Archivo del Autor: Elena Ferro

Los espacios de libre circulación de La Llacuna de Poblenou

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Cuando pensamos en una escuela normalmente imaginamos niños divididos por grupos de edad clasificados en aulas, dentro de las cuales se desarrolla una actividad dirigida por un maestro. Pero no todas las escuelas funcionan así. Algunas, intentando dar respuesta a la diversidad dentro del aula, a las diferentes capacidades, intereses y estrategias de aprendizaje de los alumnos, y también buscando la manera de fomentar la autonomía y la responsabilidad dentro del ejercicio de la libertad, exploran otros caminos. La escuela pública La Llacuna del Poblenou, en Barcelona, es un ejemplo que he conocido de la mano de Jordi Martín, su jefe de estudios.

 

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Como escuela nueva ha ido definiendo su proyecto educativo, que todavía está en construcción. El actual equipo directivo, apoyado por el claustro, ha tenido muy clara su voluntad de hacer una escuela para educar a personas responsables y libres. Su mirada sobre el niño ha querido ser atenta y respetuosa, y así lo percibo mientras visito la escuela. Aquí no veo niños en silencio, quietos y atentos, sino niños que se mueven por las aulas (y entre aulas), que conversan, que se sientan en sillas o en el suelo, que se concentran en alguna actividad que los absorbe, que construyen, que preguntan, que muestran lo que han hecho, que observan… Durante el rato que estoy en la escuela puedo ver que las aulas son espacios donde tienen lugar múltiples actividades simultáneas y el maestro se convierte en un acompañante al que los niños acuden cuando lo necesitan. Pero, contrariamente a lo que se podría esperar, no hay ningún jaleo ensordecedor, no hay caos (o yo no lo percibo), no hay gritos… Los niños parecen tranquilos, concentrados y ocupados.

 

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Jordi me explica que hasta el curso pasado hacían tres sesiones de talleres a la semana, de una hora u hora y media, en los que mezclaban a niños de dos niveles diferentes. Este curso han pasado a hacer una hora cada día de espacios de libre circulación para los alumnos de infantil y para los de primaria de 1º a 3º. Cada uno de estos espacios, la mayoría montados dentro de las aulas de los grupos-clase, tiene su nombre, que define el area de conocimiento a la que hacen referencia las propuestas principales – aunque no exclusivas. Los espacios de primaria son Nido de ciencia, Construcciones, Luces y sombras, Laboratorio de sonidos, Taller de arte, La tienda y Cuentos e historias. Los de los más pequeños son Aula de luz, Aula de sonidos, Espacio de ciencia, El hospital, La cooperativa, Los disfraces y El espacio de arte, además del juego simbólico que está repartido por todas partes. También disponen de espacios de lectura o pequeños rincones para escuchar música, aprovechando los pasillos. A partir de enero quieren introducir el espacio de Cuerpo y Movimiento, en el gimnasio.

 

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La idea es renovar estos espacios cada trimestre y dentro de cada espacio se van adaptando las propuestas a medida que el maestro responsable detecta nuevos intereses o considera que una nueva actividad puede resultar motivadora o conveniente. La participación en cada actividad es totalmente libre para los niños, así como el cambio entre espacios. De hecho, no son realmente “actividades” en el sentido cerrado y dirigido sino provocaciones que pueden dar pie a múltiples acciones por parte de los niños. Algunos alumnos van cambiando, otros son fieles a un espacio y a una actividad. Los maestros responsables no se muestran preocupados por este hecho: el mismo aprendizaje se puede conseguir desde diferentes caminos, poniendo en juego las estrategias más apropiadas para cada niño. Los tres cursos de los mayores (4º, 5º y 6º) continúan con la misma estructura de talleres que el año anterior pero con la intención de reconventir esa franja horaria en espacios de libre circulación más adelante. 

Le pregunto a Jordi el por qué de este cambio y me contesta: “Este paso adelante, como nos gusta decir a nosotros, nace a mediados del curso anterior cuando un grupo de maestros del claustro empieza a reflexionar sobre qué y, especialmente, cómo aprendemos. De esta manera pensamos una manera que fomentara más el trabajo de la autonomía y la responsabilidad, que respetara los diferentes ritmos y atendiera al máximo a la diversidad. Vimos la necesidad de crear contextos ricos y provocaciones que supusieran un reto y un estímulo para aprender, que ayudaran a elaborar un pensamiento crítico y comprometido, y que fomentaran la creatividad y el trabajo cooperativo en un entorno estéticamente agradable, dentro de un clima de calma. Es cierto que no hemos inventado nada, de hecho muchos maestros del claustro nos hemos dedicado a visitar otras escuelas y a formarnos en esta línea. Esperamos que todo esto nos ayude a crear nuestro propio proyecto de La Llacuna.” 

