Cómo cambiar el mundo

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Ilustración de Mónica Ramos

 

Ahora que estamos en época electoral se me ha ocurrido hablaros de lo que yo considero la solución global para cambiar el mundo. Suena grandilocuente y osado, lo sé, pero aquí en Kireei estamos en petit comité, estoy segura de que más de una vez habéis tenido charlas entre amigos del tipo: si yo pudiera cambiar el mundo…

Los que me conocéis o habéis hablado conmigo a través del acompañamiento sabéis que siempre hablo del binomio superficialidad-profundidad, de cómo no hay atajos, de la necesidad de ir a la raíz, de sembrar con cuidado y gota a gota. Pues para cambiar el mundo también.

También conocéis mi costumbre de darle la vuelta a las cosas y hacer ingeniería inversa, ir al origen para a partir de ahí construir, darle la vuelta a la tortilla para tener una visión distinta del problema. Pues en este caso también.

Y también lo mucho que insisto en ser fieles a nuestra esencia, para ser libres y vivir en paz y bienestar. Con estas tres cosas ya puedo hilar el post.

Estoy convencida de que el mundo no cambiará de manera profunda hasta que no hagamos ingeniería inversa y pongamos todos nuestros esfuerzos, recursos y acciones en la primera infancia, en nuestra esencia, hasta que los programas electorales de los partidos no tengan como punto principal de sus acciones el del apoyo a la primera infancia.

Se dice que es la educación la que cambiará el mundo. No digo que no, pero pienso que aun hay que ir más lejos, más profundo, y que es la crianza la que cambiará el mundo, y no una crianza cualquiera, sino una crianza basada en el respeto de la esencia individual, de los ritmos de cada niño, una crianza que no acelere nada, que no uniformice, ni desnaturalice, ni empuje a los padres a incorporarse rápido a la rueda laboral, o a reducir en los bebés los tiempos que necesitan del apego más cercano y nutritivo.

Ahora mismo estamos lejísimos de que esto ocurra, con políticas que ponen el esfuerzo en casi todo menos en esto. Los unos centrados sobre todo en la economía como eje central a través del cual piensan que el mundo puede mejorar, y los otros centrados en apagar fuegos, en curar heridas, en inventar maneras de resolver los desaguisados que provoca ese primer enfoque. Le preguntaba a un amigo que se dedica a la política porqué la izquierda no pone más esfuerzo en proteger la primera infancia, y me decía que tienen tantos frentes abiertos y tantos despropósitos que llegar a eso les va a costar décadas, si es que pueden.

Pero creo que se equivocan, creo que a pesar de tener que hacer frente a todo lo que en la superficie clama al cielo y necesita de cambios inmediatos, la izquierda debería tener en sus programas políticos un plan profundo de atención a la crianza y a las familias, y no me refiero a poner guarderías para todos los bebés de 0 a 3 años, eso no es una protección profunda de la infancia, esto es protección profunda a la rueda laboral.

Todos los grandes y pequeños esfuerzos, muy loables, son a mi entender parches que no solucionan el problema de raíz. El problema de raíz es que tenemos una sociedad enferma emocionalmente, una humanidad que no se siente bien consigo misma, y eso se arrastra desde la infancia, y vamos tirando como buenamente podemos. Solemos culpabilizar a la vida moderna y capitalista de las enfermedades emocionales que padecemos, como el estrés, la alta competitividad, el aislamiento, la soledad, la falta de solidaridad, la apatía. Y sí, la vida moderna juega un importante papel pero también lo juega cómo es nuestra autoestima, y nuestro bienestar personal.

La única manera de crecer sanos emocionalmente es a través del respeto a la esencia, a los ritmos, a la individualidad de cada niño. Todo lo demás son parches. Que no digo que no puedan funcionar pero requieren incluso de más esfuerzo. Ya lo dice el refrán, más vale prevenir que curar.

Lo vivo en docencia. Todos los esfuerzos son paliativos, curativos. Todos los programas de mejora, todas las actuaciones para evitar el fracaso escolar se basan en apoyo académico, refuerzo, más medicina de la que ya se ve que no funciona, que a veces funciona con unos pocos a los que se recupera pero nunca con todos. 

Y luego está la educación en valores. Loable también, pero superficial. Porque los valores no se enseñan, como si de una asignatura se tratase, no se integran escuchando un cuento, los valores se integran sutilmente en la vida de los niños, a través de la experiencia, a través de lo que viven.

Ingeniería a la inversa, actuar de abajo a arriba, ir al principio, al origen del problema, y actuar allí. ¿Cómo? Con una crianza respetuosa hacia los ritmos y las emociones de cada niño. Ayudar a las familias para que no desaparezcan de la vida de sus hijos en sus primeros años.

Suena naif, idealista e inocente ¿verdad? Claro, no puede sonar de otra manera.

 

Mark Entwisle

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Mark Entwisle es pintor y fotógrafo. Hoy me he detenido en su obra fotográfica, me ha gustado mucho su mirada, las historias que cuentan sus fotos. Mark nació en Jordania y vive en Reino Unido. Ha expuesto en varias ocasiones y ganado premios. Donde más se centra es en pintar retratos, os recomiendo una visita a su web.

