La escuela Baró de Viver. “No es una metodología, es una mirada”

Baró de Viver 3

 

Una revolución educativa está en marcha. Algunos síntomas de que la necesidad de cambio ha sido asumida por buena parte de la sociedad son las noticias cada vez más frecuentes sobre temas educativos que llegan a las páginas de la prensa generalista. Pero, como suele ocurrir, lo que llega a las páginas de honor son retratos parciales, sesgados y muy a menudo condicionados por la capacidad de hacerse ver y de “vender” su producto de los diferentes actores sociales y educativos.

Yo, que siempre termino apartando la vista de las luces brillantes de los fuegos artificiales, me encuentro saliendo del metro bajo las vías elevadas del nudo de la Trinitat y entrando por primera vez en mi vida en el barrio de Baró de Viver, un rincón muy desconocido de esta Barcelona de diseño.
Baró de Viver es uno de los barrios del distrito de Sant Andreu, y uno de los más pobres de Barcelona. Su historia comienza con la construcción de casas baratas a finales de los años 20 del siglo pasado. Su población se ha nutrido de sucesivas oleadas migratorias, y su espacio vital ha estado siempre aislado entre el río Besós y los polígonos industriales. En las últimas décadas el barrio ha pasado varios planes de mejora, pero la realidad es que sólo sale por la televisión para hablar de desahucios y desigualdades.
Caminando por sus calles llego a la puerta de una escuela, la escuela Baró de Viver, ubicada en un edificio diseñado a finales de los 50 por Oriol Bohigas y Josep M. Martorell en lo que fue uno de sus primeros trabajos.

Entro y me recibe Jaume, el conserje, a quien encuentro cortando cañas para hacer algo que no identifico. Más tarde lo veré con una sierra de calar cortando maderas en el patio, y descubriré que también ha construido con palés unos sofás para la sala de profesores. Me dirán de él que es una pieza imprescindible de la escuela.

Mientras espero, observo también la recepción, que es un espacio amplio, acogedor, luminoso, nada recargado pero cuidadosamente decorado. Veo telas colgadas a modo de cortinas y tapices, una recreación de un mercado africano, ramitas y piedras decoradas, plantas vivas y carteles hechos a mano. Más tarde descubriré que este ambiente cuidado y acogedor se reproduce por todas las aulas y espacios. Veré aulas amplias, iluminadas, todas en planta baja y conectadas directamente con los espacios exteriores. Me explicarán que todas las puertas y pasillos están decorados siguiendo el hilo conductor de la identidad individual de los niños y su identidad como grupo mientras que dentro de las aulas domina el ambiente el material que van elaborando en relación a su proyecto de trabajo. Veré a los niños, tranquilos, relajados, contentos, trabajando en grupos o individualmente con gran concentración. Descubriré a una maestra hablando en voz suave frente a un corro de niños muy atentos, otra acompañando a un grupo que trabaja concentrado en diversas actividades en las mesas, otro jugando a baloncesto con un grupo en la pista, uno más llevando a un grupo a una actividad con una bolsa llena de bee bots (robots programables) en la mano… No oiré gritos, ni veré nada que se parezca al caos. Sí veré muestras de afecto entre maestros y niños. Todo en esta escuela me transmitirá una sensación de bienestar, tranquilidad y alegría.

Pero esto no siempre ha sido así. Eli (la directora) y Maica (jefe de estudios) me reciben, me presentan a parte del equipo docente y me acompañan a la biblioteca donde me cuentan que hace más de 10 años este era un centro donde se había instalado una dinámica negativa y de conflictividad. Entonces comenzó la transformación.
“No es una metodología, es una mirada”. Es la clave de la gran transformación que me cuentan estas dos maestras entusiastas, que hablan de su escuela y sus niños con los ojos brillantes. Me cuentan como decidieron adoptar el modelo de Comunidades de Aprendizaje para revertir la situación, y hacer de la escuela un espacio abierto: abierto a las familias, abierto al barrio, abierto al mundo.
En las comunidades de aprendizaje el motor de la vida del aula y de la vida de la escuela es el diálogo. El diálogo permite dar voz a todos los niños, mostrarles reconocimiento, estima y afecto. A través del diálogo los niños construyen su identidad y la del grupo, y también construyen su conocimiento de manera colectiva. A través del diálogo se establece un vínculo intenso que permite a los maestros convertir al niño en el centro de todo, verlo como persona y no sólo como alumno. No se le transmiten conocimientos, se le ayuda a crecer en todos los sentidos.

