Amy van Luijk

 

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Amy Van Luijk es una ilustradora de Nueva Zelanda residente en Bristol. Su trabajo se centra sobre todo en diseño de estampados para producto y editorial. Su técnica es muy próxima el collage, empieza sus piezas siempre con papeles de colores pegados y posteriormente digitaliza. Me ha gustado mucho la sencillez y los colores.

 

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Algunas casas bellas

Vemos en este entorno muchas casas con decoración en tonos neutros y con el gris en los sofás, paredes y cojines, con muebles en madera y mucho blanco. Estos tres colores, el blanco, la madera y el gris son el fondo de armario de muchas casas. A mi me gustan las pinceladas de color pero hay que reconocer que estas casas transmiten mucha tranquilidad.

 

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Coco Lapine Design

 

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My Scandinavian home

 

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Vía Home Dsgn

 

Benicat, la ciudad imaginada por Lady Desidia

 

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El otro día os mostré la ciudad imaginada de Dirty Harry y hoy os muestro Benicat, la ciudad imaginada de Lady Desidia que aparece en el libro Mi ciudad imaginada – La meva ciutat imaginada. ¿No os parece una maravilla? Yo quiero vivir en una ciudad así de ensoñadora y mágica, con ese precioso gato, esa casa llena de seres curiosos y divertidos, esa niña que lleva a cuestas un amiguito, ese faro, esos ojos en las paredes, esa niña mariposa, ese elefantito en el tendedero… y esos zapatos en la base de la casa. Al final podéis ver el boceto que me mandó al principio con el que supe enseguida que sería un dibujo memorable.

¿Qué puedo decir de mi querida Lady Desidia que no haya dicho ya? Tener su colaboración en mi ciudad imaginada me ha hecho muy feliz. Me alegra mucho que un dibujo tan bonito vaya a ser admirado por los pequeños (y grandes) lectores de Mi ciudad imaginada. Gracias, Vanessa, por tanta magia.

¿Ya tenéis vuestro ejemplar? Lo podéis comprar aquí. Este mes y el que viene vamos a presentar el libro en Madrid, Valencia, y Barcelona, y esperamos que en muchos otros sitios que os iremos comentando.

 

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Aburridos del mundo y de la gente…pero no de la vida

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Ilustración de Michela Picchi

 

Voy a intentar ser sintética y breve porque estoy fuera de casa y no puedo estar mucho tiempo escribiendo este post, pero no quería dejar el domingo sin post de reflexión porque sé que os gustan mucho y pienso que es el mejor día para ellos, para disfrutarlos tranquilamente con el desayuno.

Recientemente he tenido esta conversación con un par de amigas: “estoy aburrida del mundo y de la gente”. A mi también me pasa. Estoy en ese punto en el que como dicen en inglés “Been there”, “ya estuve ahí”. Lo tengo todo muy visto y muy hablado.

¿No os pasa? Con la gente las mismas conversaciones, los mismos temas, charlas como de ascensor. Y con el mundo: los mismos problemas, la misma falta de humanidad y justicia, el hartazgo absoluto.

A veces me preocupa. Tengo 46 años y ¿ya estoy aburrida de la gente y del mundo? ¿Qué pasará cuando tenga 60? ¿Seré un anacoreta que pasará sus días sola encerrada en casa con una pereza cósmica ante la idea de salir, ver gente, conversar, entusiasmarme aún con lo que pase en el mundo, con ganas aún de cambiarlo? ¿Sola en casa, conversando con quince gatos que tendré como única compañía, encontrando esas charlas gatunas las más interesantes del mundo por no obtener respuesta y no tener que decir las mismas perogrulladas una y otra vez?

El otro día un amigo decía: “me gustaría volver a ser joven, para tener energía y ganas de hacer cosas”.

Seguro que os sentís identificados. Me da la impresión de que lo que nos pasa no es nada raro, es simplemente madurez, paso de los años.

No estoy tan preocupada. La clave para mi es la segunda parte del título del post. Por mucho que me aburra el mundo y la gente, aún me entusiasma la vida, y probablemente más que nunca. En esta etapa de mi vida estoy más que nunca donde quiero estar, y esto me produce una gran alegría, y como he dicho en otros posts, me produce un inmenso agradecimiento hacia la vida.

