
Imagen de Martha Stewart.
El año pasado, cuando hablamos de las calabazas de Halloween, nos consta que mucha gente se animó a hacer una. Sin embargo, es posible que para muchas otras personas esta sea una tradición ajena e invasora a rechazar. A mi no me hace mucha gracia la parafernalia comercial de Halloween, ni las calabazas de plástico, ni los sustos de mal gusto, pero no es problema de la festividad, es problema de las formas en que se celebra. También pasa lo mismo con la Navidad y no por eso deja de gustarme.
La palabra Halloween es una evolución de la pronunciación de All-Hallows-Even (es decir, la noche anterior al All Hallows Day). Por lo tanto, no es necesario adaptar la palabra pues ya tenemos la nuestra propia, aunque no sea tan “popular”. Pero, ¿es necesario adoptar la calabaza?
No, no es necesario adoptar nada, porque ya lo teníamos aquí. Aunque ya lo apuntamos el año pasado, mi amiga Roser me escribió luego para explicarme algo al respecto. Trascribo con permiso sus palabras:
“Viendo la entrada de Halloween, me he acordado de algo que te quería comentar a propósito de las tradiciones. Hicimos el taller de vaciado de calabazas en el colegio, a pesar de que algunas personas se quejaban de que era tradición yankee. Yo les insistí que no y así quedó la cosa. Hace unos días llegó mi suegro a casa y se emocionó al ver la calabaza que hizo el niño. Él es del año 1920, y lo que me contó pertenece a esa década y a la siguiente. Mi suegro es de un pueblo muy pequeño, en el Somontano. Antes del día de Todos los Santos, los niños mayores vaciaban unas calabazas alargadas hasta dejar solamente la piel. Como esas calabazas no eran buenas para comer, lo que sobraba lo daban a los cerdos. Una vez vaciadas las calabazas, les hacían caras y calaveras, les ponían una vela y las llevaban al cementerio para dejarlas encendidas en la puerta y sobre la tapia. Algunas también las ponían en las casas y en las ventanas. Con el paso del tiempo dejó de hacerse porque ya no había tantos niños en el pueblo.”
No tenemos fotos de esas calabazas del Somontano, 80 años atrás, pero sí tenemos algunas imágenes de la decoración de Todos los Santos de Meisi, que el año pasado se puso manos a la obra. Esta es su experiencia:
El año pasado fue el primero que decoramos la casa para Halloween, aunque no el primero que mis hijos salían a pedir caramelos. Desde que vivimos en un lugar pequeño es más corriente ver grupos de niños disfrazados. Cuando vivíamos en Valencia lo hacíamos porque vivíamos en un piso con zona común. Si no es así, no es nada fácil para los chicos meterse en edificios de pisos y que alguien les abra la puerta…
Como iba diciendo, decoramos Halloween, y mi impresión fue que es algo tan fácil y divertido que me supo mal haberme perdido otros años. Aquí van mis ideas y unas cuantas fotos. O más bien debería decir mi idea: cartulina negra y tijeras.
Cuervos, murciélagos, arañas; muchos y de diferentes tamaños. Pegar arañas en el interior de las lámparas traslúcidas fue una gran idea. Me decidí a recortar un silueta de un árbol siniestro y me quedé con ganas de alguna lápida. Hicimos pasteles poniendo una cobertura de chocolate blanco sobre de unas magdalenas y con chocolate negro dibujamos unas calaveras. Y, por supuesto, las reinas fueron las calabazas. ¡Fue una sorpresa lo fácil que era hacerlas! Yo me había armado con todo tipo de instrumentos cortante y al final se cortaba como el papel. Claro que fueron una calabazas compradas en Lidl que deben ser expresamente cultivadas para decoración, porque son de piel muy fina y casi sin pulpa, y de color naranja. Prácticamente no había nada que vaciar. Sin embargo hay algo que tengo que mejorar este año: a los dos días ya se llenan de mosquitas y empiezan a oler (poquito, nada grave). Quizás la solución sea hacer dos tandas y reservar unas frescas para la noche de Halloween. La semana antes cuando me despertaba las encendía para que cuando se levantasen los chicos ya hubiera ambiente en casa.




