BigLittleForest, por La Garriga de Castelladral y Swingyourpics

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BigLittleForest es el proyecto de Núria de La Garriga de Castelladral y Cris de Swingyourpics. En el desean celebrar la creatividad en los niños en conexión con la naturaleza. Esta actividad que hicieron en el bosque que rodea La Masia de Castelladral, capturado por la cámara de Cris me parece preciosa. Una sábana en blanco y libertad absoluta para lanzarse a experimentar y crear. Lo podéis ver entero en el blog de La Garriga de Castelladral.

Ya colaboré con Núria y Cris en Kireei 7 con un tutorial de mándala de flores, fotografía y creatividad son sus pasiones, y no me extraña nada que la unión resulte en cosas tan bonitas. 

 

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Yo soy, por Mireia Simó

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Ilustración de Pintameldia

 

Pues si, como decía Cris el domingo pasado, con el paso de los años solemos tener más claras nuestras preferencias, lo que nos gusta y lo que no, lo que nos atrae y lo que no nos interesa nada. Solemos tener mucho más claro donde invertir nuestro tiempo y dedicación.

Y eso es señal de salud. Desde bien pequeños, en nuestra relación con el mundo, nos vamos definiendo como personas, nos construimos, y vamos eligiendo aquello con lo que nos sentimos identificados. Y eso lo vamos haciendo como resultado de las experiencias relacionales que tenemos.

Aunque el proceso de individuación y construcción de nuestra propia identidad dura toda la vida, hay momentos especialmente importantes para esto. Como dice Evania Reichert, autora del libro “Infancia, la edad sagrada”, hay “periodos preciosos y sensibles” (me encanta esa manera de nombrarlo!). “Son momentos especiales en que están en maduración determinadas áreas del cerebro, lo cual facilita el surgimiento de habilidades, siempre que el medio sea suficientemente bueno”.

Así, hay un primer momento en la vida, cuando los niños y niñas empiezan a experimentarse como personas separadas de su mamá, empiezan a caminar, empiezan a decir Noooo a todo, con el fin de diferenciarse de los demás e ir sintiéndose y construyéndose como personitas únicas.
Luego, si todo va bien, esto se relaja un poco, hasta que llega la adolescencia, donde la necesidad vuelve a surgir con fuerza. Es cuando uno ya no es niño, tampoco adulto y está ahí en medio, definiéndose.

Entonces, si no se queda nada atascado, llegamos a ser adultos con las cosas claras y con un buen conocimiento de nuestra persona. Con el contacto y conciencia suficiente como para poder fluir con la vida sin confundirnos y sin perdernos. Aunque eso no significa que no tengamos periodos en la vida de incertidumbre, de replanteamiento, de dudas y de crisis.

Eso forma parte de la existencia. La diferencia está en cómo lo vivimos.

Luego, con la madurez y las experiencias de vida, vamos teniendo cada vez más claro nuestro camino y como decía antes, nuestras preferencias. Y eso es tan satisfactorio… Tener claro dónde queremos estar, como queremos invertir nuestro tiempo y sentirnos tranquilos con lo que hacemos cada día es estupendo.

Por eso, llega un momento en la vida que donde ponemos la atención es en aquello que tiene que ver con nosotros y no como cuando somos adolescentes que nos interesa casi todo lo nuevo porque es un momento de buscar.

La madurez es momento de disfrutar de lo que somos, de lo que hacemos, de lo que sabemos que nos gusta y de lo que hemos ido construyendo, y no tanto de buscar. Aunque, es cierto, que la sociedad actual, bastante líquida por cierto, y bastante indefinida, está favoreciendo cada vez más personas que se pasan la vida buscando porque no encuentran lo que quieren, aburridas e insatisfechas. Puede ser que todavía no sepan si quiera lo que les haría sonreír.

Y claro, no es lo mismo, tener claro lo que me aburre y sentirme apasionada y entusiasmada con la vida al mismo tiempo, como decía Cris, que sentirme aburrida e insatisfecha, como pueda ser el caso de las personas que todavía no han definido su identidad, tengan la edad que tengan.

 

Mireia Simó Rel .Psicóloga. Terapeuta Gestalt. Especializada en Intervención Familiar e Infantil. Co-directora formación Técnicas Gestálticas Aplicadas a las Familias en el ITG (Instituto de Terapia Gestalt de Valencia).

 

Amy van Luijk

 

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Amy Van Luijk es una ilustradora de Nueva Zelanda residente en Bristol. Su trabajo se centra sobre todo en diseño de estampados para producto y editorial. Su técnica es muy próxima el collage, empieza sus piezas siempre con papeles de colores pegados y posteriormente digitaliza. Me ha gustado mucho la sencillez y los colores.

