Sentir pena de uno mismo

 life

Lettering de Matt Vergotis

 

“La vida ja és la vida” Josep Palau i Fabre.

Motivos para sentir pena de uno mismo todos tenemos. Algunos más que otros, por supuesto. Parece que la vida a algunos les brilla desde que nacen y otros, sin embargo, se arrastran por un camino lleno de escollos y penurias, de ausencias y carencias.

Durante muchos años yo sentí pena de mi misma, porque claramente no había tenido ni tenía la vida que merecía. La que todos merecemos. Y aún no tengo la vida que merezco, la que siempre he soñado, pero ya no siento pena por mi misma. En algo he madurado. Y he madurado en la manera en la que he sido capaz de integrar que hablar de merecer es un sinsentido, porque está claro que la vida no es justa. Ni para mi ni para nadie.

La vida es maravillosa, pero también es atroz, es las dos cosas. Y aunque no soy creyente ni religiosa sí que soy espiritual y sí que he sido capaz a lo largo de los años de salir de mi propio ombligo y sentirme parte de algo más grande, que se me escapa de las manos. Algo que no se rige por la razón, ni la justicia.

Las cosas que no tuve no puedo tenerlas ya, paso su tiempo. Ojalá no hubiera sufrido de más, con esa narrativa que me he contado toda la vida, del merecimiento, de la injusticia, de ¿Porqué yo?. Ojalá todos seamos capaces de no tener dobles sufrimientos, el de las carencias por un lado y el de la pena que te producen. Con uno ya es suficiente. Porque con dos, el primero se vive mucho peor.

La vida es así de inexplicable, no es justa, sencillamente. Y solo hay que vivirla.

 

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