Llenarse la cabeza con tonterías y otras cosas superficiales

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“– ¡Venga, deja de leer, que te vas a quedar sin vista!
– Más vale que salgas a jugar, hace un tiempo estupendo.
– ¡Apaga la luz! ¡Es tarde!
Sí, siempre hacía demasiado buen tiempo para leer, y de noche estaba demasiado oscuro. (…) Al descubrimiento de la novela se añadía la excitación de la desobediencia familiar. ¡Doble esplendor!”

Estas palabras están recogidas del libro “Como una novela” de Daniel Pennac, que se identifica personalmente con una generación a la que se le impedía leer. Leer era una pérdida de tiempo más allá de las tareas escolares, un medio de evadirse de la realidad, que llenaba la cabeza de fantasías, apartaba al niño de la vida sana al aire libre y lo convertía en un individuo apartado y asocial.

Y qué no daría ahora cualquier padre por pillar a su hijo absorto en la lectura de Ana Karenina, como pillaban a Daniel mientras Ana galopaba veloz hacia su Vronski. “Se amaban contra papá y mamá, se amaban en contra del deber de mates por terminar, en contra de la redacción que entregar, en contra de la habitación por ordenar, se amaban en lugar de sentarse a la mesa, se amaban antes del postre, se preferían al partido de fútbol y a la búsqueda de setas…, se habían elegido y se preferían a todo… ¡Dios mío, que gran amor! Y qué corta era la novela.”

Fantástico.

Ahora voy a parafrasear a Daniel Pennac, poniéndome en el lugar de la generación de nuestros hijos, en una nueva situación que no existía hace 40 años.

“– Venga, deja ya la maquinita, que te vas a quedar sin vista!
– Más vale que salgas a jugar, hace un tiempo estupendo.
– ¡Apaga el ordenador! ¡Es tarde!
Sí, siempre hacía demasiado buen tiempo para jugar, y de noche había que dormir. (…) A la diversión del juego se añadía la excitación de la desobediencia familiar. ¡Doble esplendor!”

“Mi torre con pasadizos secretos y vacas-seta en Minecraft se había construído contra papá y mamá, se había construído en contra del deber de mates por terminar, en contra de la redacción que entregar, en contra de la habitación por ordenar, se levantaba tozuda en lugar de sentarse a la mesa, me llamaba antes del postre, la prefería al partido de fútbol y a la búsqueda de setas…, era mi gran creación y era mejor que todo… ¡Dios mío, menudo laberinto había montado! Y una vez construído, qué rápido era recorrerlo entero.”

No, líbreme dios de comparar Ana Karenina con un juego de ordenador. Pero en mis recuerdos de adolescencia, La isla del tesoro de Stevenson no está muy lejos de las aventuras del pirata LeChuck en Monkey Island. Las películas de Indiana Jones me traen casi tantos recuerdos entrañables como el humilde laberinto del sultán, con su machacona musiquilla. A veces sonrío cuando recuerdo el ruido que hacía el cassette del Amstrad al cargar los juegos, igual que sonrío cuando recuerdo las muñecas que me fabricaba con una mazorca de maíz.

Sí, soy de la primera generación que jugó a juegos de ordenador. Y quizá por eso no contemplo con horror esa tecnología, no la veo incomprensible, ni lejana, ni especialmente peligrosa. Naturalmente el uso que se le da puede ser bueno o malo. Hay juegos fantásticos y juegos horribles, igual que hay libros dañinos por las retrógradas ideas que inculcan a los adolescentes y no por eso se demoniza la lectura. “Que lean lo que sea, mientras lean”, he oído a menudo.

Podría ahora dar una lista de todos los beneficios congnitivos y emocionales que pueden proporcionar los juegos de ordenador, de todas las destrezas – incluídas algunas sociales – que ayudan a desarrollar, para compensar la lista (a veces alarmista, a veces razonable) de peligros y perjuicios. Pero no lo voy a hacer. No es necesario. Aunque, si alguien quiere, puede leerse este artículo, donde ya hay quien ha pensado en los juegos digitales como artefacto cultural aprovechable dentro del aula. Yo, simplemente, voy a seguir disfrutando con mis hijos sin olvidar el sentido común.

