Archivo del Autor: Elena Ferro

Mirar al Arte en 140 caracteres #MA140

 

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Para mucha gente twitter no es más que un lugar – entretenido, a veces interesante, a menudo enervante – donde un montón de gente lanza opiniones, chistes, frases ingeniosas o también insultos. Una ruidosa conversación multitudinaria de la que cuesta sacar algo bueno.

Pero entre el vocerío acotado por 140 caracteres brillan algunas piedras preciosas. Los domingos a las 22 h Miquel del Pozo, arquitecto, mira al arte de una forma que no deja indiferente bajo la etiqueta #MA140. El curso pasado lo empecé a seguir con algo de incredulidad. ¿Arte en twitter? ¡Bah! Sería superficial, o aburrido. Pero lo cierto es que me bastaron pocos tuits para entender que estaba ante un fenómeno extraordinario. La mirada de Miquel del Pozo, compartida con generosidad y muchísima sensibilidad, te hace atravesar la pantalla y te pone la piel de gallina. Te hace viajar en el tiempo, entender otras visiones del mundo, capturar la belleza, emocionarte.

Después de la pausa veraniega, Miquel vuelve con #MA140 y un proyecto todavía más ambicioso: escribir un libro en directo. Para presentarlo ha escrito una nota de prensa de la que extraigo este fragmento:

“En esta nueva etapa de #MA140 quiero MIRAR AL ARTE para MIRAR (con otros ojos) LA VIDA.

Cuando nos preguntamos por el sentido de la vida, ante nosotros, como única respuesta se abre un gran silencio. Un silencio insoportable.

Existen dos opciones para (sobre)vivir en el silencio. La primera consiste en llenarlo de ruido.

La segunda opción, contraria a la primera, consiste en intentar escucharlo.

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En #MA140 queremos escuchar el grito que sobrevive del pasado y nos llega (al presente) con las obras de arte.

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Escuchar, por ejemplo, el grito que quiere traspasar la muerte en el arte egipcio.

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O el grito (en el arte europeo) que se dirige a Dios y, pintándolo, le hace presente en nuestro planeta.

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Escuchar el grito de Dios (o los dioses) que pervive en el arte antiguo.

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O escuchar y (ad)mirar el grito por la Belleza Ideal que quiere ir “más allá” de la Naturaleza.

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Mirar, escuchar… pensar. Pensar mirando arte, esto es (o quiere ser) #MA140.

Es probable que no exista en el mundo un lugar con más ruido que Twitter. Y aquí es donde escucharemos el grito en el silencio.

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Quiero mirar al arte y preguntarle (al arte) por la vida, la muerte y la verdad. Y quiero hacerlo con vosotros.”

 

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Para ir haciendo boca os recomiendo un paseo por la mirada que el curso pasado dedicó al “Il Pantheon, el sueño de Adriano”: “El Pantheon, un edifició que contiene en su interior el Universo entero”. Fue con este viaje con el que me enamoré de #MA140. Es probable que después de esta mirada al Pantheon estéis el domingo 4 de octubre a las 22h puntuales, esperando el inicio de la nueva temporada de Mirar al Arte.

 

Micromaltrato: la parte oculta del iceberg

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Hace unos días vi un vídeo hecho con un móvil en la calle. Un grupo de personas de piel negra había sido parado por la calle por la policía – no sé en qué país – y uno de ellos abría su mochila con mucha rabia, esparcía por la acera un mono azul y otras piezas de ropa y empezaba a voz en grito un discurso de rabia y desesperación: “Solo es ropa de trabajo. Voy al trabajo. ¿Por qué mi prisa es sospechosa y la de ellos no? ¡Porque ellos son blancos! Soy un ciudadano, tengo derechos como los demás. A ellos no los paras. ¿Por qué a mi sí? ¡Porque soy negro, soy sospechoso!”. Viéndolo se me ponía un nudo en la garganta. No es la primera vez que leo testimonios como este. Recuerdo el de una mujer – blanca – que había adoptado a un niño – negro – y acabando este de entrar en la adolescencia, su hijo ya había sido parado por la policía y tomado por sospechoso, mientras que sus amigos blancos – vestidos igual, educados igual, comportándose igual – no.  Si tienes el color de piel “correcto” nunca vas a experimentar una serie de situaciones injustas, y a algunos quizá les resulte difícil empatizar con los que sí las viven. “Son victimistas”, “algo habrán hecho”, “no hay para tanto”…

