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La escuela deseada, la escuela soñada

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En Kireei magazine solemos publicar artículos que tocan el tema de la escuela de diversas maneras. Nuestro equipo está formado por docentes y madres y padres, es un tema que conocemos de primera mano y que nos interesa muchísimo. Estamos convencidos de que el mundo solo puede ir a mejor si los primeros años de la vida de los niños mejora, sobre todo a nivel emocional.

En Kireei 5 publicamos un artículo al que le tengo mucho cariño tanto por el maravilloso texto de Borir Mir, profesor en L’institut escola Les vinyes, como por las fantásticas ilustraciones de Coaner, colaboradora nuestra también en Batiscafo. La idea era reflexionar sobre la escuela deseada, la escuela soñada. Las ilustraciones están concebidas como láminas o pósters que puedan ser usados por quien lo desee. Si tenéis un centro o escuela y os apetece tenerlas sobre vuestras paredes nos podéis escribir al mail de Kireei y os enviaremos los archivos en alta resolución para que os los podáis imprimir.

Os dejo ahora con el artículo…vale mucho la pena leerlo, contiene lo que a nuestro entender son las claves para una nueva escuela, totalmente necesaria, hoy más que nunca. Si os apetece, compartidlo.

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La escuela deseada
Instrucciones para soñar despierto

Todos hemos ido a la escuela. Fuimos felices o desgraciados en ella pero sea como sea nos marcó para siempre. Para un adulto su escuela es, ante todo, una vivencia y una remembranza. Una invención, en realidad, porque la vida no es lo que uno vivió sino lo que uno recuerda y la memoria, decía John Dewey, es una experiencia sustituta.
Por ello el deseo de una escuela mejor siempre está rodeado de la nostalgia del recuerdo y de la esperanza futura en una mejor educación. Porque ¿quién no ha deseado una escuela mejor que la suya? Para sus hijos, para sus nietos, o para trabajar en ella. Todos aspiramos a una escuela excelente aunque discrepemos sobre cómo debe ser esa escuela ideal. Hay muchas expectativas, muchas exigencias y muchas esperanzas depositadas en esa escuela soñada.
Sin embargo los sueños adolecen de dos grandes debilidades: no son decisiones y no son acciones. Para transformar verdaderamente la escuela hay que soñar despierto, hay que liberarse de la nostalgia y también de la esperanza vana. Aquel que quiera renovar la escuela debe convertir su sueño en propósitos y sus propósitos en acciones. A mi entender esa es la contribución realista y poderosa que puede regenerar realmente la escuela, tanto como ciudadanos, como padres o como docentes.

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Del sueño al propósito

Si tuviera que elegir un propósito específico, un reto importante para hacer tangible el deseo de una escuela mejor, propondría la personalización de los aprendizajes: un aprendizaje para cada necesidad y un lugar para cada persona. En otras palabras, formularía que el gran reto de la educación actual es diversificar sin excluir.
Personalizar sin excluir no significa individualizar sino todo lo contrario pues el proyecto último es ofrecer a cada uno el mejor lugar entre nosotros. Un buen lugar en el seno de la familia, de la comunidad, de la sociedad y, en consecuencia, un buen lugar en la escuela. Y este lugar no puede ser un espacio excluyente sino un lugar común que se habita en pie de igualdad y dignidad.

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Personalizar los aprendizajes

