¿Celebrar la navidad ya no es lo mismo?

Este post lo publicamos por primera vez el 06/12/2014

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Ilustración de Coaner

El domingo pasado en casa encendimos la primera vela de la corona de Adviento. Este ritual forma parte de las tradiciones familiares navideñas que hemos ido construyendo con los años: encender las velas, abrir cada ventanita del calendario, montar el pesebre, “fer cagar el tió”, los regalos del piano… Como véis, hay tradiciones compartidas y otras particulares de nuestra propia familia.

¿Por qué hacemos todo eso? Mientras encendía la primera vela de la corona de adviento me hacía esta misma pregunta. Mi hijo mayor, ya adolescente, contemplaba la escena desde el sofá con aparente indiferencia. El mediano, preadolescente, se acercó un momento y enseguida se marchó. Solamente la pequeña siguió todo el proceso con interés, solamente a ella le brillaron los ojos y solamente ella me pidió ser la encargada de soplar la llama cuando tocara apagarla.

Los tiempos en que los dos mayores eran pequeños y la pequeña todavía no existía empiezan a quedar lejos. Recuerdo sus manitas sobre la mesa, una sobre la otra, para no tocar sin querer la llama ¡tan peligrosa que quema! Sus preguntas, sus inquietudes, sus ojos bien abiertos escuchando la primera carta de Papá Noel de Tolkien. Su ilusión cada mañana al abrir el calendario y encontrar una canica o una pegatina. Su inocencia.

El mismo domingo lo comentaba con una amiga cuyas hijas también se van haciendo mayores: ya no es como antes. “Espero que algo les quede y al menos lo recuerden con cariño cuando crezcan”, me dijo. Estoy convencida de ello. Lo estoy porque yo recuerdo con enorme cariño el pan rústico de dos quilos que compraba mi madre para que yo lo vaciara y montara dentro el portal de Belén. Un día dejé de hacer el pesebre y más adelante llegué a pensar que odiaba la Navidad. Pero los recuerdos se quedaron escondidos, esperando para salir y tomar un nuevo sentido con el paso del tiempo.

Recuerdo también haberme reído del pesebre de mi (entonces futura) suegra, que tenía unas gallinas más grandes que los camellos. Cada año ella recogía arena, musgo, troncos… y montaba un pesebre gigantesco con figuras dispares recopiladas a lo largo de los años. Me parecía una excentricidad y un capricho porque, por aquel entonces, a mi arrogante entender, los pesebres eran cosas de críos. Ahora que ella ya no está pienso en aquel pesebre con tanto cariño que las lágrimas se me saltan. La veo colocando sus lucecitas y ahora la entiendo.

Todo lo que hacemos tiene su significado y su eco en el futuro, no solo en el nuestro sino en el de las personas que nos rodean.
Por eso, el debate acerca del consumismo navideño – aún estando totalmente de acuerdo en lo absurdo de comprar por comprar y lo necesario que es tener presente la cuestión ética – no es lo que más me preocupa cuando veo a la gente preparando los regalos navideños. Lo que me preocupa es la intención. ¿Estamos cumpliendo con una rutinaria obligación social? ¿O estamos llenando de gestos, emociones y afectos nuestros recuerdos y los de nuestros seres queridos? En el futuro habremos olvidado la mayoría de los regalos que nos hicieron y casi todos los que hicimos. Pero recordaremos el tiempo dedicado a pensar en el otro, la ilusión al ver los paquetes bajo el árbol, la emoción de desenvolverlos, los abrazos y las risas.

¡Feliz segundo domingo de Adviento! ¡Solamente quedan dos más y estará aquí la Navidad!

 

13 respuestas a ¿Celebrar la navidad ya no es lo mismo?

  1. 1
    Karoline dice:

    Gracias Elena, por conmoverme hasta las lágrimas. Mis niños también crecieron rodeados de la magia navideña y hace ya varios años que extraño deleitarme con sus caritas sorprendidas. Coincido contigo, buscar el sentido de aquello que hacemos y permitirnos cuestionar nuestros hábitos nos hace vivir estos rituales en plenitud.

  2. 2
    Elena dice:

    A mí también me has hecho llorar. Cuánta verdad y que bonitos recuerdos. Mi niño tiene 6 años y es una época mágica, todo le hace ilusión y espero que en un futuro recuerde con tanto cariño como tú los detalles, las ventanitas del calendario, cómo ponemos el árbol juntos cada año… y me apena pensar en esa época de pasotismo que vendrá, porque yo también la pasé… bueno es un círculo y la historia se repite… gracias por recordárnoslo

  3. 3
    Silvia dice:

    ¡Qué bonito, de verdad, me ha llegado al alma! Tienes mucha razón en todo lo que dices. Y también me hace darme cuenta, por tu escrito y por los comentarios, de lo que queremos a nuestros hijos, porque a mí me pasa lo mismo, lo estoy viviendo ahora con alegría con mi hija de ocho años y ya siento nostalgia pensando en cuando no sea así. Pero supongo que habrá otras cosas buenas. Feliz Navidad a todos.