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La igualdad por ley no significa igualdad real

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Póster de MariaChiara Tirinzoni

 

La semana pasada Michelle Obama estuvo en la ceremonia de graduación de una universidad de los Estados Unidos con mayoría de alumnos afro-americanos. En su discurso habló de las dificultades con las que iban a encontrarse los recién graduados solamente por el hecho de ser negros y les animó a sobreponerse y no dejar que la opinión que los demás tuvieran sobre ellos influyera en quienes eran realmente. Su discurso ha suscitado fuertes críticas por parte de algunas personas que creen que fue un discurso victimista, que la ley es igual para todos y que, por lo tanto, no existe el racismo contra los negros ya, que si alguno es mal visto es por las cosas malas que ha hecho él u otros como él, y que hablar de discriminación racial es casi como afirmar que los negros son todos buenos y los blancos todos malos y, por lo tanto, una forma de racismo inverso. Sí, yo misma he leído los comentarios que defienden esta increíble posición. El resumen sería “los negros que se quejan de racismo lo hacen porque son unos victimistas, no quieren esforzarse para salir de sus situaciones de pobreza y demandan tener más derechos que los blancos, a los que acusan de todos sus males”. ¿Alguien lo suscribe?

Este discurso tan delirante yo ya lo había oído antes. Os lo voy a reproducir aquí, a ver si os suena:
“Las mujeres ya no están discriminadas, legalmente son igual que los hombres y todas las leyes que las subordinaban a sus padres o maridos ya no existen. Pueden estudiar, trabajar, votar y hacer exactamente lo mismo que los hombres. Si quieren y se esfuerzan, claro. La igualdad está aquí. Y si hay mujeres que se quejan es porque son como los machistas de antaño pero al revés, unas hembristas (o feminazis) que quieren tener más derechos que los hombres, que odian a los hombres . “ Parece que el discurso sea una locura, pero creo que nos sorpenderíamos al saber cuanta gente lo tiene interiorizado sin ser consciente de ello. ¡Incluídas muchas mujeres!

Hace un par de días escuché en la radio a una psicóloga que comentaba que la violencia de género está cada vez más presente entre los adolescentes. Los jovenes de hoy tienen la teoría sobre la igualdad muy clara, pero sus carencias afectivas y emocionales los convierten en potenciales agresores y víctimas. Me pareció interesante (y preocupante, también). Por un lado, creo que sería interesante descubrir de dónde vienen todas esas carencias afectivas y emocionales, y descubrir como prevenirlas antes de tener que curarlas cuando quizá es tarde. Sospecho que la crianza y la educación tienen mucho que ver. Por otro lado, me devuelve a lo que os contaba: nuestros jóvenes tienen tan interiorizado que “todos somos iguales” que no conciben que situaciones que están viviendo y que, correctamente analizadas, son claramente de abuso, lo sean en realidad, puesto que admitirlo sería una actitud victimista y débil. O feminazi, que es peor. No son celos, es pasión. No es acoso, es amor. No es agresión, es romance.

Que las leyes proclamen la igualdad no significa que la igualdad sea real. Que los derechos humanos se hayan suscrito no significa que se respeten. Ser víctima y denunciarlo no es ser victimista. Ser del color, etnia, nacionalidad, género o grupo social del culpable no nos obliga a defenderlo frente a la víctima, ni nos hace culpables a nosotros al reconocer a la víctima. La igualdad no es algo que existe desde la fecha en que se promulgó cierta ley. Es algo que se construye (o se destruye) cada día.

Por todo ello, deberíamos enseñar a nuestros niños y adolescentes a ser conscientes de esta realidad, a no dar nada por supuesto y a no bajar la guardia. Y, por supuesto, antes que nada, deberíamos procurarles una crianza y una educación que cubrieran sus necesidades afectivas y los dotaran de la autoestima necesaria para no encajar el papel de víctimas o agresores con facilidad. Una crianza y una educación basadas en los hechos y en el ejemplo, y no en los discursos teóricos, a menudo tan vacíos de realidad.

 

Raquel Martín

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Descubrir el portafolio de ilustración de Raquel Martín ha sido una grata sorpresa. Raquel es de Barcelona pero vive en Menorca. Me gusta la sencillez de su trabajo, esos trazos gruesos para las ilustraciones en blanco y negro y esos colores fluor para las ilustraciones con fondo negro, lo encuentro muy personal. La voy a seguir desde hoy, me encantará ver sus nuevas propuestas.

 

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Algunas casas bellas

Un estudio en Suecia, un inmenso loft en Francia y una casa familiar en Holanda…

 

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One Kind Design

 

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Style Files

 

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My Scandinavian Home

Alfabeto floral de Meni Chatzipanagiotou

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Mi compi Rocío compartió esta belleza el otro día en redes sociales y me la guardé para mostrarla aquí. Este trabajo minucioso y artístico de Meni Chatzipanagiotou me ha encantado. Meni es diseñadora gráfica e ilustradora originaria de Tesalonica (Grecia). Vía Gráffica

 

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