Personalizar la educación desde el papel del docente puede adoptar infinitas formas pero quizás sea útil destacar algunas de ellas. Propongo tres ámbitos para esta diversificación: el de los contenidos, el de los procesos y el de los resultados.
Diversificar los contenidos significa, simplemente, que no todo el mundo aprende lo mismo. A diferente contenido, diferente grado de complejidad, diferente contextualización, diferente acompañamiento… Es tan simple como aprender a leer leyendo libros diferentes, a interpretar tocando canciones diferentes, a redactar escribiendo textos sobre temas diversos. Se trata de abordar el currículo de forma selectiva estableciendo prioridades según las necesidades personales.
A diferentes procesos, diferentes caminos: trabajo individual, en pareja, en pequeño grupo… A partir de múltiples ejemplos, presentados abierta y libremente, o explorando una idea o un concepto para hacerlo tangible. Ir de lo general a lo específico, de lo concreto a lo abstracto, de lo conocido a lo ignorado, de la hipótesis personal al conocimiento científico. Permitir la autorregulación y la toma de decisiones sobre cómo aprender.
A los niños les gusta trabajar en grupo, socializarse; propongámosles retos a todos y ayudemos a construir equipos donde solamente hay grupos. Diversificar los procesos puede ser combinar amistades, promover asociaciones dispares o afrontar la complejidad desde lo heterogéneo y no desde lo uniforme. Y puede ser, también, respetar la soledad (algo muy difícil en la escuela actual) pues los niños también gozan con el ensimismamiento, con la reflexión silenciosa, en retiro. Dejemos tiempos y espacios de libertad para que cada persona explore, reflexione o juegue; en la escuela, en casa… en cualquier escenario.
Y, finalmente, diversificar los resultados esperados: los productos, las realizaciones, los proyectos… todo lo que nos permite visibilizar el aprendizaje, pues sin producción el aprendizaje es algo mental, esquivo e invisible. ¡No convirtamos un convencional ejercicio escrito en la forma principal de evaluar lo aprendido! Aceptemos la creatividad en los productos, la versatilidad y la diferencia. Busquemos una evaluación que sirva para demostrar lo aprendido, no para sancionar lo que se ignora.

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Diversificar el aula

Diversificar el aula es la consecuencia ineludible de personalizar los aprendizajes. Un aula diversificada no es un aula tradicional, no cuenta con que todo el mundo esté haciendo lo mismo de la misma manera, trabaja de manera totalmente diferente. El aula es entonces un espacio compartido en el que se crean las condiciones para que el aprendizaje sea posible – aprendizaje que es personal en convivencia y en colaboración con otros.
En un aula diversificada hay movimiento, interacciones, multiplicidad de tareas… hay cierto desorden, hay conflictos, hay ruido sin duda. Requiere aceptar la incertidumbre, ceder parte del control y del mando. Diversificar el aula exige conceder poder para empoderar a los alumnos. Dar libertad de acción aun a riesgo de perder oportunidades, tiempo o recursos. No es posible dar “una lección” a cada alumno en este contexto. Hay que asumir un papel de sosegado acompañamiento, de diligencia adulta, de disponibilidad afectiva. La docencia se basa en la serenidad, no en la paciencia como creen algunos.

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Celebrar la singularidad

Si el aprendizaje es personal la singularidad del alumno gana relevancia, un alumno que es aceptado tal y como es y alentado a ser mejor. Aceptar no significa conformarse, en realidad quiere decir partir del aprendiz , de cada persona única y extraordinaria. Aquí la personalización debe comprender, por lo menos, tres fuentes de singularidad: las diferentes capacidades de cada uno, los diferentes deseos y motivaciones y, finalmente, las diferentes estrategias de aprendizaje que todos tenemos.
Desarrollar en cada uno su potencial es una aspiración permanente de toda buena escuela. No todos tenemos las mismas aptitudes, ni las mismas capacidades; aceptar esa diferencia nos obliga a no renunciar a que TODOS aprendan. Nada de “niveles” pues hay tantos “niveles” como alumnos en clase. Nos obliga a proponer una enseñanza que estimule a cada uno a ir más allá de lo que le resulta fácil y cómodo, no un justo medio que empobrezca a todos. Significa exigir a cada uno el esfuerzo indispensable para llevar a cabo un objetivo asequible que enriquezca sus conocimientos, sus competencias y sus valores.
Tampoco tenemos todos los mismos intereses, afinidades o pasiones. Ignorar la existencia del deseo no lo hace desaparecer sino que hace que el aburrimiento y el desinterés campen a sus anchas, alejando el trabajo comprometido y el esfuerzo de las aulas, así que hay que gestionarlo y estimularlo. Y lo que verdaderamente nos motiva es la autonomía para actuar, la evidencia del progreso o la finalidad con que hacemos las cosas. Hay que dar motivos para la motivación, articular todo este escenario de afectos e intereses con tacto pedagógico y firmeza a la vez. Aceptar sus deseos y sus intereses para, sin duda alguna, llevarlos más allá.
En tercer lugar hay que considerar el perfil singular de aprendizaje de cada persona. Afortunadamente en los últimos años han aflorado múltiples perspectivas para afrontar este tema: la pedagogía de la gestión mental, las inteligencias múltiples, las contribuciones de la neurociencia… Entender los diferentes modos de pensar, de comprender, de imaginar, nos ofrece herramientas muy poderosas para mejorar el aprendizaje.

