Dejar de pelearse, por Mireia Simó

BETTY_BONE_72

Ilustración de Betty Bone

 

Siguiendo a Cris en su post del domingo pasado, digo yo que para poder elegir gratitud tiene que haber una aceptación de fondo. Como bien decía ella, para llegar ahí suele haber un proceso previo de trabajo personal.

A veces estamos en una lucha interna que nos agota y nos impide disfrutar de aquello que acontece. A veces, nuestro diálogo interno es una pelea entre lo que es y lo que debería ser según nuestro ideal, nuestras expectativas o nuestros mensajes introyectados familiarmente.

Fritz Perls, creador de la Terapia Gestalt, le llamaba a esta polaridad interna “el perro de arriba y el perro de abajo”. Decía que cada persona tenemos una voz interna que se encarga de mandarnos, de decirnos lo que debemos hacer, de controlarnos y de exigirnos; y otra que se queja, que no quiere, que pone excusas.

Es esto tan conocido que nos ocurre a todos en alguna medida de decirnos a nosotros mismos “tendrías que haberlo hecho mejor, no has hecho suficiente,…” y la otra parte que dice: “es que no se, es que no puedo”, cuando en realidad es que no quiere. Entonces se puede convertir en un diálogo absurdo que lo único a lo que nos conduce es a paralizarnos y a experimentar frustración. Mientras haya lucha de poder ninguno gana. El tema es reconciliar dichas dualidades.

Cuando nos damos cuenta de esto es cuando se produce el encuentro entre los dos perros, entre esas dos partes nuestras enfrentadas. Porque como bien decía Arnold Beisser, paradójicamente “el cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es”.
Es cuando nos podemos decir: “hago lo que puedo y esta bien así”, sin pelea de fondo, con tranquilidad, sin juzgarnos, sin castigarnos. Aceptando lo que sea que haya en cada momento.

Y eso que nos ocurre internamente es lo mismo que experimentamos con lo de fuera. Cuando nos aceptamos a nosotros mismos es cuando también podemos trasladar esa actitud hacia el mundo y entonces así experimentar gratitud.

Así, cuando podemos experimentar ese sosiego interno tenemos más disponibilidad para estar abiertos y receptivos a todo aquello que la vida nos regala diariamente. Sin exigencias, sin peleas y sin quejas.
Escoger implica responsabilizarnos de nuestras propias elecciones. Porque al fin y al cabo, cada uno de nosotros y nosotras somos responsables de nuestras vidas. No tanto de lo que nos sucede, sino de aquello que hacemos con lo que nos sucede. Y ahí, es donde Cris, en su post del domingo pasado, dice que podemos escoger gratitud. Podemos elegir agradecimiento.

Eso es la libertad. Poder escoger. Poder elegir, aunque a veces nos pueda dar vértigo. Es correr riesgos y responsabilizarnos de nuestras propias decisiones.

Quejarse es instalarse en una posición pasiva en el mundo, es poner la responsabilidad fuera, es exigir a los demás que hagan las cosas como nosotros queramos, y así, desde esa posición neurótica, es muy difícil experimentar gratitud.

Expresar directamente es responsabilizarnos de lo que necesitamos, de lo que nos molesta, de lo que queremos cambiar. Nos lleva a una actitud más activa, más resolutiva, de mayor aceptación, y nos aporta mucha más vitalidad existencial. ¡Vale la pena arriesgarse!

Como dice un proverbio árabe, “es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad”.

Mireia Simó Rel .Psicóloga. Terapeuta Gestalt. Especializada en Intervención Familiar e Infantil. Co-directora formación Técnicas Gestálticas Aplicadas a las Familias en el ITG (Instituto de Terapia Gestalt de Valencia).

4 respuestas a Dejar de pelearse, por Mireia Simó

  1. 1
    olivia dice:

    Soy madre soltera y mi hijo tiene dislexia y necesita mucho apoyo extra en casa
    Y no llego a hacer todo lo que debería hacer. me siento mal y enfadada conmigo y con el universo por no llegar a ser superwoman y hacer magia para llegar a todo y además poder jugar con él
    Se que es absurdo pero yo me siento mal y enfadada

    • 2
      mireia dice:

      Si superwoman es poder llegar a todo lo que nos gustaría, creo que nadie lo conseguimos. El reto está en aceptar a donde lleguemos. En cuidarnos, no juzgarnos y no castigarnos por no hacer más de lo que hacermos. Si no hacemos más es porque no podemos. Se que dicho así parece muy fácil y no es así. Muchas veces requiere un trabajo personal poder vivir con está tranquilidad interior.
      Lo que comentas a mi no me parece absurdo, estas cuestiones no funcionan con las reglas de lo lógico, así que cada uno se siente mal con lo que se siente mal y ya está. Totalmente respetable.
      Ánimo Olivia! Acuérdate de que cada día haces lo que puedes y sobre todo, no te olvides de jugar, que eso es muy importante!
      Un abrazo

  2. 3
    Vicky dice:

    Mireia, me encantó este post, si hay algo que no es mi caso, es éste, jejeje pero sí es algo que me cuesta tolerar en los otros, la queja permanente no la tolero, aunque en ese punto es cuando hago un stop y entiendo que al otro quiza le cuesta muchisimo salir de esa pelea y trato de que lo vea y de ayudarlo a cambiar de actitud aunque de fácil no tiene nada jejeje Muy buen lunes!

    • 4
      mireia dice:

      Gracias Vicky!!!
      Sí, cada uno tiene su propia vivencia del mundo y eso, para mi, es totalmente respetable. No me cansaré de decir que cada uno hace lo que puede. Se trata de ir encontrando maneras en las que podamos vivir de la manera más agradable y satisfactoria posible, pero no podemos empujar a alguien a dejar de hacer algo, no podemos cambiar al otro ni su manera de estar en el mundo. La aceptación siempre es lo primero. Lo que sí que podemos es mostrar otras formas posibles para que cada uno vaya decidiendo cómo quiere relacionarse consigo mismo y con los demás.
      Gracias por tus palabras Vicky y muy buen lunes también para ti!
      Un abrazo.

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