“¡Otra vez las batallitas del abuelo!”

23-1-2015 22.1.47 1

Ilustración de Elena Hormiga para Kireei 6

Yo tenía solamente veinte años y él no era mi auténtico abuelo. Era un abuelo postizo, un abuelo político. Sin embargo, durante la década que todavía vivió desde que yo lo conocí, llegué a quererlo como si fuera mi propio abuelo. Más que a mis propios abuelos de los que apenas sé nada.
El abuelo siempre estaba explicando historias. Que si en mis tiempos, que si los jóvenes de ahora no sabéis, que si “tiempos vendrán, hijo mío”. Esta última frase era especialmente graciosa, porque era la única que le oí nunca pronunciar en castellano. Después que la soltara, con el dedo admonitorio en alto, los nietos se escacharraban de risa y él se enfurecía terriblemente. Y es que no soportaba nuestra incosciencia, ignorantes al hecho de que uno podía vivir felizmente y, de repente, hundirse todo a su alrededor. Él, que pasó su juventud en una guerra fraticida y su vida adulta tragándose el orgullo con miedo.
Lo recuerdo sentado en su butaca, con sus ojos pequeñitos y su gran nariz, sus manos temblorosas pasándo páginas del periódico, sus comentarios futboleros y sus omnipresentes recuerdos. “La primera vez que estuve en Barcelona fue para ver la exposición del 28, estuve en casa de unos parientes”. “Yo, en la guerra, nunca maté a nadie”. “Cuando se acabó la guerra nos subieron a un tren, nos íbamos a Francia. Pero yo no podía irme, salté del tren y me fui caminando a casa. Estuve escondido mucho tiempo”. Sus historias nunca tenían fin.
Ahora me arrepiento de no haber escuchado con más atención, de no haber anotado sus anécdotas, de no haberlo grabado. Hace más de diez años que no está y toda la sabiduría y la experiencia que atesoraba se perdieron. Algo ha dejado tras de sí, pero todo lo que aquellos ojos vieron, lo que aquel corazón sintió, el mundo que ya no existe, su testimonio de casi un siglo… ¿qué ha sido de todo ello?
Yo, que ya he vivido lo suficiente como para ser atacada por la nostalgia pero que todavía veo un futuro abierto, desearía volver a aquellas tardes y demostrarle que sus recuerdos eran valiosos y que a través de él nos volvimos más sabios.
Algún dia espero ver las caras impacientes de unos nietos llenos de futuro, girando los ojos en blanco y exclamando “¡otra vez la misma historia, abuela!”. Pero no me apenará, sonreiré por dentro. La semilla estará plantada.

Elena Ferro

 

8 respuestas a “¡Otra vez las batallitas del abuelo!”

  1. 1
    rosana dice:

    Yo viví con mis abuelos cuando empecé en la universidad, y pienso que la sabiduría que me transmitió mi abuelo es una de las cosas más importantes de mi vida. Me encantaba escucharle, y a veces también venía mi entonces novio y ahora marido porque le gustaba preguntarle sobre cualquier tema, sobre cómo se vivía antes, sobre cómo vivió la guerra. A veces repetía una y otra vez las mismas “batallitas”, pero yo nunca le decía que ya me lo había contado. Gracias a eso, recuerdo miles de cosas, y muchas de ellas se las intento transmitir a mis hijos, para que su legado no se pierda, para que parate de mi abuelo esté también en ellos.

    Besos.

  2. 2
    María-irun dice:

    Precioso post. Yo no tuve la suerte de disfrutar de mis abuelos pues los perdí joven y mis hijos tampoco van a poder disfrutar de mis padres, pues tampoco están. Sin embargo, yo les transmito todo lo que ellos me contaban, les hablo de cómo eran sus infancias, sus vidas, sus profesiones, para que al menos el legado no se pierda del todo.
    A mí también me gusta pensar que estoy plantando mi semillita.

    Un abrazo

  3. 3
    Mireia Nieto dice:

    Hola Elena,
    Mi abuelo, mi yayo, también era un abuelo batallitas, siendo pequeña un día mi hermana y yo decidimos grabarle hablando, él podría haber llenado cintas y cintas, porque le gustaba mucho explicar anécdotas, la pena es que un trozo de la entrevista ya no se conserva porque grabamos encima (cosas de los cassettes).
    Ahora me dedico a conservar y hacer crecer la historia de mi familia y no solo la mía, también la de otros. Soy genealogista, investigo familias y hago árboles genealógicos y creo que en parte se lo debo a él.
    Saludos!

  4. 4
    vireta dice:

    lagrimones que no se parar

  5. 5
    peripepa dice:

    Yo no pude disfrutar mucho de mis abuelos : uno murió antes de que yo naciera y el otro vivía lejos…
    Eramos nosotros los que nos sentabamos a su alrededor y le pedíamos que nos contase otra vez cuando tuvo que luchar en la Batalla del Ebro, y de cómo se escpararon él y unos cuantos más del sitio dónde les habían hecho prisioneros…
    Todavía le echo de menos…

  6. 6
    Abm dice:

    Muy bonitas palabras, y bonitos recuerdos…

  7. 7
    Cristina dice:

    Gracias por el post, siempre me gusta recordar a los abuelos.
    Por suerte tuve los 4 abuelos hasta que hice 25 años, más o menos. Se murió mi abuelo que me encantava tambien escuchar con sus “batallitas”. El otro abuelo lo tuve hasta que tenía unos 32 años, mi hija ya tenía 2 años. En abril del año pasado se murió mi abuela, que la echo mucho de menos y aún tengo una abuela, de 92 años ya, pero que la quiero muchísimo.
    Sí todos explican sus batallitas y tienen un encanto que nos hace estar encantados mirando sus cara, sus ojos, su cuerpo al explicar-lo… Historias alegres, tristes, de miedo, de guerra… Son nuestras historias también, gracias a ellas somos. Y se repiten, claro que las repiten, su función es que nos entren dentro, que las sepamos bien, porque somos nosotros.
    Gracias por el post y vuestros comentarios.
    Un abrazo.

  8. 8
    Nené dice:

    Precioso post. Soy argentina, pero con un abuelo que vino de España a los diez años, y que siempre me contaba ese viaje en barco. Hace unos cuantos años que falleció, sin embargo recuerdo todas sus historias.
    Hace poco leí “El corazón helado” de Almudena Grandes, y lloré a mares por la nostalgia de la España que era su tierra de nacimiento, por los geranios y las aceitunas, por el desarraigo, por esa guerra de españoles contra españoles de la que él no participó, pero que le dolía en el alma.

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