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Trabajar tu crecimiento personal implica trabajar la historia que te cuentas

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Me dejaba el otro día una lectora un comentario en el que decía que entendía lo que publico en los posts de domingo sobre crecimiento personal pero le costaba aplicarlo.

Y ciertamente es difícil.

Hay muchas maneras de cuidar nuestro estado anímico, y de madurar pero uno de los más poderosos es trabajar la historia que te cuentas, al menos a mi es lo que más me ha servido. Hice terapia y he leído muchos autores y esto me ha ayudado a entender los mecanismos con los que he funcionado a lo largo de mi vida pero nada me ayuda tanto como mi propia auto-ayuda.

Para nuestros malestares podemos ayudarnos de terapia, de apoyos de la gente que nos quiere, de yoga, de mindfulness, de alimentación sana, y de muchas cosas más pero poner a trabajar el entrenador personal que tenemos en la cabeza es tremendamente poderoso. Una y otra vez, una y otra vez, enviándonos mensajes distintos a los mensajes tóxicos que nos salen naturalmente y por inercia, hasta hacer músculo, integrarlo y ponerlo en piloto automático. Gimnasia mental nivel deportista.

No es fácil, por supuesto. Yo ahora estoy “curándome” mensajes tóxicos que me he narrado toda la vida, y esto empecé a “curarlo” y “currarlo” hace diez años. Es una tarea lenta, solitaria, fácil de abandonar. Porque cuesta mucho, porque estamos muy oxidados.

Son muchos años contándonos un tipo de historia, y contarnos otro tipo de historia no es fácil. Además, el crecimiento no consiste solo en contarnos otra historia estilo loro. Si te llevas mal con tus padres desde siempre para llevarte bien no es suficiente decirte “me tengo que llevar bien con mis padres”, igual que para dejar de fumar no es suficiente decirte “tengo que dejar de fumar”.

Hay que entender porque te llevas mal, y dar un giro, y hay que entender qué te lleva a fumar y dar un giro.

Es difícil explicar lo que le funciona a uno para que le funcione a otros, porque el crecimiento personal es eso, algo personal, un camino que es único y que cada uno lo tiene que hacer en solitario, pero lo que puedo aportar es esto, la necesidad de cambiar la historia que te cuentas.

Cuando me llevo mal con mi madre ahora me cuento otra historia, me digo que si quiero que las cosas cambien necesito entenderla mejor.

Cuando me dan bajones por vivir sola me digo que esta es la mejor vida que de momento puedo tener.

Cuando me siento culpable por no pasar más tiempo con mi hijo me digo que sintiéndome culpable me voy a hundir más y tendré menos alegría en los momentos que sí que paso con mi hijo.

Cuando me siento insegura como único sustento de la familia me digo que ahora no tenemos problemas, que cuando los tengamos ya me preocuparé.

Cuando alguien hace algo que me duele, me digo que en la vida siempre pasarán este tipo de cosas y tengo que vivir con ellas.

Cuando me agobia la ansiedad por avanzar, por tener, por cerrar, por conseguir, me digo que es aquí y ahora donde vale la pena estar.

Cuando no veo la luz al final del túnel me salgo del túnel y camino a campo abierto.

Cuando…Cuando… Cuando…

 

Nuestros esquemas mentales dirigen nuestras vidas

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Hagamos lo que hagamos siempre lo haremos a partir de nuestros esquemas mentales. Por eso nuestro “mindset” puede ser nuestro mejor aliado y nuestro peor enemigo.

El mindset es importantísimo también para nuestros proyectos emprendedores. En mi curso “Un trabajo a tu medida” le dedico uno de los cuatro bloques. Así de importante lo considero a la hora de emprender, por no decir, lo más importante. Los alumnos que hicieron la primera edición suelen comentar que lo que más les ha ayudado el curso ha sido a mover ficha. Es un curso profundo, que remueve, que muestra cómo nuestros esquemas mentales pueden ayudar o perjudicar.