  4. 4
    silvia dice:

    yo también tengo un hijo adolescente… y cuando era pequeño teniamos la costumbre de hacer las tarjetas de navidad juntos… y ahora me quedo sola, pero no me rindo las hago aunque también solo reciba muy pocas… me da pena pero espero que algo le quede de aquellos tiempos en que las haciamos juntos… sé que ahora esta en su mundo..
    Buenas Navidades¡¡¡

  5. 5
    Roser dice:

    Completament d’acord, Elena! Jo ja tinc els 4 fills grans (entre 23 i 33) La més gran té dos nens petits de 2 i 4 anys) i us puc dir per experiència que segur que els queda allò que els vam fer viure. Acabem de tornar del bosc tots junts de buscar pedres, pinyes i pals per fer el pessebre i guarnir la casa.

  6. 6
    Eliana dice:

    Hermoso :)

  7. 8
    Marga dice:

    Precioso!!!… Una de las cosas más maravillosas que recuerdo de mi vida es la magia de la Navidad que mi madre creaba todos los años, incluso cuando ya éramos mayores. Supongo que por eso es mi época favorita. Me encanta la Navidad, lo que significa, lo que hacemos, cómo huele, como luce… todo!… Ayer pusimos el árbol y los primeros adornos mientras sonaban escuchando canciones navideñas de fondo, y luego, tras emocionarnos con el resultado cálido y festivo, nos acurrucamos en el sofa con un bol bien grande de palomitas para ver “Menudo Santa Claus”, de la que no me cansaré jamás… La Navidad y las tradiciones bien enraizadas me dan sentido, me recuerdan de donde vengo y quien soy, hacen que los que me faltan estén aquí… Ojalá mi hija disfrute, aprenda y perpetúe la Navidad también.

  8. 9
    Sombra dice:

    Una reflexión preciosa y unas palabras que me han llevado a pensar en lo que me gustaría transmitir con el paso de los años en torno a la Navidad a mi peque. Yo también pasé por una fase de “odio” navideño, más bien por sus connotaciones religiosas que por otra cosa. Con el paso del tiempo la Navidad se ha transformado en esas dos semanas al año en que puedo disfrutar de mi familia, la que normalmente tengo lejos, de los amigos, que como yo viven en el extranjero, y de volver a pasear por las calles de mi ciudad viendo el nacimiento que todos los años ponen en la plaza del ayuntamiento y buscando algún lugar acogedor donde tomar algo calentito y charlar mientras veo a la gente de siempre pasar calle arriba y calle abajo. La Navidad no son regalos son recuerdos y sentimientos, y aunque tengamos fases de nuestras vidas en las que no los valoremos, están ahí y así volverán para recordarnos lo que pensábamos olvidado. Un abrazo y feliz Adviento.

  9. 10
    Lina dice:

    Me ha encantado, yo también soy de las que montan un pesebre gigante. Un abrazo.

  10. 11
    terenya dice:

    Cuando leo estas cosas y me hacen llorar pienso más que nunca en lo importante de ser niño y que la infancia dure lo máximo… Tengo la suerte de tener una mediana pre adolescente que todavía es niña y vive estas cosas como la pequeña.
    Me ha encantado.
    Besos

  11. Pingback: Navidad, ¿por qué hacemos todo esto? | Mama de DOS chancletas

  12. 13
    Almudena dice:

    Para mí la Navidad es celebrar que Dios se hizo niño para enseñarnos la importancia del Amor. Es celebrar que estamos juntos, es también un poco el Thanksgiving que celebran los americanos, celebrar que amamos y que nos aman. Celebrar la familia. Celebrar los amigos, que son familia también, celebrar la vida. Dar gracias por estar vivo, por ser amado y por tener a quien amar. Eso es lo que he intentado siempre transmitir a mis hijos. Y en cuanto a los regalos, es difícil que lo vean así, pero siempre les recuerdo lo importante que es que quien regala se pare a pensar por un momento sólo en la persona a la que va dirigido el regalo y busque hacerle feliz. Es también una forma de mostrarle su amor. Ya sé que para ellos el día de Reyes toda su obsesión es abrir los regalos, pero me alegra comprobar que también les gusta poner el árbol, el belén, ponerse guapos para las fiestas, comer o cenar con toda la familia.
    Ayer me puse a decorar la casa y le pedí a mi hijo pequeño que me ayudara. Se apuntó rápido y al rato me hizo un regalo: me dijo, “Mamá, ponemos villancicos?”. Dicho y hecho. Y juntos fabricamos un recuerdo de los de guardar para siempre en el cofre de los tesoros más preciados.

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