Yo compro en el pequeño comercio local porque…

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 Póster de Misako Mimoko

Yo compro en las tiendas de mi barrio porque… “Cada vez que gastas dinero, estás emitiendo un voto para el tipo de mundo que quieres”. Anna Lappé, Smallplanet.

A mi me gusta vivir en lugares a la medida de las personas, donde el tiempo deje huella, donde la gente se salude al pasar. No me gustan las ciudades levantadas únicamente con la fuerza del dinero, al gusto de las grandes corporaciones, clónicas a otras ciudades en la otra punta del planeta, siempre nuevas y relucientes con sus letreros de plástico y metal, con tiendas atendidas por dependientes mal pagados que llegan y se van sin echar raíces.

No, no me gustan esas ciudades habitadas por eternos desconocidos y en las que lo que nos resulta más familiar de las calles es aquello que antes hemos visto en algún anuncio en la televisión. “¿Estás hablando de tiendas? ¡Solo son tiendas!”, podría argumentar alguien. “¿Qué más da una tienda que otra? “ Pues no. No da lo mismo. El pequeño comercio de toda la vida está regentado por los propios vecinos, gente a la que le importa el lugar donde vive, que conoce a sus clientes, que se preocupa por lo que sucede a su alrededor.

El pequeño comercio contribuye a humanizar las ciudades, ofrece un trato más cercano y dinamiza la economía local, permitiendo a muchos vecinos ganarse la vida dignamente a la vez que proporcionan un necesario servicio a la comunidad.

Cuando gastamos dinero en un comercio local, el beneficio no se volatiliza en tan gran medida hacia manos lejanas (y ya demasiado llenas) sino que permanece en nuestro entorno, volviendo de nuevo al circuito y generando más riqueza y bienestar. 

En un pueblo o barrio con un tejido comercial sano, las calles son más seguras, la vida más agradable, el ambiente más feliz. Si escogemos bien, podemos encontrar productos de gran calidad a precios razonables y el consejo experto de aquel tendero que acumula años de valiosa experiencia en su sector.

Es posible, también, que nos sea más fácil averiguar el origen de los productos que compramos o de las materias primas con las que se ha fabricado. A menudo, el pequeño comerciante utiliza redes de proximidad: el carnicero que se abastece en una granja de la provincia que es de su confianza, el frutero que compra a la cooperativa, el pescadero que va a la subasta de la lonja…

Dentro del comercio local nos será también más fácil encontrar establecimientos que apoyen a artesanos y creadores; incluso puede que estemos ayudando a que se conserven muchos oficios tradicionales. Así, no solo estamos influyendo en la fisonomía de nuestro entorno más cercano sino también en el tipo de sociedad que se va configurando en nuestra comarca, en nuestro país.

Como sé el tipo de mundo que quiero, siempre que puedo compro en las tiendas de mi barrio. Ese es mi voto diario. ¿Y el vuestro?

 

Adviento día 6

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Fotografías de LuciaM Photography, prints en su tienda online

 

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La revolución verde urbana, artículo de Lídia Hervás y Eva Carot para Kireei 7

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Lídia Hervás, creadora de la web de nutrición infantil y ecologismo Niños Sanos, y la ilustradora Eva Carot realizaron el texto y las ilustraciones del artículo La revolución verde urbana, la naturaleza conquista la ciudad, un artículo precioso sobre las iniciativas en ciudades para enverdecerlas, bien con más espacios naturales bien con huertos urbanos. Un artículo que me encantó acompañado con unas ilustraciones que me encantan también.

Eva Carot explica en este post de manera muy bonita el proceso de trabajo de estas ilustraciones, y podéis visitar la web Niños Sanos aquí, una web llena de información significativa sobre la comida y los niños.

 

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Y aquella ciudad me sepultó. Lo recuerdo perfectamente. Me había convertido en madre hacía 3 meses y aquel día salí con mi bebé a aquella preciosa librería del centro que tanto me gustaba. Fue al cruzar Diagonal para llegar a Paseo de Gracia, cuando aquella gran ciudad cayó sobre mis hombros. Cómo quien despierta de un sueño, de 8 años, de repente no podía respirar, y me sentía profundamente agredida por un ruido constante. Me senté agitada en un banco, vi mi rostro en un escaparate y creo que, aunque tardaría años, en aquel instante decidí marcharme.