Homosexuales, mujeres, pobres, minorías étnicas, hablantes de lenguas minorizadas, ancianos, niños… Todos excepto los carentes de humanidad nos vamos a solidarizar con estos colectivos cuando sufren grandes discriminaciones o agresiones físicas. Sin embargo, su sufrimiento diario se debe a pequeños micromaltratos. Muchas veces esos micromaltratos han sido asumidos por los maltratados y ni siquiera son capaces de detectarlos. Es posible que incluso se hayan creído que son merecedores de ellos, que es lo normal. En el caso de las mujeres, esto se conoce como micromachismos. El menosprecio, el “eres una nenaza”, el referirse a las mujeres solo acerca de su belleza o su posición respecto al hombre, el ninguneo, el estereotipo… Es la parte del iceberg que no se ve, y la que es realmente peligrosa. La que es capaz de hundir el Titanic.

Frente a las acusaciones de victimismo, frente al fastidio por el uso de un lenguaje políticamente correcto (a menudo usado para evitar la reflexión profunda sobre el problema), frente a la pasividad, ¿qué podemos hacer?

Poner de manifiesto cada pequeño micromatrato, microdiscriminación; esos actos invisibles diarios, que gota a gota van llenando el vaso de la desigualdad. Y, sobre todo, intentar empatizar. Si eres blanco, si eres hombre, si eres un adulto en plenitud de capacidades, si tu lengua materna – la de tus afectos – es una lengua de uso internacional, si tienes un buen trabajo, si eres heterosexual… ponte por un día en la piel de aquel que es otra cosa, pero que es capaz de sentir la injusticia como la sentirías tú.

 

¿Qué suponen para la mujer las exigencias estéticas?

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Hace unos días vi esta noticia sobre la actriz Tilda Swinton: No os perdáis los comentarios de la actriz sobre su increíble cambio de look. Sé que hay mucha gente que se pregunta cómo puede ser que pudiendo tener este aspecto tan “atractivo”, prefiera ser como es habitualmente. Y pensando sobre esto, el otro día veía con los niños un episodio de la serie Arrow (si no la conocéis es lo de menos) donde todas las mujeres aparecen con una capa de pintura de centímetro, todas con las cejas iguales, todas bien “apretadas” en el vestir… No se trata de que el look guste o desagrade, ni que esté mal ir así (lo aclaro por si es necesario: a mi no me parece mal si a ellas les parece bien, jamás le diría a una mujer que se pinta demasiado o “se arregla” de manera inadecuada: tanto si parece Barbie como si quiere llevar el maquillaje de Kiss a diario).

Se trata de que se da por supuesto que las mujeres simplemente son así. Todas. Con un determinado aspecto del que no pueden apartarse. Y si no lo son, tienen un problema. El maquillaje y los peinados vienen de serie. Vienen tanto de serie que en Falling Skies (sobre una invasión alienígena que ya dura años a estas alturas) todas las mujeres van siempre con el pelo planchado y perfectamente peinadas, y el maquillaje perfecto – no un maquillaje “natural”, no, sombras de ojos, colorete a tope… Pasan hambre, no tienen medicamentos ni antibióticos, ni povidona yodada, ni agua oxigenada, ni agua corriente, pero sí tienen maquillaje y productos capilares, ¡y tiempo para aplicarlos CADA DÍA mientras los aliens los atacan! Y qué decir de Jurassic World, con la protagonista huyendo por la selva con tacones.

