenbury o la de Rébecca Dautremer, una rubia y otra morena:

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Pero me gustan mucho más las venerables Alicias centenarias que os he mostrado antes. ¿Y cual es vuestra preferida?

 

 

 

Rusia en color, hace un siglo

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Después de enamorarnos del París de principios del siglo XX, viajamos a la Rusia de la misma época. Antes de la revolución rusa, antes de la primera guerra mundial, antes de que el mundo cambiara. En esos años el fotógrafo Sergei Mikhailovich Prokundin-Gorskii viajó por el Imperio Ruso con el apoyo del Zar Nicolás II para documentar en imágenes los paisajes y las gentes. La técnica que utilizó consistía en la rápida sucesión de tres disparos de una cámara especial en blanco y negro, con filtros rojo, verde y azul. Luego se recombinaban y se proyectaban para reconstruir la escena con un color muy próximo al auténtico. Sin embargo, no podía realizar impresiones de las fotos en color.

Las placas originales se conservan en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, que las compró a sus herederos cuatro año después del fallecimiento del fotógrafo en París, donde se exilió tras la muerte del Zar.

Viendo estas fotografias tengo la sensación de que la Historia se vuelve mucho más real y deja de ser algo muerto, que se explica, para ser algo vivo que resuena. Visto en The Big Picture

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