Y cuando me sacudo la pereza cósmica, salgo de casa, o cojo el teléfono, o el wassap o el mail y charlo con la gente cómo si fuese una adolescente, sin cansancio, y hablo de cómo cambiar el mundo, y me lo creo y lo intento, y la gente no me cansa, y el mundo tampoco, más bien al contrario.

Al final llego a la misma conclusión que llego con casi todo y digo casi por no ser rotunda, porque en realidad podría ser con todo: que la vida es lo que queda cuando se abrazan los opuestos, y uno puede estar hasta el gorro de la gente y sus cosas y al mismo tiempo interesarle el género humano y sus cosas tremendamente, que uno puede pensar que no hay remedio para este mundo y al mismo tiempo luchar con entusiasmo adolescente para cambiarlo.

Quizá vale la pena estar aburrido de la vida en minúsculas, para disfrutar más plenamente de la VIDA.

 

 

Algunas casas bellas

Este fin de semana nos vamos a Barcelona a fotografiar otra casa para El libro de las casas bellas. La sección de Algunas casas bellas no puede fallar.

 

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Style-Files

algunas casas bellas

Coco Lapine Design

 

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My Scandinavian Home

Lo que ocurre cuando no esperas, por Mireia Simó

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Ilustración de Kirsten Sims

 

Leyendo a Cris en su post del domingo pasado me acordé de una experiencia que tuve hace unos días. Me había apuntado a un curso al que tenía muchas ganas de ir. Estaba ilusionada pensando en las horas que iba a estar allí aprendiendo, sentada a ese otro lado de la silla donde iba a recibir y donde me apetecía mucho estar.

Me interesaba mucho el tema, el docente y la idea de estar en un encuentro grupal compartiendo con otros profesionales. Llegó el día y allí que me fui dispuesta a pasar unas cuantas horas durante tres días seguidos.

Bien, pues al rato de estar allí empecé a inquietarme y cuando terminó la tarde, después de cinco horas, salí de aquel lugar un tanto revuelta. Con todo lo que tenía yo que hacer, con lo que me suponía en estos momentos de mi vida, criando y trabajando, poder sacar 20 horas para mi, con lo cansada que estaba ese día… ¡Y allí había estado toda la tarde casi perdiendo el tiempo!

Replanteándome con enfado si iba al día siguiente o no, me di cuenta de que había puesto demasiadas expectativas en aquel curso. Claro que habían pasado momentos importantes en esas 5 horas, claro que había aprendido cosas significativas, y claro que lo que allí había pasado tenía un componente de novedad e interés para mí.

Pero yo estaba frustrada porque esperaba más, y esa frustración me estaba impidiendo recoger y disfrutar de lo que sí que hubo. Al rato de llegar a casa me recoloqué internamente y esa noche me acosté tranquila, pensando que al día siguiente iría con ganas y con ilusión, aunque situándome en un lugar distinto, sin expectativas.

Sorprendentemente estuve receptiva, motivada, se me pasaron las 8 horas deliciosamente, y al día siguiente terminé el curso agradecida y con un montón de aportes interesantes que iría masticando después.

No esperar nada no significa resignarse, tampoco tiene que ver con no tener esperanza. No tener expectativas es tener una actitud receptiva sin exigencia, es tener capacidad para recibir y valorar lo que sea que nos aporte el encuentro, suceso o situación. En cada momento siempre hay algo que agradecer. Desarrollar esta manera de estar en el mundo es una forma de poder nutrirnos y sentirnos en paz.

Y así nos pasa también con nosotros mismos. Como decía Cris, cuando nos ponemos el listón muy alto y luego nos castigamos por no haber sido capaces de llegar, no nos estamos dando cuenta de lo que sí hemos hecho, de lo que sí hemos conseguido y de lo que sí somos capaces de hacer.

Creernos que de verdad “hacemos lo que podemos” es una bonita manera de aceptarnos con lo que sea que hagamos en cada momento. Y como a mi me gusta recordar, la aceptación es justo el trampolín para seguir creciendo.

Mireia Simó Rel .Psicóloga. Terapeuta Gestalt. Especializada en Intervención Familiar e Infantil. Co-directora formación Técnicas Gestálticas Aplicadas a las Familias en el ITG (Instituto de Terapia Gestalt de Valencia).