La pasión por la lectura, ¿nace o se hace?

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Póster de Coaner para Kireei magazine 6

 

No hay cosa que desanime más a la lectura que la obligación de leer. Cuando afirmo esto no me apremia la necesidad de mejorar la comprensión lectora de un niño, ni el deseo de acelerar el proceso de aprendizaje de la lecto-escritura, ni la intención de fomentar la adquisición de más vocabulario o el objetivo de disminuir el número de faltas ortográficas. Todas estas cosas y muchas más se consiguen con la lectura, pero si convertimos la lectura en una pesada tarea no nos extrañemos luego de que se convierta para el niño en algo tedioso y aburrido.

La pasión lectora no se consigue por imposición, ni por competición (¡a ver quién acumula más puntos por leer libros y responder correctamente a un cuestionario!) y últimamente creo que ni siquiera por imitación. Puede funcionar con niños que igualmente ya están bien predispuestos, pero puede tener efectos nefastos en otros.

Sí, es importante que los niños vean leer a sus padres y a los adultos de su entorno en general, pero también a sus iguales. Sí, es importante que haya libros en casa, y el libro sea tratado con el respeto y la estima que su contenido merece. Sí, es importante visitar bibliotecas, y tirarse en el suelo con los niños a hojear álbumes ilustrados. Sí, es importante poner a su alcance cómics, libros de conocimientos de temática diversa, poesía, ficción y no ficción, libros con dibujos y sin dibujos. Sí, es importante leerles cuentos en voz alta, antes de dormir o en cualquier otro momento del día. Pero esto no es mágico; podemos haberlo hecho todo “bien” y que nos salga todo “mal”. “¡Horror, tenemos un hijo no lector! ¿En qué nos habremos equivocado?”. Y es posible que esta angustia nos impulse a dar nuestro primer mal paso: la obligación de leer.

Supongo que todo el mundo conoce ya a estas alturas el decálogo de los derechos de los lectores de Daniel Pennac. Por si acaso, lo tenéis aquí arriba…
No quisiera hacerme pesada. Sin embargo, os invito a volver sobre él y leerlo de nuevo.
Y quizá una tercera vez. Os espero aquí, después del punto.

¿Ya lo habéis memorizado?
“El derecho a no leer”. Es el primer y más básico derecho a respetar para conseguir grandes lectores.
A veces sucede que la mecánica de la lectura resulta tan pesada para el niño que es incapaz de entrar en el libro. Cualquier adulto que adore la lectura podrá explicar cómo vive dentro del libro, en otro mundo, mientras se sumerge en la lectura. ¡No está leyendo, está viviendo! ¿Acaso podemos comparar esa experiencia placentera con el descifrado penoso de unos símbolos puestos en una interminable línea?
Vayamos más adelante: la criatura ya ha dado su pequeño salto. Ya se está remojando los pies tímidamente en el mundo tras la letra. Pero a lo mejor no le entusiasma. No, todavía no ha encontrado su libro.
Si en uno de estos dos puntos – el descifrado meticuloso o la decepción tras el esfuerzo – intentamos presionar en exceso al niño para que se interne en un mundo que le parece intransitable o carente de interés, ¿qué reacción esperamos?

Pero un día el niño – o el adolescente, pues en ocasiones es necesario esperar más de una década – abre unas páginas y, de repente, ya no está allí. Ha entrado y se ha enamorado. Quizá haya sido con una novela romántica, o con un relato de fantasía o ciencia ficción, o un best-seller de medio pelo. A lo mejor no ha sido atrapado por las obras clásicas de la alta literatura que quisiéramos verle leer. Pero ha iniciado su camino y no sabemos hasta dónde le puede llevar. Ojalá ese niño o ese joven tenga a su alrededor adultos – o compañeros de su edad – que le respeten pero que también le puedan ofrecer un entorno rico y unas sugerencias de lectura acertadas.
Me encanta la manera en que Daniel Pennac explica cómo enganchaba a sus alumnos en sus tiempos de profesor de literatura en institutos de zonas muy difíciles. Les leía en voz alta un texto de la literatura universal – preferiblemente que no estuviera en el programa de lecturas obligatorio francés – y lo hacía con una entonación y prosodia adecuadas. Cuando los alumnos estaban interesados en saber qué sucedía, cerraba el libro. “¡Profe!, ¿qué sucede después?”. Y el libro estaba disponible en la biblioteca…

