Emily Barletta

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Emily Barletta hace arte con hilo, aguja y papel. Artista del bordado con sede en Brooklyn, Nueva York, Emily tiene un extenso currículum de exposiciones en museos y galerías, y en premios de arte. Podéis ver su también extenso portafolio en su web.

 

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Las fotos coloreadas de Jane Long

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No es la primera vez que os muestro una serie fotográfica antigua que ha sido coloreada usando medios modernos. Estas fotos coloreadas que veis son de la fotógrafa australiana Jane Long, pero las originales en blanco y negro son del fotógrafo húngaro Costică Acsinte. Como veis, Jane no solo ha coloreado las fotos sino que además, ha introducido creatividad visual en la escena. Me ha parecido sensacional. Podéis ver más en Cultura Inquieta.

 

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Reconciliarse con la propia infancia, por Mireia Simó

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Fotografía de Montse Mármol

El domingo pasado publiqué el post “No estamos preparados para la vida” y muchos de vosotros dejasteis comentarios, después de sentiros identificados con lo que leísteis. Hoy he invitado a mi amiga Mireia Simó, psicóloga y terapeuta Gestalt, a compartir un artículo que escribió hace unos años para la revisa Mente Sana, y que también habla del mismo tema, lo amplia y lo argumenta desde la experiencia de Mireia como profesional en psicología. Os dejo con ella, el artículo es largo pero vale la pena leerlo, a mi me ha encantado. Mireia no solo escribe muy claro, además lo hace en profundidad, me ha parecido muy iluminador. 

 

Con frecuencia anhelamos haber tenido una infancia más feliz sin embargo todos tenemos alguna experiencia más o menos dolorosa que forma parte de nuestra historia. Tal vez fue la enfermedad o fallecimiento de una persona importante, alguna situación familiar difícil, una falta de afecto y
atención, o puede que lo que nos hubiera gustado cambiar fuera los conflictos que tenían nuestros padres. Tal vez las experiencias de malestar tengan que ver con la falta de amor incondicional, con el haber vivido en familias donde el amor dependía de los hechos y los éxitos conseguidos o puede que tenga que ver con no habernos sentido vistos ni tenidos en cuenta.

Sea como fuere es nuestra historia y nuestros padres, a su vez, también tienen la suya. Comprender que ellos nos aportaron lo mejor que tenían y aceptar que hicieron las cosas lo mejor que supieron y pudieron nos puede ayudar a reconciliarnos con nuestra infancia.

“No quiero que mi hijo tenga una infancia como la que yo tuve” ¡Cuántas veces habremos oído decir esto! Pero, a pesar de que esta sea nuestra intención, luego, sin darnos cuenta, caemos en comportamientos y modos de relación que son justo aquello que queríamos evitar. Las experiencias no
resueltas de nuestra propia infancia influyen a la hora de relacionarnos con nuestros hijos/as. Reencontrarnos con nuestras heridas y cuidarlas en vez de ignorarlas nos va a permitir poder ejercer un rol de padres y madres desde la libertad de elegir como queremos relacionarnos y actuar, facilitando a los hijos/as que construyan un sentido interno de seguridad para poder tener unos cimientos sobre los que crecer y desarrollarse de manera saludable.

Las primeras vivencias infantiles dejan una enorme huella, modificando incluso el cerebro infantil. Las últimas investigaciones de la neurociencia nos han confirmado que nacemos solo con una cuarta parte del cerebro desarrollado. Las otras tres evolucionan durante los primeros años de la infancia y las experiencias vinculares y afectivas son fundamentales para la conexión neuronal y la maduración cerebral. 

Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista infantil, utilizó la expresión “madre suficientemente buena” para referirse a las cualidades afectivas que debería tener la persona encargada del cuidado principal de un bebé para poder facilitarle un desarrollo pleno. La capacidad para estar atento/a a las necesidades del bebé y no confundirlas con las suyas propias es una de las cualidades que definen este concepto. No se refería a ser una persona sufrida y abnegada sino a la capacidad para estar presente y con una disponibilidad afectiva transcendiendo las cuestiones personales y los estados de ánimos.

