Rasmus y el vagabundo

Pablo Auladell, el ilustrador hipermétrope, se ha hecho cargo, Kalandraka mediante, de animar el texto clásico de Astrid Lindgren, Rasmus el Vagabundo. Es este uno de esos libros que se prestan a ser regalados en fechas muy señaladas – Reyes, cumpleaños redondos, porquehoyesundíaespecial – y que no tienen solamente como destinatarios a los niños. Se que más de un adulto va esperar la mañana del día 6 para comprobar que esta maravillosa novela con formato de álbum ilustrado está sobre sus zapatos.

No hay mucho que reseñar, todo el mundo conoce a Astrid Lindgren – y si hay alguien que no, solo hace falta decir “Pippi Calzaslargas” para ponerle al tanto – y aunque esta es una obra menos conocida, está llena de sensibilidad y humanidad. Para ella la infancia es el mundo perdido, al que todo el mundo querría regresar, un espacio de libertad y plenitud, incluso en situaciones adversas como las de Rasmus.

Tampoco necesita presentación Pablo Auladell, ilustrador con una amplia trayectoria jalonada de premios merecidos, que nos regala unas ilustraciones muy expresivas que nos hablan de esperanza, miedo, soledad…

En definitiva, uno de esos libros que se atesoran para toda la vida y que se pasan de una generación a otra. ¡No exagero!

De momento yo voy a dedicar las noches de estas vacaciones navideñas para leerlo poquito a poco y disfrutarlo con mis niños en ese rato mágico de antes de dormir.

Ficha del libro

Blog de Pablo Auladell

Ya hablamos en Pablo Auladell en Kireei, aquí.

 

Cartas de Papá Noel, de J.R.R. Tolkien

 

 

 

Si hay un libro para leerles a los niños durante el adviento, para mi es, sin duda, el que recoge una selección de las cartas que Papá Noel les escribió a los hijos de Tolkien durante más de 20 años. La primera llegó cuando John, el mayor, tenía 3 años. La última, cuando Priscilla, la más pequeña, cumplió los 14. Todo esto sucedía entre los años 20 y 40 del sigo XX; la última se escribe en medio de la Segunda Guerra Mundial. Este es un fragmento de esa carta:

“¡Feliz Navidad! Confío en que este año vuelvas a colgar el calcetín, porque todavía me quedan algunas cositas para ti. Después, tendré que despedirme más o menos: me refiero a que no me olvidaré de ti. Siempre guardamos los números antiguos de nuestros amigos de toda la vida, y su cartas; y con el tiempo esperamos a volver a saber de ellos, cuando se hacen mayores y tienen casa propia e hijos.”
 

 

Estas son algunas de las fotos que se conservan de la familia Tolkien de esa época. El niño dormido es Christopher Tolkien, hoy anciano, que se hizo cargo de la herencia literaria de su padre y editó sus obras póstumas. Su mujer, Baillie, editó las cartas de Papá Noel. 

 

Los cuatro hijos de Tolkien disfrutaron durante este tiempo de las cartas que llegaban todas las Navidades, escritas de la mano del propio Papá Noel, con su letra temblorosa y vacilante. Más adelante, también empezaron a participar sus ayudantes: el Oso Polar del Norte, con sus trazos gruesos, y su secretario elfo Ilbereth, con su elegante caligrafía. Los personajes son cada vez más numerosos: Paksu y Valkotukka, sobrinos del Oso Polar, elfos de la nieve, gnomos rojos, muñecos de nieve, osos de las cavernas… Estas cartas, llenas de relatos sencillos y, a la vez, maravillosos, venían acompañadas de ilustraciones, anotaciones, sellos del Polo Norte y sobres magníficamente caligrafiados. Pero lo mejor, los relatos fantásticos de la vida en el Polo Norte, tal como podemos leer en la solapa de la edición de El Aleph:

“cómo se soltaron todos los renos de los trineos y se desperdigaron los regalos por doquier; cómo el inoportuno Oso Polar escaló el Polo Norte y se cayó por el tejado de la casa de Papá Noel para aterrizar en el comedor; cómo rompió la Luna en cuatro partes e hizo que el hombre que vive en ella cayera en el jardín; y ¡cómo se declaró la guerra a una horda de trasgos picapleitos que vivían en unas cuevas debajo de la casa!”

 

 

 

Nosotros hemos empezado esta pasada noche a leer las cartas de Papá Noel y los niños están absolutamente maravillados. Existe también una edición que lleva facsímiles de las cartas, no se si todavía se puede conseguir.