Este no es el único bloque del curso, hay tres más, porque para emprender o desencallar un proyecto que no avanza hacen falta muchas más cosas, y el curso da mucha información práctica también.

Aunque yo considero que nada más práctico que trabajarse el mindset. Una vez eso está libre de barreras ya tienes muchísimo ganado.

Carol Dweck, psicóloga de la universidad de Stanford concluye tras sus investigaciones que a una mentalidad fija le costará crecer, mientras que una inteligencia de crecimiento, aquella que está dispuesta a aprender, tiene más probabilidades de alcanzar grados de éxitos en la vida. Cita extraída de aquí.

El mindset se ha puesto muy de moda en los entornos empresariales y de emprendimiento porque lógicamente los expertos se han dado cuenta que lo que distingue un proyecto con éxito de uno sin éxito tiene que ver en alto grado con los esquemas mentales.

Y eso me lleva a lo que siempre digo, a que la vida y el trabajo son lo mismo. Lo que quiero decir es que las personas somos las mismas personas en nuestro día a día y en nuestro trabajo, y los palos en las ruedas que nos hacen infelices en la vida son los mismos que nos hacen infelices en el trabajo.

¿Qué cosas en nuestros esquemas mentales dirigen nuestras vidas? Cosas como el miedo, el perfeccionismo (que esconde inseguridad), el autoengaño (del que hablaba la semana pasada), poner siempre excusas, lamentarse, mirarse el ombligo, juzgar el mundo bajo nuestra visión de mundo y no poder verlo de manera objetiva, no ser capaces de gestionar bien el conflicto por medirlo bajo el prisma personal, no abrazar y aceptar las cosas como van sucediendo, y un montón de cosas más.

Hay tantas cosas que tocar en el tema del mindset. De hecho pienso que estos posts de domingo van todos de mindset porque está en el centro del crecimiento personal.

¿Qué hacer para trabajarse el mindset? Pues eso, trabajarlo. Suelo hablar siempre de la práctica a la hora del crecer. Prácticar, prácticar y prácticar, aunque duela. Nos solemos dejar llevar por la inercia, y no practicamos porque duele, al igual que duele hacer deporte cuando llevas mucho tiempo sin practicar y estás oxidado. Para liberarse de nuestros esquemas mentales hace falta mucha repetición, hasta integrarlo en piloto automático. Y cuando lo integras seguir alerta, para seguir en forma. 

El día 15 empieza la segunda edición de mi curso “Un trabajo a tu medida”. Si lo queréis reservar lo podéis hacer aquí. Hablaremos de mindset y de muchas otras cosas.

 

¿Qué pasa cuando nos autoengañamos durante mucho tiempo?

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Que acabamos creyéndonos nuestro propio engaño.

Que levante la mano quien no se ha autoengañado una o mil veces. Con nuestras relaciones amorosas, por ejemplo. Es muy común ignorar todas las banderas rojas que como señales poderosas nos dicen que debemos huir y sin embargo, seguimos anclados a la relación, mientras nos contamos la historia que queremos oír. Que las cosas mejorarán, que el o ella cambiará, que mejor estar así que solo.

O con nuestra situación laboral. Nos contamos la historia de que más vale este trabajo que por lo menos nos da de comer, aunque nos haga tremendamente infelices, y así, pasamos los años sin enfrentarnos a la cruda verdad, al hecho de que estamos pasando los mejores años de nuestra vida en un trabajo que no nos lleva a ningún sitio y menos a sentirnos bien.

O nuestras relaciones en general. Cuántas veces nos decimos que vamos a decir que no más a menudo, para a continuación ser incapaces de decir que no por miedo al rechazo o a que no nos quieran. Cuántas cosas hacemos por inercia, contándonos la historia de que así es como se hacen las cosas.