Una sola condición para esta reconciliación con la lectura: no pedir nada a cambio. Absolutamente nada. No construir ninguna muralla de conocimientos preliminares alrededor del libro. No plantear la más mínima pregunta. No poner ni la más pequeña tarea. No añadir ni una sola palabra a las de las páginas leídas. Ningún juicio de valor, ninguna explicación del vocabulario, nada de análisis de texto ni de indicaciones bibliográficas…Prohibirse del todo “hablar sobre”.
Lectura-regalo.
Leer y esperar.
No se fuerza una curiosidad, se la despierta.
Leer, leer y darle confianza a los ojos que se abren, a las caras que se juntan, a la pregunta que va a nacer y que llevará a otra pregunta.”
                                                        (Daniel Pennac. Como una novela.)

Elena Ferro

 

16 respuestas a La pasión por la lectura, ¿nace o se hace?

  1. 1
    Heva dice:

    A mi hijo mayor le encantaba la lectura, sobretodo compartida conmigo, hasta que empezó con la obligación de leer y resumir un libro cada 15 días, se perdió la magia. Ahora el peque se encuentra en ese momento mágico de descubrir que ocurrirá al final del cuento, le encanta que le escenifique la lectura. Sé que dentro de dos años le tocará la lectura obligada pero aún así sigo pensando que la semilla que estoy sembrando dará sus frutos más adelante, cuando sea su momento.
    Feliz domingo Elena =)

  2. 3
    Ade dice:

    Como una novela es para mi un tesoro! En cuanto leí el título de la reflexión de hoy pensé en él. Como en tantas otras cosas que suceden en la educación actual, la obligatoriedad mata los deseos profundos, las ansias de investigar y la curiosidad de conocer.
    Un abrazo y gracias Elena por la reflexión!

  3. 5
    Marga dice:

    La lectura obligada en el colegio me parece nefasta-dañina-contraproducente. Entiendo la intención, pero no el modo. Cuando vivíamos en Holanda, los niños iban 2 veces al mes a la biblioteca a coger los libros que la clase disfrutaría durante dos semanas. Y digo “disfrutaría” porque los niños realmente estaban felices y motivados, sobre todo porque era algo natural el leer un libro. El año pasado regresamos a España, a un modelo diferente, rigido y, desde mi punto de vista, arcaico. En el colegio hay obligación de leer, de hacer ficha resumen, de competir con el otro… En diciembre me negué a seguir este rollo y así se lo transmití a la profesora: mi hija lee lo que le da la gana, en español y en inglés, y no seré yo la que mate su gusto por la lectura. Se de otras niñas que simplemente han cogido manía a la lectura y se han cerrado en banda. Una pena porque leer es de las cosas más maravillosas que niños y adultos tenemos.

  4. 7
    rosana dice:

    Llevo mucho tiempo dedicada en institutos de educación secundaria al fomento de la lectura. Es un tema muy difícil y estoy de acuerdo con todo lo que has expuesto. No sabemos qué hacer, y muchas de las cosas que hacemos no sirven, pero seguimos haciéndolas porque siempre hay alguno enganchado.
    Yo también en mis clases les cuento historias o les leo fragmentos. Les hago interesarse por la mitología o por clásicos contándoselo a mi manera y en lo más interesante les digo que pueden leerlo, nunca cuento el final de una historia e intento dejarles con las ganas. Pero como profe de lengua tengo que obligarles a leer algo. Ya sé que la obligatoriedad de un libro tira para atrás. Y me lo pienso mucho. Paso los veranos leyendo literatura juvenil para ver qué les puede gustar, me dejo aconsejar por ellos y leemos en clase. Algunos necesitan leer en alto. Otros no lo ven necesario, pero leemos y leemos, y a veces nos aburrimos, pero a veces noto la conexión. Ayer leíamos un libro maravilloso: Un monstruo viene a verme, y al pasar determinada página noté como todos mis alumnos aguantaban la respiración a la vez. Eso es mágico.

    Siento el rollo que he soltado. Me encantan vuestras reflexiones de fin de semana.

