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¿Protagonistas o espectadores de nuestras vidas?

eugenia barinova

 Ilustración de Evgenia Barinova

 

La respuesta es ambas cosas.

Ya sabéis cómo me gusta a mi entender el mundo a través de las dualidades. ¿Se puede ser dos cosas a la vez? ¿Dos opuestos?

No solo se puede ser sino que, de hecho, lo somos siempre, nuestra naturaleza es dual.

¿Podemos ser protagonistas de nuestras vidas, vivirlas plenamente, con capacidad para la emoción y el asombro y a la vez ser espectadores, para poder ver las cosas también desde fuera, y no implicarnos emocionalmente en todo lo que nos pasa?

Lo que suele pasar es una cosa o la otra, lamentablemente. Estamos tan entrenados para decantar nuestra balanza hacia un lado que dejamos de tener en cuenta el otro.

El segundo escenario puede llegar a ser el de la persona que nunca se implica emocionalmente, la que está de vuelta de todo, la que va por libre, la que lo mira todo desde la barrera. El primero puede llegar a ser el de la persona que se implica tanto que es incapaz de tomar distancia, de quitarle hierro al comportamiento de los demás, la persona que se ve afectada por todo lo que le pasa.

La tranquilidad llega cuando puedes ser protagonista y espectador a la vez, cuando puedes disfrutar plenamente de la gente, estar presente, y tener aún capacidad para asombrarte, emocionarte e implicarte, pero a la vez, también eres capaz de no verte afectado emocionalmente y constantemente por lo que allí pasa. Cuando eres capaz de relativizar.

No estoy hablando de situarse en el centro o de buscar el equilibrio en la mitad, y ser medio-protagonista y medio-espectador, para mi lo ideal no es centrarse ni equilibrarse, sino reconocer nuestros dos lados y vivirlos, ser consciente de ellos y aceptarlos. El apego está bien y también el desapego. Suena esquizofrénico, ¿verdad? ¿Cómo se puede ser una cosa y su opuesta? ¿Cómo desdoblarse y vivir ambos escenarios?

Yo seguiré dándoos argumentos para abrazar las dualidades. El equilibrio de un puente es que esté sujeto en ambos lados, no que esté sujeto en el centro y menos aún que solo esté sujeto de un lado.

Sed puentes, my friends. 

Cuando todavía estamos sordos

william grill

Ilustración de William Grill

 

Todos hemos sentido la típica sensación de “en teoría muy bien pero a la hora de ponerlo en práctica me cuesta aplicarlo”.

Esto es así porque oímos, pero en el fondo estamos sordos. Somos capaces de entender ciertas cosas pero aún no estamos preparados para integrarlas y ponerlas en lo que yo llamaría “piloto automático”.

¿No os ha pasado que con el paso de los años, algo que os han repetido miles de veces, un día de repente, lo veis con una luz nueva? Ese “click” o momento aha o eureka es la integración de algo que antes estaba en una dimensión teórica en tu cabeza y ahora ha pasado a la práctica.

Hay libros, películas, canciones, consejos, que escuchamos y vimos de jóvenes, o simplemente hace un tiempo y no llegamos a entender, y ahora lo ves más claro o lo ves de otra manera. Eso, con suerte.

Es una suerte poder integrar cosas, hay gente que no lo consigue en toda la vida, o lo consigue “the hard way”, después de una gran perdida, o una enfermedad crucial, después de un mazazo. Gente que de repente ve que hay un antes y un después de eso, y que su vida antes no era “de verdad”.

Sacar de la mochila los malestares y los bloqueos vitales, solo se puede hacer a través de la experiencia, a través de procesos más o menos largos, de desarrollo personal. No se puede dar una transformación potente solamente leyendo libros, o escuchando consejos, o hablando con alguien. Es necesario ir más allá y hacer un trabajo personal de profundización. La autoayuda no son los libros los que te la brindan, eres tu mismo. Todo intento de crecimiento o transformación es autoayuda porque es uno mismo quien necesita “currarse” el proceso. No estoy diciendo que no me parezcan útiles los libros pero para entenderlos profundamente, necesitas hacer un camino personal. Yo estoy ahora leyendo libros que estoy segura que hace unos años no habría entendido.

Cuando decimos que el tiempo hace madurar, que el tiempo lo cura todo, en cierto sentido es cierto, porque para experimentar los procesos hace falta tiempo, y suelen ser procesos lentos, no se crece de la noche al día, pero seguro que conocéis a mucha gente que no ha madurado con el tiempo, que no ha integrado las “enseñanzas” de la vida, y esto sucede porque el tiempo solo no es suficiente, hace falta también la experiencia, el proceso.

 Por tanto, que no nos extrañe que la gente o nosotros mismos hagamos oídos sordos a muchas cosas. Simplemente todavía estamos sordos.