Soñar despierto

Uno desearía encontrar el propósito justo, la medida oportuna, el camino correcto que nos llevara a esa escuela soñada… pero no existe tal itinerario pues la educación es demasiado compleja, demasiado orgánica para dejarse atrapar en un sueño. Así que no nos queda otro camino que el trabajo permanente en propósitos, medidas, decisiones provisionales e insuficientes. Un caminar que es también búsqueda. Nos queda soñar despiertos y actuar en una escuela siempre provisional pero algo mejor, algo diferente, a la del curso anterior, a la de hace unos años, a la de nuestra infancia.

 

Los espacios de libre circulación de La Llacuna de Poblenou

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Cuando pensamos en una escuela normalmente imaginamos niños divididos por grupos de edad clasificados en aulas, dentro de las cuales se desarrolla una actividad dirigida por un maestro. Pero no todas las escuelas funcionan así. Algunas, intentando dar respuesta a la diversidad dentro del aula, a las diferentes capacidades, intereses y estrategias de aprendizaje de los alumnos, y también buscando la manera de fomentar la autonomía y la responsabilidad dentro del ejercicio de la libertad, exploran otros caminos. La escuela pública La Llacuna del Poblenou, en Barcelona, es un ejemplo que he conocido de la mano de Jordi Martín, su jefe de estudios.

 

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Como escuela nueva ha ido definiendo su proyecto educativo, que todavía está en construcción. El actual equipo directivo, apoyado por el claustro, ha tenido muy clara su voluntad de hacer una escuela para educar a personas responsables y libres. Su mirada sobre el niño ha querido ser atenta y respetuosa, y así lo percibo mientras visito la escuela. Aquí no veo niños en silencio, quietos y atentos, sino niños que se mueven por las aulas (y entre aulas), que conversan, que se sientan en sillas o en el suelo, que se concentran en alguna actividad que los absorbe, que construyen, que preguntan, que muestran lo que han hecho, que observan… Durante el rato que estoy en la escuela puedo ver que las aulas son espacios donde tienen lugar múltiples actividades simultáneas y el maestro se convierte en un acompañante al que los niños acuden cuando lo necesitan. Pero, contrariamente a lo que se podría esperar, no hay ningún jaleo ensordecedor, no hay caos (o yo no lo percibo), no hay gritos… Los niños parecen tranquilos, concentrados y ocupados.

 

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Jordi me explica que hasta el curso pasado hacían tres sesiones de talleres a la semana, de una hora u hora y media, en los que mezclaban a niños de dos niveles diferentes. Este curso han pasado a hacer una hora cada día de espacios de libre circulación para los alumnos de infantil y para los de primaria de 1º a 3º. Cada uno de estos espacios, la mayoría montados dentro de las aulas de los grupos-clase, tiene su nombre, que define el area de conocimiento a la que hacen referencia las propuestas principales – aunque no exclusivas. Los espacios de primaria son Nido de ciencia, Construcciones, Luces y sombras, Laboratorio de sonidos, Taller de arte, La tienda y Cuentos e historias. Los de los más pequeños son Aula de luz, Aula de sonidos, Espacio de ciencia, El hospital, La cooperativa, Los disfraces y El espacio de arte, además del juego simbólico que está repartido por todas partes. También disponen de espacios de lectura o pequeños rincones para escuchar música, aprovechando los pasillos. A partir de enero quieren introducir el espacio de Cuerpo y Movimiento, en el gimnasio.

 

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La idea es renovar estos espacios cada trimestre y dentro de cada espacio se van adaptando las propuestas a medida que el maestro responsable detecta nuevos intereses o considera que una nueva actividad puede resultar motivadora o conveniente. La participación en cada actividad es totalmente libre para los niños, así como el cambio entre espacios. De hecho, no son realmente “actividades” en el sentido cerrado y dirigido sino provocaciones que pueden dar pie a múltiples acciones por parte de los niños. Algunos alumnos van cambiando, otros son fieles a un espacio y a una actividad. Los maestros responsables no se muestran preocupados por este hecho: el mismo aprendizaje se puede conseguir desde diferentes caminos, poniendo en juego las estrategias más apropiadas para cada niño. Los tres cursos de los mayores (4º, 5º y 6º) continúan con la misma estructura de talleres que el año anterior pero con la intención de reconventir esa franja horaria en espacios de libre circulación más adelante. 

