Hacemos lo que podemos 2

tatsuro kiuchi

Ilustración de Tatsuro Kiuchi

 

Le he puesto el 2 al título de este post porque me he dado cuenta de que ya escribí otro con el mismo nombre. Lo podéis leer aquí. He estado a punto de no volver a escribir sobre el tema, pero al mismo tiempo he pensado que si me ha venido esto a la mente de nuevo será porque es un tema que vale la pena volver a comentar.

La idea de este post me ha venido después de leer algunos de los comentarios que dejáis. En estos posts de domingo os cuento mi experiencia en cuanto a crecimiento personal, y a menudo dejáis comentarios en la linea de “lo intento pero es difícil”, “sé lo que hay que hacer en teoría pero no lo pongo en práctica” o “me siento culpable porque no llego a todo”.

Como ya comenté en el primer post somos expertos en fustigarnos y castigarnos. Expertos en sentirnos culpables, expertos en infravalorarnos, en definitiva, expertos en ser nuestros peores enemigos.

De uno de vuestros comentarios pesco esta frase “ahí es donde pincha mi plan”. Y aquí es donde veo la raíz del problema, en el hecho de que nos pongamos un listón que saltar, una meta que conseguir, un plan que cumplir, unas expectativas demasiado ambiciosas. Sean las que sean.

No quiero decir que no haya que ser ambicioso en cuanto a elevar el listón vital para apuntar bien alto y conseguir tener la mejor vida que podamos. El problema es cuando no conseguimos relativizar ese listón, cuando esa actitud que debería ser positiva, se convierte en una condena, en un castigo que nosotros mismos nos infligimos.

Y así nos frustramos cuando no somos prácticos, cuando no nos organizamos bien, cuando no somos capaces de sentirnos agradecidos con la vida, cuando no conseguimos dejar de quejarnos, o no podemos tomar consciencia de lo que necesitamos, y todo ese sinfín de cosas que sabemos que necesitamos mejorar en nuestro crecimiento personal, porque lo vemos en millones de artículos que pueblan internet, como estos que yo misma escribo o en los libros de autoayuda, o en los cursos de formación, en talleres de crecimiento personal, etc.

Y así, artículos que están destinados a animar y ayudar, acaban desanimando y frustrando porque muestran un listón al que no os sentís capaces de llegar.

Hacemos lo que podemos, cada persona hace su proceso vital a su ritmo y con sus circunstancias. Si hay algo en lo que deberíamos sentirnos culpables es en eso, en pensar que no hacemos lo que podemos. Y ni siquiera en eso. 

4 respuestas a Hacemos lo que podemos 2

  1. 1
    virginia dice:

    buenos días, Cristina
    cuando me dirijía hacia tu espacio, lo hacía con una sonrisa, hace mucho que no voy a misa, lo cierto es que en el sermón, siempre mi mente se evadía por completo, nunca me enteraba de “ná”,
    quizás ahora que con los años he aprendido a escuchar, pues digo voy a ver el sermón de Kireii , porque como lo haces en domingo y siempre, siempre me llega :) <3
    Como siempre, coincido contigo, con un matiz, del que nunca hablamos o quizás sí lo hemos hecho, pero ahora no me acuerdo.
    Las personas, somos nosotros y nuestra mochila genética, y creo que ese frente, para algunos cuesta muchísimo luchar, puede ser un freno o una catapulta, lo que llevemos en nuestra mochila. Nos fustigaremos por no hacer lo que podamos, o por el contrario.
    Menos mal que he borrado, el testamento que te escríbia argumentandote lo anterior :)
    sólo dejarte las flores que me ha regalado mi princesa https://es.pinterest.com/pin/21321798214425497/
    Si ya lo dice el refranero, hace más quien quiere, que quien puede.
    Feliz día!

    • 2
      Cristina Camarena dice:

      Los refraneros son pozos de sabiduría, ciertamente. Gracias, amiga, por pasar a escuchar mi sermón todos los domingos, esta misa particular que me he montado ;))
      Tienes razón cuando dices que no hay que olvidar la mochila genética que cada uno tenemos, por eso más que nada en el mundo no hay que fustigarse cuando no alcanzamos a hacer lo que se supone que deberíamos hacer.
      un abrazo, guapa a ti a tu princesa, feliz día de la madre ;))

  2. 3
    Mariné dice:

    Hermoso post, las redes incentivan a esta persecución: “contesta los mensajes en menos de 15 minutos” y obtén la cucarda…. jua jua jua, te obligan a transformarte en maquina de repuestas vacias y ficcionales. Una comunicación de la incomunicación. La autoestima atada al número de me gusta, un nuevo flagelo que acosa al mundo. Gracias por el post,
    PD: uno comenta para ordenar lo que piensa, para que sepan que lo que hacen vale la pena, que los leemos, y no para que le respondan.

  3. 4
    Olivia dice:

    A lo mejor no hay que subir el listón, a lo mejor el truco está en bajarlo y disfrutar de poder saltarlo. A lo mejor hay que pararse en lo cotidiano y lo pequeño, a lo mejor hay que mirar más bajo, pasar por debajo del listón y pensar “Mira, con menos esfuerzo también se puede llegar al otro lado”. No sé, es que a veces ese listón…¿quién lo ha puesto ahí? Muchas veces son listones impuestos, pero quizás no quiero saltarlos todos, o no de una única forma: podemos colgarnos de ellos, hacer un columpio, bordearlos, pasarlos por debajo (aunque sea a rastras algunas veces)…
    Como tú dices, hacemos lo que podemos, y añado: y podemos hacerlo de muchas maneras diferentes.

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