Pero, ¿qué supone este modelo de mujer? No sobre la imagen (soy partidaria de que todo el mundo pueda ir como quiera, tanto si quieres tener un look ideal para una fiesta en los Hamptons como el de Björk en un concierto o, por qué no, ir con la cara lavada) sino los simples efectos psicológicos y modificación de la conducta – o, incluso, de la personalidad – que suponen ciertas exigencias estéticas. ¿Qué supone para un ser humano caminar siempre – no ocasionalmente – sobre tacones, que hacen daño y cuando dejan de hacerlo significa que ya tienes tu esqueleto deformado? ¿Qué supone para un ser humano tener que estar todas las horas del día con el automatismo de no frotarse los ojos, no llorar, no tocar demasiado la cara, no morderse los labios, vigilar cuando comes, estarte mirando en el espejo cada vez que puedes para ver si tu maravilloso maquillaje matinal te ha trasformado en una versión del payaso de Micolor a media tarde? Tener que llevar ropa que pica, que aprieta o que es manifiestamente incómoda. Tener que vigilar cómo te sientas. Cómo andas. Si se te ve barriga, si te sale el michelín… ¿En qué clase de ser se transforma una persona que a diario tiene que ocupar sus pensamientos con todo esto?

No quiero esto para mi hija, ni quiero que le digan como a mí me ha pasado alguna vez, “es que tú no te arreglas”, como si estuviera estropeada. A mí no me importa a estas alturas, pero ¿y si a ella, en algún momento de su vida, sí? No quiero que la juzguen por su aspecto físico. Porque, al final, si se rinde y se “arregla”, también la acabarán juzgando negativamente. También habrá quien la critique. Por frívola. O por buscona. O por tonta. Porque las mujeres, ya se sabe…

 

La escuela Baró de Viver. “No es una metodología, es una mirada”

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Una revolución educativa está en marcha. Algunos síntomas de que la necesidad de cambio ha sido asumida por buena parte de la sociedad son las noticias cada vez más frecuentes sobre temas educativos que llegan a las páginas de la prensa generalista. Pero, como suele ocurrir, lo que llega a las páginas de honor son retratos parciales, sesgados y muy a menudo condicionados por la capacidad de hacerse ver y de “vender” su producto de los diferentes actores sociales y educativos.

Yo, que siempre termino apartando la vista de las luces brillantes de los fuegos artificiales, me encuentro saliendo del metro bajo las vías elevadas del nudo de la Trinitat y entrando por primera vez en mi vida en el barrio de Baró de Viver, un rincón muy desconocido de esta Barcelona de diseño.
Baró de Viver es uno de los barrios del distrito de Sant Andreu, y uno de los más pobres de Barcelona. Su historia comienza con la construcción de casas baratas a finales de los años 20 del siglo pasado. Su población se ha nutrido de sucesivas oleadas migratorias, y su espacio vital ha estado siempre aislado entre el río Besós y los polígonos industriales. En las últimas décadas el barrio ha pasado varios planes de mejora, pero la realidad es que sólo sale por la televisión para hablar de desahucios y desigualdades.
Caminando por sus calles llego a la puerta de una escuela, la escuela Baró de Viver, ubicada en un edificio diseñado a finales de los 50 por Oriol Bohigas y Josep M. Martorell en lo que fue uno de sus primeros trabajos.

Entro y me recibe Jaume, el conserje, a quien encuentro cortando cañas para hacer algo que no identifico. Más tarde lo veré con una sierra de calar cortando maderas en el patio, y descubriré que también ha construido con palés unos sofás para la sala de profesores. Me dirán de él que es una pieza imprescindible de la escuela.

Mientras espero, observo también la recepción, que es un espacio amplio, acogedor, luminoso, nada recargado pero cuidadosamente decorado. Veo telas colgadas a modo de cortinas y tapices, una recreación de un mercado africano, ramitas y piedras decoradas, plantas vivas y carteles hechos a mano. Más tarde descubriré que este ambiente cuidado y acogedor se reproduce por todas las aulas y espacios. Veré aulas amplias, iluminadas, todas en planta baja y conectadas directamente con los espacios exteriores. Me explicarán que todas las puertas y pasillos están decorados siguiendo el hilo conductor de la identidad individual de los niños y su identidad como grupo mientras que dentro de las aulas domina el ambiente el material que van elaborando en relación a su proyecto de trabajo. Veré a los niños, tranquilos, relajados, contentos, trabajando en grupos o individualmente con gran concentración. Descubriré a una maestra hablando en voz suave frente a un corro de niños muy atentos, otra acompañando a un grupo que trabaja concentrado en diversas actividades en las mesas, otro jugando a baloncesto con un grupo en la pista, uno más llevando a un grupo a una actividad con una bolsa llena de bee bots (robots programables) en la mano… No oiré gritos, ni veré nada que se parezca al caos. Sí veré muestras de afecto entre maestros y niños. Todo en esta escuela me transmitirá una sensación de bienestar, tranquilidad y alegría.

