Nuevo mundo, nuevos paradigmas

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Vía Ancient shades

Tener un trabajo es normal, ir a la escuela, cumplir las leyes y normas, comer en unas determinadas franjas horarias. Todo el mundo aspira a ser él mismo, a ser libre, pero a la vez aspira a ser normal. Aceptado. Singular pero normal.

Las rutinas y verdades que aceptamos como universales en nuestro mundo, ¿por qué son así?
Foucault nos diría que es una cuestión de poder: el poder es ejercido desplegando el control sobre los individuos a través del monopolio de la verdad. Las instituciones – la escuela, el hospital, la cárcel, la justicia, la empresa – se apropian de la verdad y marcan lo que es normal. Todo ello es resultado de un cambio de paradigma de las relaciones sociales surgido a partir del siglo XVIII como consecuencia del nuevo orden político, social y económico (capitalismo y sociedades industriales). Las antiguas formas de poder basadas en el ritual y la violencia son sustituidas por una sumisión más sutil: a la vez que el mundo ve triunfar la idea revolucionaria de libertad se establecen mecanismos de control en la escuela, el trabajo y la vida cotidiana en general. La obediencia es normalidad, la normalidad es obediencia.
Sin entrar a valorar la conveniencia o ética de que existan estos mecanismos de control para evitar el caos social, preguntémonos de nuevo por qué el mundo funciona como funciona.

Enviamos a nuestros hijos a la escuela porque el capitalismo necesitaba formar mano de obra y alfabetizar al obrero. La educación obligatoria se ha ido extendiendo con el tiempo porque los saberes que el mercado de trabajo exigía eran cada vez más complejos. Y eso sin perjuicio de que dentro de la institución escolar se hayan plantado también semillas de libertad por parte de ciertos agentes.
Tenemos relojes porque ya no basta ver el sol y escuchar las campanas para ordenar nuestro tiempo diario: la racionalización de los horarios es necesaria para el orden social y el funcionamiento del capitalismo. Por eso mismo nos desplazamos a centros de trabajo y cada día millones de personas inundan las carreteras, las calles y los transportes públicos, y por eso la mayoría vivimos en centros urbanos.

Nuestra sociedad es burocrática porque la creciente complejidad exigía procedimientos exactos y eficientes. Es necesaria la división de las tareas, la especialización, la jerarquía, el establecimiento de relaciones impersonales e intercambiables, aún a riesgo de perder flexibilidad, diluir la responsabilidad personal e incurrir en rigideces e inercias.
Cosas similares podríamos decir acerca del consumo, la sanidad, la cultura, la explotación del medio ambiente.

Un momento. La inercia. Nos hemos creído unas verdades pero el mundo ha cambiado. La sociedad postindustrial ya no tiene las mismas necesidades que la sociedad industrial. La información y el conocimiento ya no son monopolio de unos pocos. El control de esa verdad que marca lo que es normal se ha difuminado. Preguntémonos cuan estraño fue para nuestros antepasados plantearse horarios de trabajo exigidos por la fábrica cuando el trabajo estaba marcado únicamente por las horas de sol y la disponibilidad personal. Fue impensable durante un tiempo que existiera el concepto de vacaciones o de tiempo de ocio. También fue revolucionario escolarizar a todos los niños (¡e incluso a las niñas!) o poder acceder a una sanidad gratuita. Nadie hubiera pensado siglos atrás que pudiera existir el subsidio de desempleo, o que fuera posible trabajar a quilómetros de casa desplazándose a diario, o que un autor puediera cobrar derechos por su obra durante años o incluso durante toda su vida o la de sus herederos.

¿Sigue siendo todo esto posible hoy? ¿Son necesarias todas estas cosas? ¿Algunas podrían hacerse de otro modo y podría esa nueva manera ser mucho mejor? ¿No podría ser lo normal mañana algo que hoy nos parece un absurdo?
Muchas de las cosas que he dicho son logros sociales que nos han dado una mayor calidad de vida y más derechos, a los que no podemos renunciar sin algo mejor a cambio. Sin embargo, también son mecanismos que aseguran la paz social y el orden en una sociedad determinada. Cuando todo esto cambia, ¿pueden esos mecanismos seguir garantizando esa paz social? ¿No es la crisis que estamos viviendo – no solamente económica – un síntoma de que se avecinan tiempos de cambio?

Me gustaría que en esta ocasión no fuera solamente el mantenimiento del orden social lo que configurara las nuevas instituciones del mundo que ha de venir. La vieja idea de libertad, junto con la de dignidad humana, deberían ser centrales. Emponderar a las personas y ponerlas en el centro de toda decisión debería ser la guía para el cambio. ¿Qué necesita el ser humano? Y no me refiero a lo que le han hecho creer que necesita para hacerlo esclavo de un sistema. ¿Qué necesitamos de verdad? ¿A qué aspiramos? ¿Cómo hacer del mundo un lugar más justo y bueno?

Elena Ferro

 

 

10 respuestas a Nuevo mundo, nuevos paradigmas

  1. 1
    olga dice:

    gracias por este post…

  2. 2
    EstherR dice:

    Chap’o!!!
    Estupenda reflexión! Con frecuencia, esa inercia, unida a la vorágine de actividades y estímulos que se suceden cada vez más deprisa, nos hacen más difícil parar y pensar en lo más importante.
    Cada vez veo, en más aspectos y disciplinas, que una vuelta a los fundamentos (back to basics) es lo que nos puede ayudar, al menos, a darnos cuenta de que estamos haciendo, para que y si tiene sentido.
    Gracias, Elena!