 

14 respuestas a Llenarse la cabeza con tonterías y otras cosas superficiales

  1. 1
    Sonia dice:

    Gracias por tu post! Pienso igual que tú, pero tú has sabido expresarlo de una forma bella. Yo también pertenezco a esa primera generación de jugadores de videojuegos españoles, pero en mi caso fue un spectrum de 128k. A ese Spectrum le debo muchísimas cosas buenas, la más importante que acabé siendo ingeniera informática y tengo una vida laboral feliz.
    A mis hijos les descargo aplicaciones en la tableta y les ánimo a jugar, igual que les animo a leer, a practicar deporte y divertirse todo lo que puedan con niños de su edad. Aún son muy pequeños ( 5 y 2 años) pero ya vislumbro muchos beneficios de sus juegos de estrategia y habilidad en la tableta. En la vida hay mucho tiempo para hacer muchas cosas, y desaprovechar el privilegio que tiene esta generación con los medios de que dispone me parecería muy triste.

  2. 2
    angaleta dice:

    Me parece fantástico. Yo también soy nativa digital y la tecnología no me asusta, me parece una gran herramienta si se sabe utilizar… mis hijos tienen acceso a ella, igual como tienen acceso a la naturaleza, a las artes… al aprendizaje en general. Me parece una bonita comparación.

  3. No puedo estar más de acuerdo! Buenísimo post :)

  4. 4
    Cristina dice:

    Gracias por vuestros comentarios y aportaciones chicas, me alegro mucho de que os haya gustado el post. Un abrazo. Cris

  5. 5
    Olalla dice:

    Gracias por el post. Me tranquiliza encontrar una perspectiva distinta sobre este asunto. Confieso que nunca me han atraído los juegos de ordenador ni este tipo de teconolgía, así que me cuesta empatizar con la pasión de mis hijos por ellos.

    Gracias de nuevo

  6. 6
    Patricia dice:

    Tal vez sea yo, algo personal, pero cuando una noche de verano en la plaza de un pueblo vi a media docena de niños sentados jugando cada uno con sus máquinitas,la pena me invadió, y cuando les vi más tarde corriendo, jugando, gritando… me enteré que se habían quedado sin batería.
    Si esa misma imagen la hubiera visto con todos los niños leyendo tal vez no me hubiera dado tanta pena…pero repito que tal vez es algo personal.
    Veo a tantos padres que aparcan a sus hijos delante de pantallas de todo tipo, que la gente se acosntumbra a niños silenciosos delante de juegos y tabletas…
    Si no hay maquinas hay más tiempo para leer, para jugar, para hablar…pero repito que debe ser algo personal porque no encuentro posible comparación con una buena lectura y un buen juego de consola.

    • 7
      Cristina dice:

      mi visión es que las máquinas están y estarán presentes de manera ineludible. jugar y leer, y usar máquinas es algo que en muchos casos vive en convivencia equilibrada y sin ningun perjuicio de una cosa sobre la otra. Hay que desear ese equilibrio.

  7. 8
    Ana dice:

    Olé post! m’encanta l’ultima frase!!! falta sentit comú bàsic + equilibri en general.

  8. 10
    Pepabarco dice:

    Me gustan los libros, siempre he animado a mis hijos a leer (11 y 13 años), pero nunca he dejado que se sintiesen ajenos al mundo digital y tecnológico, he querido que avanzasen con él, ya que les ha tocado vivirlo. Yo también lo he intentado pero me he quedado más rezagada, su capacidad de aprender me supera.
    Estoy totalmente de acuerdo con tu planteamiento Cristina, no se les puede impedir el acceso a las nuevas tecnologías, simplemente hay que enseñarles a convivir con ellas y sacarle partido!!
    En mis caso tengo que decir que a día de hoy, son muy responsables con el uso de ordenadores, PS3 y móvil.
    Un saludo, y felicidades por el post

    • 11
      Cristina dice:

      Sí, hay que convivir con la tecnología de la mejor manera posible. Un abrazo. El artículo es de mi compañera Elena, pero las dos tenemos la misma visión sobre el tema.

  9. 12
    crisnasa blog dice:

    Muy importante lo de no olvidar el sentido común. Genial post :)

  10. 14
    Paula dice:

    Ay, Cristina, ¡cómo me gusta este post! No podría estar más de acuerdo. Los juegos de ordenador son parte de mi vida y también he intentado que sean parte de la vida de mis pompones. Como la tele, como el cine, como las chuches, todo es cuestión del uso que hacemos de las cosas. En casa leemos mucho, mucho, pero también jugamos a la consola y vemos pelis, muchas pelis. Aprovechar toooodo lo que nos ofrece la tecnología… y la vida! no es solo un placer, ¡es un deber! Y cualquiera que haya jugado al Day of the tentacle o al Monkey Island, lo sabe ;^)

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