Llevar adelante un proyecto propio de estas características requiere mucha formación e investigación por parte de los maestros. También hace falta trabajo en equipo, reflexión, autoevaluación, coordinación y muchas horas de preparación de las provocaciones y de los espacios. Y, sobre todo, entusiasmo e ilusión. Por lo que he visto, nada de esto falta en La Llacuna del Poblenou. Desde aquí los felicitamos por la iniciativa y les deseamos mucha suerte con el proyecto.

 

Yo compro en el pequeño comercio local porque….

Esta entrada se publicó por primera vez el 4 de diciembre de 2012.

Yo compro en las tiendas de mi barrio porque… “Cada vez que gastas dinero, estás emitiendo un voto para el tipo de mundo que quieres”. Anna Lappé, Smallplanet.  A mi me gusta vivir en lugares a la medida de las personas, donde el tiempo deje huella, donde la gente se salude al pasar. No me gustan las ciudades levantadas únicamente con la fuerza del dinero, al gusto de las grandes corporaciones, clónicas a otras ciudades en la otra punta del planeta, siempre nuevas y relucientes con sus letreros de plástico y metal, con tiendas atendidas por dependientes mal pagados que llegan y se van sin echar raíces. No, no me gustan esas ciudades habitadas por eternos desconocidos y en las que lo que nos resulta más familiar de las calles es aquello que antes hemos visto en algún anuncio en la televisión. “¿Estás hablando de tiendas? ¡Solo son tiendas!”, podría argumentar alguien. “¿Qué más da una tienda que otra? “ Pues no. No da lo mismo. El pequeño comercio de toda la vida está regentado por los propios vecinos, gente a la que le importa el lugar donde vive, que conoce a sus clientes, que se preocupa por lo que sucede a su alrededor. El pequeño comercio contribuye a humanizar las ciudades, ofrece un trato más cercano y dinamiza la economía local, permitiendo a muchos vecinos ganarse la vida dignamente a la vez que proporcionan un necesario servico a la comunidad. Cuando gastamos dinero en un comercio local, el beneficio no se volatiliza en tan gran medida hacia manos lejanas (y ya demasiado llenas) sino que permanece en nuestro entorno, volviendo de nuevo al circuito y generando más riqueza y bienestar. En un pueblo o barrio con un tejido comercial sano, las calles son más seguras, la vida más agradable, el ambiente más feliz. Si escogemos bien, podemos encontrar productos de gran calidad a precios razonables y el consejo experto de aquel tendero que acumula años de valiosa experiencia en su sector. Es posible, también, que nos sea más fácil averiguar el origen de los productos que compramos o de las materias primas con las que se ha fabricado. A menudo, el pequeño comerciante utiliza redes de proximidad: el carnicero que se abastece en una granja de la provincia que es de su confianza, el frutero que compra a la cooperativa, el pescadero que va a la subasta de la lonja… Dentro del comercio local nos será también más fácil encontrar establecimientos que apoyen a artesanos y creadores; incluso puede que estemos ayudando a que se conserven muchos oficios tradicionales. Así, no solo estamos influyendo en la fisonomía de nuestro entorno más cercano sino también en el tipo de sociedad que se va configurando en nuestra comarca, en nuestro país. Como sé el tipo de mundo que quiero, siempre que puedo compro en las tiendas de mi barrio. Ese es mi voto diario. ¿Y el vuestro?  

Calendarios de adviento

Entrada publicada el 13 de noviembre de 2009

Faltan pocos días para que comience el adviento, así que ya hay que ir pensando en qué calendario vamos a poner este año. El origen de los calendarios de adviento está en la Alemania luterana de principios del siglo XIX. Los primeros auténticos calendarios (después de otros sistemas más rudimentarios como ir tachando días) fueron los de ventanitas de cartón. Si somos nostálgicos quizá nos apetezca tener uno parecido a estos que hemos visto en 32º North, imitación de los antiguos calendarios victorianos.

