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¿Qué suponen para la mujer las exigencias estéticas?

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Hace unos días vi esta noticia sobre la actriz Tilda Swinton: No os perdáis los comentarios de la actriz sobre su increíble cambio de look. Sé que hay mucha gente que se pregunta cómo puede ser que pudiendo tener este aspecto tan “atractivo”, prefiera ser como es habitualmente. Y pensando sobre esto, el otro día veía con los niños un episodio de la serie Arrow (si no la conocéis es lo de menos) donde todas las mujeres aparecen con una capa de pintura de centímetro, todas con las cejas iguales, todas bien “apretadas” en el vestir… No se trata de que el look guste o desagrade, ni que esté mal ir así (lo aclaro por si es necesario: a mi no me parece mal si a ellas les parece bien, jamás le diría a una mujer que se pinta demasiado o “se arregla” de manera inadecuada: tanto si parece Barbie como si quiere llevar el maquillaje de Kiss a diario).

Se trata de que se da por supuesto que las mujeres simplemente son así. Todas. Con un determinado aspecto del que no pueden apartarse. Y si no lo son, tienen un problema. El maquillaje y los peinados vienen de serie. Vienen tanto de serie que en Falling Skies (sobre una invasión alienígena que ya dura años a estas alturas) todas las mujeres van siempre con el pelo planchado y perfectamente peinadas, y el maquillaje perfecto – no un maquillaje “natural”, no, sombras de ojos, colorete a tope… Pasan hambre, no tienen medicamentos ni antibióticos, ni povidona yodada, ni agua oxigenada, ni agua corriente, pero sí tienen maquillaje y productos capilares, ¡y tiempo para aplicarlos CADA DÍA mientras los aliens los atacan! Y qué decir de Jurassic World, con la protagonista huyendo por la selva con tacones.

Pero, ¿qué supone este modelo de mujer? No sobre la imagen (soy partidaria de que todo el mundo pueda ir como quiera, tanto si quieres tener un look ideal para una fiesta en los Hamptons como el de Björk en un concierto o, por qué no, ir con la cara lavada) sino los simples efectos psicológicos y modificación de la conducta – o, incluso, de la personalidad – que suponen ciertas exigencias estéticas. ¿Qué supone para un ser humano caminar siempre – no ocasionalmente – sobre tacones, que hacen daño y cuando dejan de hacerlo significa que ya tienes tu esqueleto deformado? ¿Qué supone para un ser humano tener que estar todas las horas del día con el automatismo de no frotarse los ojos, no llorar, no tocar demasiado la cara, no morderse los labios, vigilar cuando comes, estarte mirando en el espejo cada vez que puedes para ver si tu maravilloso maquillaje matinal te ha trasformado en una versión del payaso de Micolor a media tarde? Tener que llevar ropa que pica, que aprieta o que es manifiestamente incómoda. Tener que vigilar cómo te sientas. Cómo andas. Si se te ve barriga, si te sale el michelín… ¿En qué clase de ser se transforma una persona que a diario tiene que ocupar sus pensamientos con todo esto?

No quiero esto para mi hija, ni quiero que le digan como a mí me ha pasado alguna vez, “es que tú no te arreglas”, como si estuviera estropeada. A mí no me importa a estas alturas, pero ¿y si a ella, en algún momento de su vida, sí? No quiero que la juzguen por su aspecto físico. Porque, al final, si se rinde y se “arregla”, también la acabarán juzgando negativamente. También habrá quien la critique. Por frívola. O por buscona. O por tonta. Porque las mujeres, ya se sabe…