En todo caso, es una obra indispensable aunque no se tenga especial interés en el resto de la obra de Tolkien y en el universo fantástico que creó. Si con el Hobbit, el Señor de los Anillos y el Silmarillion fue capaz de refundir la mitología del norte de Europa para crear un mundo completo, coherente y fascinante, con estas sencillas cartas crea una pequeña mitología casera y encantadora para sus hijos de la que también pueden disfrutar los nuestros. ¡No os quedéis sin vuestras cartas de Papá Noel!

 

 

 

2 de diciembre

El tió de Nadal

Elena Ferro. Il·lustració: Subi.
Baula, 2011
ISBN 978-84-479-2313-7

Amunt i avall, de Oliver Jeffers. Andana editorial

 

 

 

Uno de los libros favoritos de mi hijo en sus primeros 4 años de vida ha sido perdido y encontrado (lost and found) de Oliver Jeffers, de quien ya hablamos el otro dia aquí. Por eso le ha gustado doblemente el último libro sobre los mismos personajes, porque ya son “viejos conocidos”. Amunt i avall de la editorial valenciana Andana editorial (arriba y abajo en castellano), continua la entrañable historia de amistad entre un niño y un pingüino iniciada con el anterior libro, historia que se ha convertido ya en un clásico contemporáneo, convertida incluso en corto de animación.

En Amunt i avall presenciamos el empeño del pingüino por conseguir volar y el incondicional apoyo y compañía de su amigo el niño. Perseguir un sueño se convierte aquí en una aventura, como suele pasar en la vida real, y perseguirlo con la constante ayuda de alguien que te quiere llega a ser, en realidad, lo mejor de todo.

Podéis comprar el libro online en la web de la editorial.

 

Antonino contra el tiempo y Antonino va y viene

 

     

Entrañable es lo primero que me vino a la cabeza cuando hojeé los dos libros de los que os quiero hablar. Antonino contra el tiempo y Antonino va y viene, de Juan Arjona y Lluïsot, editorial A buen paso

Las aventuras de este pequeño personaje de nombre Antonino, un hombrecito común pero inmensamente extraordinario, y su compañero Oso, tienen un atractivo universal y sin edad. A mi hijo le han gustado ahora que tiene 4 años y medio pero estoy segura de que le hubieran llamado la atención también a los 2 y de que los leerá el solo cuando tenga 6 o más. La sencillez y colorido de las ilustraciones, la acción directa y muy conectada a las pulsaciones básicas de cualquier niño y el sentido de aventura cotidiana pero a la vez extraordinario que contiene cada historia convierten estos dos libros en un pequeño tesoro para disfrutar una y otra vez. Si seguís los enlaces podréis ver fragmentos del libro.

 

El mago de Oz

 

El maravilloso mago de Oz es una de esas obras infantiles escritas entre finales del siglo XIX y principios del XX – la época de oro de la literatura infantil o, al menos, de cierta literatura infantil – que ha sobrevivido y ha pasado a formar parte del imaginario popular. L. Frank Baum pretendió dar una alternativa a los cuentos de hadas tradicionales, más cercana a los niños norteamericanos y desprovista de cualquier moraleja explícita, fiel al entretenimiento y la diversión, aunque no puede obviarse el mensaje que contiene (que la moraleja no sea explícita no quiere decir que no contenga valores implícitos). 110 años después de su publicación, sería dificil encontrar a alguien que no conociera algo de la historia de Dorothy, esa niña de Kansas que gracias a un tornado llega a un país maravilloso, se hace amiga de un espantapájaros, un hombre de hojalata y un león cobarde, y descubre quien es el mago de Oz.

 

Sin embargo, es esa misma popularidad, tal como sucede con Alicia, Peter Pan, Pinocho y tantas otras obras, la que impide que mucha gente viva un acercamiento real al universo imaginado por el autor de cada obra, a los personajes que se han convertido en parte del imaginario colectivo. Muchas personas hablan de ellos como viejos conocidos sin haber leído jamás el libro, convencidos de que las películas, las ilustraciones y el conocimiento compartido del relato es suficiente para captar su espíritu. Pero no lo es, y lo certifico tras haber leído, siendo ya adulta, alguna de estas obras que no tuve ocasión de leer en la niñez.

 

Como septiembre es un mes de propósitos, os invito a leer o releer, para vostros mismos o para vuestros niños, alguna de estas obras maestras de la literatura. ¿Por qué no comenzar con el mago de Oz? Os recomiendo alguna edición que incluya las ilustraciones originales de Denslow.