Desmelenarse

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Ilustración de Sarah Green

 

Este post se iba a llamar “No es lo mismo intimidad que humanidad” pero al final me he decidido por “Desmelenarse”. ¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra? Este post va de desmelenarse en humanidad. Ahora me explico.

Este es un tema que sale mucho en los acompañamientos, con los emprendedores que están deseando tener más presencia sobre todo en redes sociales, pero pienso que es un tema universal, de cualquiera que socializa por internet. Muchos comentan que les crea cierto malestar tener que “mostrarse” para obtener presencia, que prefieren preservar su intimidad, no tener que hablar de sí mismos. Mi feeback aquí es el que he comentado al principio: no es lo mismo intimidad que humanidad. Personalmente conecto más con aquellas marcas o aquellas personas que en internet (y en la vida) transmiten su humanidad, y con esto no me refiero a que sean  “superbuena gente”,ahí no voy, me refiero a mensajes en los que se perciben las imperfecciones, las fragilidades, la vulnerabilidad, las virtudes también ¿porqué no? La humanidad, así de simple. 

Respecto a la intimidad, el límite lo pone cada uno donde quiere. No quien más muestra necesariamente es quien más conecta, el que más conecta es el que es de carne y hueso, el que es uno mismo, con todas las consecuencias, el que se desmelena en humanidad, quien no tiene miedo a mostrarse tal y como es, quien conecta.

Dicho esto también hay otra cuestión: ser UNO mismo no quiere decir ser siempre EL mismo. Todos somos varias personas a la vez, no siempre tenemos ganas de hablar, de compartir, hay días que no quieres chácharas, hay otros que hablas con todo dios, nuestros estados de ánimo son cambiantes, incluso a lo largo de un mismo día, eso también es humano.

Pienso ahora en una de mis mejores amigas. Llevábamos ya como diez años carne y uña y aun no nos habíamos contado apenas nada de nuestras vidas. Eramos íntimas en humanidad, en corazón y alma diría yo, más que nada, por eso conectábamos tanto (conectamos).

Internet es un espejo y nuestras marcas también son un reflejo, y eso se percibe más allá de lo que cuentas o no cuentas. Hay una frase que describe esto muy bien, de esas que ruedan por redes sociales, la que dice algo así como: No te recordarán por lo que hiciste o lo que dijiste sino por cómo se sintieron contigo (cita inexacta, soy humana). 

 

Adviento día 8

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Marioneta de mano reno tricotado, de Anthropology

El Sketchbook de Oliver Jeffers

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Adoro los cuadernos de bocetos, me pasaría horas ojeándolos y hojeándolos. Os hemos hablando muchas veces de Oliver Jeffers, uno de nuestros autores de libros infantiles preferidos, y también el de multitud de fans de todo el mundo. Estos sketchbooks poseen otra dimensión distinta a la de sus libros ilustrados, me encanta ver las otras cosas que crean los artistas que me gustan, es como conocerlos más de cerca.

 

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Aviento día 7

¿Celebrar la navidad ya no es lo mismo?

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Ilustración de Coaner

El domingo pasado en casa encendimos la primera vela de la corona de Adviento. Este ritual forma parte de las tradiciones familiares navideñas que hemos ido construyendo con los años: encender las velas, abrir cada ventanita del calendario, montar el pesebre, “fer cagar el tió”, los regalos del piano… Como véis, hay tradiciones compartidas y otras particulares de nuestra propia familia.

¿Por qué hacemos todo eso? Mientras encendía la primera vela de la corona de adviento me hacía esta misma pregunta. Mi hijo mayor, ya adolescente, contemplaba la escena desde el sofá con aparente indiferencia. El mediano, preadolescente, se acercó un momento y enseguida se marchó. Solamente la pequeña siguió todo el proceso con interés, solamente a ella le brillaron los ojos y solamente ella me pidió ser la encargada de soplar la llama cuando tocara apagarla.

Los tiempos en que los dos mayores eran pequeños y la pequeña todavía no existía empiezan a quedar lejos. Recuerdo sus manitas sobre la mesa, una sobre la otra, para no tocar sin querer la llama ¡tan peligrosa que quema! Sus preguntas, sus inquietudes, sus ojos bien abiertos escuchando la primera carta de Papá Noel de Tolkien. Su ilusión cada mañana al abrir el calendario y encontrar una canica o una pegatina. Su inocencia.

El mismo domingo lo comentaba con una amiga cuyas hijas también se van haciendo mayores: ya no es como antes. “Espero que algo les quede y al menos lo recuerden con cariño cuando crezcan”, me dijo. Estoy convencida de ello. Lo estoy porque yo recuerdo con enorme cariño el pan rústico de dos quilos que compraba mi madre para que yo lo vaciara y montara dentro el portal de Belén. Un día dejé de hacer el pesebre y más adelante llegué a pensar que odiaba la Navidad. Pero los recuerdos se quedaron escondidos, esperando para salir y tomar un nuevo sentido con el paso del tiempo.

Recuerdo también haberme reído del pesebre de mi (entonces futura) suegra, que tenía unas gallinas más grandes que los camellos. Cada año ella recogía arena, musgo, troncos… y montaba un pesebre gigantesco con figuras dispares recopiladas a lo largo de los años. Me parecía una excentricidad y un capricho porque, por aquel entonces, a mi arrogante entender, los pesebres eran cosas de críos. Ahora que ella ya no está pienso en aquel pesebre con tanto cariño que las lágrimas se me saltan. La veo colocando sus lucecitas y ahora la entiendo.

Todo lo que hacemos tiene su significado y su eco en el futuro, no solo en el nuestro sino en el de las personas que nos rodean.
Por eso, el debate acerca del consumismo navideño – aún estando totalmente de acuerdo en lo absurdo de comprar por comprar y lo necesario que es tener presente la cuestión ética – no es lo que más me preocupa cuando veo a la gente preparando los regalos navideños. Lo que me preocupa es la intención. ¿Estamos cumpliendo con una rutinaria obligación social? ¿O estamos llenando de gestos, emociones y afectos nuestros recuerdos y los de nuestros seres queridos? En el futuro habremos olvidado la mayoría de los regalos que nos hicieron y casi todos los que hicimos. Pero recordaremos el tiempo dedicado a pensar en el otro, la ilusión al ver los paquetes bajo el árbol, la emoción de desenvolverlos, los abrazos y las risas.

¡Feliz segundo domingo de Adviento! ¡Solamente quedan dos más y estará aquí la Navidad!

 

Blow a wish

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A veces piensas: ¿Qué importancia tiene la creatividad, el arte, la artesanía? Y luego ves trabajos de cerámica como los de Blow a wish y de fotografía como los de Mireia Niubó, y ya no hace falta contestarte esa pregunta tan retórica. 

 

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