Cuentas Hama o Ikea Pyssla

Mis hijos han descubierto una nueva afición: las cuentas Hama (en nuestro caso son la versión más económica de Ikea: las Pyssla). Cuando las vieron por primera vez no les hicieron ninguna gracia, pero ha sido ponerse a ello y no paran. Me sorprende la paciencia infinita que demuestran y la destreza que han desarrollado: yo he intentado hacer algun dibujo con ellas y acabo perdiendo la paciencia. No debo tener la psicomotricidad fina demasiado fina… En cambio, ellos se pueden pasar horas.

En Lágrimas de coco, el blog de Sonia, he encontrado – entre otras muchas pequeñas cosas bonitas que hace y que os invito a ver - estos diseños creados con las cuentas Hama.

 

(¡Star Wars me persigue!)

 

El procedimiento es relativamente sencillo: sobre una base se disponen las cuentas y, una vez finalizado el diseño, se plancha interponiendo un papel. Cuidado con esta última fase, parece fácil pero yo destruí una plantilla y derretí (o dejé sueltos) varios dibujos antes de encontrar el punto justo. Aunque, para quien me pregunte, la culpa es de mi plancha.

 

 

Terrible Yellow Eyes

Hace ya algunas semanas os hablé de Donde viven los monstruos, el clásico de Sendak y uno de mis libros preferidos. Hoy os presento el blog Terrible Yellow Eyes, que reune una colección de trabajos inspirados en esta obra, realizados por varios artistas. Os dejo una muestra y os invito a que visitéis el blog para ver el resto:

 

Saud Boksmati

 

 
                  
                                      Patrick                                                 Cory Godbey

 

Ruel Pascual

 

 Donde viven los monstruos lo podéis comprar aquí.

La casa de Swallowfield

Seleccionar fotos para una entrada no es fácil cuando se trata de fotógrafos, artistas o casas con tanto que ver, admirar y mostrar. Este es el caso de Jennifer Judd-McGee, conocida como Swallowfield, artista que trabaja sobre todo el collage y la ilustración.

Hace poco compré una de sus láminas collage en su tienda Etsy. Swallowfield trabaja sobre todo la técnica del doodle. Os muestro dos ejemplos de su trabajo y, a continuación, algunos detalles de su casa, pequeños toques que, como comentabamos recientemente, transforman una casa impersonal en un rincón único y con carácter.
 
 
 
 
             Su rincón de trabajo. Me encanta esa pared de ladrillo en blanco lleno de láminas:

 

           Toques de color con un cojín artesanal:
 

 
 
           La habitación infantil con uno de sus collages/mural:
 
 
 
 
           Estanterías y arte en la cocina, ¿porqué no?
 
 
 
 
Adorable móvil de ventana con corazones de papel, una manualidad sencilla pero muy decorativa. Y el gato que no falte.
 

 
            Flores con sus trabajos al fondo:

 

 
 
Gracias a Jennifer por enseñarnos sus preciosos rincones. Aquí podeis ver más fotos flickr
 

Daniel Montero

 

Os mostramos hoy el trabajo de Daniel Montero, un ilustrador que trabaja sobre todo con acuarela para cuentos, libros de texto y publicidad. Como él mismo me cuenta, le gusta pintar en acuarela porque de este modo consigue un estilo rectiforme espiraloide con manchitas, que en mi propio estilo idiomático serían divertidas formas con multitud de detalles y fantasía.

Parte de las que os mostramos ilustran el libro Todo el mundo cuenta: recopilación de cuentos tradicionales de todos los rincones del mundo, libro que no hemos tenido el gusto de leer todavía pero que, por su título y sus ilustraciones, promete. Si os apetece, podéis comprarlo en La Casa del Libro.

Daniel está ahora mismo trabajando en un álbum escrito e ilustrado por él mismo, ya tenemos ganas de ver el resultado. Dadle un vistazo también a su blog, donde Daniel explica con divertidas descripciones la biografia de sus criaturas.

 


 

       

 

 

 

Hacer helado casero

 
Si me dieran a elegir qué comida me llevaría a una isla desierta, escogería el helado. Me gusta en todas sus formas, sabores y colores. Aquí os dejo algunas ideas y trucos caseros para hacer helado sin máquina, para aquellos que, como yo, en estos momentos no dispongáis de espacio en la cocina para el práctico artilugio. Ahora que apetecen tanto (aunque el resto del año también), es una buena idea para el fin de semana, para meterse en la cocina con los niños a divertirse haciendo helados y, sobre todo, comiéndoselos después.
 
