Archivo del Autor: Elena Ferro

Escuelas que no se conforman

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. (Albert Einstein) 

 

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Foto Megan Spelman para Kireei magazine

Estamos saturados de oír noticias acerca de los resultados en las pruebas PISA, de la excelencia educativa en las escuelas finlandesas y de la comparación entre el tipo de excelencia conseguido en ese país y el que se consigue por otros métodos en lugares como Corea (la diferencia es, ni más ni menos, la felicidad de los niños). Nos da envidia Finlandia pero… ¿de verdad entendemos dónde radica la diferencia? No son solamente las dotaciones económicas o la arquitectura escolar, no es solamente la formación del profesorado. Todo eso es muy importante, pero lo más importante de todo es la sociedad que ha permitido, impulsado y apoyado ese tipo de educación. ¿Estamos nosotros dispuestos a cambiar nuestra forma de pensar y de actuar? ¿Estamos dispuestos a apoyar otro tipo de escuela?

Reflexiones como las de Carmen, maestra en Madrid, cuando se pregunta ¿En qué quedamos? desde su blog En búsqueda. Crónica de un viaje a Ítaca, nos dan algunos elementos para la reflexión. Su conclusión es muy elocuente: 

“Seamos coherentes: ese sistema desastroso y catastrófico que hay en nuestras aulas, es instructivo y no constructivo, fomenta la memoria en detrimento de la creatividad y la autonomía, ignora por completo los ritmos madurativos de los chavales, descarta totalmente el juego como principal motor de aprendizaje, sobrecarga las clases con más de 25 alumnos, programa tiempos y espacios totalmente rígidos, no deja sitio a la iniciativa y el debate, no digamos ya al cuestionaminto de lo establecido. Y es ese mismo sistema, alentado e incluso endurecido por nuestro gobierno, el que lleva años produciendo un porcentaje altísimo de fracaso escolar, alumnos desmotivados y abandonos apenas empezada la secundaria. Si de verdad creemos que en Finlandia está la salvación empecemos a aceptar y defender las pequeñas semillas de innovación, de respeto al niño, de metodología activa, que hay en nuestros coles. Como profes… y también como familias.” 

Afortunadamente existen proyectos públicos de innovación educativa que salen adelante con el esfuerzo de maestros y familias, con la complicidad de una comunidad de aprendizaje que se compromete a intentar algo diferente. En realidad, no es algo tan diferente, pues no hace más que recuperar principios de, por ejemplo, la escuela de la República, el método Montessori, la experiencia de Reggio Emilia, la pedagogía de Célestin Freinet… Nada inventado precisamente ayer.

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Foto Escuela Joan Coromines 

Estos proyectos, que requieren del apoyo de las instituciones educativas para su continuidad, están en muchos casos en la cuerda floja, especialmente en estos tiempos de crisis y recortes. Un caso que nos ha tocado la fibra sensible es el de la escuela pública Joan Coromines de Mataró. Nos ha escrito una madre explicándonos esto: 

“El Coro, que es como lo conocemos los padres y madres cariñosamente, nació hace seis años partiendo de la inquietud de algunas madres y de los sueños de algunos maestros, y se ha ido construyendo a si mismo a base de amor, confianza, seriedad y trabajo en equipo.

Ahora, nuestra querida escuela se ve amenazada.

Esta semana se nos ha confirmado el cierre de una línea de P3 y, pese a nuestros esfuerzos (manifestaciones, un encierro de 24 horas…), la realidad nos ha caído encima como un jarro de agua helada. La escuela peligra y el ideal de educación basado en el respeto al niño, a sus ritmos reales y a sus intereses, que hemos soñado y defendido, podría desaparecer en poco tiempo”. 

Este es un video que resume el maravilloso proyecto del Joan Coromines, un proyecto que vale la pena mantener. El video es en catalán pero aunque no dominéis el idioma las imágenes hablan por si solas. 

 

ESCOLA JOAN COROMINES* from Escola Joan Coromines on Vimeo.

Para saber más sobre escuelas con propuestas alternativas podéis empezar leyendo este artículo de La Vanguardia: La escuela busca otra educación

Desde Kireei queremos enviar nuestro apoyo a la escuela Joan Coromines y a todas las escuelas que innovan, que apuestan por el camino difícil, que luchan por sacar adelante sus proyectos y que están pasando unos momentos muy complicados. En sus manos está nuestro futuro. ¿Queremos seguir con lo mismo o estamos dispuestos a apoyarles para intentar algo diferente?

