Adviento 6 de diciembre

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Seguimos abriendo ventanas de nuestro calendario de adviento. Este año lo dedicamos a colaboradores que tiene y ha tenido Kireei en todos estos años. Hoy destapamos una fotografía de Mönica Bedmar, de su serie Indoors poetry. Mönica ha realizado reportajes fotográficos para Kireei magazine varias veces y en estos momentos trabaja junto a Caterina Pérez en un nuevo libro monográfico de casas, que verá la luz en el invierno del 2018. Posiblemente por estas fechas el año que viene. El portafolio de Mönica es pura poesía visual, y no solo visual, también textual. Os recomiendo una visita a su web, con calma, con un té en la mano, y con tiempo por delante.

 

Ya está a la venta El mundo de las emociones, de Mireia Simó Rel

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Ya tenemos aquí EL MUNDO DE LAS EMOCIONES, libro escrito por Mireia Simó Rel e ilustrado por Monann. Estoy muy contenta, y emocionada (y nunca mejor dicho) con este libro que llevamos cocinando desde hace casi un año cuando le propuse a Mireia publicar un libro suyo en Kireei y ella quiso hacerlo sobre las emociones, un terreno en el que lleva trabajando años. El mundo de las emociones es un libro divulgativo, para adultos, para entender el universo emociones de una manera amena, pero rigurosa. Ligera, pero profunda, con un formato ilustrado, muy bonito. Pensé que sería el libro que a mi me gustaría ver en el mercado, un libro que explique qué son las emociones, cómo nos afectan en nuestra vida, y cómo reconocerlas, y aceptarlas, siendo así capaces no solo de vivir más serenamente sino de acompañar a quien tenemos cerca de una manera serena también, sobre todo a nuestros hijos.

Conozco a Mireia desde hace años y desde hace un par colaboramos juntas. Mireia Simó ha escrito un libro con una amplia mirada por todas las emociones: miedo, vergüenza, enfado, culpa, alegría, tristeza, etc, además de profundizar en el cerebro emocional y las aportaciones actuales de la neurociencia sobre todo en el desarrollo cerebral desde la infancia. El libro también tiene muchas aportaciones prácticas que no están pensadas como pautas a seguir. Mireia deja bien claro desde el principio que este no es un libro de pautas, sino un libro para que cada uno se mire, con su unicidad.

Las emociones no se controlan, se sienten, dice Mireia, pero a partir de ahí sí que podemos decidir qué hacer con lo que sentimos, y eso es lo que me gusta de este libro, que no incide en la idea de que las emociones se pueden controlar. Somos seres emocionales, no podemos controlar eso, lo que podemos hacer es DESCUBRIR, COMPRENDER, ACEPTAR Y CAMBIAR. Estos verbos son los subtítulos del libro y en ellos están muchas de las claves de esta publicación. 

La vida es sentir, es emoción. Espero que este libro os emocione y os anime a abrazar cómo os sentís de una manera más tranquila, y plena. Estoy segura de que lo disfrutaréis y lo regalaréis a gente que estimáis para que también lo conozcan y les arroje mucha luz.

Quiero agradecer a Mireia su implicación en este libro, sus aportaciones al tema de las emociones son aportaciones de quien lleva años construyendo una carrera en psicología y psicoterapia Gestalt, con rigor y compromiso y de quien lleva años trabajando sobre el tema con adultos, niños y familias y de quién aspira a ayudar a la gente por encima de todo.

Estoy muy contenta también por haber trabajado con Monann en las ilustraciones. Cuando planteé este libro lo vi de inmediato ilustrado y casi de inmediato por Monann, a quién admiro y con quien ha sido tan fácil trabajar. 

Agradecer también a Rocío Mejías, por el diseño y maquetación del libro. Rocío ha sabido llevar el texto de Mireia y las ilustraciones de Monann al terreno que pensamos que era el mejor para este libro y lo ha dejado precioso.

Gracias también a Coaner, por el diseño de la bonita portada, que a mi me parece una delicia y a Vireta por algunas de las ilustraciones interiores, por salir de su zona de confort y aceptar la propuesta de ilustrar el sistema cerebral. Trabajar con este equipo es un gusto. No puedo estar más contenta.

Esta es la descripción que hace de él Mireia en la contraportada. Lo podéis comprar ya en nuestra tienda online, sin gastos de envío, y dentro de unos días estará también en nuestros puntos de venta habituales.

El mundo de las emociones no es un libro para decirte lo que tienes que hacer, ni para darte pautas ni consejos. Siempre he creído en los seres humanos y en su capacidad e intuición para saber qué hacer en cada momento. A veces, lo que nos hace falta es darnos cuenta de lo que necesitamos y queremos, así como reconocer
nuestras potencialidades.

La intención de este libro es ofrecerte una lectura con la que puedas ir y venir, hacia fuera y hacia dentro; en la que contactes con vivencias tuyas, y en la que encuentres también información para acompañar a otras personas en sus procesos emocionales; y es, sobre todo, una invitación a sentir.