 
 
Helado de fruta: La fruta que elijáis se ha de congelar previamente. Para realizar el helado sacáis la fruta, la cortáis a dados, la metéis en la batidora de vaso de cristal y trituráis. A continuación añadid nata y seguid triturando, un poco de azúcar y listo. Metedlo un rato en el congelador para conseguir un poco más de consistencia. Este delicia tiene la textura de helado derritiéndose.
 
Helado de chocolate: Hervid leche y añadidle unos trozos de chocolate hasta que se derritan o, en su defecto, cacao en polvo de desayuno. Batid tres yemas e id añadiendo la leche con chocolate poco a poco para que no se corten, y un poco de azúcar. Dejad al fuego al baño maría unos minutos para que se cocine el huevo y se espese. Apagad, dejad enfriar y meted en el congelador. A partir de ahí, hace falta pincharlo cada 45 minutos para romper los cristales de congelación y conseguir la textura de helado. Si queréis tropezones añadidle pepitas o láminas de chocolate.
 
Helado agitado: He visto esta técnica en videojug y me ha parecido un experimento divertido para hacerlo con niños. Se necesita una bolsa de plástico pequeña y una grande. La grande se llena de cubitos de hielo y un par de cucharadas de sal. La bolsa pequeña se llena de leche, azúcar y el ingrediente extra que se desee (chocolate, fresa, vainilla), se cierra y se coloca dentro de la bolsa grande. A continuación se agitan las bolsas durante 5 minutos y ¡voilà!, dentro de la bolsa pequeña se habrá formado un rico helado. Se puede hacer también en un bol como véis en el video. Haced la prueba con pocas cantidades, para que no pese demasiado y lo puedan agitar los niños, y también para no estropear demasiados ingredientes si no os gusta el resultado. Contádmelo, por favor, que yo aún no lo he probado.
 


Sweet: How To Make Ice Cream In 5 Minutes

Elogio de la lentitud

 

 

 

 

 

 

 

Hace mucho que quería leer Elogio de la lentitud, de Carl Honoré. Por fin he conseguido colarlo entre mi enorme lista de lecturas pendientes. Lo cierto es que se lee muy fácilmente, es un texto típico de periodista y se basa mucho en testimonios de personas "corrientes", técnica narrativa que a mi no me entusiasma. Pero, por otro lado, pone en palabras algo que yo ya hacía tiempo que sentía como una necesidad: dejar de correr de aquí para allá como un pollo decapitado (perdonad que use esta metáfora extraida del propio libro, pero me ha parecido tan ilustrativa: correr sin saber hacia dónde ni por qué).

Lo que más me ha sorprendido es que esta necesidad de frenar, esa aplicación del dicho popular (o si no es popular, al menos lo decía mi abuela) "vísteme despacio que tengo prisa", no solo es compartida por más gente sino que ha dado lugar a todo un movimiento con diferentes vertientes. Así, podemos encontrar Slow Food, una organización nacida en Bra (Italia) que defiende una vida sin prisas, comenzando por la mesa. Esto incluye dar la debida importancia al placer, al ritmo de las estaciones, a la relación social alrededor de la mesa, a la gastronomía tradicional, a la biodiversidad agroalimentaria…

Inspirada en Slow Food, ha surgido Slow Cities, una agrupación de pueblos y ciudades con el compromiso de incrementar la calidad de vida de sus ciudadanos a través de políticas de infraestructuras respetuosas con las características de la localidad y que promueven la sociabilidad, los negocios artesanales y el respeto por el medio natural.

Alimentado por la energía de estas asociaciones, se ha estructurado todo un movimiento mundial, llamado movimiento slow cuya filosofía comparto en buena parte. No se si he entendido la necesidad de agruparse en un movimiento organizado pero, sin lugar a dudas, me parece muy necesario reducir el ritmo de vida vertiginoso que llevamos y llegar a cierta calma, que nos permita reflexionar acerca de quienes somos, qué queremos y hacia dónde vamos. Y, sobre todo, disfrutar de los placeres de la vida saboréandolos y no solamente engullendo productos y servicios de consumo.

Esto me parece particularmente importante en el caso de los niños: muchos de ellos, agobiados por horarios escolares maratonianos, mil extraescolares y actividades de todo tipo, pasan de puntillas por su niñez sin tiempo para la imaginación, la creatividad o el simple aburrimiento (¡tan necesario!). Suscribo en especial la cita de Platón que Carl Honoré usa en su décimos capítulo ("Los hijos: la educación de niños pausados"):

"La clase de educación más eficaz es que el niño juegue entre cosas bellas".

 

Si os apetece saber más, podéis adquirir aquí Elogio de la lentitud.