Le pregunto a Jordi el por qué de este cambio y me contesta: “Este paso adelante, como nos gusta decir a nosotros, nace a mediados del curso anterior cuando un grupo de maestros del claustro empieza a reflexionar sobre qué y, especialmente, cómo aprendemos. De esta manera pensamos una manera que fomentara más el trabajo de la autonomía y la responsabilidad, que respetara los diferentes ritmos y atendiera al máximo a la diversidad. Vimos la necesidad de crear contextos ricos y provocaciones que supusieran un reto y un estímulo para aprender, que ayudaran a elaborar un pensamiento crítico y comprometido, y que fomentaran la creatividad y el trabajo cooperativo en un entorno estéticamente agradable, dentro de un clima de calma. Es cierto que no hemos inventado nada, de hecho muchos maestros del claustro nos hemos dedicado a visitar otras escuelas y a formarnos en esta línea. Esperamos que todo esto nos ayude a crear nuestro propio proyecto de La Llacuna.” 

Llevar adelante un proyecto propio de estas características requiere mucha formación e investigación por parte de los maestros. También hace falta trabajo en equipo, reflexión, autoevaluación, coordinación y muchas horas de preparación de las provocaciones y de los espacios. Y, sobre todo, entusiasmo e ilusión. Por lo que he visto, nada de esto falta en La Llacuna del Poblenou. Desde aquí los felicitamos por la iniciativa y les deseamos mucha suerte con el proyecto.

 

Brightworks, una escuela extraordinaria

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Imaginad una escuela donde no hay aulas. En la que los alumnos no están separados por edades. Una escuela en la que los niños aprenden construyendo y creando con sus manos, a partir de sus propias ideas, investigando en el mundo real y utilizando herramientas de verdad.

Eso es exactamente la Brightworks School, una escuela alternativa de San Francisco que acoge a un pequeño grupo de alumnos de entre 6 y 13 años en una gran nave acondicionada con la ayuda de los propios niños. Los mayores acometen sofisticados proyectos, los pequeños juegan y todos aprenden unos de otros. No hay exámenes ni tests, la evaluación se hace a través de portafolios.

 

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El fundador de la Brightworks, Gerver Tulley, ha aplicado en esta escuela lo que aprendió previamente en la Tinkering School, una escuela de verano en la que los niños se dedican a construir objetos imaginados por ellos mismos. Tulley cree en la necesidad que tienen los niños de experimentar por ellos mismos, de crear cosas con sus propias manos, de comprobar que lo que imagina puede hacerse realidad, de hacer actividades “peligrosas” (siempre con las medidas de seguridad pertinentes), de equivocarse y volver a intentarlo.

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La dinámica de trabajo en la escuela se basa en lo que denominan “el arco”, una estructura que facilita a los estudiantes explorar sus ideas y perseguir sus intereses. Cada arco tiene como premisa un tema central, que puede ser explorado desde múltiples perspectivas. Por ejemplo, el tema puede ser el viento, y eso puede llevar al campo de la meterología, la náutica, la aeronáutica, el arte, la literatura, la mitología…

Los estudiantes abordan el tema en tres fases: exploración, expresión y exposición.

 

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En la fase de exploración se proporciona a los alumnos experiencias que les abran diferentes puntos de vista y sensaciones nuevas sobre el tema central: juegos, experimentos, visitas de expertos, audiciones, videos, libros, museos…

En la fase de expresión los alumnos deciden su proyecto, lo presentan a la comunidad y solicitan los materiales, herramientas y ayudas (quizá de algún experto) que necesitan. Hay un plazo y un compromiso.

En todo el proceso, los alumnos cuentan con los colaboradores de la escuela (adultos preparados para acompañarlos en su proceso creativo), y también con la familia, algunos voluntarios y personal de apoyo.

