¿Cuál es el propósito de tus redes sociales?

 

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Ilustración de Fumi Koike

 

Como muchos sabéis hace aproximadamente seis meses puse en marcha mi Acompañamiento en marketing para pequeños emprendedores. A partir de hoy comienzo esta nueva sección, serán consejos de marketing, con texto corto, lo más sintéticos posibles,  para poder leerlos rápido y para que os abran la mirada hacia nuevas maneras de ver el marketing. 

Sin más preámbulo ahí va el primero.

En una de las fichas prácticas del acompañamiento pregunto:

¿Cuál es el propósito de tu página de Facebook?

La respuesta suele ser:

“Traer clientes a mi tienda”

Os propongo mirarlo de otra manera, darle la vuelta y empezar por el principio.

¿Cuál es el propósito de tu página de Facebook?

“Aportar valor y así crear conexiones sólidas y duraderas que con el tiempo transformen a algunos de mis seguidores en clientes”.

Un camino mucho más largo, pero más sólido.

 

 

Sweet and sour

 

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Sigo a Virginia Orive a través de su Facebook y siempre me quedo maravillada con sus fotos, por el halo que tienen de bodegón pintado. Su blog de cocina Sweet and sour es una delicia. 

 

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Mount royal mint

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Esta entrada la publicamos hace dos años pero la hemos refrescado con novedades, como estos adorables narwhales que veis o el mamut de aquí abajo. A través del blog de Lelelerele handmade conocimos los animalitos en fieltro de Mount royal mint. Y aquí los tenéis. Podéis ver la tribu entera aquí.

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Cama DIY

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¿Os habéis planteado alguna vez haceros vuestra propia cama? Esta es la que se hizo Always Roomy. Me gustan los cajones de abajo con las cestitas para poner cosa, y las plantitas.

 

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¿Conciliación?

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Imagen vía Wackystuff

 

Recientemente he vuelto a mi antigua profesión, que abandoné hace una década. A mi edad debería ser una persona experimentada y ahí estoy, como una novata. La experiencia de una década atrás apenas cuenta para nada. Y mi experiencia en otros campos profesionales es totalmente irrelevante. Soy “la que se quedó con los niños”, aunque mientras tanto estuviera formándome, estudiando y trabajando en otras cosas. No importa. No avancé por mi carril.

Por supuesto, el perfeccionamiento de ciertas destrezas requiere de la práctica prolongada y la experiencia es un valor. No me quejo de eso. Lo que me entristece un poco es pensar que es opinión generalizada en la sociedad que perdí los mejores años de mi carrera profesional (aunque gané otras cosas que para mi son más importantes) y que no voy a llegar a mucho porque ya no me da tiempo.
Muchas mujeres se ven en esta situación, mientras que los hombres que a partir de los cuarenta aterrizan en carreras profesionales congeladas por su dedicación a la familia son contadísimos.

¿Conciliación? Una amiga decía el otro día que eso de la conciliación no existe, que lo único que existe es el sacrificio. Hay que sacrificar tiempo de ocio o calidad de vida o tiempo con los hijos o la carrera profesional (parcial o totalmente) y con ello la independencia económica.
Y he aquí otro mito: ¿no habéis oído un montón de veces que a partir de ahora nadie va a estar en una misma profesión durante toda su vida y que habrá que reciclarse, reinventarse, volver a empezar un montón de veces? Me río yo de eso. Lo valorado socialmente es no moverse para salir en la foto.

Acumular experiencia, contactos, sabiduría. Hacer lo que se espera de ti. Los que son desbancados o se mueven por sus propias motivaciones son generalmente castigados de manera muy dura. “No sabe lo que quiere”. “Es un currículum errático”. “Mejor no pongas que volviste a estudiar, pensaran que no te iba bien lo que hacías antes”. Y entonces nos sueltan eso de reinventarse, para que desde la cuneta pensemos: “¡Fantástico! ¡Voy a reinventarme y a ser súper dinámica! ¡Y emprendedora!” No nos olvidemos de la palabra mágica “emprendedor”.

Yo estoy a favor del cambio, del aprendizaje y de la reorientación profesional. Pero sospecho que los que nos glosan las maravillas de volver a empezar mil veces solo quieren hacernos pasar con un poco de azúcar la dura realidad de la precariedad mientras unos pocos mantienen carreras sólidas y privilegiadas en sus sectores, haciendo lo mismo durante décadas. Son esos mismos que cuando llega a su empresa una persona que se ha reciclado no valoran en absoluto las fortalezas de ese perfil, solamente sus debilidades (que, por supuesto, también están). Esto afecta a personas que tienen inquietudes que las alejan de la vía única, pero también a todas las mujeres que después de tener a sus hijos descubren nuevas perspectivas de la vida, o intentan reorientarse para poder sobrevivir siendo madre y trabajando a la vez, o dejando de trabajar un tiempo.

El resultado es que aunque la mujer estudia y trabaja, los puestos de mando y responsabilidad recaen en su mayor parte en manos de los hombres. Cuando se habla de mujeres con cargos de gran responsabilidad siempre se menciona cómo se han apañado para conciliar su vida profesional con la de sus hijos, si los tiene. Y si no los tiene se sospecha que fue para poder medrar. ¿Cuantas veces se comenta lo mismo de un hombre? Yo nunca lo he oído.

Pronto las mujeres en la cuarentena no estaremos solas en esto de ser casi novatas a la edad en que se debería ser una profesional experimentada (y no me alegra en absoluto). Está intentando llegar al mundo laboral una generación que inicia la treintena y que no consigue hacerse un hueco. Treinta años y sin estabilidad para formar una familia o iniciar un proyecto de vida. Treinta años y todavía como becarios, encadenando el paro con los contratos temporales, o estudiando algo más para hacer currículum. Hace poco leía en eldiario.es una reflexión sobre esta juventud sin horizontes: “Nuestros proyectos no son solo nuestro derecho personal al propio desarrollo y la felicidad, son también un bien colectivo. Nuestras futuras familias, futuros negocios, futuras creaciones, futuras investigaciones, etc, son también el futuro de toda la sociedad, un futuro que no conseguimos hacer presente. Somos otro sector más de una sociedad bloqueada por culpa de una minoría que considera que se lo debe todo a sí misma y nada a nadie más, y que para mantener ese estatus necesita generar una gran base social de gente que apenas pueda vivir, sino solo sobrevivir. Somos parte de una sociedad que no se puede permitir no avanzar. Nosotr@s somos una generación que sigue siendo juventud, y que está harta de que nos sigan robando el futuro.”

En fin: a algunos les roban el futuro y otros sacrificamos nuestro estatus laboral porque nos hacen escoger. ¿Cómo conseguir una sociedad en la que los jóvenes tengan su sitio y las mujeres no deban renunciar a todo a cambio de que los hombres no renuncien a nada? (No estoy culpando a los hombres en general, muchos querrían compartir la renuncia y, simplemente, no se acepta socialmente). Tengo algunas ideas pero me gustaría saber las vuestras. Los comentarios están abiertos.

Elena Ferro

 

Catarina Sobral

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Catarina Sobral, otra ilustradora para agregar al infinito listado de ilustradores que me gustan. La paleta de colores, el estilo, las composiciones, lo que cuenta. Me gusta todo de esta ilustradora portuguesa.


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