Pero esto no siempre ha sido así. Eli (la directora) y Maica (jefe de estudios) me reciben, me presentan a parte del equipo docente y me acompañan a la biblioteca donde me cuentan que hace más de 10 años este era un centro donde se había instalado una dinámica negativa y de conflictividad. Entonces comenzó la transformación.
“No es una metodología, es una mirada”. Es la clave de la gran transformación que me cuentan estas dos maestras entusiastas, que hablan de su escuela y sus niños con los ojos brillantes. Me cuentan como decidieron adoptar el modelo de Comunidades de Aprendizaje para revertir la situación, y hacer de la escuela un espacio abierto: abierto a las familias, abierto al barrio, abierto al mundo.
En las comunidades de aprendizaje el motor de la vida del aula y de la vida de la escuela es el diálogo. El diálogo permite dar voz a todos los niños, mostrarles reconocimiento, estima y afecto. A través del diálogo los niños construyen su identidad y la del grupo, y también construyen su conocimiento de manera colectiva. A través del diálogo se establece un vínculo intenso que permite a los maestros convertir al niño en el centro de todo, verlo como persona y no sólo como alumno. No se le transmiten conocimientos, se le ayuda a crecer en todos los sentidos.

Su manera de trabajar se basa en lo que llaman “proyectos de trabajo de vida de aula”. Esta metodología no se limita a crear un centro de interés que sirva de excusa para trabajar todas las áreas. Tampoco se limita a ofrecer un tema para hacer una investigación o búsqueda, ni es una simple secuencia de actividades pautadas para la realización de un proyecto de trabajo. Va mucho más allá: permite a los niños decidir parte del currículo, conocerse a ellos mismos y a los demás a través del diálogo y establecer una relación con el mundo mediante la formulación de preguntas y el planteamiento de problemas. Me ponen el ejemplo de un año que los alumnos de tercero se plantearon “¿Podríamos vivir en otro planeta?” Y como a partir de esta duda que los inquietaba pudieron iniciar un proceso de investigación y diálogo que les permitió hacer muchos descubrimientos sobre el mundo y también sobre ellos mismos. El maestro hace de guía y practica la escucha activa. No hay preguntas improcedentes, irrelevantes o ridículas.

El hecho de que sea una escuela de una sola línea la convierte en muy familiar y facilita esta atención cercana. A pesar de no estar en un entorno con muchos recursos económicos, la escuela ha aprovechado los numerosos premios que ha obtenido por sus proyectos innovadores para equiparse con proyectores en todas las aulas y iPads que utilizan como una manera más de abrir ventanas en el mundo. Son también escuela piloto de robótica porque aprovechan todas las oportunidades para enriquecer las experiencias que ofrecen a sus alumnos.

Eli y Maica me explican que los niños viven la escuela como si fuera su segunda familia, que vienen contentos y que son felices, que aprenden y crecen, y piensan, y crean. Los niños son competentes e incluso aquellos que viven situaciones familiares más adversas son capaces de mucho. La relación con las familias es buena, y muchas colaboran a través de los espacios de participación. El equipo de maestros es estable y motivado.

Sin embargo, la escuela continúa con el estigma debido a la ubicación en un barrio apartado y a su perfil socioeconómico, y no llega a llenar nunca matrícula con primeras opciones. Es una gran desconocida para las familias de los barrios cercanos y todavía se arrastran los prejuicios de décadas atrás. Yo, que he visitado varias escuelas, debo decir que pocas veces había visto un paso tan claro del cambio metodológico al cambio de mirada sobre la infancia.

