Manomine

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Hacía tiempo que no publicaba algo tan adorable como esto. Manomine es Mía Schmidt, de 39 años, artesana residente en Londres, creadora de estas maravillas, que seguro que os dejan totalmente sorprendidos, no solo los muñecos de lana sino todos sus detallitos.  Además con unas fotos que le hacen justicia, nunca me cansaré de deciros cómo le puede cambiar la vida a vuestro proyecto unas fotos de calidad. Es primordial. 

Podéis ver todo el universo Manomine en su web y tienda online.

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Pao Palacios Photography

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Conozco a Pao Palacios desde hace años, cuando nos encontramos por primera vez en un evento de fotografía que organizamos desde Kireei en Valencia. Somos prácticamente vecinas. Pao vive en Bellreguard, cerca de Gandía, y tiene su estudio en Oliva. Se especializa en fotografía new born, de embarazo, familias y niños, con sesiones tan bonitas como estas que veis y las que podéis descubrir en su web y en su Facebook.

 

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Un caracol nunca está solo. Un cuento solidario escrito por niños para Juegaterapia

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Hace un tiempo Raquel Bermejo de Petit on nos invitó a un grupo de bloggers mamás con sus hijos a participar en un proyecto precioso, la escritura de un cuento por parte de los niños en solidaridad con Juegaterapia, fundación que promueve el juego en niños hospitalizados. Meses después Un caracol nunca está solo ya es una realidad, y ha quedado precioso, ilustrado por la diseñadora e ilustradora Marta Parra.

Ha sido muy emocionante ver el cuento acabado, leerlo con Biel, y ver las frases que crearon los otros niños junto a la suya, el proceso de creación del libro fue muy divertido, haciéndolo en cadena y escribiendo su frase a partir de una anterior. Participamos en el proyecto María José Cayuela de blogmodabebe, Carol Botín de hadasycuscus; Mar Ramos y María Alonso de Sonambulistas, Lucía Sández de Baballa, María Cañal de Escarabajos, bichos y mariposas, Beatriz Gaspar de Con botas de agua; Raquel Bermejo de Petit on, Patricia López de Decopeques y Marta Parra de Una mamá diseñadora (autora de las ilustraciones).

Para participar en esta acción de recogida de fondos para Juegaterapia podéis comprar el cuento en formato Ebook en la tienda online por 2.99 euros, una cantidad simbólica que sin embargo puede ayudar a . También se ha puesto en marcha una subasta para poder comprar el libro en papel, la subasta empieza hoy con un precio de salida de 40 euros y acabará el día 7 de junio. Pudéis pujar en estos enlaces, solo hay 11 libros.

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La iniciativa ha contado con el apoyo de la empresa Bugaboo que diseña, desarrolla y produce productos de movilidad líderes en el mercado infantil. Podéis seguir y difundir el proyecto con el hashtag #elcuentosolidario.

Gracias, Raquel por hacernos partícipes de una iniciativa tan bonita y por tu fantástica labor en la organización de este pequeño gran proyecto, y gracias a todas mis compañeras por el entusiasmo y la calidez en todo el proceso.

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Laida Bekaina

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Estas preciosidades las hace Nagore con su marca LaidaBekaina a ganchillo, con materiales de algodón 100% para la comodidad de los bebés. Patucos, capotas, zapatitos pre-walking, chalecos, todo inspirado en su propia hija. Podéis comprarlo en su tienda online.

 

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La escuela Baró de Viver. “No es una metodología, es una mirada”

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Una revolución educativa está en marcha. Algunos síntomas de que la necesidad de cambio ha sido asumida por buena parte de la sociedad son las noticias cada vez más frecuentes sobre temas educativos que llegan a las páginas de la prensa generalista. Pero, como suele ocurrir, lo que llega a las páginas de honor son retratos parciales, sesgados y muy a menudo condicionados por la capacidad de hacerse ver y de “vender” su producto de los diferentes actores sociales y educativos.

Yo, que siempre termino apartando la vista de las luces brillantes de los fuegos artificiales, me encuentro saliendo del metro bajo las vías elevadas del nudo de la Trinitat y entrando por primera vez en mi vida en el barrio de Baró de Viver, un rincón muy desconocido de esta Barcelona de diseño.
Baró de Viver es uno de los barrios del distrito de Sant Andreu, y uno de los más pobres de Barcelona. Su historia comienza con la construcción de casas baratas a finales de los años 20 del siglo pasado. Su población se ha nutrido de sucesivas oleadas migratorias, y su espacio vital ha estado siempre aislado entre el río Besós y los polígonos industriales. En las últimas décadas el barrio ha pasado varios planes de mejora, pero la realidad es que sólo sale por la televisión para hablar de desahucios y desigualdades.
Caminando por sus calles llego a la puerta de una escuela, la escuela Baró de Viver, ubicada en un edificio diseñado a finales de los 50 por Oriol Bohigas y Josep M. Martorell en lo que fue uno de sus primeros trabajos.

Entro y me recibe Jaume, el conserje, a quien encuentro cortando cañas para hacer algo que no identifico. Más tarde lo veré con una sierra de calar cortando maderas en el patio, y descubriré que también ha construido con palés unos sofás para la sala de profesores. Me dirán de él que es una pieza imprescindible de la escuela.