Está escrito para personas adultas, aunque también para compartir con niños, niñas y jóvenes, para poder acompañarles con más información y conciencia en sus procesos de desarrollo emocional.

Mireia Simó Rel, es psicóloga, terapeuta gestalt, especializada en familia e infancia, con más de diez años de experiencia en Servicios Sociales y en el ámbito clínico privado. Es miembro del equipo docente y terapeuta del Instituto de Terapia Gestalt de Valencia, donde codirige, junto con Toña Sala, el curso de formación Terapia Gestalt con Familias.

Ha sido colaboradora de la revista Mente Sana, y desde hace unos años forma parte del equipo docente del Centro Gestalt de Canarias, impartiendo talleres dentro de la Formación de Terapia Infantil y Adolescente, en Las Palmas, Tenerife y La Palma.

Actualmente, también imparte talleres en la Formación de Infancia y Adolescencia, en el Centro Qualia de Granada, y forma parte del equipo docente del Máster en Terapia Familiar desde una perspectiva integradora: enfoques gestáltico y sistémico, de la Universidad de Valencia.

 

 

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Adviento día 5 de diciembre

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El adviento del 5 de diciembre lo dedicamos al sketchbook de Adolfo Serra, ilustrador de la portada de Kireei magazine 7 y del cuento “La casa de al lado” en Batiscafo en el mar. Nos encanta todo lo que hace Adolfo, es canela fina. Estamos deseando volver a trabajar con él. En esta imagen podéis ver una de las páginas de su sketchbook tan bonita e inspiradora, podéis ver más en su Instagram.

Bumoon. Nueva colección. Gastos de envío gratis

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Hoy hablamos de nuevo de Bumoon con motivo de su nueva colección de prints y vinilos y la selección de nuevos productos en su tienda online: cojines súper suaves, adorables peluches y ropa de niños

Desde que nació, Bumoon ha evolucionado sin perder de vista su filosofía “SLOW”: seguir su propio camino creativo, a su ritmo, alejado de las estresantes leyes del comercio, escuchando e inspirándose en la naturaleza y desarrollando las ideas sin prisas, hasta el último detalle.

Bumoon nació de la necesidad de unos padres por animar y decorar el ambiente donde iba a crecer su hija, pero lo querían de una forma diferente: cuidada y estimulante. Así que Giuditta Bussetti se puso manos a la obra y de sus pinceles empezó a emerger un mundo de simpáticas ilustraciones que terminaron convirtiéndose en unos prácticos vinilos decorativos. Luego llegaron las ilustraciones, los diseños de ropa, las colaboraciones con otras marcas afines a su gusto y sus valores éticos.

Esta semana para los lectores de Kireei Bumoon ofrece gastos de envío gratis con el código KIREEI. Podéis hacer vuestras compras para Navidad siguiendo este enlace a su tienda online, y seguir sus actualizaciones en su Facebook y en Instagram.

 

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Adviento 4 de diciembre

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El adviento de hoy va dedicado a la fotógrafa Carmen Hache. Carmen colaboró en una de las primeras Kireeis, y lo volvió a hacer en la última, con el reportaje al que corresponde esta foto, un paseo por el bosque en busca de la luz y de la conexión natural. Un precioso reportaje que contó con el estilismo de las prendas de Emes y Counting Clouds, marcas de ropa también muy presentes en Kireei.

 

Adviento 3 de diciembre

Hoy domingo solo publico este post de adviento. Estamos en Barcelona, en el We love cats Market y no he podido escribir un post de los míos de domingo. En este de adviento, siguiendo la idea de este año para el adviento publico imágenes y en este caso textos de colaboradores de Kireei.

Caterina Pérez ha colaborado muchas veces en Kireei, desde los inicios. Para El Libro de las Casas Bellas escribió este precioso relato de título “LA CASA VACÍA. Lo ilustró la ilustradora Raichel’s, otra colaboración que nos encantó tener en uno de nuestros libros. 

 

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—No la encontré yo, esta casa. Pasé meses buscando. Unos días decidía que debíamos vivir en el barrio que da al mar, otros me enamoraba de los zócalos y las vigas de un caserón que se hundía a trozos. Recuerdo que me encapriché de una planta baja que daba a una plaza con una fuente, pero cuando ya íbamos a entregar la paga y señal, pensé que era mejor buscar un piso amplio en una zona residencial. ¡Tu abuelo se desesperaba conmigo! Finalmente tomó las riendas de la situación y en un par de semanas encontró este ático de techos altos y suelos de colores.

Con el cuerpo acomodado en el butacón, sostiene una taza de leche caliente y anís. Yo la escucho sentada en la alfombra, los codos clavados en la mesilla de cristal, mientras acaricio el hilito dorado de mí tazón. Fuera, con un lamento, el viento empieza a mecer la noche.

