Cuentos de hadas

Me encantan los cuentos de hadas, equivalente castellano de fairy tales y, en cualquier caso, extraña denominación para unos cuentos en los que la mayor parte de las veces las hadas no aparecen por ningún lado. Si se quiere, podemos llamarlos también cuentos tradicionales; me estoy refiriendo a aquellos cuentos recopilados a lo largo de los últimos siglos por estudiosos, etnógrafos y filólogos, pero que se remontan al pasado más remoto de la humanidad.

En las librerías podemos encontrar múltiples adaptaciones, algunas pasadas por el filtro de lo políticamente correcto (algo que, ¡afortunadamente!, no caracteriza a los cuentos en su versión clásica). Sin embargo, como elaboraciones culturales que se han ido modelando a través de incontables generaciones, creo que vale la pena conocerlos y darlos a conocer a los niños, en la forma en que las fijaron los hermanos Grimm, Perrault… A estos se añaden otros cuentos más modernos, como son los de Andersen, que hay que leer con el texto que les dió su autor.

Aunque algunos puristas recomiendan leer a los niños estos cuentos sin ilustraciones que limiten su imaginación, a mi me gusta mucho conocer las interpretaciones de artistas de diferentes épocas. Hay versiones actuales de gran calidad (como las de Jordi Vila Delclòs, Elena Odriozola, Pablo Auladell, Gabriel Pacheco y otros…), pero mis preferidas son las ilustraciones antiguas. No dejan de ser una puerta a otros modos de ver el mundo, cosa que es tan enriquecedora para los adultos como para los niños. Os invito a un viaje a través del tiempo, desde el siglo XIX a principios del XX:

 

 

             A. B. Houghton – Las mil y una noches        Gustave Doré – Barba Azul      

                     

Gustave Doré – Cenicienta

 

 

Gustave Doré – Caperucita Roja                  Gustave Doré – La bella durmiente

 

 

                 Edmund Dulac - Barba Azul                 Edmund Dulac – La princesa y el guisante

 

 

                Edmund Dulac – La sirenita             Edmund Dulac – El traje nuevo del emperador

 

 

                  Edmund Dulac – La sirenita                  Edmund Dulac – Scheherezade

 

 

Arthur Rackham – La fosforera                          Arthur Rackham – Hansel y Gretel

 

 

Arthur Rackham – Los tres osos                       Arthur Rackham – La sirenita

 

 

Kay Nielsen – Hansel y Gretel                   Kay Nielsen – La bella durmiente 

 

Recomendaciones bibliográficas:

Los tres primeros libros son selecciones ilustradas por Arthur Rackham, de Juventud, muy recomendables. El resto son los diferentes volúmenes de los cuentos completos de Grimm y Andersen recopilados por Anaya e ilustrados por varios ilustradores contemporáneos. El último es una selección de las Mil y una noches, de Juventud.

Si hacéis click en la portada iréis directamente a la librería.

 

  

     

   

     

 

¿Puede pasarle a cualquiera?

 ¿Puede pasarle a cualquiera?

Mar Pavón y Sonja Wimmer. Cuento de Luz.

Hace algunos días recibí un inesperado regalo, un cuento para niños que es también una sensata reflexión para los adultos acerca de las exigencias que les planteamos a menudo a los niños en contraste con la indulgencia con la que nos tratamos los mayores. Tuve el privilegio de conocer el cuento antes de su publicación y la ilusión que me ha hecho verlo en papel ha sido enorme. Las ilustraciones están a la altura del texto, así que es un álbum ilustrado absolutamente recomendable.