John Bowlby, fundador de la teoría del apego, concluyó que existe una relación causal entre las experiencias de una persona con las figuras significativas y su posterior capacidad para establecer vínculos afectivos. Mary Main, autora de la Entrevista de Apego Adulto (AAI), basándose en las narrativas de madres y padres sobre sus experiencias relacionales en la infancia, definió a las personas con un apego seguro autónomo como aquellas que integran coherentemente sus recuerdos en una narración con sentido.

Recuerdo la historia de Patricia, una paciente con la que trabajé hace un tiempo. En una de las sesiones me comentó que estaba preocupada porque no entendía muy bien lo que le estaba sucediendo con su amiga Luisa. Se conocían desde hacía muchos años y con el tiempo habían ido creando un vínculo profundo de amistad. Hacia un año que Luisa se había enamorado y había iniciado una nueva relación de pareja. Esto coincidió también con un cambio de trabajo, así que durante unos meses estuvo tan entregada a sus nuevos proyectos vitales que se mantuvo alejada de sus amigos. Patricia le había llamado en varias ocasiones pero Luisa no le había prestado la atención y el tiempo que ella necesitaba. Ahora, habían pasado unos meses y se había puesto de nuevo en contacto con ella, pero Patricia no podía cogerle el teléfono ni contestarle a ninguno de los mails que había recibido suyos. Se sentía profundamente herida, se había sentido abandonada y no podía perdonárselo.

Después de un tiempo pudo darse cuenta de que realmente en el vínculo de amistad no había ocurrido nada, sino que esa experiencia de sentirse abandonada tenía que ver con una herida suya de la infancia. Por eso, aunque entendiera el motivo de la falta de disponibilidad de su amiga, le había afectado tanto. El impacto no tenía que ver con lo que hacía su amiga, sino con su herida no resuelta.

Patricia había tenido un episodio en su infancia que le había marcado profundamente. Cuando tenía 5 años su madre falleció de una enfermedad y nadie le había avisado con el tiempo suficiente como para poder despedirse. Creció enfadada, desconfiada y con un padre más ocupado en resolver su propio duelo que en atenderla a ella. Su presencia dependía de cómo estuviera él ese día y no de lo que necesitara ella. Patricia nunca sabía con lo que se iba a encontrar al relacionarse con su padre, así que se fue haciendo adulta pensando que ella era la responsable de los conflictos que tenían y que nunca hacía las cosas bien.

Necesitaba constantemente la aprobación de los demás y frecuentemente se sentía incomprendida. Un día conoció a su pareja y después de estar un tiempo juntos decidieron compartir su vida y tener un hijo. Cuando éste se hizo un poco mayor Patricia no podía soportar la idea de dejarle al cuidado de otras personas. No quería fallarle, no quería que creciera con la sensación de abandono que ella tenía y si tenía que dejarle se sentía tremendamente culpable.

El problema se acentuó cuando su hijo fue creciendo y empezó a tener necesidades de independencia. Cada vez que le pedía ir a casa de un amigo a jugar ella sufría y esto ocasionaba continuos conflictos entre ellos. Patricia se volvió cada día mas controladora y la dependencia que había establecido con su hijo le generaba una ansiedad casi diaria. En ocasiones se sentía desbordada y entonces le amenazaba con no atenderle y se retiraba de la relación, siendo inconsistente igual que lo había sido su padre con ella. El hijo respondía a esto alejándose cada vez más y confirmando la fantasía de su madre, abandonándole. Ella sabía que tenía algo que resolver con esto sin embargo lo que le ayudó a darse cuenta y solucionar lo que le estaba ocurriendo fue lo que le ocurrió con su amiga.

La experiencia no resuelta de haberse sentido abandonada en su infancia era lo que le estaba impidiendo abrirse de nuevo a la relación con su amiga Luisa y a su vez, era lo que le estaba impidiendo sentirse confiada con su hijo, y ser consistente y afectivamente cercana.

Durante toda su juventud había querido olvidar su infancia. No quería recordar su tristeza, su soledad y su rabia. En el momento en el que pudo hablar de todos aquellos momentos dolorosos e ir sacando de su cajita de la infancia los recuerdos fue cuando empezó a entender el significado y el impacto que todo aquello tenía en su vida.