 

 

Más adelante, los calendarios se fueron sofisticando y en vez de una imagen que se descubría con el paso de los días, ya se podía encontrar en cada ventana una chocolatina. Como esta tradición se dedica principalmente a los niños (aunque conozco a gente adulta que no pasa una navidad sin su propio calendario de adviento ilustrado) ahora se acostumbra a poner en cada bolsillo un pequeño regalito. Monedas de chocolate, canicas, ceras de colores, peonzas, yoyós, pinzas para el pelo… hay montones de cosas que pueden aparecer en el interior de un calendario.

Aunque se pueden comprar ya hechos, creemos que no hay nada como un calendario de adviento hecho en casa, así que os vamos a proponer tres alternativas (ahora que todavía hay tiempo) que son algo trabajosas pero ofrecen un resultado espectacular.

 

El primero que os presentamos es un tradicional calendario de bolsillos. El tamaño del calendario y de los bolsillos se pueden adaptar a las necesidades propias, se guarda ocupando muy poco espacio para otro año, y se puede decorar al gusto de cada uno, incluso aprovechando retales que se tenga por casa o piezas de ropa en desuso.

 

 

El tutorial completo (con más imágenes) en el blog de Sew Mama Sew.

 

El segundo es una ristra de falsas lucecitas navideñas de fieltro. El hueco para la sorpresa es pequeñito, pero queda tan decorativo que no hemos querido dejar de mostrarlo. Es ideal para los que solo necesitan espacio para una chocolatina o regalitos minúsculos.

 

Seguid las intrucciones y conseguid el patrón en el blog de Elsie Marley

 

La última propuesta es la más original y dificultosa, se trata de unos pajaritos que nos han enamorado.

 

 

Más imágenes y explicaciones en el blog de Skip to my Lou.

 

Os animamos a que hagáis vuestro propio calendario de adviento, sea inspirándoos en estas propuestas o en otras más sencillas (seguiremos dando más ideas en los próximos días). La ilusión de los niños cada mañana al descubrir el día del calendario es enorme, y va preparando el ambiente para las fiestas navideñas que, al contrario de lo que algunos se empeñan en afirmar, no se basan en el consumismo y los regalos sinó en la ilusión. Y que a veces la ilusión venga a caballo de cosas materiales no tiene nada de malo, a nuestro parecer.

 

 

Brightworks, una escuela extraordinaria

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Imaginad una escuela donde no hay aulas. En la que los alumnos no están separados por edades. Una escuela en la que los niños aprenden construyendo y creando con sus manos, a partir de sus propias ideas, investigando en el mundo real y utilizando herramientas de verdad.

Eso es exactamente la Brightworks School, una escuela alternativa de San Francisco que acoge a un pequeño grupo de alumnos de entre 6 y 13 años en una gran nave acondicionada con la ayuda de los propios niños. Los mayores acometen sofisticados proyectos, los pequeños juegan y todos aprenden unos de otros. No hay exámenes ni tests, la evaluación se hace a través de portafolios.

 

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El fundador de la Brightworks, Gerver Tulley, ha aplicado en esta escuela lo que aprendió previamente en la Tinkering School, una escuela de verano en la que los niños se dedican a construir objetos imaginados por ellos mismos. Tulley cree en la necesidad que tienen los niños de experimentar por ellos mismos, de crear cosas con sus propias manos, de comprobar que lo que imagina puede hacerse realidad, de hacer actividades “peligrosas” (siempre con las medidas de seguridad pertinentes), de equivocarse y volver a intentarlo.

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La dinámica de trabajo en la escuela se basa en lo que denominan “el arco”, una estructura que facilita a los estudiantes explorar sus ideas y perseguir sus intereses. Cada arco tiene como premisa un tema central, que puede ser explorado desde múltiples perspectivas. Por ejemplo, el tema puede ser el viento, y eso puede llevar al campo de la meterología, la náutica, la aeronáutica, el arte, la literatura, la mitología…

Los estudiantes abordan el tema en tres fases: exploración, expresión y exposición.

 

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En la fase de exploración se proporciona a los alumnos experiencias que les abran diferentes puntos de vista y sensaciones nuevas sobre el tema central: juegos, experimentos, visitas de expertos, audiciones, videos, libros, museos…

En la fase de expresión los alumnos deciden su proyecto, lo presentan a la comunidad y solicitan los materiales, herramientas y ayudas (quizá de algún experto) que necesitan. Hay un plazo y un compromiso.

En todo el proceso, los alumnos cuentan con los colaboradores de la escuela (adultos preparados para acompañarlos en su proceso creativo), y también con la familia, algunos voluntarios y personal de apoyo.