—Recuerdo que cuando nos plantamos en el rellano y vi la enorme puerta roja, pensé que tu abuelo me estaba tomando el pelo. ¡Madre mía, aquello parecía la entrada de un burdel! Pero al cruzar el umbral, intuí que era perfecto para la familia que deseábamos formar. Un largo pasillo para que los hijos aprendieran a andar, un salón luminoso donde invitar a los amigos a comer, una cocina amplia para trastear… Así que quitamos el rojo de la puerta, pintamos las paredes de crema y llenamos la terraza de flores.

La contemplo como se recoge el pelo en un moño alto de melancolía y plata. Se anuda el quimono de seda a la cintura:

—Vamos a terminar con esto de una vez —dice incorporándose.

La sigo hasta la cocina. Enjuaga los tazones, los seca con cuidado, los envuelve en papel de periódico y los introduce dentro de una caja de cartón. Cojo mi bolso, que reposa encima de una torre de platos embalados.

—Menudo vendaval para una noche como esta —murmulla escudriñando la calle a través de la ventana del fregadero.

—Intenta descansar, abuela. A las ocho llegará el camión de mudanzas. Yo estaré aquí un poco antes para ayudarte ¿vale?

— ¿Por qué no te quedas?

Apenas me mira, concentra su atención en un montón de paños que va metiendo dentro de una bolsa. Parece como si hubiese empequeñecido, como si fuese un gorrión asustado que en cualquier momento se pondrá a volar golpeando las paredes de este hogar vacío. Vuelvo a dejar el bolso donde estaba. Algo cruje en el salón, quizás alguna balda que al sentirse vacía se aposenta:

—Al acostarme, cuando la casa se queda en silencio, todavía oigo la respiración de tu madre y de tu tío en la habitación de al lado. Y al mediodía, la cocina siempre huele a café, a ese café que durante tantos años nos tomábamos después de comer. ¿Sabes?, algunas madrugadas me despierta el suave rascar en las baldosas de unos piececitos que se acercan a mí cama. Y aunque no te lo creas, hay días que al pasar junto al salón veo a tu abuelo leyendo en el butacón. Deshago mis pasos para contemplarlo, y ya no está, pero sobre la tapicería su cuerpo ha dejado un surco donde se posa la luz que entra por la galería, y me siento, y noto el calor, y no alcanzo a saber si ese calor es el de su presencia, o el sol de la tarde —deja lo que está haciendo y agacha la cabeza—. Todo eso no se empaqueta, no lo puedo meter en una caja.

A punto estoy de soltar una banalidad para consolarla, pero me callo. Entiendo que está hablando de algo que no está pegado a las cosas. De algo que habita en este piso y que va a desaparecer mañana mismo, nada más bajar el primer peldaño.

—Te pondré otra manta. La noche está fría —dice alejándose por el pasillo—. No te olvides de apagar las luces cuando te acuestes, cariño.

Salgo a la terraza. El viento zarandea los árboles del paseo. Cierro los ojos y dejo que me sacuda. Una maceta de albahaca pierde el equilibrio y esparce su tierra junto a mí. Justo cuando me agacho para enderezarla, una fuerte ráfaga cierra el ventanal a mis espaldas con un golpe seco. Al darme la vuelta, veo pasar a la abuela luciendo un vestido rojo y el pelo suelto. Acerco la nariz al cristal y con la mano ahogo mí sorpresa. Estamos todos. La mesa es un revoltijo de migas de pan, envoltorios de polvorón, copas esparcidas y trocitos de rosco. El árbol de Navidad destella alegre al fondo del salón. Con una determinación temblorosa, empujo la puerta. El murmullo de las voces, la carcajada de mi tío, el jolgorio de los primos y una oleada dulzona de almendras y ciruelas asadas, me acoge. Me siento en una silla vacía. Nadie parece sorprenderse de mi presencia. En el butacón, el abuelo dormita. Con los dedos, desmenuzo un trocito de turrón y mi garganta se afloja. 

Ya está todo cargado en el camión de mudanzas. Después del vendaval, el día ha amanecido azul. La abuela espera en el rellano. En el último momento ha decidido llevarse la maceta de albahaca y la sostiene en el regazo. Cierra tú, que me faltan manos, me pide. Dudo de si son manos o voluntad, lo que le falta. El estruendo de la puerta me achica por dentro, pero como si algo me empujara, hurgo en el bolso y saco la polaroid que me regaló el abuelo las Navidades antes de fallecer. Venga abuela, ponte junto a la puerta. Ella remolonea, pero finalmente consigo que acceda. Abraza la maceta y sonríe. Disparo y nuestras cabezas se juntan para contemplar como la imagen se va volviendo nítida. La abuela aparece preciosa, rodeada de hojas verdes. Y tras ella, la inmensa puerta de roble se tiñe de rojo, un rojo intenso. Me abraza. Siento su fuerza y su temblor, y algo se desarma entre nosotras. Susurra, tenía tanto miedo de despedirme de una puerta que todavía no estuviera cerrada, tanto.