 

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Algunas casas bellas

Vemos en este entorno muchas casas con decoración en tonos neutros y con el gris en los sofás, paredes y cojines, con muebles en madera y mucho blanco. Estos tres colores, el blanco, la madera y el gris son el fondo de armario de muchas casas. A mi me gustan las pinceladas de color pero hay que reconocer que estas casas transmiten mucha tranquilidad.

 

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Coco Lapine Design

 

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My Scandinavian home

 

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Vía Home Dsgn

 

Benicat, la ciudad imaginada por Lady Desidia

 

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El otro día os mostré la ciudad imaginada de Dirty Harry y hoy os muestro Benicat, la ciudad imaginada de Lady Desidia que aparece en el libro Mi ciudad imaginada – La meva ciutat imaginada. ¿No os parece una maravilla? Yo quiero vivir en una ciudad así de ensoñadora y mágica, con ese precioso gato, esa casa llena de seres curiosos y divertidos, esa niña que lleva a cuestas un amiguito, ese faro, esos ojos en las paredes, esa niña mariposa, ese elefantito en el tendedero… y esos zapatos en la base de la casa. Al final podéis ver el boceto que me mandó al principio con el que supe enseguida que sería un dibujo memorable.

¿Qué puedo decir de mi querida Lady Desidia que no haya dicho ya? Tener su colaboración en mi ciudad imaginada me ha hecho muy feliz. Me alegra mucho que un dibujo tan bonito vaya a ser admirado por los pequeños (y grandes) lectores de Mi ciudad imaginada. Gracias, Vanessa, por tanta magia.

¿Ya tenéis vuestro ejemplar? Lo podéis comprar aquí. Este mes y el que viene vamos a presentar el libro en Madrid, Valencia, y Barcelona, y esperamos que en muchos otros sitios que os iremos comentando.

 

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Aburridos del mundo y de la gente…pero no de la vida

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Ilustración de Michela Picchi

 

Voy a intentar ser sintética y breve porque estoy fuera de casa y no puedo estar mucho tiempo escribiendo este post, pero no quería dejar el domingo sin post de reflexión porque sé que os gustan mucho y pienso que es el mejor día para ellos, para disfrutarlos tranquilamente con el desayuno.

Recientemente he tenido esta conversación con un par de amigas: “estoy aburrida del mundo y de la gente”. A mi también me pasa. Estoy en ese punto en el que como dicen en inglés “Been there”, “ya estuve ahí”. Lo tengo todo muy visto y muy hablado.

¿No os pasa? Con la gente las mismas conversaciones, los mismos temas, charlas como de ascensor. Y con el mundo: los mismos problemas, la misma falta de humanidad y justicia, el hartazgo absoluto.

A veces me preocupa. Tengo 46 años y ¿ya estoy aburrida de la gente y del mundo? ¿Qué pasará cuando tenga 60? ¿Seré un anacoreta que pasará sus días sola encerrada en casa con una pereza cósmica ante la idea de salir, ver gente, conversar, entusiasmarme aún con lo que pase en el mundo, con ganas aún de cambiarlo? ¿Sola en casa, conversando con quince gatos que tendré como única compañía, encontrando esas charlas gatunas las más interesantes del mundo por no obtener respuesta y no tener que decir las mismas perogrulladas una y otra vez?

El otro día un amigo decía: “me gustaría volver a ser joven, para tener energía y ganas de hacer cosas”.

Seguro que os sentís identificados. Me da la impresión de que lo que nos pasa no es nada raro, es simplemente madurez, paso de los años.

No estoy tan preocupada. La clave para mi es la segunda parte del título del post. Por mucho que me aburra el mundo y la gente, aún me entusiasma la vida, y probablemente más que nunca. En esta etapa de mi vida estoy más que nunca donde quiero estar, y esto me produce una gran alegría, y como he dicho en otros posts, me produce un inmenso agradecimiento hacia la vida.

Y cuando me sacudo la pereza cósmica, salgo de casa, o cojo el teléfono, o el wassap o el mail y charlo con la gente cómo si fuese una adolescente, sin cansancio, y hablo de cómo cambiar el mundo, y me lo creo y lo intento, y la gente no me cansa, y el mundo tampoco, más bien al contrario.

Al final llego a la misma conclusión que llego con casi todo y digo casi por no ser rotunda, porque en realidad podría ser con todo: que la vida es lo que queda cuando se abrazan los opuestos, y uno puede estar hasta el gorro de la gente y sus cosas y al mismo tiempo interesarle el género humano y sus cosas tremendamente, que uno puede pensar que no hay remedio para este mundo y al mismo tiempo luchar con entusiasmo adolescente para cambiarlo.

Quizá vale la pena estar aburrido de la vida en minúsculas, para disfrutar más plenamente de la VIDA.