Una vez alcanzada la fecha límite, los alumnos hacen una exposición pública de su trabajo. Entregan su portafolio, explican su proyecto, exponen el resultado, aceptan críticas de la audiencia y, en cualquier caso, el éxito es la creación, los errores se aceptan y son fuente de aprendizaje también.

 

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Un arco dura entre unas semanas y dos meses. Un curso escolar se compone de varios arcos sucesivos, intercalados con excursiones, proyectos espontáneos y mucho juego. 

Todas las imágenes son del blog de Brightworks. Visitadlo y disfrutad conociendo su día a día, es realmente increíble. Y no os perdáis este video: 

 

Brightworks School from Alex Schollar on Vimeo.

 

¿Queréis participar en el número 5 de Kireei magazine?

  

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El número de este otoño-invierno ya está en marcha. El tema central es “Los sueños” y os necesitamos para empezar a soñar.

¿Cuales son vuestros sueños? Sueños realizados, sueños que se convierten en proyectos de vida, sueños truncados, acontecimentos inesperados en la vida que a posteriori descubrimos que escondían un sueño inadvertido, utopías que nos conducen a lo que parecía imposible, sueños que están bien siendo solo sueños y que así deben permanecer…

Si os apetece compartir experiencias en las que se incluya un sueño (que fue, que es, que será o que ya no podrá ser) abrimos nuestro buzón y, entre todas las aportaciones, haremos una selección que aparecerá en la revista.

En el número 3, dedicado a “La vida lenta”, montamos todo un reportaje sobre “Vivir en bicicleta” con vuestras experiencias y nos gustó tanto el resultado que ¡queremos repetir!  

Podéis escribir a elenaferrogay@gmail.com hasta el día 30 de septiembre. ¡Estamos deseando conocer vuestros sueños!

 

Solsticio de verano, fiesta de fuego

Esta entrada se publicó el 20 de junio de 2012

Foto de Álvaro Sanz

Ya estamos otra vez aquí, a las puertas del solsticio de verano. Parece que fue ayer cuando escribí acerca del ciclo festivo con motivo de la llegada del adviento, la proximidad del solsticio de invierno y las fiestas navideñas. Me explayé a gusto acerca de los simbolismos ancestrales de las fiestas tradicionales y, en ese contexto, os hablé de la importancia de la luz (el sol, el fuego) en las celebraciones navideñas. 

Me adelanté 6 meses en el tiempo estableciendo un paralelismo con el solsticio de verano: “El fuego (imagen terrestre del sol) es el elemento central de ambas celebraciones: en Navidad el fuego del hogar, en San Juan al aire libre con las hogueras; en Navidad decorando las calles y las casas, en San Juan con bengalas y cohetes en el cielo. No es casualidad que San Juan Evangelista (27 de diciembre) y San Juan Bautista (24 de junio) custodien las puertas del Invierno y el Verano, cerca de los solsticios, emulando al dios romano Janus (divinidad solar romana de dos caras, que da nombre al mes de enero).”  

Escribí esas palabras bien abrigada, con las ventanas cerradas y la calefacción en marcha. Ahora las vuelvo a copiar con la ventana abierta, en manga corta y emocionada ante la perspectiva de las vacaciones veraniegas, que tanto nos convienen este año. La puerta que hemos de atravesar para sumergirnos de lleno en el verano es este solsticio, que aunque astronómicamente sucede antes, se celebra en la noche de fuego, la noche de San Juan. Como todos los momentos de paso, es una noche de brujas, de duendes, de magia, de deseos cumplidos, de hechos fuera de lo común. Al menos, eso han creído durante generaciones nuestros antepasados, y por eso se bañaban en las aguas que momentáneamente habían adquirido propiedades mágicas, o recogían hierbas medicinales, súbitamente provistas de virtudes extraordinarias. 

En Cataluña iremos a la revetlla (verbena), tiraremos cohetes y petardos, encenderemos una hoguera (quizá con la flama - llama - del Canigó), comeremos coca de diversos tipos y beberemos cava (¡o ratafia!). ¿Y en vuestra tierra? Si no vivís la tradición, os invito a celebrarla en vuestra casa cenando algo especial a la luz de las velas, encendiendo bengalas y disfrutando de la noche más corta del año según vuestra propia tradición familiar recién inaugurada. Si, por el contrario, participáis de la fiesta, compartid las tradiciones de vuestra tierra (o de vuestra familia) aquí. ¡Nos encantará conocerlas de primera mano! 

¡Feliz solsticio!