Mientras espero, observo también la recepción, que es un espacio amplio, acogedor, luminoso, nada recargado pero cuidadosamente decorado. Veo telas colgadas a modo de cortinas y tapices, una recreación de un mercado africano, ramitas y piedras decoradas, plantas vivas y carteles hechos a mano. Más tarde descubriré que este ambiente cuidado y acogedor se reproduce por todas las aulas y espacios. Veré aulas amplias, iluminadas, todas en planta baja y conectadas directamente con los espacios exteriores. Me explicarán que todas las puertas y pasillos están decorados siguiendo el hilo conductor de la identidad individual de los niños y su identidad como grupo mientras que dentro de las aulas domina el ambiente el material que van elaborando en relación a su proyecto de trabajo. Veré a los niños, tranquilos, relajados, contentos, trabajando en grupos o individualmente con gran concentración. Descubriré a una maestra hablando en voz suave frente a un corro de niños muy atentos, otra acompañando a un grupo que trabaja concentrado en diversas actividades en las mesas, otro jugando a baloncesto con un grupo en la pista, uno más llevando a un grupo a una actividad con una bolsa llena de bee bots (robots programables) en la mano… No oiré gritos, ni veré nada que se parezca al caos. Sí veré muestras de afecto entre maestros y niños. Todo en esta escuela me transmitirá una sensación de bienestar, tranquilidad y alegría.

Pero esto no siempre ha sido así. Eli (la directora) y Maica (jefe de estudios) me reciben, me presentan a parte del equipo docente y me acompañan a la biblioteca donde me cuentan que hace más de 10 años este era un centro donde se había instalado una dinámica negativa y de conflictividad. Entonces comenzó la transformación.
“No es una metodología, es una mirada”. Es la clave de la gran transformación que me cuentan estas dos maestras entusiastas, que hablan de su escuela y sus niños con los ojos brillantes. Me cuentan como decidieron adoptar el modelo de Comunidades de Aprendizaje para revertir la situación, y hacer de la escuela un espacio abierto: abierto a las familias, abierto al barrio, abierto al mundo.
En las comunidades de aprendizaje el motor de la vida del aula y de la vida de la escuela es el diálogo. El diálogo permite dar voz a todos los niños, mostrarles reconocimiento, estima y afecto. A través del diálogo los niños construyen su identidad y la del grupo, y también construyen su conocimiento de manera colectiva. A través del diálogo se establece un vínculo intenso que permite a los maestros convertir al niño en el centro de todo, verlo como persona y no sólo como alumno. No se le transmiten conocimientos, se le ayuda a crecer en todos los sentidos.

Su manera de trabajar se basa en lo que llaman “proyectos de trabajo de vida de aula”. Esta metodología no se limita a crear un centro de interés que sirva de excusa para trabajar todas las áreas. Tampoco se limita a ofrecer un tema para hacer una investigación o búsqueda, ni es una simple secuencia de actividades pautadas para la realización de un proyecto de trabajo. Va mucho más allá: permite a los niños decidir parte del currículo, conocerse a ellos mismos y a los demás a través del diálogo y establecer una relación con el mundo mediante la formulación de preguntas y el planteamiento de problemas. Me ponen el ejemplo de un año que los alumnos de tercero se plantearon “¿Podríamos vivir en otro planeta?” Y como a partir de esta duda que los inquietaba pudieron iniciar un proceso de investigación y diálogo que les permitió hacer muchos descubrimientos sobre el mundo y también sobre ellos mismos. El maestro hace de guía y practica la escucha activa. No hay preguntas improcedentes, irrelevantes o ridículas.

El hecho de que sea una escuela de una sola línea la convierte en muy familiar y facilita esta atención cercana. A pesar de no estar en un entorno con muchos recursos económicos, la escuela ha aprovechado los numerosos premios que ha obtenido por sus proyectos innovadores para equiparse con proyectores en todas las aulas y iPads que utilizan como una manera más de abrir ventanas en el mundo. Son también escuela piloto de robótica porque aprovechan todas las oportunidades para enriquecer las experiencias que ofrecen a sus alumnos.

Eli y Maica me explican que los niños viven la escuela como si fuera su segunda familia, que vienen contentos y que son felices, que aprenden y crecen, y piensan, y crean. Los niños son competentes e incluso aquellos que viven situaciones familiares más adversas son capaces de mucho. La relación con las familias es buena, y muchas colaboran a través de los espacios de participación. El equipo de maestros es estable y motivado.

Sin embargo, la escuela continúa con el estigma debido a la ubicación en un barrio apartado y a su perfil socioeconómico, y no llega a llenar nunca matrícula con primeras opciones. Es una gran desconocida para las familias de los barrios cercanos y todavía se arrastran los prejuicios de décadas atrás. Yo, que he visitado varias escuelas, debo decir que pocas veces había visto un paso tan claro del cambio metodológico al cambio de mirada sobre la infancia.

Desde aquí quiero ofrecer mi reconocimiento al trabajo de esta escuela, que sin focos mediáticos, ni aplausos, ni grandes reconocimientos públicos más allá de la gente cercana que vive en directo su trabajo, continúan adelante luchando por dar a cada niño no sólo una educación sino un futuro mejor. Los neurocientíficos afirman que la emoción es la puerta de entrada al conocimiento porque despierta la curiosidad y activa la atención. La escuela Baró de Viver está llena de emoción.

Enlace al blog de la escuela Baró de Viver

Enlace al post en catalán en el blog de Elena Ferro.

 

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Muñeco que abraza

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 Bonito y adorable muñeco que abraza, hecho por Brichopas toys y a la venta en la web Fler.

 

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