Manon Gauthier

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Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca de Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón.
Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:
-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo.
-Y ¿anda bien? -le pregunté.
-Atrasa un poco -reconoció.

Celebración de la fantasía, Eduardo Galeano.

Ilustraciones del portafolio de Manon Gauthier (Montreal, Quebec)

 

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Cadence 20-21

 

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Mon parc_ombre

 

 

2 respuestas a Manon Gauthier

  1. 1
    gemma dice:

    que bonita la historia de Galeano. Y las ilustraciones, claro

  2. 2
    Virginia de la Calle dice:

    Fascinante la celebración de la fantasía :) Qué grande Galeano!
    Las ilustraciones son muy muy personales, geniales!

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