Lo primero que hizo fue aceptar como fueron sus primeros años. Y en ese proceso de aceptar pudo empatizar con su padre y perdonarle. Pudo también valorar todos los aspectos positivos que había desarrollado gracias a su historia. Se dio cuenta de que era una excelente cuidadora, de que había desarrollado una habilidad estupenda para estar atenta a los gustos de las personas que le rodeaban y sabía sorprenderles con detalles siempre acertados. Había desarrollado también una capacidad de escucha y una capacidad de tener en cuenta a los demás que le había aportado muy buenas amistades. Hasta ese momento no se había parado a reconocer todas estas cualidades de las que se sentía ciertamente orgullosa. Pudo agradecer entonces a la vida el haberle dado la oportunidad de desarrollar todo aquello que ella era.

Después de este proceso de reconciliarse con su infancia fue cuando pudo acercarse de nuevo a su amiga y pudo comprobar entonces que ésta seguía ahí y que realmente el vínculo de amistad estaba intacto.

También pudo entonces empezar a relacionarse de otra manera con su hijo. Aprendió a confiar, a transmitirle seguridad, a ser más sensible con sus necesidades y actuar teniéndolo en cuenta y no actuando desde sus heridas.

Expresar y compartir las vivencias dolorosas es un primer paso para poder aceptar nuestra historia. Dicha aceptación nos permitirá perdonar, reconciliarnos y valorar los aspectos positivos que desarrollamos gracias a nuestras experiencias.

Sanar las heridas de la infancia y dar sentido a nuestras vidas de manera coherente nos permite transmitir seguridad y ser padres y madres suficientemente buenos atendiendo a las necesidades de nuestros hijos sin confundirlas con las nuestras. Como afirma Gunther Schmidt, un reconocido terapeuta médico alemán, director del Instituto Milton Erickson en Heidelberg, “no es el pasado el que determina el presente, sino el presente el que determina el pasado”.

Artículo publicado en el nº 86 de la Revista Mente Sana.

Mireia Simó Rel .Psicóloga. Terapeuta Gestalt. Especializada en Intervención Familiar e Infantil. Co-directora formación Técnicas Gestálticas Aplicadas a las Familias en el ITG (Instituto de Terapia Gestalt de Valencia).

 

 

Cecilia Moreno

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Cecilia Moreno es ilustradora, vive en Madrid y dibuja tan lindo como veis. Ilustraciones muy sencillas pero con carácter y belleza. Me gusta mucho, la conozco desde hace tiempo y sigo sus actualizaciones siempre con curiosidad por ver sus nuevas creaciones. Preciosas paletas de colores, entrañables personajes e ilustración también poética, con un punto minimalista, que deja más abierta su interpretación. Podéis conocer su trabajo en su portafolio.

 

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Algunas casas bellas

Las tres casas bellas de hoy tienen todas alguna habitación o elemento que te lleva a pensar que son casas con niños. Me gusta ver este tipo de casas, ver cómo el universo infantil y el adulto conviven.

 

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Style-Files

 

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A cup of Jo

 

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Handmade Charlotte

 

 

Ilustración de Coaner para Kireei 7

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La primera vez que oí el nombre de Coaner fue hace unos años, cuando me topé con una ilustración suya, un mural que había dibujado en la biblioteca de Navarcles y que publiqué aquí, un post muy escueto. Poco imaginaba entonces que Coaner se convertiría en una de mis colaboradoras más cercanas. En realidad, compañera ya , más que colaboradora.

Desde entonces hemos compartido varios proyectos, como Batiscafo, las ilustraciones de La escuela soñada y La Mirada, y estamos cocinando algunos más para este año.

Esta preciosa ilustración la realizó Coaner para Kireei 7, número que está dedicado a la naturaleza. Le propuse que creara una ilustración a partir del tema y ella me propuso ilustrar el precioso poema de Miriam Cano que os copia a continuación. Un fantástico tándem, para ilustrar a esta mujer que tiene la primavera en su interior, en su esencia. Una bella ilustración para un bello poema.

Coaner no solo es una maravillosa compañera, es una ilustradora y diseñadora gráfica con muchísimo talento y sensibilidad, todo lo que hace tiene su sello. Trabajar a su lado es un regalo.

Quan l’erm eixut s’obri pas

recorda que dins teu hi dorm

el do ancestral de la primavera.

Míriam Cano

Cuando se abra paso el yermo seco

recuerda que duerme en ti

el don ancestral de la primavera.

 

 

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