Una vez alcanzada la fecha límite, los alumnos hacen una exposición pública de su trabajo. Entregan su portafolio, explican su proyecto, exponen el resultado, aceptan críticas de la audiencia y, en cualquier caso, el éxito es la creación, los errores se aceptan y son fuente de aprendizaje también.

 

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Un arco dura entre unas semanas y dos meses. Un curso escolar se compone de varios arcos sucesivos, intercalados con excursiones, proyectos espontáneos y mucho juego. 

Todas las imágenes son del blog de Brightworks. Visitadlo y disfrutad conociendo su día a día, es realmente increíble. Y no os perdáis este video: 

 

Brightworks School from Alex Schollar on Vimeo.

 

Arquitectura escolar en Finlandia

Cuando todavía en las redes sociales y en la calle resuenan los comentarios sobre el reportaje de Salvados dedicado a la educación, os traemos unas imágenes que hemos encontrado en el blog Aprender de Finlandia, un espacio dedicado a divulgar y analizar los elementos que hacen de la escuela finlandesa un ejemplo mundial de equidad y excelencia educativa.

Entre todos los interesantes artículos que comparte este blog hay una reflexión sobre la arquitectura escolar a través del libro The Best School in the World: Seven Finnish Examples from the 21st Century. Tan acostumbradas deben estar las instituciones finlandesas a ser interrogadas acerca de estas cuestiones que el Museo de Arquitectura Finlandesa (MFA) ha decidido editar este libro en inglés pensando en un público internacional. Podéis ver y descargar el catálogo en pdf desde issuu (para bajarlo hay que registrase o acceder desde Facebook). 

Hace un tiempo hablamos aquí en Kireei de la estética en la escuela y ya entonces hubo alguna lectora que hizo referencia también a la importancia de la arquitectura escolar. Pues bien, he aquí algunos ejemplos finlandeses extraídos del libro editado por el MFA:

 

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La educación en Finlandia se concibe como una cuestión nacional de primer orden, y han apostado por un aprendizaje activo basado en la experiencia. Creen que los alumnos adquieren los conocimientos a través de su aplicación, y que es crucial ofrecer aprendizajes significativos. Para ello utilizan múltiples técnicas y formas de trabajo, y la manera de trabajar no es ajena a los espacios donde se lleva a cabo.

Aprender, según las instituciones educativas finlandesas, es una actividad muy dependiente del contexto. Las estrategias de enseñanza están influenciadas por varios factores ambientales y el aprendizaje es inseparable del entorno físico en el que se produce. Por lo tanto, diseñan sus escuelas pensando qué actividades van a llevarse a cabo en cada espacio y de qué manera pueden favorecer las dinámicas más efectivas para que los alumnos aprendan.

Destacan en los entornos escolares finlandeses los espacios abiertos, las salas polivalentes, los espacios adaptables a diferentes funciones así como los pensados específicamente para ciertas actividades. Siempre buscan maximizar la luz solar debido al riguroso clima finlandés pero también por la importancia de la luminosidad para crear un clima de trabajo sano, alegre y positivo. Por esto también buscan ofrecer el máximo confort ambiental, sonoro y visual. Sus edificios no son tanto un lucimiento arquitectónico como una búsqueda de la funcionalidad requerida. 

Si os interesa un ejemplo concreto de esta experiencia de éxito, podéis pasar un día en la escuela de primaria Strömberg

 

Los entornos de aprendizaje deben ser bonitos

Menudo título largo me ha salido. Y además, resume todo lo que quiero decir con esta entrada. La idea surgió en un comentario a este larguísimo post, El jugar no tiene edad, que dejó Ana Sancho Romeu recomendándonos visitar en su Pinterest la estupenda selección de ideas (For the classroom) que ha tomado de diferentes fuentes para su clase (es maestra en una cooperativa de padres a las afuera de Nueva York). 

La selección me gustó tanto y me pareció tan inspiradora que no he podido resistir el mostraros algunos ejemplos, abundando en aquello tan repetido de que una imagen vale más que mil palabras. Pues a veces, sí, una imagen vale mucho. Y Pinterest es un tesoro.