 

Ciudades para niños, ciudades para todos

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 Foto de Sol Z.B.

“Recuerda cuando los niños jugaban en las calles? ¿Y cuando salían de casa cada mañana con su cartera y emprendían el camino al colegio? Hace unos años era una práctica normal, cotidiana y saludable que se ha ido perdiendo, sobre todo en las grandes ciudades, donde se ha sustituido por otra estampa: la de miles de coches tomando las calles, en doble o triple fila a la puerta de los colegios, con niños que entran y salen presurosos. Unos niños cada vez más sedentarios y menos autónomos y unas calles cada vez más atestadas de coches y contaminación. En los años 70, el 80% de los niños europeos de 7 y 8 años acudían solos al colegio. Veinte años después lo hacía el 9%, según el estudio sobre movilidad infantil de Hillman, Adams y Whitelegg. La Declaración de los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, dice: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal”. ¿Hasta qué punto les estamos hurtando estos derechos cuando dejamos que las calles sean territorio casi exclusivo de los coches?”

“Los niños quieren recuperar la calle”. Tráfico y Seguridad Vial, nº 198, 2009.

 

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En referencia a este problema escribí este fragmento del artículo “El tiempo o la vida” que aparece en el número 3 de Kireei magazine, dedicado a la lentitud: 

“Presionamos tanto a nuestros hijos que no les dejamos elegir su camino”, afirma Carl Honoré. El autor de “Bajo presión” afirma en este libro que los adultos hemos secuestrado la niñez y aplicamos la cultura del perfeccionismo consumista a toda nuestra vida, incluídos nuestros hijos. Honoré reclama una relajación en la planificación de la agenda del niño, más espacio para las emociones y tiempo para jugar. También es interesante la crítica que hace a la cautividad a la que es sometida la infancia, “de casa al cole atada en el coche” y siempre supervisada por los adultos. Esta observación entronca con el proyecto “Ciudad de los Niños” del pedagogo Francesco Tonucci, una propuesta que nace en 1991 en Fano (Italia) y que pretende tomar a los niños como parámetro y garantía de las necesidades de todos los ciudadanos en el gobierno de una ciudad. Se trata de construir una ciudad diversa y mejor para todos, en la que los niños puedan vivir de manera más autónoma y participativa. El eje central de todo el proyecto es la autonomía infantil: “Desde el inicio el proyecto ha asumido como uno de sus objetivos principales el hacer posible que los niños puedan salir de casa sin ser acompañados, para poder encontrarse con sus amigos y jugar en los espacios públicos de su ciudad: desde el patio de casa, a la acera, de la plaza al jardín. La necesidad de tener siempre el control directo de los adultos, impide a los niños vivir experiencias fundamentales, como explorar, descubrir, la aventura, la sorpresa, superando progresivamente los riesgos necesarios. La imposibilidad de probar estas emociones y de construir estos conocimientos, crea graves lagunas en la construcción de una personalidad adulta, en las reglas de comportamiento, de conocimiento y de defensa.”

Una ciudad amigable para los niños es también una buena ciudad para el resto de ciudadanos. Caminos escolares, pacificación de centros urbanos, desplazamientos en bicicleta… todo ello va configurando poco a poco una ciudad diferente, más tranquila, más humana.

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Muchas ciudades españolas han iniciado en los últimos años algunos proyectos de pacificación de los centros urbanos. También han impulsado iniciativas como los caminos escolares, que van mucho más allá de facilitar el trayecto a la escuela de los niños. De hecho, contando con la complicidad de familias, escuelas, comerciantes, asociaciones y ayuntamiento, se consigue convertir estos humildes caminos escolares en herramientas de transformación de las ciudades. No solo se trata de calidad de vida de la infancia y derecho a la autonomía personal de los niños sino también de fomentar la cohesión social y construir entre todos un modelo de ciudad diferente, promoviendo cambios a nivel de tráfico y urbanismo pero también de costumbres, valores y actitudes. 

¿Conocéis de primera mano iniciativas de pacificación de nucleos urbanos, caminos escolares y ciudades amigables para los niños? ¡Compartid vuestra experiencia con un comentario! 

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Algunas lecturas recomendadas:

La ciudad de los niños

Camino escolar y movilidad infantil sostenible.