 

¿Lo académico o lo emocional?

coaner-kireei

Ilustración de Coaner

 

Creo que nos os descubro nada si os digo que en el aula hace falta atender ambas cosas, tanto lo académico como lo emocional, pero creo que sí que puedo aportar reflexión si os digo que siempre, siempre, siempre, hay que atender lo emocional primero, porque solo entonces podemos los profesores (y los niños) hacer algo académico en clase.

Miento. Hacer algo académico en clase se puede aunque no se atienda la parte emocional, de hecho, es lo que hacemos la mayoría de las veces, llegar a clase, soltar la lección, asegurarnos de que los niños se ajustan a las normas de convivencia establecidas y zanjamos así día tras día. 

Pero hacer esto día tras día, aunque sí que lleva a algunos alumnos a aprender cosas, y pasar exámenes está muy lejos de lo que considero necesario que ocurra en un aula y que ocurra en las escuelas en general. 

Para ponerlo más gráfico, este año en el instituto donde trabajo tengo un grupo de los que se consideran complicado, complejo, difícil, variopinto, con muchas casuísticas, con muchos niños con actitudes que dificultan la tranquila exposición de una lección “ortodoxa”.

Pienso que siempre se ha de hacer esto, pero en grupos así todavía más: ATENDER LO EMOCIONAL, continuamente, sin tregua. Estos grupos cambian totalmente cuando los tratas con afectividad, empatía, escucha. Cuando haces esto ocurre lo que comunmente se conoce como “metértelos en el bolsillo”. Y nunca nada es de color rosa, hoy los tienes en el bolsillo y mañana se salen de el, pero es el único camino, para conseguir “hacer” algo académico.

En los dos meses que les doy clase hemos pasado de la tensión continua del principio, donde ha habido incluso peleas, gritos, y malos rollos, a llevarse entre ellos mucho mejor, eso para empezar. Conmigo también. Y académicamente, estoy consiguiendo que trabajen, no por acatar mi autoridad “legal” sino por autoridad “moral”. Cuando el profesor es amable contigo, firme sin ser duro, empático sin querer ser “colega” el alumno se comporta mucho mejor y no lo hace a la fuerza, o por evitar ser amonestado, lo hace porque así siente que tiene que hacerlo, porque es lo natural, es una causa-efecto. Si sonríes te sonríen, si escuchas te escuchan, si les hablas de tu a tu, te hablan de tu a tu, etc. La escuela no debería ser un “nosotros contra ellos”.

Es difícil gestionar una clase así. Dejarles libertad de movimiento, trabajar a su ritmo, dejarles sentarse donde quieran, con quien quieran, en grupo, individualmente, dejarles elegir ahora venir a sentarse a mi lado para practicar “speaking”, ahora seguir con las tareas escritas. La clase es un gran “jaleo”, y muchas veces no saben dónde está el límite porque su percepción es la de “en esta clase no nos amonestan ni nos ponen límites” pero ahora hay sonrisas, hay ganas de aprender, hay abrazos, y buen rollo entre todos.

Y así, con lo emocional medio resuelto, lo académico también se medio resuelve. Esperemos que para resolverlo del todo cambie la escuela de manera profunda, tengamos más recursos para atender toda la diversidad, más recursos para poder plantear las clases de otra manera y tener la logística adecuada para poder hacerlo.

Para que cambie la escuela es necesario un cambio de mentalidad más que nada, un cambio profundo en la manera de VER la escuela, en la mirada hacia la escuela y el aporte necesario desde la administración para hacer ese cambio posible. 

 

Mi principal problema es el tiempo

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Foto de Heva

 

El siguiente texto es la newsletter que escribí a principios de semana para los sucriptores de La Mirada. Como veréis, tiene un formato textual de email, o más bien de carta, este es un ejemplo de carta que voy a enviar todas las semanas a los sucriptores de La Mirada. Si eres emprendedor te interesará y si no lo eres seguramente también, por eso he pensado publicarla aquí en Kireei. Además, me he dado cuenta de que me dejé algo en el tintero,  y aprovecho ahora para completado. Para los que ya lo habéis leído os añado este remate final.

Este es uno de los problemas que más me habéis comentado, los que le habéis dado al botón de responder al recibir la newsletter de La Mirada.  Y este es el principal problema de nuestro tiempo, seas emprendedor o no.

El tema es que el tiempo no es un problema, es un hecho. Tenemos el que tenemos, ni más ni menos. El problema es perderlo, gestionarlo mal.

Sobre gestión y organización de tiempo se ha escrito mucho, hay blogs enteramente dedicados a ello, libros, seminarios. No descarto en un futuro invitar a alguien muy bueno en esto a iluminarnos a todos y enseñarnos cómo gestionar mejor nuestro tiempo.

De momento os puedo recomendar algunas cosas que a mi me funcionan.

Mucha gente se sorprende al ver la cantidad de cosas que hago, y me preguntan cómo lo hago. La verdad es que no trabajo más de ocho horas al día, aproximadamente, algunos días más, otros menos. Los fines de semana también caen algunas horas.