Desde aquí quiero ofrecer mi reconocimiento al trabajo de esta escuela, que sin focos mediáticos, ni aplausos, ni grandes reconocimientos públicos más allá de la gente cercana que vive en directo su trabajo, continúan adelante luchando por dar a cada niño no sólo una educación sino un futuro mejor. Los neurocientíficos afirman que la emoción es la puerta de entrada al conocimiento porque despierta la curiosidad y activa la atención. La escuela Baró de Viver está llena de emoción.

Enlace al blog de la escuela Baró de Viver

Enlace al post en catalán en el blog de Elena Ferro.

 

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La ciudad para todos

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El siguiente artículo lo publicamos en Kireei 6. Escrito por Elena Ferro e ilustrado por Elena Hormiga.

 

El globus vermell, Barcelona
elglobusvermell.org

El globus vermell es un colectivo de arquitectos, constituidos como asociación, que se dedica a divulgar la arquitectura en el sentido más amplio. Sus principales acciones son visitas guiadas, itinerarios por barrios de la ciudad y talleres educativos para niños. También dan a conocer la arquitectura y la ciudad a través de exposiciones, publicaciones y otras actividades. Colaboran habitualmente con la Fundación Joan Miró y el Museo del Diseño; en otras ocasiones han trabajado con La Pedrera, el Museo Picasso, el Colegio de Arquitectos, el Instituto Francés…
El objetivo principal de El globus vermell es formentar el espíritu crítico hacia el entorno construido para que de esta manera la ciudadanía pueda ser más exigente y, a la vez, proactiva respecto de la ciudad y sus transformaciones.

Arquect, Barcelona
arquect.com

Arquect es un proyecto de pedagogía urbana impulsado por la arquitecta Elena Guim. Se dedica a diseñar e impulsar metodologías de aprendizaje, tomando la ciudad como escenario educativo, para la formación de una ciudadanía activa en la transformación de su entorno. En el ámbito de la participación infantil diseña acciones para promover la implicación de los niños en la construcción de la ciudad, reforzando así su cultura participativa. Algunos de sus proyectos actuales son la colaboración con la AAVV de Plaça de les Glòries, diseñando acciones de participación ciudadana infantil en las escuelas. Otro es la colaboración con el Pla Estel (acrónimo de “estrategias sociales para el territorio y el espacio libre”), que propone nuevas intervenciones de mejora del espacio público de algunos municipios con la participación de las escuelas.

Chiquitectos, Madrid
www.chiquitectos.com

Chiquitectos es una propuesta lúdica y educativa generada en torno a lo arquitectónico, que propone una nueva forma de aprendizaje para la sociedad del futuro. En sus talleres de arquitectura los participantes adoptan el juego como única herramienta para explorar y aprender ya que, aunque el principal objetivo del juego es disfrutar, mientras los niños juegan fijan sus hábitos de vida, sus roles sociales, y establecen así la forma de relacionarse con el mundo.
Su objetivo es despertar una mirada crítica y contribuir a crear ciudadanos participativos y responsables de sus propias decisiones, capaces de actuar para cambiar el estado de las cosas.

Teresa Benito, Zaragoza
www.teresabenitomagallon.com

Teresa Benito es arquitecta y atelierista. Se dedica al desarrollo de innovación educativa a través de la pedagogía activa en la infancia. Ha fundado nido, Zaragoza Montessori School, un proyecto educativo bilingüe inspirado en Montessori & Reggio, de 0 a 6 años. Está especializada en pedagogías activas (Montessori & Reggio), realiza talleres de formación para docentes, familias y niños en la intersección de arte+arquitectura+computación, y desarrolla espacios para vivir, trabajar, jugar y estudiar, en ambientes-laboratorio en los que aprender de forma conjunta y cooperativa. Se define como entusiasta de la arquitectura, la ciudad y el aprendizaje.

 

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Cualquiera que esté un poco atento al pulso de la sociedad habrá percibido que últimamente hay una gran ebullición de iniciativas de todo tipo que persiguen la participación ciudadana y la acción colectiva. Algunas vienen de muy lejos, pero cada vez resultan más visibles. Tanto desde el asociacionismo como desde la iniciativa individual, desde el voluntariado como desde la acción profesional, una red de contactos se van tejiendo presencial y virtualmente. Entre todas estas voces, grupos de arquitectos reclaman el papel decisivo de la arquitectura en la configuración de ciudades al servicio de las personas y no de intereses económicos privados. Para ello se organizan en colectivos y redes, realizan actividades divulgativas y participativas, reflexionan, escuchan, proponen y debaten. Pero no se trata de un coto privado para arquitectos: la mirada transversal e integral sobre la ciudad, el activismo y el compromiso social son características que definen a todos estos movimientos. Cuatro proyectos (colectivos o individuales) dedicados a la divulgación de la arquitectura nos dan su visión sobre su labor.