 

 


 

Este cuento, aunque ahora nos parezca increíble, ha tardado muchos años en ver la luz. Me pareció interesante conocer su génesis y por eso le he pedido a Mar, su autora, que nos cuente el largo camino que tuvo que recorrer este proyecto hasta llegar a las librerías. Le cedo la palabra a Mar:

 Historia de la historia

A veces, una idea para un cuento puede surgir de la forma más insospechada.
En este caso, y remontándonos a un buen puñado de años atrás, todo empezó
con una interesante entrevista a una de las ilustradoras infantiles más
conocidas y carismáticas, hoy ya lamentablemente desaparecida: Asun
Balzola. Y es que su acertada reflexión sobre la doble moral de los adultos a la
hora de juzgar a los niños ante ciertas situaciones no tenía desperdicio, como
tampoco lo tenía su arte, tan personal y, a un tiempo, tan amante, como la
propia infancia, de la claridad y la sencillez.
A Asun, como no podía ser de otra manera, le envié la propuesta en cuanto
esta cobró vida sobre el folio en blanco, rogándole asimismo colaboración en el
proyecto. Su respuesta fue tan rápida como esperanzadora: en cuanto
servidora encontrara editor y ella, un huequito en su apretada agenda, se ponía
manos a la obra.
Pero sabido es que el mundo editorial, como la vida misma, acostumbra a ser
cruel e injusto, enemigo, por tanto, de acoger en su seno a las primeras de
cambio a escritores sin un peso literario específico, como era mi caso en
aquella época. De manera que fui acumulando negativas, las cuales,
lógicamente, supusieron tiempo, mucho tiempo perdido… Tanto, que un mal
día, inesperadamente, a Asun se le acabó.
El proyecto quedaba así cojo antes de echar a andar, y mi impotencia por la
desaparición de la que, a buen seguro, se hubiera convertido en una
entrañable amiga, amén de colaboradora, con el paso de los años, no tenía
límites. Pero, como se suele decir aunque a veces nos parezca la mentira más
cochina sobre la faz de la tierra, la vida seguía… y con ella, la evolución del
proyecto que nos ocupa, que finalmente, y después de algunas rocambolescas
vicisitudes y ciertos retoques que dieron como fruto la inclusión de unos
divertidos versos, no solo se ha materializado en un precioso álbum, sino que
mantiene intacta entre sus páginas la esencia de Asun, empezando por la
dedicatoria póstuma, pasando por el nombre del pequeño protagonista y, por
supuesto, transmitiendo a los niños que la fantasía es básicamente para vivirla,
y a los adultos, que los niños son por encima de todo personas, y como tales
han de ser tratados en todo momento, tal como exponía Asun en la reveladora
entrevista antes mencionada.
Constatar, por último, que la alemana Sonja Wimmer ha sido la encargada de
dotar de imágenes, tan bellas como espectaculares, el álbum en cuestión, y
Cuento de Luz, la editorial que lo ha publicado, con la seguridad de que, tanto
la historia propiamente como el mensaje que contiene, bien merecen ser
compartidos con los lectores, tengan estos la edad que tengan. Por mi parte,
proclamar desde estas líneas que, ya que no pudo ser con Asun, este cuento
es para Asun, esté donde esté. Eso es lo que dice la dedicatoria y, sin lugar a
dudas, mi corazón.

Mar Pavón


Richard Scarry

Hace unos años compré a mis hijos un libro cuyas ilustraciones me sonaban mucho … ya en casa, me di cuenta que era el mismo ilustrador de un libro que tenía yo de pequeña, Richard Scarry. Y es uno de los libros más disparatados de los que tenemos en casa: ¡Vaya con el señor Lioso!

Y es que estos dibujos los pueden admirar niños de los años 60 hasta ahora. No me extraña, son más de 300 libros publicados. Conejos, gatos, cerdos, ratones, todos con características humanas habitando ciudades, con sus tiendas, y bullendo actividad. Es un tipo de dibujo muy intemporal, no resultan antiguos, sino más bien actuales. ¿Vosotros lo conocéis?.

La pena es, una vez más, la falta de títulos en español, ahora mismo ya ni existe el citado ¡Vaya con el señor Lioso!, tan sólo El mejor libro para contar, y Mi primer gran libro con pop-ups.

 

 

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Space oddity, inspirado en la canción de David Bowie

Quien haya sido y/o sea muy fan de David Bowie conocerá la canción Space oditty como la palma de su mano y su estribillo (this is ground control to major Tom) resonará en su cabeza inmediatamente a la mínima mención del título de la canción. El ilustrador Andrew Kolb ha creado un álbum ilustrado a partir de la mítica canción. Estoy deseando ver el libro al completo.