Mi diagnostico hoy sería aquello que Richard Louv, en su conocido libro “The last child in the woods” definió como déficit de naturaleza. En mi puerperio y el estado de alerta que le acompaña, había traspasado el umbral, lo que yo podía soportar sin silencio, aire limpio y contacto prolongado con la naturaleza.

Había llegado a la ciudad, como tantos miles, buscando libertad, oportunidades, espacios de relación, creación, cultura. Y toqué el cielo. Luego la ciudad me expulsó.

Sin embargo, no tengo duda. La ciudad es, en cierta forma, el hábitat natural del ser humano. Estos extraordinarios espacios de intercambio y convivencia albergan hoy más de la mitad de la población mundial. En cierta forma la ciudad es naturaleza, pero sin la naturaleza.

Pero, la frontera entre rural y urbano empieza a quebrase. Y en una bella paradoja, las nuevas ciudades, más verdes, estan naciendo de lo viejo, lo abandonado, los solares de miseria y escombros. Así lo expresa Pablo Llobera, uno de los coordinadores de la Red de Huertos Urbanos Comunitarios de Madrid. Pablo instaló en 2010 en su barrio, las Tablas, un compostador comunitario, y con el surgimiento del 15M invitó a usarlo a los vecinos. En noviembre de ese mismo año ocuparon una zona verde y le dieron vida, se convirtió en un espacio para cooperar, encontrarse, aprender, cultivar, respirar…

Los nuevos movimientos sociales van ligados a un empoderamiento y recuperación del espacio público. Recuerdo durante el 15M el impacto que me produjo ver los jardines de plaza de Catalunya sembrados de hortalizas. La naturaleza, la tierra, la agricultura ligada a la idea de participación, de derecho, de bien común.

En la ReHd de Madrid, existen 40 huertos con esta dimensión comunitaria. Algunos se han convertido en autenticas plazas: Cantarranas, Tabacalera, Campo de la Cebada, Adelfas, Aliseda o el conocido Esto es una plaza. Son hermanos de L’Horta de Porta o L’Hort indignat del Poblenou, en Barcelona. Huertos que nacen por iniciativa de los vecinos, que deciden salir del encierro de sus pisos y ocupar aquel solar en desuso que la crisis regaló y darle vida. Estos nuevos paisajes llenan nuestra mirada de dignidad.

Para mi son trincheras contra el cambio climático, espacios de salud libres de pesticidas, escuelas de nuevas formas de vivir más sostenibles, rincones de aire más limpio, refugios de ese silencio de pájaros que lo cura todo, de risas que borran la soledad del ático, de madres que comparten dudas, de miradas infantiles excitadas, conectadas, ante aquel gusano descubierto, de manos pequeñas que acarician caracoles.

Para Pablo son el alma de los nuevos barrios, conquistas sociales, grietas en el sistema neoliberal, fallos de ese ‘tu piensa sólo en ti y en los tuyos’ porque en estos espacios reinan otros valores, como el apoyo mutuo, la solidaridad, la cooperación, el trabajo intercultural e intergeneracional… También son islotes, que pueden ser archipiélagos cuando suba el mar, ante una previsible crisis de recursos energéticos, formas de resiliencia, de tener opción a cultivar los propios alimentos.

El siglo XXI nos traerá el regalo de la renaturalización de las ciudades, de mano de gente como Pablo Llobera en Madrid, Josep Tamarit (la revolución de la lechuga) en València, Josep Maria Vallès (cooperativa Tarpuna) en Barcelona…Y tantos otros. Es un movimiento imparable, de fondo y alcance mundial. El viento viene de Nueva York, con sus más de 700 huertos ya regulados y el desarrollo de la High Line, un triunfo ciudadano que ha conseguido un parque público sobre una antigua vía ferroviaria; viene de Seúl y el derribo de la autopista urbana de Cheonggyecheon o de Paris con la Fôret Linéaire, un bosque lineal aprovechando terrenos en desuso, y el plan de la alcaldesa Anne Hidalgo de invertir 8 millones de euros para potenciar la agricultura urbana, viene del exitoso pla Buits de Barcelona o el proyecto Canòpia Urbana, de plaça de les Glòries.