Su manera de trabajar se basa en lo que llaman “proyectos de trabajo de vida de aula”. Esta metodología no se limita a crear un centro de interés que sirva de excusa para trabajar todas las áreas. Tampoco se limita a ofrecer un tema para hacer una investigación o búsqueda, ni es una simple secuencia de actividades pautadas para la realización de un proyecto de trabajo. Va mucho más allá: permite a los niños decidir parte del currículo, conocerse a ellos mismos y a los demás a través del diálogo y establecer una relación con el mundo mediante la formulación de preguntas y el planteamiento de problemas. Me ponen el ejemplo de un año que los alumnos de tercero se plantearon “¿Podríamos vivir en otro planeta?” Y como a partir de esta duda que los inquietaba pudieron iniciar un proceso de investigación y diálogo que les permitió hacer muchos descubrimientos sobre el mundo y también sobre ellos mismos. El maestro hace de guía y practica la escucha activa. No hay preguntas improcedentes, irrelevantes o ridículas.

El hecho de que sea una escuela de una sola línea la convierte en muy familiar y facilita esta atención cercana. A pesar de no estar en un entorno con muchos recursos económicos, la escuela ha aprovechado los numerosos premios que ha obtenido por sus proyectos innovadores para equiparse con proyectores en todas las aulas y iPads que utilizan como una manera más de abrir ventanas en el mundo. Son también escuela piloto de robótica porque aprovechan todas las oportunidades para enriquecer las experiencias que ofrecen a sus alumnos.

Eli y Maica me explican que los niños viven la escuela como si fuera su segunda familia, que vienen contentos y que son felices, que aprenden y crecen, y piensan, y crean. Los niños son competentes e incluso aquellos que viven situaciones familiares más adversas son capaces de mucho. La relación con las familias es buena, y muchas colaboran a través de los espacios de participación. El equipo de maestros es estable y motivado.

Sin embargo, la escuela continúa con el estigma debido a la ubicación en un barrio apartado y a su perfil socioeconómico, y no llega a llenar nunca matrícula con primeras opciones. Es una gran desconocida para las familias de los barrios cercanos y todavía se arrastran los prejuicios de décadas atrás. Yo, que he visitado varias escuelas, debo decir que pocas veces había visto un paso tan claro del cambio metodológico al cambio de mirada sobre la infancia.

Desde aquí quiero ofrecer mi reconocimiento al trabajo de esta escuela, que sin focos mediáticos, ni aplausos, ni grandes reconocimientos públicos más allá de la gente cercana que vive en directo su trabajo, continúan adelante luchando por dar a cada niño no sólo una educación sino un futuro mejor. Los neurocientíficos afirman que la emoción es la puerta de entrada al conocimiento porque despierta la curiosidad y activa la atención. La escuela Baró de Viver está llena de emoción.

Enlace al blog de la escuela Baró de Viver

Enlace al post en catalán en el blog de Elena Ferro.

 

Baró de Viver 2

 

17 respuestas a La escuela Baró de Viver. “No es una metodología, es una mirada”

  1. 1
    virginia dice:

    Buenos días, Elena, gracias por este post, de que otra escuela es posible. Para mi el termómetro de que la escuela es atrayente, es lo que dices “los niños vienen contentos y felices” ir a un lugar, donde ya vas motivado (trabajo, escuela) eso suma al día.
    Yo cada día escucho, por parte de mi princesa “no quiero ir al cole” si en las escuelas ha de haber un cambido, en los colegios especiales ya ni te cuento :(
    feliz día

  2. 3
    pececito arcoiris dice:

    Uf, que de emociones me ha suscitado este artículo…Para cuando esa misma mirada, esa actitud en todos los coles? Yo también escucho a menudo lo de “no quiero ir al cole”… Y es tan triste.
    Enhorabuena a los profes de Baró de Viver. Esos niños os recordarán toda la vida.