  3. 4
    Lucía dice:

    Gracias, Elena. Creo que en efecto la crisis es una oportunidad para el cambio. Y esperemos que ese cambio lo podamos construir entre todos. Uno de nuestros poderes más importantes es el que tenemos como consumidores, tanto de contenidos como de vienes y servicios. No deberíamos dejar pasar la oportunidad de usar nuestro poder…

    Un abrazo y felicidades Kireei por ayudarnos también a reflexionar.

  4. 5
    Bliss dice:

    Perdóname, Elena, pero no estoy de acuerdo contigo. Sin orden social el hombre vuelve a su naturaleza básica, la de ser un lobo para sí mismo (el famoso “Homo homini lupus” de Plauto)
    Para mí está claro que un sistema tiene que haber. El ser humano no puede estar sólo, necesita vivir en sociedad pero al mismo tiempo es capaz de lo peor y de lo mejor en esa sociedad. Con el paso de los siglos hemos dominado nuestro entorno lo que nos ha permitido superar la necesidad básica de supervivencia. De ahí, conforme a la pirámide de Maslow hemos ido avanzando y desarrollándonos, hemos pasado de tener hijos para tener mano de obra a tenerlos como realización personal, seremos capaces de llegar a las estrellas. Si consentimos que ese orden social se rompa ¿estamos dispuestos a volver a la época pre industrial? ¿Estamos las mujeres, por ejemplo, dispuestas a volver a la situación que vivían nuestras abuelas sin ir más lejos?
    Probablemente no te haya entendido bien. ¿Te importaría aclararme a qué te refieres con la vieja idea de libertad? Porque sinceramente, creo que nunca ha sido más libre el hombre que ahora.
    Un saludo! :)

    • 6
      Cristina dice:

      Sí, Bliss, en realidad sí que estás de acuerdo, Elena habla en todo momento de la necesidad de un orden social, por ejemplo en este párrafo

      Muchas de las cosas que he dicho son logros sociales que nos han dado una mayor calidad de vida y más derechos, a los que no podemos renunciar sin algo mejor a cambio. Sin embargo, también son mecanismos que aseguran la paz social y el orden en una sociedad determinada.

      Respecto, a la libertad, ciertamente ahora mismo somos más libres que hace 100 años pero nos gustaría caminar hacia una sociedad aún más libre, en sintonía con el viejo ideal de libertad más esencial, más profundo. Nunca es suficiente, no podemos dejar de buscar mecanismos para obtener una sociedad más libre y más justa.
      un abrazo!

    • 7
      Elena dice:

      Perdona que no haya contestado antes. Por suerte Cris ya lo ha hecho y muy bien.
      En ningún caso pretendo volver a una época preindustrial. Al contrario, hablo de cómo caminar hacia esta sociedad postindustrial en la que ya estamos, sin romper ningún orden como no sea para conseguir otro mejor. Cuestionar lo que siempre se ha hecho, igual que nuestros antepasados tuvieron en un momento dado que cuestionar cosas que se habían dado por supuestas y “naturales” (sin ir más lejos, la esclavitud).
      En cuanto a la “vieja idea de libertad”, no me refiero a la libertad “de antes” sinó a que la idea de libertad ha sido un ideal que ha guiado al ser humano desde hace siglos. En ese sentido, es una idea “vieja”. Que cada vez debe ser más parte realidad y menos parte del mundo de las ideas y las utopías.

      • 8
        SANTIAGO dice:

        Muy buenas reflexiones,
        Quizás tendríamos entre todos que ir haciendo un mapa donde quede claro donde estamos y a dónde queremos llegar.
        A qué llamamos libertad y a qué libre albedrío.
        La libertad debe contenernos a todos y el libre albedrío adecuarse respetuosamente al de los demás.
        Estamos fascinados, y para mi esclavizados por los valores que la sociedad de consumo nos impone sobre el paradigma del tener. El primer cambio de paradigma por tanto, debe partir desde el ser.
        La deshumanización y la esclavitud en la que está cayendo la humanidad por servir al dios tener, no tiene, desde mi punto de vista una salida sostenible para la humanidad en su conjunto, por la sencilla razón de que el ego nunca tiene bastante y el sistema actual nos dice que debemos aspirar a tener cuanto más mejor, lo cual es materialmente imposible de conseguir.
        El poder del que habla esta sociedad se limita por la propia imposibilidad de realizar por todos ese paradigma, lo que nos lleva a la frustración al no poderlo lograr por la mayoría y al abuso de una minoría sobre el resto para lograrlo sin escrúpulos y mantenerlo en exclusiva.
        Un poder paradigmático del mundo sostenible y armonioso que queremos todos se basa en un despliegue de las propias capacidades para cogestionar democráticamente todos los problemas que tenemos en conjunto la humanidad.
        Todos somos uno

  5. 9
    Lorena dice:

    Excelente reflexión, creo que lo que necesitamos de verdad es poder conciliar mas nuestras relaciones personales (amigos, familia, pareja) con nuestro trabajo… Necesitamos que a la hora de buscar trabajo con 40 años la edad y experiencia sea un plus y no una traba, necesitamos que trabajar desde casa cuando tenemos hijos pequeños sea una realidad y no un sueño realizable por una minoría pequeñisima….
    También necesitamos mas comercios pequeños que aporten mas diversidad y menos super empresas monopolizando todo… Mas cultura y menos programas basura…
    Bueno por decir algunas de las cosas que primero me vienen a la mente, gracias porque siempre es gratificante leerlas. Un beso!

  6. Pingback: Recursos personales | Anarchanthropus crapuloideus (Al fondo a la izquierda, por favor)

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