El derecho de los niños y las niñas a la movilidad. Jugar i Jugar.

Camí escolar, espai amic. Ajuntament de Barcelona. (Enlace en castellano).  

 

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Todas las imágenes de Francesco Tonucci (Frato)

 

Arquitectura escolar en Finlandia

Cuando todavía en las redes sociales y en la calle resuenan los comentarios sobre el reportaje de Salvados dedicado a la educación, os traemos unas imágenes que hemos encontrado en el blog Aprender de Finlandia, un espacio dedicado a divulgar y analizar los elementos que hacen de la escuela finlandesa un ejemplo mundial de equidad y excelencia educativa.

Entre todos los interesantes artículos que comparte este blog hay una reflexión sobre la arquitectura escolar a través del libro The Best School in the World: Seven Finnish Examples from the 21st Century. Tan acostumbradas deben estar las instituciones finlandesas a ser interrogadas acerca de estas cuestiones que el Museo de Arquitectura Finlandesa (MFA) ha decidido editar este libro en inglés pensando en un público internacional. Podéis ver y descargar el catálogo en pdf desde issuu (para bajarlo hay que registrase o acceder desde Facebook). 

Hace un tiempo hablamos aquí en Kireei de la estética en la escuela y ya entonces hubo alguna lectora que hizo referencia también a la importancia de la arquitectura escolar. Pues bien, he aquí algunos ejemplos finlandeses extraídos del libro editado por el MFA:

 

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La educación en Finlandia se concibe como una cuestión nacional de primer orden, y han apostado por un aprendizaje activo basado en la experiencia. Creen que los alumnos adquieren los conocimientos a través de su aplicación, y que es crucial ofrecer aprendizajes significativos. Para ello utilizan múltiples técnicas y formas de trabajo, y la manera de trabajar no es ajena a los espacios donde se lleva a cabo.

Aprender, según las instituciones educativas finlandesas, es una actividad muy dependiente del contexto. Las estrategias de enseñanza están influenciadas por varios factores ambientales y el aprendizaje es inseparable del entorno físico en el que se produce. Por lo tanto, diseñan sus escuelas pensando qué actividades van a llevarse a cabo en cada espacio y de qué manera pueden favorecer las dinámicas más efectivas para que los alumnos aprendan.

Destacan en los entornos escolares finlandeses los espacios abiertos, las salas polivalentes, los espacios adaptables a diferentes funciones así como los pensados específicamente para ciertas actividades. Siempre buscan maximizar la luz solar debido al riguroso clima finlandés pero también por la importancia de la luminosidad para crear un clima de trabajo sano, alegre y positivo. Por esto también buscan ofrecer el máximo confort ambiental, sonoro y visual. Sus edificios no son tanto un lucimiento arquitectónico como una búsqueda de la funcionalidad requerida. 

Si os interesa un ejemplo concreto de esta experiencia de éxito, podéis pasar un día en la escuela de primaria Strömberg

 

Fotografías de París en color, año 1900

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Curioseando por la red encontré casualmente estas fotografías de París, tomadas entre el año 1900 y el 1920. Son fotografías en color realizadas gracias a un complejo procedimiento llamado placa autocroma, patentado en 1903 por los hermanos Lumière.

Estamos tan poco acostumbrados a ver las fotografías anteriores a la mitad del siglo XX en color que hemos interiorizado, en cierta manera, que antes el mundo era en blanco y negro. Ver imágenes tan antiguas en color nos sorprende y nos resulta chocante. A la vez, creo que el color subraya la realidad de esos escenarios. Son personas “como nosotros”. El blanco y negro, subjetivamente, me aleja a los personajes. El color me sugiere una mayor proximidad afectiva, una identificación más profunda. Miro a los niños y me parecen más parecidos que nunca a nuestros propios niños de hoy en día. Pensar que si alguno vive será un venerable centenario…

Y esos hombres y mujeres que quien sabe cuanto tiempo hace que abandonaron este mundo y, sin embargo, ahí están, con esas expresiones vivas, de curiosidad hacia la cámara. Me invade una cierta sensación de desasosiego, de conciencia de paso del tiempo. Como si estuviera mirando por un agujero a través de los años, a un siglo atrás. Ahí, vivo, como si acabara de ser capturado.