 

¿Por qué dar a conocer la arquitectura a la ciudadanía? 

Joan Vitòria, de El globus vermell [JV]: Buscamos formar a una ciudadanía más crítica respecto del entorno construido. Nos quejamos de tener ciudades feas, mal hechas… Los pueblos están llenos de apartamentos, de segundas residencias sin planificación… Esto es en parte culpa de los arquitectos, en parte culpa de los promotores y los políticos, y en parte culpa de que los ciudadanos quizá no saben pedir lo que quieren y necesitan. Y no se trata de un gusto estético, que cada uno tiene el suyo. Se trata de que a menudo no seamos conscientes de que una parte importante de la ciudad, de un buen proyecto en general, es que el cliente sepa pedir lo que necesita y quiere. Si somos conscientes de lo que necesitamos como ciudadanos también podemos exigirlo a los técnicos y a los políticos, que al final son los que lo acaban desarrollando.

La inmensa mayoría del público que tenemos en las actividades es público no profesional de la arquitectura, sean adultos o niños. Si enseñamos un edificio que tiene un cierto reconocimiento a nivel arquitectónico evidentemente vienen también arquitectos o estudiantes, pero la mayor parte del público son vecinos de la ciudad. Lo que intentamos es no valorar la estética del edificio sino dar herramientas de reflexión sobre la arquitectura para que los ciudadanos se puedan formar un criterio propio. La luz, los materiales, la distribución, la organización, la circulación, la relación con el entorno… todo esto son cosas que se plantea un arquitecto cuando hace arquitectura, pero creo que es importante que también los ciudadanos se lo planteen y lo entiendan.

El diseño de la ciudad debe entenderse como un trabajo conjunto de los ciudadanos (que también ponen el dinero mediante sus impuestos) y los técnicos (arquitectos, urbanistas, ingenieros, expertos en movilidad, paisajistas…) que han de dar forma a la voluntad ciudadana. Un buen proyecto urbano siempre debería ir precedido de un claro y transparente proceso de participación ciudadana, en forma de diálogo constante y en el que cada uno tuviera claro su papel.

Jordi Garet, de El globus vermell [JG]: Creo que también es importante el simple hecho de conocer tu ciudad. Es imposible que aprecies o valores una cosa si no la conoces. Conocerla y valorarla hace que después puedas y quieras tener opinión.

Almudena de Benito, de Chiquitectos [AB]: Todo lo que sea conocimiento, de cualquier tipo, siempre es bueno, ¿no? Ayuda a ver las cosas con una mirada crítica. El hecho de conocer alternativas distintas a las que uno tiene delante despierta el deseo de cambio. En el ámbito del urbanismo creo que si se tuviera más en cuenta a los ciudadanos – ¡pero a todos, no solamente al trabajador adulto de mediana edad! –, si se pensara en nuestras necesidades y se escucharan nuestros deseos, probablemente estaríamos ante ciudades diferentes donde el espacio público tendría mucho más valor.

Elena Guim, de Arquect [EG]: La cultura arquitectónica es el cultivo del conocimiento y del saber de la arquitectura y la ciudad que la humanidad ha ido acumulando a lo largo de su historia. La transmisión de este conocimiento, de las experiencias acumuladas y asimiladas, es lo que permite la evolución de la sociedad y que este conocimiento sea integrado por parte de las nuevas generaciones. La importancia de hacer difusión es que permite democratizar el conocimiento, reforzar la identidad de los ciudadanos y aumentar su autoestima. De esta manera se genera un compromiso de los ciudadanos con su ciudad y una corresponsabilidad en su construcción.

¿Por qué arquitectura para niños?