Let the children play

 

Reggio Emilia-inspired classroom

 

Aesthetic outburst

 

Teach Preschool

 

Children roots

Esta es solamente una muestra. Ana tiene muchas más imágenes en For the classroom (Pinterest). Y si queréis leer acerca de por qué la estética es importante (y no es solamente un tema superficial), hace un tiempo escribí esta entrada: La estética en la escuela. Dadle un vistazo si os la perdisteis.

 

La estética en la escuela

Si crees que rodearse de cosas bonitas no es una frivolidad y que la estética no es solo una cuestión de forma sino de fondo, no un tema superficial sino una declaración de principios de largo alcance, entonces estarás de acuerdo en que esto también es cierto para los niños. 

Decía Francesco Tonucci en una reciente conferencia que la escuela debería proporcionar un entorno rico, que solo entrar allí fuera ya un acto educativo, y que los espacios deberían ser adecuados con el mismo criterio y cariño con el que decoramos nuestras casas. Todos nos sentimos mejor si nuestra casa nos parece bonita, siempre es más agradable trabajar en un entorno acogedor y, sin duda, todos intentamos personalizar y mejorar los espacios en los que nos movemos.

 

Después de oir a Tonucci decido hablar con las dos personas que más saben de juego infantil que conozco para preguntarles acerca de la importancia de la estética en los juguetes – que, al fin y al cabo, son las herramientas de trabajo de los niños – y en los espacios de juego y aprendizaje.

Carmen y Claudia, de JugariJugar, me explican que la estética de los juguetes es importante: “Tienen que ser agradables a la vista, sin colores estridentes y preferiblemente de materiales naturales. Esto liga con la funcionalidad, porque una estética simple cede el protagonismo al niño. Además, la estética es importante por dos motivos más. Uno, igual que hacemos los adultos, es más fácil tratar con cuidado y aprecio aquellos objetos que nos gustan. Y dos, si a nosotros nos gustan los juguetes de los niños, transmitimos un respeto y cariño hacia estos objetos que harán que ellos los vean con otros ojos y los vivan y jueguen de otra manera.”

También insisten en la importancia de la disposición de esos juguetes en el espacio, en función de cuatro criterios principales:

- El orden: “Es la base de un espacio armónico, y facilita que los niños se puedan responsabilizar de él y mantenerlo con autonomía. Tres son los elementos clave: la cantidad (limitada), la facilidad para ordenarlos y la disposición.”

- La flexibilidad: “Los espacios deben adaptarse a las necesidades de los niños y adultos que los habitan. La flexibilidad facilita plasticidad en la actitud y la generación de ideas. Un espacio flexible nos habla de personas flexibles a su cargo”.

- La autonomía: “Poder acceder a los materiales libremente permite satisfacer la necesidad interna de exploración, descubrimiento y aprendizaje de los niños y niñas. De esta forma no solo respetamos sus necesidades sino que además favorecemos un aprendizaje mutuo, porque el profesor o acompañante recibe constantemente mensajes de las necesidades de los niños”.

- Diversidad de materiales: “Dentro del aula deberíamos poder encontrar materiales de diferentes áreas de interés o incluso de exigencias curriculares. También es importante mencionar que de una misma área conviene que haya al menos dos o tres materiales distintos porque no todos los niños responden igual a todos los materiales.” 

Esto, que es válido para casa, me lo cuentan pensando en la escuela y me resumen así su visión de la importancia de la estética en ese espacio:

“Cuando entramos en un aula, igual que cuando entramos en una casa, podemos recibir mucha información de las personas que viven en ella. En el aula lo vemos por el tipo de materiales, la decoración, el orden, la disposición del mobiliario, los trabajos infantiles expuestos, el uso de mesas y sillas…

Espacios y materiales no son indiferentes ni para los niños ni para los adultos. Sabemos que las características de los materiales influyen en el aprendizaje, en las conductas, las relaciones, las sensaciones y sentimientos que se despiertan.

Los niños y niñas aprecian lo mismo que los adultos: espacios amplios, bien ventilados, luminosos, no cargados. Cuando un espacio respira y es agradable los niños se encuentran mejor y pueden concentrarse más rato.

Diferentes pedagogías que han hecho un trabajo profundo al respecto basan buena parte de su filosofía en la importancia de los espacios. Así, la pedagogía Reggiana nos habla de espacios para ser y estar. En la pedagogía Waldorf, el contacto con la naturaleza es importante, y también dan valor a los materiales hechos por los propios niños, maestros y padres. Para la pedagogía Montessori, la autonomía de los niños en los espacios es uno de los principios más importantes.”

