Ciudades para niños, ciudades para todos

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 Foto de Sol Z.B.

“Recuerda cuando los niños jugaban en las calles? ¿Y cuando salían de casa cada mañana con su cartera y emprendían el camino al colegio? Hace unos años era una práctica normal, cotidiana y saludable que se ha ido perdiendo, sobre todo en las grandes ciudades, donde se ha sustituido por otra estampa: la de miles de coches tomando las calles, en doble o triple fila a la puerta de los colegios, con niños que entran y salen presurosos. Unos niños cada vez más sedentarios y menos autónomos y unas calles cada vez más atestadas de coches y contaminación. En los años 70, el 80% de los niños europeos de 7 y 8 años acudían solos al colegio. Veinte años después lo hacía el 9%, según el estudio sobre movilidad infantil de Hillman, Adams y Whitelegg. La Declaración de los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, dice: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal”. ¿Hasta qué punto les estamos hurtando estos derechos cuando dejamos que las calles sean territorio casi exclusivo de los coches?”

“Los niños quieren recuperar la calle”. Tráfico y Seguridad Vial, nº 198, 2009.

 

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En referencia a este problema escribí este fragmento del artículo “El tiempo o la vida” que aparece en el número 3 de Kireei magazine, dedicado a la lentitud: 

“Presionamos tanto a nuestros hijos que no les dejamos elegir su camino”, afirma Carl Honoré. El autor de “Bajo presión” afirma en este libro que los adultos hemos secuestrado la niñez y aplicamos la cultura del perfeccionismo consumista a toda nuestra vida, incluídos nuestros hijos. Honoré reclama una relajación en la planificación de la agenda del niño, más espacio para las emociones y tiempo para jugar. También es interesante la crítica que hace a la cautividad a la que es sometida la infancia, “de casa al cole atada en el coche” y siempre supervisada por los adultos. Esta observación entronca con el proyecto “Ciudad de los Niños” del pedagogo Francesco Tonucci, una propuesta que nace en 1991 en Fano (Italia) y que pretende tomar a los niños como parámetro y garantía de las necesidades de todos los ciudadanos en el gobierno de una ciudad. Se trata de construir una ciudad diversa y mejor para todos, en la que los niños puedan vivir de manera más autónoma y participativa. El eje central de todo el proyecto es la autonomía infantil: “Desde el inicio el proyecto ha asumido como uno de sus objetivos principales el hacer posible que los niños puedan salir de casa sin ser acompañados, para poder encontrarse con sus amigos y jugar en los espacios públicos de su ciudad: desde el patio de casa, a la acera, de la plaza al jardín. La necesidad de tener siempre el control directo de los adultos, impide a los niños vivir experiencias fundamentales, como explorar, descubrir, la aventura, la sorpresa, superando progresivamente los riesgos necesarios. La imposibilidad de probar estas emociones y de construir estos conocimientos, crea graves lagunas en la construcción de una personalidad adulta, en las reglas de comportamiento, de conocimiento y de defensa.”

Una ciudad amigable para los niños es también una buena ciudad para el resto de ciudadanos. Caminos escolares, pacificación de centros urbanos, desplazamientos en bicicleta… todo ello va configurando poco a poco una ciudad diferente, más tranquila, más humana.

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Muchas ciudades españolas han iniciado en los últimos años algunos proyectos de pacificación de los centros urbanos. También han impulsado iniciativas como los caminos escolares, que van mucho más allá de facilitar el trayecto a la escuela de los niños. De hecho, contando con la complicidad de familias, escuelas, comerciantes, asociaciones y ayuntamiento, se consigue convertir estos humildes caminos escolares en herramientas de transformación de las ciudades. No solo se trata de calidad de vida de la infancia y derecho a la autonomía personal de los niños sino también de fomentar la cohesión social y construir entre todos un modelo de ciudad diferente, promoviendo cambios a nivel de tráfico y urbanismo pero también de costumbres, valores y actitudes. 

¿Conocéis de primera mano iniciativas de pacificación de nucleos urbanos, caminos escolares y ciudades amigables para los niños? ¡Compartid vuestra experiencia con un comentario! 

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Algunas lecturas recomendadas:

La ciudad de los niños

Camino escolar y movilidad infantil sostenible.

El derecho de los niños y las niñas a la movilidad. Jugar i Jugar.

Camí escolar, espai amic. Ajuntament de Barcelona. (Enlace en castellano).  

 

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Todas las imágenes de Francesco Tonucci (Frato)

 

10 respuestas a Ciudades para niños, ciudades para todos

  1. 1
    patricia dice:

    qué buen artículo, cuánta verdad, lamentablemente en pocos lugares se ha oído hablar de esos caminos

  2. 2
    Estela Marcos dice:

    Vivo en Barcelona y mi barrio es uno de los que ha implantado el “camí escolar, espai amic” que habéis puesto en lecturas recomendadas, pero como madre de una niña de 6 años y un pequeño de 3, mi mayor miedo no son los coches, sino las personas.
    Cuando inauguraron este espacio con una fiesta en el barrio los comentarios “sarcásticos” de algunos padres eran “hemos abierto un camino para pederastas”…
    Es muy triste, yo he jugado en la calle toda mi infancia y me encantaría que mis hijos hicieran lo mismo solos, pero las noticias no ayudan… quizá sean mis miedos y sé que tiene que llegar el día que hagan el camino solos… pero con 7 u 8 años no lo veo…

  3. 3
    nana pip dice:

    No siempre te das cuenta de las cosas, alguien tiene que contartelas, los cambios son muy lentos pero necesarios.