En cierto modo, me da la sensación que de igual modo que yo estoy observando el pasado, alguien está cien años en el futuro haciendo las mismas reflexiones mientras contempla nuestro tiempo, capturado inmóvil en una instantánea, y preguntándose qué fue de nosotros.

Esos paisajes parisinos por los que podemos habernos paseado muchos de nosotros están ahí, casi inalterables. Podemos tocar las mismas piedras pero ya no están esas personas, separadas de nosotros por el paso del tiempo, igual que a nosotros nos separan los años de aquellos que habitarán nuestras casas y pisarán nuestras calles en el siglo XXII.

¿Cómo queremos que nos vean? En parte, depende de nosotros, de cómo vivamos y de con qué mirada nos enfrentemos al fotógrafo.

Mirar al objetivo de una cámara es mirar al futuro.

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Comer para vivir

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El número 3 de Kireei magazine, dedicado a la lentitud, cuenta con un interesante artículo de Isabel Rodríguez sobre el acompañamiento en los comedores escolares. La escuela en la que trabaja Isabel tiene un extraordinario proyecto de comedor escolar que ya ha llamado la atención de algunos medios de comunicación y de otras escuelas. El comedor se convierte en un ambiente pedagógico más, en el que los educadores y acompañantes comen con los niños en un ambiente familiar. Tan familiar que el comedor también está abierto a las familias.

En este comedor los niños se sirven solos, no se obliga a comer ninguna cantidad, los utensilios son “de verdad” (nada de plástico), la comida es en su mayor parte ecológica y lo más natural y local posible, y su funcionamiento mantiene una total coherencia con el proyecto de la escuela, respetando los procesos madurativos de los niños y teniendo especial cuidado con los aspectos emocionales.

Os invitamos a conocer las reflexiones de Isabel no solamente a través del artículo de Kireei magazine 3 sino también en este apunte de su blog, Menjar per viure, en el que explica cómo el hecho de escribir el artículo le dió la oportunidad de profundizar en este aspecto tan cotidiano de la escuela, en el que se pone en juego el vínculo del niño (con la comida, con los educadores, con la familia…). Y es que, como dice Isabel, el vínculo y las relaciones que el niño establece con su entorno son los elementos realmente importantes y esenciales del proceso educativo.

 

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Ilustraciones realizadas para la revista por Susana del Baño

 

 

Los Reyes Magos, vistos por Juan Ramón Jiménez

 Esta entrada se publicó el 5 de enero de 2010 

¡Qué ilusión, esta noche, la de los niños, Platero! No era posible acostarlos.

Al fin, el sueño los fué rindiendo, a uno en una butaca, a otro en el suelo, al arrimo de la chimenea, a Blanca en una silla baja, a Pepe en el poyo de la ventana, la cabeza sobre los clavos de la puerta, no fueran a pasar los Reyes…. Y ahora, en el fondo de esta afuera de la vida, se siente como un gran corazón pleno y sano, el sueño de todos, vivo y mágico.

Antes de la cena, subí con todos. ¡Qué alboroto por la escalera, tan medrosa para ellos otras noches!–A mí no me da miedo de la montera, Pepe, ¿y a tí?,–decía Blanca, cogida muy fuerte de mi mano.–Y pusimos en el balcón, entre las cidras, los zapatos de todos. Ahora, Platero, vamos a vestirnos Montemayor, tita, María-Teresa, Lolilla, Perico, tú y yo, con sábanas y colchas y sombreros antiguos. Y a las doce, pasaremos ante la ventana de los niños en cortejo de disfraces y de luces, tocando almireces, trompetas y el caracol que está en el último cuarto. Tú irás delante conmigo, que seré Gaspar y llevaré unas barbas blancas de estopa, y llevarás, como un delantal, la bandera de Colombia, que he traído de casa de mi tío, el cónsul…. Los niños, despertados de pronto, con el sueño colgado aún, en jirones, de los ojos asombrados, se asomarán en camisa a los cristales, temblorosos y maravillados. Después, seguiremos en su sueño toda la madrugada, y mañana, cuando ya tarde los deslumbre el cielo azul por los postigos, subirán, a medio vestir, al balcón y serán dueños de todo el tesoro.

El año pasado nos reímos mucho. ¡Ya verás cómo nos vamos a divertir esta noche, Platero, camellito mío! 

Juan Ramón Jiménez

Platero y yo

 

 

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