[EG]: Los niños son ciudadanos, exactamente igual que las personas adultas, y tienen el derecho de participar en el diseño y construcción de la ciudad. Para fomentar su cultura participativa en todo aquello que les afecta y reforzar su compromiso con el entorno, es necesario transmitirles el conocimiento y darles las herramientas necesarias para generar en ellos una mirada crítica y un espíritu de activismo ciudadano. No hemos de pensar que los niños son ciudadanos del futuro: son ciudadanos del presente y los adultos tenemos que escuchar sus propuestas y asumir nuestro compromiso de ponerlas en práctica.

Teresa Benito [TB]: La arquitectura es la más completa de todas las artes, por lo que permite abordar procesos artísticos muy variados en torno a un tema. Al mismo tiempo es una disciplina que nos afecta diariamente en nuestro entorno vital: cómo nos desplazamos, cómo nos vestimos, dónde dormimos. Para mí los talleres son un medio de trabajar otros aprendizajes más abiertos, menos dirigidos, con materiales sin un fin u objetivo concreto, pero también una manera de adquirir “cultura arquitectónica”, conocer términos de la construcción y la arquitectura, nombres de arquitectos, obras singulares contemporáneas e históricas.

Soy partidaria de ofrecer a los niños lo máximo porque ellos lo absorben, les gustan los conceptos complicados, las palabras singulares (hormigón, forjado, cercha) y se fijan mucho en su entorno, son muy observadores; la arquitectura es una buena manera de trabajar con ellos todos esos temas.

Nuestros talleres no pretenden infantilizar la arquitectura ni hacer manualidades con ella; ofrecemos conceptos arquitectónicos y aprendizaje al igual que se pueden trabajar en la vida profesional o en una escuela de arquitectura.

Me parece muy importante la manera cómo se introduce la arquitectura a los niños, porque si lo hacemos como un taller dirigido o un taller de manualidades en el que pintamos un tetrabrik con forma de casa pues ni es arquitectura, ni es educación, ni es trato digno a los niños.

En uno de los talleres en un colegio, estábamos en un aula de infantil trabajando y jugando con chavales de 4 a 11 años. Les pedí que dibujaran su clase, y posteriormente que la dibujaran incorporando aquellos elementos que les gustaría que hubiese. Más allá de las típicas ideas de piscina, cancha de baloncesto, etc., una gran parte incorporó plantas y flores, animales, un sofá, una cama o zona de descanso, y elementos que serían de fácil incorporación al aula pero que por la razón que sea no solemos incorporar. En los ambientes de inspiración Reggio y en los ambientes Montessori sí se introducen las plantas, el sofá, etc. Me hizo ilusión ver cómo los chavales sí tenían ganas de mejorar su aula, mover mesas y traer muebles que tenían en casa al aula, ya que al fin y al cabo es donde pasan un gran número de horas diarias.

[AB]: La arquitectura es para nosotros casi más un medio que una finalidad. Utilizamos la arquitectura como un pretexto para educar en otros valores y más que “cultura arquitectónica” pretendemos implicar a los niños con el mundo que les rodea y despertar su interés por el entorno construido y el desarrollo sostenible. Estamos permanentemente rodeados de arquitectura, vivimos inmersos en ella, y es importante ser conscientes de como ésta condiciona nuestra vida y nuestros hábitos cotidianos.

Para educar en valores a través de la arquitectura, trabajamos el tema de la igualdad (género, raza y condición) y recientemente hemos tenido dos experiencias en que hemos introducido juegos de integración. Nos ha demostrado que los niños viven las diferencias con normalidad y estas diferencias hacen surgir actitudes de respeto, generosidad y solidaridad.

A uno de los últimos talleres que realizamos vino un niño ciego. Vendamos los ojos a la mitad de los participantes y la otra mitad actuaron como “lazarillos”: cuando te ves privado de uno de los sentidos piensas en términos de integración.

En otro taller, una niña tenía solo cuatro dedos en cada mano, era algo congénito. Cuando uno de los participantes se dio cuenta todos se arremolinaron alrededor y preguntaban: “pero ¿por qué?, pero ¿por qué?”. Y ella decía “nací así” con una tranquilidad que sorprendía a todos, nosotros incluidos. Son situaciones que en el mundo adulto no ocurren. Al final del taller el niño que había estado construyendo a su lado le dijo “venga, ¡choca esos cuatro!” Para mí esa frase tan espontánea recoge muy bien el espíritu de lo que hacemos.

