Mimbre joguines, nuevo punto de venta de Kireei y Batiscafo, en Mahón

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Mimbre Joguines es un nuevo punto de venta de Kireei y Batiscafo en Mahón, Menorca, en Camí des castell, 34, una bonita tienda de juguetes educativos y de calidad y libros. Podéis seguir sus actualizaciones en su Facebook. 

 

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José S. Gutiérrez

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Conocí a José S.Gutiérrez hace poco en Madrid y me ha encantado su trabajo en fotografía editorial y periodística. Me han gustado sus reportajes, las temáticas, su mirada. Su blog Raw es nombre de gato también me parece muy interesante. En el José aporta no solo su mirada fotográfica sino también la textual, compartiendo sus opiniones y sensaciones acerca de lo que crea y lo que vive. Un bonito descubrimiento.

La Reguera - Retratos

 

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Evie Barrow

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El mundo de Evie Barrow se compone de creaciones ilustradas y de muñecos hechos a mano. Con base en Melbourne Evie trabaja en su propio proyecto y en colaboraciones con otros artistas e iniciativas. Podéis ver más en su web y su tienda online.

 

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Bonito look

¿Ser tu mismo o encajar?

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Ilustración de Mimi Rigaudie

 

Desde que nacemos empezamos a encajar a cada paso que damos y no hay nada de malo en ello, somos gregarios y necesitamos pertenecer a la tribu pero una cosa es encajar y otra alejarse de nuestra esencia. A menudo para encajar nos olvidamos de ser nosotros mismos. A mi me ha pasado y seguro que a la mayoría de vosotros también.

Un amigo mío llamaba, medio en broma, “ética situacional” al encajar sin olvidarse de uno mismo. Sería aquello de “allá donde fueres haz lo que vieres”. Usar recursos para, en un momento dado, resolver una situación sin mayor fricción. Relativizar, hacer excepciones.

Pero esa ética serviría simplemente para alguna excepción que otra, lo malo es cuando lo convertimos en nuestra manera de funcionar, cuando nos inventamos personajes para encajar y pertenecer, por miedo al rechazo, a no caer bien, a no ser querido, a quedarte solo. Por miedo, como siempre.

Solo cuando eres tu mismo te sientes en paz con el universo, por decirlo de manera grandilocuente. Cuando no estás intentando quedar bien, ni siendo políticamente correcto, ni siendo moderado por miedo a sonar extremista, ni siendo extremista por miedo a no ser aceptado en tu tribu, ni frágil por costumbre, ni fuerte para cumplir las expectativas que has sembrado de persona autosuficiente. Tendemos a hacer lo contrario a lo que en realidad nos mueve. Por miedo.

Hay muchas cosas que no hacemos, por miedo:

Dejar de ser coherentes con todo y abrazar las pequeñas (y grandes) incoherencias inherentes a la vida.

Contarle a los tuyos lo que de verdad te mueve y lo que de verdad te importa.

Contártelo a ti mismo, y dejar de autoengañarte con historias de conveniencia y practicidad.

Empezar a hacer lo que mejor sabes hacer y aceptar que hay cosas que nunca harás bien.

Escoger el camino más fácil y alineado contigo.

Aceptar el camino difícil. Es inevitable para muchas cosas.

Hacer las cosas por impulso e intuición, y también, sopesando y analizando. No tiene porqué estar reñido, la vida es dual.

Dejar de conformarte con un punto medio y lanzarte a conseguir lo que verdaderamente te importa.

Abandonar el estado de duda crónica que te tiene paralizado, y aceptar las pequeñas (y grandes incertidumbres que siempre existen.

Aceptar toda tu complejidad, como lo más normal y sencillo del mundo.

Hacerte amigo de tu parte oscura.

Liberarte de todo aquello que te aleja de ti mismo. Liberarte del miedo, o mejor, aceptarlo.

Porque es el miedo lo que nos aleja de nuestra esencia. Es el enemigo número uno de la libertad, la libertad de ser uno mismo. Y de encajar, si te apetece y necesitas encajar.

Ser uno mismo y encajar no tiene porqué estar reñido, pero me da la impresión de que solo se puede conseguir sin miedo. Esa es la manera de saber realmente quien eres.

 

Cuando el patio de la escuela es la ciudad

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Ilustración de Delphine Vaute

 

Quizá recordaréis un artículo que publicamos en noviembre, ¿Por qué aprender solamente dentro de una escuela?, en el que nos preguntábamos si no sería beneficioso utilizar el espacio urbano como escuela, abrir la escuela a la ciudad y aprovechar todos sus servicios, espacios y potencialidades para una educación más abierta y conectada con la vida cotidiana de sus habitantes. Mar Sastre, una lectora que vive en Viena, nos ha escrito hace poco con un comentario “en diferido” sobre aquel artículo. Nos ha parecido tan interesante que hemos querido compartirlo tal cual.

“Ahora que estamos buscando un Kindergarten para nuestro pequeño, nos hemos dado cuenta de muchas cosas que nos gustan de la Educación Infantil aquí en Viena y una de las más importantes es que los parvularios viven la ciudad donde se encuentran. Continuamente puedes ver pequeños grupos de niños y niñas que van a los parques públicos, al teatro, al mercado, en transporte público… Cuando nos hemos comenzado a informar sobre las escuelas, nos han dicho que salen cada día. Hay muchos parvularios en la ciudad que no tienen patio propio y simplemente usan los parques públicos que tienen cerca.

Seguramente habrá gente que se lleve las manos a la cabeza al pensar que una escuela no tiene patio, pero yo lo interpreto de otra manera. Si te quedas en el patio de la escuela, te quedas en una “burbuja”, pero si has de salir a la calle tienes muchas más oportunidades de aprendizaje. Aprendes a circular, a que los espacios de la ciudad están para usarlos y cómo se hace, a compartirlos con otras personas que no necesariamente tienen tu misma edad y que quizás los estén usando de otra manera. En definitiva, si te falta un espacio propio dentro del edificio de la escuela, tienes la oportunidad de aprender a usar el de tu ciudad, que en el fondo es el que vas a usar en el futuro. Esto vale también para otros equipamientos que en teoría una escuela de calidad debería tener, como el gimnasio o la biblioteca. “

Como dice le refranero, “más vale tarde que nunca”, o mejor aún, “nunca es tarde si la dicha es buena”, así que aquí tenéis la reflexión de Mar. ¿Qué os parece?