¿Cuáles son vuestros superpoderes?

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Ilustración de Jessica Hische

“My gift is my curse” dicen en inglés. Mi talento es mi condena, o lo que es lo mismo, mis fortalezas son mis debilidades. Cuántas veces habréis dicho: ojalá no fuera tan perfeccionista, o tan habladora, o tan obsesiva, o lo que sea, para segundos después daros cuenta de que es vuestra principal virtud. Pues ya veis, también es vuestra principal debilidad. Alguien perfeccionista da de sí muchísimo y trabaja con absoluto rigor, pero por otro lado, le cuesta flexibilizar, cortar, acabar, es muy indeciso, etc, haced la prueba, cualquier cara tiene su cruz.

Vale, llamarlo superpoderes es un poco exagerado y fantasioso pero me gusta jugar. Ahora que ya sabemos que nuestras fortalezas también son nuestras debilidades, paso a lo que en realidad quiero comentar. Surge esta cuestión a menudo: estaría más presente en las redes sociales pero no quiero parecer pesada, me da apuro comentar, subir fotos, no quiero agobiar, molestar, exponerme. Sobre esto siempre comento lo siguiente: Lo auténtico no cansa, no conozco a nadie a quien le cansen las cosas auténticas, sean del tipo que sean. Con auténtico me refiero a humano, de carne y hueso, con todas nuestras virtudes e imperfecciones.

Lo mejor que podéis hacer en redes no es ni más ni menos que ser vosotros mismos, con vuestros superpoderes. Que eres muy graciosa, se graciosa a más no poder, haz reír a la gente, que eres muy erudita, igual, a los demás nos gusta aprender ¿te gusta ayudar?, ayuda, ¿eres seria?, pues habla con seriedad, ¿te preocupan los temas mediambientales? comparte con los demás tus conocimientos, ¿sabes mucho de arte? sube imágenes y deleita a tus contactos, te gusta repartir cariño, repártelo en grandes dosis, pero no te cortes en ser tu misma, al contrario, se tu misma al 120%. Las redes son virtuales pero están llenas de gente real, todos tenemos los mismos miedos e inseguridades…y todos tenemos superpoderes. Y si tienes un pequeño proyecto necesitas estar presente, en redes sobre todo. Todos estamos allí por eso, porque por muy virtuales que sean, nos gusta estar donde está la gente y nos gusta socializar, por algo se llaman sociales (aunque a veces sean tan insociales, aunque eso sería otro tema). A quien le resulte aburrido o pesado lo que comentas simplemente se centrará en otras cosas.

¿A quién le tenemos que pedir permiso para ser nosotros mismos? A nadie. Sin embargo, solemos pedirnos permiso a nosotros mismos para hacer las cosas, por el eterno miedo a no gustar, a no encajar, a ser rechazado, a agobiar, a molestar. ¿Que no encajas en ese entorno? “Move on”, que dirían también en inglés, busca a los tuyos, busca tu entorno.

Esta bien desear ser más altos, más guapos y más inteligentes, es lo lógico, a quien no le gustaría, pero esta bien también valorar como somos y gustarnos por quienes somos y si tenemos cosas a mejorar, no las mejoraremos desde el rechazo que nos causan, sino desde la aceptación, solo cuando aceptas como eres empiezas a relajarte y a mejorar. Y cuando empiezas a conocerte también. Lo que puede pasar con ese miedo a no encajar es que nos lleve a no saber realmente quienes somos. Nos solemos construir un personaje que encaje y al final no sabemos bien donde acaba el personaje y donde empieza la persona.

Nuestros superpoderes aparecen de manera transversal en todo lo que hacemos, son la materia prima sobre la que todo lo demás se construye, tanto en el trabajo como en la vida. Os animo a averiguar cuales son si no lo sabéis aún, y a usarlos hasta aburrir, también en redes. Los míos son muy mundanos: entusiasmo, paciencia, empatía, gratitud….y alguno más…pero no he venido a hablar de mi…no quiero agobiar y molestar… 

“¡Otra vez las batallitas del abuelo!”

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Ilustración de Elena Hormiga para Kireei 6

Yo tenía solamente veinte años y él no era mi auténtico abuelo. Era un abuelo postizo, un abuelo político. Sin embargo, durante la década que todavía vivió desde que yo lo conocí, llegué a quererlo como si fuera mi propio abuelo. Más que a mis propios abuelos de los que apenas sé nada.
El abuelo siempre estaba explicando historias. Que si en mis tiempos, que si los jóvenes de ahora no sabéis, que si “tiempos vendrán, hijo mío”. Esta última frase era especialmente graciosa, porque era la única que le oí nunca pronunciar en castellano. Después que la soltara, con el dedo admonitorio en alto, los nietos se escacharraban de risa y él se enfurecía terriblemente. Y es que no soportaba nuestra incosciencia, ignorantes al hecho de que uno podía vivir felizmente y, de repente, hundirse todo a su alrededor. Él, que pasó su juventud en una guerra fraticida y su vida adulta tragándose el orgullo con miedo.
Lo recuerdo sentado en su butaca, con sus ojos pequeñitos y su gran nariz, sus manos temblorosas pasándo páginas del periódico, sus comentarios futboleros y sus omnipresentes recuerdos. “La primera vez que estuve en Barcelona fue para ver la exposición del 28, estuve en casa de unos parientes”. “Yo, en la guerra, nunca maté a nadie”. “Cuando se acabó la guerra nos subieron a un tren, nos íbamos a Francia. Pero yo no podía irme, salté del tren y me fui caminando a casa. Estuve escondido mucho tiempo”. Sus historias nunca tenían fin.
Ahora me arrepiento de no haber escuchado con más atención, de no haber anotado sus anécdotas, de no haberlo grabado. Hace más de diez años que no está y toda la sabiduría y la experiencia que atesoraba se perdieron. Algo ha dejado tras de sí, pero todo lo que aquellos ojos vieron, lo que aquel corazón sintió, el mundo que ya no existe, su testimonio de casi un siglo… ¿qué ha sido de todo ello?
Yo, que ya he vivido lo suficiente como para ser atacada por la nostalgia pero que todavía veo un futuro abierto, desearía volver a aquellas tardes y demostrarle que sus recuerdos eran valiosos y que a través de él nos volvimos más sabios.
Algún dia espero ver las caras impacientes de unos nietos llenos de futuro, girando los ojos en blanco y exclamando “¡otra vez la misma historia, abuela!”. Pero no me apenará, sonreiré por dentro. La semilla estará plantada.

Elena Ferro

 

Muebles pintados

¿Os atrevéis a pintar un mueble?

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Petit and small

 

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Sanna & Sania

 

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Paper & Stitch

 

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Freunde von freunden

Algunas casas bellas

Tres casas más, y ya son casi trescientas desde que empezó esta sección…

 

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Tiny Houses Swoon

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Planete Deco

 

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Home Adore

Marianna Coppo

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Marianna Coppo, ilustradora italiana a añadir a la infinita lista de ilustradores que me encantan.

 

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Packaging

Con mucho color…

 

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FISG vía Packaging of the world

 

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Mason & co

 

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Idealog

 

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Lovely Package