Cuando vuelvo a la ciudad y revisito estos espacios, siento una alegría inmensa de comprobar cómo nos reinventamos para volver a lo esencial. Los ciudadanos se empoderan y empiezan a transformar las ciudades para mejorar su vida. En el año 2000 había en España apenas mil parcelas de huertos urbanos. Hoy, son ya más de 15.000 que ocupan una superficie de 1,6 millones de metros cuadrados. Es un fenómeno viral, contagioso, imparable… En 2030 las ciudades acogerán más del 60% de la población, y es en ellas donde nos jugamos todo, el futuro del planeta y el de nuestras hijas, que viene a ser lo mismo.

 

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El festival Ruzafa loves Kids cumple 5 años tomando las calles para jugar

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Un año más y ya van cinco vuelve Ruzafa Loves Kids el festival urbano para familias que es todo un refente. Nosotros vamos hoy y el martes, día por cierto donde habrá actividades también la calle, porque de eso se trata de devolverle la calle a la gente. Ese día va a haber un debate público en la calle donde participemos todos y cuyas conclusiones serán presentadas al ayuntamiento para conseguir que Valencia sea una “ciudad amiga de la infancia”.

Noelia Terrer y Carlos Rubio, de nANUFACTURE lo han vuelto a conseguir, con mucha dedicación y esfuerzo y porque les mueve una gran motivación a la hora de hacer cosas bonitas para los niños dentro del entorno urbano de Valencia.

Podéis consultar la programación completa en su Facebook. Fotos de José Bravo

Esta es la descripción del Festival. ¡Nos vemos allí!

Del 4 al 8 de diciembre se celebra la quinta edición de Ruzafa loves Kids.

Fue el primer festival urbano para familias. Y, sin duda, es el más grande. Este año ha vuelto a batir el récord de participación. Un total de 75 locales han preparado más de 200 actividades diferentes para niñ@s de todas las edades.
Espacios de todo tipo, restaurantes, galerías, tiendas, farmacias, discotecas, peluquerías, ofrecen a las familias actividades tan variadas como conciertos, exposiciones, cerámica, maquillaje, cerámica, ganchillo, robótica, magia, disfraces, cuentos, charlas, cocina, ganchillo, pintura, guateques, poesía, arquitectura, astronomía, origami, reciclaje, fotografía… demostrando que no existe prácticamente nada que no se pueda hacer el familia.

La novedad de este año es que durante el último día, el martes 8, se cortarán al tráfico 8 calles del barrio con el único objetivo de devolverle a las familias el espacio público que nunca debieron perder.
En la calle habrá un interesante debate en la que personas de todas las edades (incluidos niños y niñas, claro) se sentarán a debatir sobre la infancia y la ciudad. 20 sillas situadas en círculo para que todo el mundo esté a la misma altura (sea una niña, un político, una arquitecta, un taxista…) y todas las opiniones cuenten por igual. Las conclusiones serán presentadas formalmente al Ayuntamiento, como petición popular. El objetivo es iniciar un proceso para convertir Valencia en “ciudad amiga de la infancia”.

Habrá otras actividades, como una guerra de almohadas, una zona para bebés, juegos de siempre… pero el objetivo principal es el uso libre y respetuoso del espacio público: patinar, jugar a la pelota, bajarse una mesa y sentarse a comer, pasear, hablar, hacer labores en grupo, jugar a pillar, al dominó… todo lo que los vecinos decidan hacer ese día.

El festival fue creado por nANUFACTURE, una marca de bebés que reivindica una crianza mejor, con la idea de transformar las ciudades en lugares más amables para la infancia. Esta edición da un paso más, haciendo más hincapié en el aspecto más reivindicativo.

La primera edición del festival, en diciembre de 2011, fue una sorpresa para el barrio y las familias. Desde entonces, el fenómeno ha inspirado iniciativas parecidas en otras ciudades y han surgido multitud de espacios y empresas que dedican parte de su programación al público infantil.

 

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Adviento día 5

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Vía Daniella White

 

Algunas casas bellas

Una casa en Mallorca, otra en Dinamarca y otra en Nueva York. ¿Adivináis cual es cual?

 

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                                                         Vía French by Design

 

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Vía My Domain

 

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