Las redes sociales son el nuevo blog

redes sociales

 

Las redes sociales son el nuevo blog ahora mismo, es el campamento base desde donde la gente navega por las webs y blogs que sigue o que descubre. Por eso es importante que estéis con vuestro proyecto en redes, que tengáis presencia allí. Eso no quiere decir que el blog haya muerto, ni mucho menos. Necesitáis un soporte donde publicar lo vuestro, un techo, un sitio concreto. En redes invitáis a la gente a visitaros a vuestra casa. Construir una casa donde publicar sigue siendo necesario, un sitio vuestro donde vuestros contenidos no desaparezcan.

 

Ama

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Ama es una linea de mantas para niños de lana merino extrafina que son una delicia, bonitas y de una calidad exquisita. Lena Wells diseñadora que ha trabajado con Calvin Klein, Alexander MCQueen y Hussein Chalayan es la directora creativa y fundadora de esta empresa. 

Con un tamaño perfecto para el carrito o la cuna están concebidas para durar y permanecer como un tesoro que pase a las siguientes generaciones, una de esas piezas para guardar.

Las mantas Ama se hacen en Escocia, de manera artesanal con lana merino italiana, hay siete estilos distintos en colores gris, rosa, azul, y caramelo, e incluye un modelo que muestra la fecha de nacimiento del bebé. Podéis ver toda la gama y comprarlas en su tienda online.

 

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Bonito look

El búho lector, nuevo punto de venta de Kireei y Batiscafo en Oviedo

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El Búho Lector es una bonita librería situada en la c/ Nueve de mayo, 14, en Oviedo. Desde ahora punto de venta de Kireei y Batiscafo. Contentos de tener un nuevo punto de venta en Asturias. Podéis seguir sus actualizaciones a través de su Facebook.

 

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Ramo de flores de fieltro

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Sorprendente ramo de flores en fieltro como bouquet para boda, visto en Something Turquoise.

 

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Nuevo mundo, nuevos paradigmas

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Vía Ancient shades

Tener un trabajo es normal, ir a la escuela, cumplir las leyes y normas, comer en unas determinadas franjas horarias. Todo el mundo aspira a ser él mismo, a ser libre, pero a la vez aspira a ser normal. Aceptado. Singular pero normal.

Las rutinas y verdades que aceptamos como universales en nuestro mundo, ¿por qué son así?
Foucault nos diría que es una cuestión de poder: el poder es ejercido desplegando el control sobre los individuos a través del monopolio de la verdad. Las instituciones – la escuela, el hospital, la cárcel, la justicia, la empresa – se apropian de la verdad y marcan lo que es normal. Todo ello es resultado de un cambio de paradigma de las relaciones sociales surgido a partir del siglo XVIII como consecuencia del nuevo orden político, social y económico (capitalismo y sociedades industriales). Las antiguas formas de poder basadas en el ritual y la violencia son sustituidas por una sumisión más sutil: a la vez que el mundo ve triunfar la idea revolucionaria de libertad se establecen mecanismos de control en la escuela, el trabajo y la vida cotidiana en general. La obediencia es normalidad, la normalidad es obediencia.
Sin entrar a valorar la conveniencia o ética de que existan estos mecanismos de control para evitar el caos social, preguntémonos de nuevo por qué el mundo funciona como funciona.

Enviamos a nuestros hijos a la escuela porque el capitalismo necesitaba formar mano de obra y alfabetizar al obrero. La educación obligatoria se ha ido extendiendo con el tiempo porque los saberes que el mercado de trabajo exigía eran cada vez más complejos. Y eso sin perjuicio de que dentro de la institución escolar se hayan plantado también semillas de libertad por parte de ciertos agentes.
Tenemos relojes porque ya no basta ver el sol y escuchar las campanas para ordenar nuestro tiempo diario: la racionalización de los horarios es necesaria para el orden social y el funcionamiento del capitalismo. Por eso mismo nos desplazamos a centros de trabajo y cada día millones de personas inundan las carreteras, las calles y los transportes públicos, y por eso la mayoría vivimos en centros urbanos.

Nuestra sociedad es burocrática porque la creciente complejidad exigía procedimientos exactos y eficientes. Es necesaria la división de las tareas, la especialización, la jerarquía, el establecimiento de relaciones impersonales e intercambiables, aún a riesgo de perder flexibilidad, diluir la responsabilidad personal e incurrir en rigideces e inercias.
Cosas similares podríamos decir acerca del consumo, la sanidad, la cultura, la explotación del medio ambiente.

Un momento. La inercia. Nos hemos creído unas verdades pero el mundo ha cambiado. La sociedad postindustrial ya no tiene las mismas necesidades que la sociedad industrial. La información y el conocimiento ya no son monopolio de unos pocos. El control de esa verdad que marca lo que es normal se ha difuminado. Preguntémonos cuan estraño fue para nuestros antepasados plantearse horarios de trabajo exigidos por la fábrica cuando el trabajo estaba marcado únicamente por las horas de sol y la disponibilidad personal. Fue impensable durante un tiempo que existiera el concepto de vacaciones o de tiempo de ocio. También fue revolucionario escolarizar a todos los niños (¡e incluso a las niñas!) o poder acceder a una sanidad gratuita. Nadie hubiera pensado siglos atrás que pudiera existir el subsidio de desempleo, o que fuera posible trabajar a quilómetros de casa desplazándose a diario, o que un autor puediera cobrar derechos por su obra durante años o incluso durante toda su vida o la de sus herederos.

¿Sigue siendo todo esto posible hoy? ¿Son necesarias todas estas cosas? ¿Algunas podrían hacerse de otro modo y podría esa nueva manera ser mucho mejor? ¿No podría ser lo normal mañana algo que hoy nos parece un absurdo?
Muchas de las cosas que he dicho son logros sociales que nos han dado una mayor calidad de vida y más derechos, a los que no podemos renunciar sin algo mejor a cambio. Sin embargo, también son mecanismos que aseguran la paz social y el orden en una sociedad determinada. Cuando todo esto cambia, ¿pueden esos mecanismos seguir garantizando esa paz social? ¿No es la crisis que estamos viviendo – no solamente económica – un síntoma de que se avecinan tiempos de cambio?

Me gustaría que en esta ocasión no fuera solamente el mantenimiento del orden social lo que configurara las nuevas instituciones del mundo que ha de venir. La vieja idea de libertad, junto con la de dignidad humana, deberían ser centrales. Emponderar a las personas y ponerlas en el centro de toda decisión debería ser la guía para el cambio. ¿Qué necesita el ser humano? Y no me refiero a lo que le han hecho creer que necesita para hacerlo esclavo de un sistema. ¿Qué necesitamos de verdad? ¿A qué aspiramos? ¿Cómo hacer del mundo un lugar más justo y bueno?

Elena Ferro