  4. 4
    Elena dice:

    Estela, tus miedos son los de la mayoría de padres. Yo también temo más por las personas que por los coches. Quizá 7 u 8 años son pocos, aunque conozco casos en que, con hermanos algo mayores, van solos al colegio con seguridad a esas edades. Dependerá del niño, del recorrido, del entorno… Pero una de las cosas que me parecen más interesantes del proyecto camins escolars es la implicación de los comerciantes. Esto liga un poco también con los artículos que ya hemos escrito en Kireei acerca del comercio local o de barrio. Unos comerciantes implicados en su barrio, que lo sienten como propio, que conocen a los niños, que están atentos a lo que pasa delante de su tienda… pues son una gran ayuda y una confianza para los padres que saben que sus niños van a ir al colegio bajo la atenta mirada de esas personas, gente a la que conocen, y que no van a permitir “cosas raras” en el camino escolar. Personas a las que los niños pueden acudir en caso de problemas. Que la gente no se encoja de hombros y diga, no es mi hijo, no es mi problema. Eso, junto con la presencia de policía local en muchas entradas/salidas de escuelas (que están para regular el tráfico pero también pueden echar un ojo) puede tranquilizar a muchos padres. Lo importante es que si las calles se vuelven seguras para los niños, la ciudad es mejor para todos. Son pequeños cambios que debemos dar, con garantías y con seguridad, pero en esa dirección. (Quizá permitirles solamente hacer solos la parte final del trayecto, que es más segura… Que puedan hacer recados a una tienda muy cercana, incluoso dentro de nuestro campo de visión… etc). No se quien era, no se si era Tonucci, que decía que a muchos niños se les acompañaba hasta el colegio y nunca salían solos, hasta los 14, que les compraban la moto, y entonces se la pegaban (en todos los sentidos), porque no sabían ir solos por el mundo. Como digo, pequeñitos pasos, de forma progresiva y, si puede ser, de forma colectiva, con la implicación del barrio… La dirección contraria, de blindar nuestras casas y tener miedo de todo lo que haya más allá de la puerta nos lleva a una manera de vivir que me asusta mucho…

  5. 5
    Estibaliz dice:

    Me ha encantado esta entrada. Ofrece muchos temas sobre los que reflexionar. Y como dices en tu comentario no quiero blindar mi casa y que nos asute todo.

  6. 6
    Ana+Fabian dice:

    Precioso e interesante artículo Elena! nuestra hija mayor, desde los 8 años que empezó hacer algunas “pequeñas salidas” sola por nuestro barrio. Tenemos la gran suerte de vivir en Gràcia (un “micro pueblo” dentro de Barcelona). Ella misma nos pedía de ir sola a la coral (yo -Ana- soy muy tardona y ella preferia ir sola así llegaba antes), luego con 9 años empezó junto con otros niños hacer un trozo de tramo sola hasta el cole (tenia 20 minutos a pie). Con algunas otras familias lo comentábamos y la gran mayoría por miedos varios no lo hacían. Yo por mi forma de ser no pienso en estos miedos y Fabian tenia muy claro que con 8 años puede ir a comprar el pan o hacer pequeños recados sola… Ahora nuestras hijas van a otro colegio, mucho más cerca de casa, y las dos (con 11 y 6 años) van solas, junto a otras amigas del barrio de edades similares, por la mañana y al mediodia (comen en casa). Nosotros animamos a el resto de familias que lo hagan, pero muchos prefieren esperar a que sus hijos hagan la ESO. Depende muchísimo de cada niño/a, se tienen que sentir seguros (sobre todo los padres).

  7. 7
    Laura dice:

    Creo que a veces ahogamos a nuestros hijos con nuestros propios miedos. Nosotros vivimos en Vic, han implantado caminos escolares i nuestros hijos 6 i 7 años van solos (juntos) a la escuela cuando no nos va bien acompañarlos. Incluso algunas veces el pequeño pide iro solo del todo y yo acompaño al mayor y el pequeño va por otro camino y nos encontramos en la escuela.
    La primera vez que el mayor fue solo (me dijo: mamá cuando podré ir solo a la escuela? Cuando te sientas preparado le dije. Ya me siento preparado, me respondió, y esa fue su primera vez, hace un año, estuve nerviosa y llamé a la escuela para ver si había llegado, pero las siguientes veces ya estaba más relajada. Ellos se sienten muy orgullosos, van charlando con sus compañeros de clase (que muchos también van solos) se organizan su tiempo, se paran a ver un escaparate… y todo el camino hay un montón de mamás y papás que acompañan a los pequeños de infantil, y también los comercios y quiero creer y creo que les atenderán si lo necesitan como yo atiendo a los otros niños cuando lo requieren.
    Me parece fundamental que les demos libertad cuando ellos nos la piden.

  8. 8
    Alfredo dice:

    Los niños que van andando al cole tienen una capcidad de concentración mayor, según estudios realizados por una universidad danesa. Además, su nivel de obesidad es inferior, tendran menos enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Y lo más importante, aprende a relacionarse por que hablan entre ellos, y , en definitiva, son más felices.
    Felicidades por el artículo.

  9. Pingback: Ciudades para niños, ciudades para todos – Kireei - mamemi - entornos de aprendizaje y juego | mamemi

  10. 10
    Cayetano dice:

    Es un gran artículo. Nosotros participamos de esa filosofía y creemos que esta reflexión es la que debemos hacernos todos los días para mejor el mundo. ENHORABUENA.

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