El pozo de Natalia Ginzburg (y de las mujeres)

iratxe

Artículo publicado en Kireei 9. Texto de Jenn Díaz e ilustración de Iratxe López de Munáin.

 

Natalia Ginzburg tiene una mirada particular. Ahonda en las emociones y las situaciones más cotidianas con una sabiduría insólita, de una lucidez impecable. El mundo de las mujeres — lo que les ocurre a las mujeres por serlo — es un tema complejo, lleno de matices, de fácil interpretación libre, del todo subjetivo y muy conflictivo. Por eso es tan difícil abordarlo con maestría. Por eso de cada texto nacerán nuevos textos y nuevas reflexiones. Y por eso hay tanta polémica, siempre, cuando se habla de ello. Las primeras defensoras y detractoras somos nosotras, que nos aliamos a favor o en contra de las palabras de una de las nuestras. El texto de Natalia Ginzburg que lleva por título A propósito de las mujeres es difícil, contradictorio y muy, muy rico.

Por una parte, Ginzburg se retracta de un artículo que escribió después de la Liberación. No porque dijera en él ninguna mentira, sino que le parece demasiado obvio, ilusionista, por el momento en que se escribió. Dice de las mujeres las cosas más vagas y más generales: que no son peores que los hombres, que si las dejan pueden hacer grandes cosas… Eso ya se sabe, aunque en determinados momentos sea más que necesario recordarlo porque el mundo parece olvidarse de nosotras por más que no pueda prescindir de nuestra aportación. Se da cuenta de que ha hablado de las mujeres como se habla de vaguedades, y quiere profundizar. Entonces encuentra algo que, según ella, nos aúna: el pozo en el que caemos. Las más libres, las más fuertes, las débiles, las tristes, las decididas, las madres, las solteras… no importa: hay un pozo al que nos precipitamos, una melancolía inusual, una tristeza que nos hace caer y caer. El texto está lleno de ambivalencias y, sin embargo, me parece enteramente feminista pese a que en determinados momentos pueda parecer que su discurso nos esté empequeñeciendo hasta la nada.

Entonces me pregunto ¿por qué me parece un texto lleno de rebeldía y de liberación? Y es porque reconocer ciertos aspectos —el pozo, la banalidad, lo superficial, la culpabilidad o el sentimiento de inferioridad que nos han inculcado— no nos hace menos feministas sino que refuerza nuestro mensaje. Es cierto que lo que Natalia Ginzburg llama el pozo de las mujeres no es más que una melancolía que podría ampliarse hasta dar con los hombres o, al menos, con cualquier persona sensible. Ella habla de las mujeres solamente porque le parece que los hombres son más libres y más sanos. El texto, es cierto, tiene momentos ambiguos si se lee con la sospecha de que nos está atacando a nosotras, al sexo que nos han dicho que es el débil. En cambio, mi lectura es muy distinta. ¿Y qué si ese pozo existe y vamos cayendo todas, más o menos, y nos quedamos en él mucho o poco tiempo? ¿Nos hace eso menos mujeres y más injustas? ¿O nos demuestra que pese al pozo, lo logramos?

No podemos olvidar el contexto en el que Natalia Ginzburg escribe el artículo. No podemos olvidarlo, pero también creo que algo de ese pozo ha quedado en la generación de hoy en día y que el texto no está tan pasado de moda. Las mujeres tenemos ese pozo bien a mano y podemos caer o no. Podemos asomarnos solamente, pero la historia nos dice que ese pozo nos ha acompañado durante años y reconocerlo no nos debilita. Reconocer el pozo, familiarizarnos con él, nos hará valientes y libres. No es genéticamente femenino, pero pocas mujeres han podido escapar de él: lo construyeron para nosotras. Habrá que aprender a bordearlo.

 

Una respuesta a El pozo de Natalia Ginzburg (y de las mujeres)

  1. Buenos días,

    interesante, por esas luchas tanto internas como externas.

    Feliz domingo.

    Anabel

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