Podéis leer el resto de la entrevista aquí.

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Playgrounds, encuentros de Arquitectura e Infancia. Con la excusa de visitar la exposición “Playgrounds. Reinventar la plaza”, un grupo de personas y colectivos que están trabajando en temas de arquitectura e infancia en el estado español se dieron cita en el MNCARS de Madrid el 31 de mayo de 2014. Organizaba La casa de Tomasa y el objetivo era conocerse en persona, intercambiar experiencias y crear red para trabajar colaborativamente. El 12 de julio del mismo año ha tenido lugar el segundo encuentro “Playgrounds”, esta vez en Barcelona, organizado por Arquect y El globus vermell, en el marco de las jornadas anuales de Arquitecturas Colectivas (que este año tenían el lema “La ciudad no se vende, se vive”). Además de seguir profundizando en la creación de la red, en esta segunda ocasión se ha buscado desarrollar tres de los ejes temáticos que proponía el encuentro de Arquitecturas Colectivas:

  • La necesidad de un modelo educativo que permita sustituir una economía voraz y egoísta por una auténtica economía del bien común.
  • La voluntad de construir un nuevo modelo de ciudad basado en un urbanismo y una arquitectura colectivos, inclusivos y bottom-up.
  • Reconocer el derecho a la belleza, que no es una cuestión sólo de estética sino de dignidad. No puede haber estética sin ética.

Os invito a buscar en la red “Playground + Arquitectura + Infancia”. No existe página oficial de los encuentros hasta el momento, pero sí podréis encontrar las impresiones y explicaciones de muchos de los colectivos implicados.

 

Tonucci y la ciudad de los niños. La città dei bambini es un proyecto que nace en Fano (Italia) en 1991, impulsado por el pedagogo y dibujante italiano Francesco Tonucci. Desde el mismo proyecto se reconoce que su motivación no es de tipo educativo o de ámbito estrictamente infantil: “el proyecto desde del inicio ha tenido una motivación política; trabajar hacia una nueva filosofía de gobierno de la ciudad, tomando a los niños como parámetro y como garantía de las necesidades de todos los ciudadanos. No se trata de aumentar los recursos y servicios para la infancia, se trata de construir una ciudad diversa y mejor para todos, de manera que los niños puedan vivir una experiencia como ciudadanos, autónomos y participativos.” El proyecto busca que los niños puedan volver a vivir la calle como suya, de manera autónoma y segura. También propone que el parámetro de todas las decisiones urbanísticas no sea el adulto y que su movilidad no aumente en detrimento de la de los niños. Por último, pone especial énfasis en la participación real de los niños en todas aquellas decisiones que les afectan desde el gobierno de la ciudad.Podéis saber más en la web del proyecto, que dispone de versión en castellano: www.lacittadeibambini.org/spagnolo/interna.htm

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Escuelas que no parecen escuelas

Hace algún tiempo publiqué un extenso artículo sobre la necesidad de cambiar los espacios escolares para una educación diferente (podéis leerlo aquí). Está comprobado que los espacios que habitamos condicionan nuestro bienestar, nuestra capacidad para trabajar y concentrarnos e incluso nuestra creatividad. Factores como la luz, la estética, la acústica, son decisivos en los procesos de aprendizaje. Pero aún podemos ir más allá y afirmar que el tipo de actividades que se van a realizar y las relaciones entre alumnos y profesores van a depender mucho de la arquitectura y de la disposición y tipo de mobiliario. Podríamos hablar horas sobre ello pero creo que lo mejor es verlo. Por eso os traigo esta recopilación de imágenes escolares que salen de la tópica imagen de pupitres orientados hacia una pizarra en un espacio cerrado (aula) cuadrado o rectangular. Son sugerentes, ¿verdad?

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Todas las imágenes están sacadas de mi recopilación “Espais escolars” en Pinterest, desde donde podéis llegar a las fuentes originales y conocer más de estas u otras escuelas/espacios educativos.