    • 8
      Marga dice:

      A mi me ha encantado tu reflexión Rosana. Se ve que eres una profesora implicada y que busca darle la vuelta a la tortilla. Diría que eres un “lujo” de profesora! Por desgracia, ni todos los profesores ni todos los padres somos iguales… La motivación es harto difícil! Y creo que el primer paso ha de partir de casa…

    • 9
      Elena dice:

      A mi también me ha gustado mucho tu reflexión. Se nota que eres una magnífica profe. Gracias por compartir tu experiencia directa.

    • 10
      naroa dice:

      oh ¿¿¿donde estabas cuando yo hacía EGB??? soy una lectora incansable, lo soy en parte porque de niña vivía en una casa llena de libros y cada uno de los miembros de mi familia pasaba un tiempo con un libro o un comic..así que hasta cuando no sabía leer yo me cogía mis “peliculas” y los ojeaba. Pero en el colegio, las lecturas obligatorias me parecían muchas veces un rollo, en 6º,7º y 8º tenía un profe que analizaba todo el vocabulario (examinandonos por sorpresa de listados y listados), además siempre contaba el final antes de que llegaramos a la mitad del libro ¿¿¿????? y ¿ahora para qué sigo? menos mal que en mi casa la lectura seguía siendo libre…

  5. Pingback: Artigo para a reflexión… |

  6. 12
    Sara dice:

    En mi casa, mis padres han sido (y son ávidos lectores), nos han leído cuentos desde que hemos nacido, y en general, han apoyado siempre (sin imponer) el hábito de la lectura en casa.
    Mi hermana mayor y yo terminamos haciendo filología (ahí lo digo todo) y en cambio, mi hermano pequeño, sólo se ha leído un libro en toda su vida (el 3º de Harry Potter) y tardó más de medio año (no por lento si no porque no le interesa leer).
    Ahí lo dejo… Porque creo que, aunque promover el hábito de la lectura es importante, en mi casa se ha hecho y han obtenido resultados totalmente opuestos con mi hermano.

  7. 14
    Intxaurtsu dice:

    Vaya temita el que ha salido a la palestra, La Lectura, con mayúsculas. Sí, “como una novela” debería ser de obligatoria lectura para los docentes, debería leerse en la universidad.
    ¿Cómo hacer lectores? Aquí es necesario diferenciar entre lectores compresores y lectores disfrutadores. La literatura s para gozarla, para soñar, para divertirse, para volar pero, para ser una persona competente en la comprensión de textos no es necesario leer literatura. La lectura ha de estar integrada en proyectos comunicativos, con un objetivo comunicativo, real y significativo para el alumno, el alumno debe entender que para realizar ciertas acciones comunicativas es necesario leer. Y para ello no hace falta literatura. Debemos dejar de mal tratar a la literatura, hay que mimarla y jamás imponerla. Soy profesora de lenguas, vocacionalmente de secundaria, por circunstanciasde primaria, en este momento de mi vida estoy en primero de primaria, y me obligan (compañero y dirección) a torturar niños con la lecto-escritura, mi material es aburrido, obsoleto, arcaico, en blanco y negro, desmotivador….etc. Y no me dejan cambiar nada de nada. Sólo me queda transmitirles la magia y la pasión que encuentro yo en la lectura. Esa es la realidad de nuestra escuela pública.
    Me encanta que saquéis estos temas.
    Seguid así, que se oiga.

    • 15
      Elena dice:

      Muy interesante testimonio. Estoy muy de acuerdo en tu visión y en la diferenciación que haces entre leer literatura por placer y llegar a conseguir una competencia lectora necesaria para la vida diaria. Qué lástima lo que cuentas de tu trabajo actual, pero para esos niños mejor que estés tú usando ese horrible material mientras intentas transmitir pasión que nada… Gracias por comentar.

  8. 16
    Paula dice:

    Siempre, siempre he pensado eso. Tengo dos niños muy lectores y una niña que sencillamente todavía no ha encontrado su libro. No tengo ninguna prisa. Leo con ella, la dejo leer sola, tiene un montón de libros a su alcance y estoy segura de que un día, sin que nos demos cuenta, de repente habrá encontrado EL libro. El que la deje si aliento, el que la obligue a pasar páginas y a quedarse despierta solo cinco minutos más, solo un capítulo más. Como bien dices, hay que esperar y no forzar nada, ya llegará.

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