Enfrentarse a la verdad es difícil, duele, nos deja vulnerables, inseguros, desnudos. Pero nos hace infinitamente más libres, más dueños de nuestra vida. Cuánto más tiempo pasamos autoengañándonos más tardamos en conocernos a fondo, y vale la pena conocerse bien a fondo, aunque como ya decían los filósofos en la antigüedad lo más difícil en la vida es conocerte a ti mismo.

Pero no por eso vamos a dejar de intentarlo. 

 

Somos lo que creemos que somos

Este post se publicó por primera vez el 23 de marzo de 2015.

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Ilustración de Liekeland

 

Fui una niña muy tímida, pero no nací así, el mundo me hizo creer que lo era, yo simplemente fui un bebé y luego una niña tranquila y sensible, de poco hablar y mucho observar y escuchar. A medida que el mundo empezó a decirme que era vergonzosa me lo fui creyendo. Y efectivamente, cumplí la profecía con creces, y lejos de ser cada vez más abierta me fui cerrando y apartando, para cumplir con las expectativas que se habían creado y para protegerme huyendo del foco de atención. 

Fui una niña fea pero no nací así, el mundo me hizo creer que lo era, me costó mucho tiempo, años, llegar a gustarme.

Fui una niña lenta pero no nací así, el mundo me hizo creer que lo era, y panoli, y poco sociable.

Bien, no sigo, ya se coge la idea. Somos lo que creemos que somos, lo que nos han dicho que somos. ¿Cómo evitarlo? Por ejemplo: no etiquetemos a los niños. Los niños son buenos y obedecen para sentirse queridos y para sentir que pertenecen y si a un niño se le etiqueta de inquieto y rebelde casi con toda seguridad hará caso. Es el efecto Pigmalión pero en negativo, dime qué puedo llegar a ser y lo seré. Dime que no valgo y no valdré. Como siempre exagero (aunque no tanto). 

El efecto Pigmalión en positivo es muy poderoso, lo que creemos que somos capaces de hacer es lo que dibuja nuestros comportamientos, pero lo mismo ocurre en negativo. La historia que nos cuentan desde niños, es la historia que nos contamos a lo largo de nuestra vida. No puedo, no soy capaz, no valgo, o bien, puedo, soy capaz, valgo. Una gran diferencia.

Carol Dweck en su libro Mindset: The New Psychology of Success (public library) habla de este tema, sobre el poder de nuestras creencias aprendidas, tanto conscientes como inconscientes, y como cambiarlas puede tener un impacto profundo en casi todos los aspectos de nuestra vida. Un libro revelador.

Hoy dedico este post cortito (que podría extenderlo pero al final iría a parar a lo mismo) a todas las mujeres, con el deseo de que hoy y todos los días del año, seamos lo que somos.

 

¿Cómo lo hago?

cris camarena

 

Esta es una de las preguntas que más me hace la gente. ¿Cómo lo hago? ¿Cómo hago para hacer tantas cosas?

Necesitaría cuatro posts para explicar los pormenores, pero sin entrar en detalles micro, en el macro el secreto es muy sencillo. Os cuento:

Trabajo 8 horas al día, como todo el mundo. Pero son 8 horas que me cunden muchísimo, soy muy productiva, disciplinada, con mucha fuerza de voluntad y muy muy práctica. Esto hace que a esas 8 horas diarias le saque muchísimo jugo.

Todas estas cosas buenas tienen su cruz, porque todas nuestras fortalezas son también nuestras debilidades, pero de eso hablaré en otro post.

Como veis, no hay nada fuera de lo común. El otro día hablaba de hacer músculo, de ser muy constante. Esa es una de las grandes claves, que engloba la disciplina, la fuerza de voluntad, etc.

