El futuro de los pequeños

delphine durand

Ilustración de Delphine Durand 

Una vez iba en metro con uno de mis hijos. Entonces él tendría apenas tres añitos. El vagón iba muy lleno y mi niño, agarrándome fuerte la mano, me dijo: “Mamá, me siento muy pequeño”. Me invadió la ternura y acto seguido no pude evitar pensar: “Hijo mío, ¿cómo crees que me siento yo frente al mundo? Muy pequeña, también.”

Somos irrelevantes. A veces esa es la sensación que nos queda cuando vemos cómo funcionan las cosas. Formalmente somos una democracia pero efectivamente las decisiones se toman en unas esferas vedadas al común de los mortales. Podemos votar cada cuatro años, eso es cierto, pero a menudo no tenemos una opción de voto que refleje nuestros deseos o que finalmente pueda llevarlos a cabo. Al fin y al cabo, para construir un partido político no basta con ideas sino que se requiere una capacidad de mobilización y organización que no siempre está presente. Y luego está la posibilidad de cambio real desde arriba. Hay tantos filtros, obstáculos y condicionantes… ¡Pero no voy a hablar aquí de política! O sí, porque al fin y al cabo, política son los asuntos de la polis. Y como ciudadanos, “toda la política que no hagamos, la harán contra nosotros”. Pero… ¿qué podemos hacer si somos tan pequeños?

Hay quien cree que el futuro será de los grandes, que las multinacionales se harán (o se han hecho ya) con el control. Pero también podría ser que el futuro fuera de los pequeños. Porque los pequeños somos muchos e incontrolables, como las hormiguitas. Podemos decidir hacer lo que nos interesa a nosotros y no lo que nos dicen que nos interesa. Tenemos la posibilidad de utilizar el pensamiento divergente y no hacer aquello que nos dicen que funciona sino lo que nos funciona a nosotros. Por ejemplo, utilizando la colaboración en vez de la feroz competencia, adaptando a los nuevos tiempos las viejas fórmulas cooperativistas (cooperativas de consumo, de trabajo, de ahorro, de servicios…), utilizando las redes personales (físicas y virtuales), pensando en el impacto social de nuestras acciones y buscando el beneficio mutuo en vez de la depredación y el parasitismo.

Creo que las claves del cambio en nuestra actuación como consumidores y productores (de productos o de servicios) están en la creatividad, la sostenibilidad y la solidaridad. Esto puede aplicarse a un artesano, a una tienda de barrio, a un grupo de arquitectos, a un bufete de abogados, a una escuela, a una explotación agrícola o a una empresa industrial. Todo cambio que se produzca desde abajo puede acabar teniendo un impacto mayor que el imaginado. Intentémoslo, pero no en solitario: hagámoslo entre muchos, construyamos el futuro que queremos.

Elena Ferro

9 respuestas a El futuro de los pequeños

  1. 1
    Maronasc dice:

    Yo creo firmemente en el poder de los pequeños, que somos como gotitas de agua, una a una parece que no sean importantes, pero cuando se juntan hacen océanos. Felices fiestas y hasta el año que viene :-*

  2. 3
    María dice:

    Amén!! al post… grandes verdades dices Cris, los pequeños granitos de arena hacen montañas!!

  3. 5
    maria dice:

    Pues totalmente de acuerdo contigo . En la cooperación esta el futuro. Nos hace másano s.
    Hay que volver al pasado para avanzar

  4. 7
    fabiana dice:

    Me gustó mucho la reflexión. Personalmente creo, que nos estamos “despertando” de algo (o de muchas cosas juntas) que nos ha tenido aletargados por mucho tiempo. De repente nos encontramos con un montón de herramientas super modernas (tecnologías, nuevas maneras de relacionarse -casi de diplomacia pura-, tanta cosa material que no sacia, etc), que nada tienen que ver con nuestra esencia como personas. Y al rescate, van surgiendo conceptos que siempre han estado ahí (pero quizás fuera de moda), como la empatía, la resiliencia, la cooperación. Conceptos que nos hacen mejores personas y nos permiten encontrar nuestro lugar en la sociedad (o en la polis). Porque los grandes cambios, se producen desde los ciudadanos comunes, a los que van dirigidas las “reglas”, pero los que tenemos la “opción” de regularnos o reglarnos por ellas o no, somos nosotros. Porque al fin cuentas, cada uno de nosotros puede elegir que tipo de consumidor o productor quiere o necesita ser.

    Y a lo que bien concluye la reflexión, me gustaría compartir -desde mi humilde punto de vista- que además de creatividad, sostenibilidad y solidaridad, este cambio también necesita “conciencia”. Porque esta cantidad de cosas materiales que no nos sacian, demuestran algo muy importante, y es la falta de uno mismo en ese proceso de producción o elaboración, eso que nos genera conciencia del valor de las cosas. Porque todo eso que nos “incluye”, no da esa “responsabilidad” para apoyar este tipo de proyectos, el “ser parte de”.

    Muchísimas gracias por estas reflexiones, que cada fin de semana nos tocan la fibra, y nos hacen pensar en que los cambios son posibles.

    Saludos cordiales.

  5. Que placer de lectura sosegada! Y qué alegría ver que todavía hay gente que cree en el cambio! Ojalá tengas razón y entre todas/os consigamos cambiar algo!

  6. 9
    gemma dice:

    Cómo siempre, muy acertada en la reflexión y muy acertada en la elección de las palabras. Pequeño no deberia ser igual a debil

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