  3. 5
    SUSANA dice:

    Acabo de leer este artículo y solo puedo decir como mama de dos alumnas de este centro que todo lo dicho aquí es cierto.Cuando me trasladé al barrio y tuve que buscar cole para las niñas me surgieron dudas que se disiparon en cuanto entré .Me encontré con una gente que transmitia tal entusiasmo que te daban ganas de volver a estudiar.Un año después no puedo más que dar las gracias a un profesorado tan valiente con una vocación inmensa y a una directora que conoce los nombres de todos los alumnos del centro de sus papas y de su situación y que te empuja a participar en el cole y hacer que todos nos sintamos parte de el.Sin más deciros que me gustaría que todos tuvierais la oportunidad de llevar a vuestros hijos a un centro como el nuestro.

    • 6
      Elena dice:

      Me alegro mucho de que tus niñas puedan ir a esta escuela. Yo también noté en el rato que estuve un gran entusiasmo. Gracias por aportar tu testimonio, le da más valor a lo que he intentado reflejar.

  4. 7
    Esmeralda dice:

    Els meus fills van anar a Baró de Viver fins fa dos anys que ens vam mudar i s’hem va trencar el cor el día que vam haber de deixar l’ escola. Ara hem fa molta llàstima quan hem diuen que no volen anar a l’escola cosa que no habia sentit mai mentra van anar a l’escola Baró de Viver. Han sigut uns anys molt feliços i estimo a tots els que formen part d’ aquesta marevellosa escola. Sou únics, i estic eternament agraïda per els anys de felicitat que heu donat als meus fills i a mí.

  5. 9
    Imma dice:

    Sóc mestra i m’ha encantat el teu post sobre aquesta bellísima escola. Un altre món és possible, una altra escola és possible. El comparteixo a facebook.
    Una abraçada.

  6. 11
    Marta V. dice:

    Enhorabuena a toda la comunidad de Baró de Viver. Además tienen una página muy completa para ver las cosas tan chulas que hacen.

    • 12
      Elena dice:

      Sí, es cierto. Recomiendo a todo el mundo que se pase por el blog, en el que a parte de explicar su proyecto también actualizan con cosas que van pasando en la escuela. No se ve el trabajo que hacen allí al completo pero se intuyen muchas cosas y se ven muchos detalles de su día a día.

  7. 13
    Sara dice:

    M’agrada veure que mica en mica ens acostem a un altre model d’escola, més proper al que somio, pel que lluito, pel que em formo i aprenc, el que tracto de dur a terme… Jo crec en la utopia i en la qualitat educativa.

    I aposto per les mirades respectuoses, l’escola viva, la participació activa! Gràcies per compartir aquesta experiència que no coneixia i que m’ha semblat molt interessant, espero que n’hi hagi moltes més!

  8. 14
    xus dice:

    Felicitats a tota la comunitat per poguer fer de l´escola un cosa viva i activa per als nostres infants (adults més enllà) , i animar a altres escoles a deixar de fer les coses simplement per que s`han fet sempre… que ja no funciona…

  9. 15
    Maite dice:

    Me toca la fibra esta entrada porque en el cole de mis hijos estamos viviendo una situación parecida. A pesar de contar con las familias y el profesorado totalmente volcados con el proyecto, es un colegio desconocido y estigmatizado por el barrio en el que se encuentra.

    La política educativa de la Generalitat Valenciana se ha posicionado claramente a favor de la educación concertada, con lo que la situación del colegio es crítica.

    Felicidades a toda la comunidad del Baró de Viver!

  10. Pingback: ARTICLE DELICIÓS SOBRE LA NOSTRE ESCOLA | BAROLUCIÓ

  11. 17
    Jesús García Castrillo dice:

    En el colegio Baró de Viver enseñé yo a leer a 40 niños. Durante el recreo les dábamos un botellín de leche. Recuerdo muy grato de todos los compañeros y de la directora. Y sobre todo de los alumnos.

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