Por otra parte, bromeando siempre digo también que hago mucho porque tengo una vida muy tranquila. En casa estamos Biel y yo solos, vivimos en un pueblo pequeño, entonces las posibilidades de distracción son mínimas. Mis proyectos son mi ventana al mundo, mi diversión, en mi tiempo libro elijo leer algo relacionado con el marketing, o hacer algún curso como alumna, cosas así, ahora eso es lo que me divierte. Lo que más me apetece en mi tiempo libre es trabajar en mi proyecto. De ahí que saque también mucho jugo de los fines de semana, las vacaciones y las noches.

Otra de las claves, y es la que comento mucho en mi curso “Un trabajo a tu medida” que empieza la semana que viene es la gran pasión, o sed o amor que siento hacia lo que emprendo, las ganas infinitas que tengo de hacerlo posible, de hacer las cosas de otra manera, de demostrarme a mi y al mundo que se puede vivir contracorriente y no solo sobrevivir sino también hacer cosas fantásticas y coherentes y que tengan un impacto positivo.

Y una de las claves también está en las renuncias. Hago tanto porque dejo de hacer muchas cosas. Mi día tiene 8 horas y para hacer tanto en esas 8 horas tengo que dejar de hacer muchas cosas también. Mi elección de vida, ese deseo tan fuerte de hacer posible este proyecto me permite renunciar a muchas cosas. No podría renunciar a tanto si el proyecto no me diera tantísimo.

Resumiendo son cuatro cosas: trabajo muy efectivo, desarrollo de los proyectos en mi tiempo libre, enorme deseo de hacerlo posible y muchas renuncias.

Esta semana lanzo mi curso “Un trabajo a tu medida” en el que cuento cómo desarrollo mis proyectos y muchísimas cosas más. Es un curso inspirador y práctico, macro y micro. En el podréis entender qué hace falta para hacer posible un proyecto sólido y también veréis concretamente cómo hacerlo.

 

 

 

Un buen estado de ánimo mejora tu vida y mejorar tu vida mejora tu estado de ánimo

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Ilustración de Tatsuro Kiuchi

¿Qué es primero? ¿el huevo o la gallina?

Ahora que estamos todos con el tema de los propósitos le he estado dando vueltas a esta idea circular (nunca mejor dicho).

Cuando alguien se siente bajo de ánimos se suele recomendar lo siguiente: hacer algo de deporte, intentar salir a la calle a tomar el sol, a socializar, comer mejor, arreglarse el aspecto físico, etc. Y sin duda funciona.

Pero a mí me suele costar mucho hacer todas esas cosas cuando estoy baja de ánimo, lo único que quiero es meterme en mi propio capullo, no ver a nadie, llevar una vida en piloto automático que implica no moverme demasiado, no comer demasiado bien, pasarme el día en pijama, no pisar la peluquería en meses, etc.

Este año lo empiezo con la nevera llena, saliendo a la calle a tomar el sol, socializando más, haciendo algo de ejercicio, arreglándome más. Y empieza así porque estoy mejor de ánimo, porque me siento bien, con la ilusión alta, con muchos proyectos, tranquila con mi relación con la familia y los amigos. Sentirme bien me hace tener la fuerza necesaria para adquirir esos buenos hábitos.

Pero ciertamente algo he hecho para tener un buen ánimo, no me ha llegado caído del cielo, ha sido un trabajo personal, una coctelera de cosas que me han llevado a sentirme bien.

Lo cual me lleva a lo que siempre cacareo, que la vida es dual, que es tanto el huevo como la gallina, que hay que abrazar la totalidad. Hacer cosas para sentirse bien, hacer ese esfuerzo aunque nos sintamos mal es necesario, pero también es necesario entender que haremos más y más fácilmente cuando nos sintamos mejor, porque lo normal cuando estamos bajos de ánimo es no querer hacer nada.

No fustigarse, en una palabra, porque si nos fustigamos por no hacer el esfuerzo de mejorar, aun nos sentiremos peor.

Me ha salido un post un poco trabalenguas, que es lo que pasa con las cosas circulares.