Decidida a comprobar la aplicación práctica de estas teorías, me pongo en contacto con Astrid Ruiz, directora de la Escola Congrés-Indians, una escuela pública de educación viva y activa. Esta escuela, que actualmente está en barracones a la espera de tener lista su ubicación definitiva, no ha abandonado por ese motivo los criterios estéticos a la hora de acondicionar sus espacios. Por el contrario, es un elemento imprescindible en su proyecto educativo, que se centra en un acompañamiento respetuoso y una atención exquisita a los aspectos emocionales. La escuela, que este curso tiene alumnos de P3 y P4, se organiza por ambientes libres (arte, laboratorio de los sentidos, juego simbólico…) y talleres (agua, lenguaje matemático, música…). En su breve experiencia de dos cursos han podido constatar que el funcionamiento ha mejorado y que las cosas fluyen mejor este segundo año pese a tener el doble de alumnos. ¿Una diferencia? La mejora en la disposición de los espacios y los materiales.

Visito los ambientes en funcionamiento durante la entrada relajada de la mañana, en que niños y padres circulan por la escuela como si estuvieran en casa, en un ambiente calmado, familiar y agradable, muy lejos del bullicio apresurado o del silencio obligado que solemos asociar al inicio de las clases. De hecho, no hay clases, hay solamente unos espacios bonitos, muy pensados, con “provocaciones” que invitan a la exploración, a la acción, a la reflexión. La decoración y la disposición de materiales y mobiliario es un reflejo de la filosofia subyacente.

Uno de los espacios que más me impresionan es L’Atelier della luce, donde se puede experimentar con las posibilidades creativas, artísticas, técnicas y científicas de la luz.

Isabel Rodríguez, la maestra responsable del ambiente, me escribe esta reflexión:

“Cuando hablamos de estética en el contexto de nuestra comunidad educativa nos referimos, obviamente, a preparar espacios amables, funcionales y ricos tanto para las familias, como para los trabajadores del centro y, por descontado, para los niños y las niñas. En este sentido, hablar de estética en la escuela es incorporar un compromiso ético con la dignidad de las personas que la habitan. Pero también es una responsabilidad pedagógica que permite a los niños y niñas establecer diálogos propios y particulares con los elementos del entorno. Para ello es imprescindible la sorpresa, la provocación y la novedad que dispone y ordena la estética.

Es de justicia decir que la inspiración viene dada de la visita que hicimos a las escuelas maternales e infantiles de Reggio Emilia promovidas por Loris Malaguzzi, los textos de Alfredo Hoyuelos y el apoyo y asesoramiento de Paola Soggia que fue un soplo de aire fresco para el planteamiento de una de las bases fundamentales de nuestra metodología: los ambientes de trabajo y circulación libre.

Asumir la estética como parte propia y elemento de identidad de nuestra cultura escolar ha permitido a los niños y niñas explorar los elementos con asombro, deteniéndose en los detalles y dando alas a la capacidad innata de la infancia de maravillarse con la vida siendo ellos, ahora, los que no nos permiten dormirnos pues, tal como me dijo una niña, hace pocos días ante una alfombra dañada, “Isabel, has de cambiarla porque necesitamos algo más bonito”.”

Salgo de la escuela con una sensación de bienestar y relajación. Ahora entiendo mejor algo que leí en el blog Cafè Pedagògic: “No se trata de generar belleza porque sí, sino de entender que la belleza es un derecho fundamental del ser humano y que afecta a su estado de ánimo y a su psicología.” Así, la belleza se convierte en un “raggio di luce” tras el cual vendrá una nueva manera de mirar las cosas, de aprender, de vivir.

Gracias a Carmen y Claudia, de Jugar i Jugar, y a Astrid e Isabel, de la Escola Congrés-Indians, por el asesoramiento para la elaboración de este artículo así como por el entusiasmo y dedicación que ponen en su trabajo.

Todas las fotos excepto la segunda (que pertenece al catálogo de Jugar i Jugar) han sido cedidas por la Escola Congrés-Indians y reflejan algunos de sus ambientes.