Creo que mis principales virtudes respecto al tiempo son la practicidad, la resolución y la disciplina.

Práctica:

Escribo mails principalmente, para gestionarlo todo. Cero llamadas de teléfono. El teléfono es un chupatiempo. Una gestión que al mail son 5 minutos al teléfono siempre son 15 o 20 minutos. Cuando alguien me pide por mail llamarme por teléfono siempre les respondo que mejor por mail, más rápido, y queda todo por escrito.

Escribo mails cortos. En algunos podrá parecer que incluso rozo la brusquedad pero es simple practicidad. Necesitáis empezar a escribir de manera más sintética. Cualquier mail de 10 líneas se puede escribir en 3.

Distinguir entre lo importante y lo superficial. Vale que todos necesitamos en algún momento explayarnos con cosas superficiales pero la mayor parte del poco tiempo que tenemos hay que usarlo de manera sensata, en lo que de verdad importa.

Tener activo la mayor parte del tiempo lo que yo llamo “modo nórdico” on. Es un modo que pones en piloto automático, que has interiorizado, y te hace, como he dicho antes, despejar el camino rápidamente, desechar lo superfluo, ir al grano.

Resolutiva:

Decidir rápido y con seguridad. Probablemente te equivocarás alguna vez, yo soy la primera que me equivoco, pero de 100 veces que decidas rápido te equivocarás pocas, y las otras las habrás resuelto de manera rápida. De todas maneras aunque le des mil vueltas a las cosas te vas a equivocar igualmente. Así es que modo nórdico on también para resolver, para decidir rápido y moverte rápido.

Disciplinada:

Fijaos una rutina de trabajo como si trabajarais por cuenta ajena, aunque seáis vuestros propios jefes.  Trabajad todos los días, y todas las horas que podáis, sean ocho o una. Organizaos como mejor funcionéis, por la mañana, tarde o noche pero organizaos y cumplid.

Usad las horas en las que más energía tengáis para sacar el trabajo duro y difícil afuera, y dejaos el tiempo en el que ya estáis más cansados para trabajo menor. No uséis vuestras horas más productivas navegando por intenet. Cerrad internet en vuestras horas más potentes.

Empezad siempre por lo urgente y de ahí vais bajando en la lista hacia lo menos prioritario. Que no quede ningún día nada urgente por hacer.

Vuelvo a decirlo: aprended a distinguir para qué vale la pena realmente emplear vuestro tiempo, y para qué no. Sed disciplinados con vuestro tiempo, ahuyentad todo aquello que os distrae, sobre todo personas que os distraen.

Podría continuar pero no quiero una newsletter kilométrica, y lo dicho, algún día invitaré a alguien que sepa mucho de esto para que nos ilumine a todos.

Cuando habláis de que vuestro principal problema es el tiempo imagino que lo que queréis decir es algo que nos pasa a todos, a mi la primera, y es que no podéis dedicar a vuestro proyecto todo el tiempo que quisierais porque probablemente tenéis un trabajo por cuenta ajena que os sustenta y no podéis dejarlo.

Yo también he estado ahí, y estoy. Soy docente. Si no tuviera que trabajar en docencia pondría más tiempo en desarrollar mi emprendimiento. Pero esto es lo que hay. No es un problema, es una realidad.  A más tiempo más avanzas en tu empresa, a menos tiempo menos avanzas, esto es matemático si haces bien los deberes. Lo importante, y es lo que quiero que se os quede de esta newsletter es hacer bien los deberes.

Por último un extra que añado hoy en el post de Kireei. Hay otra cosa que hace que pueda avanzar bastante en el trabajo, y son las renuncias. No se puede tener todo. En mi caso, hace años que no tengo una vida doméstica estable y tranquila, mi casa es muchas veces un caos, con el que he aprendido a vivir. También he renunciado a leer y ver pelis tanto como lo hacía antes, mi vida cultural es mucho menor ahora. Por poner dos ejemplos. Seguro que he renunciado a más cosas. No se si llamarlo renuncia. No me siento mal por ello. Podría llamarlo ELECCIÓN, y quizás suene más positivo. Cuando no hay tiempo para todo necesitas elegir con firmeza, a qué cosas quieres dedicarte de lleno y qué cosas tienen que esperar. Algún día, cuando no necesite dedicarme tanto podré volver a tener una vida doméstica y cultural como antes. Y vosotros ¿a qué podéis renunciar para darle a vuestro emprendimiento el impuso que necesita ahora?

Un abrazo enorme.

Cristina Camarena

PS: Os quiero dar las gracias por la buena acogida en estas dos semanas desde que lancé La Mirada. Gracias por el bonito feedback que me está llegando, vuestros comentarios, vuestros mails. Me llenan de alegría y de confianza para seguir por este camino. Por cierto, seguid dándole al botón de responder en este mail y seguid contándome cosas. Os iré contestando conforme el tiempo me lo permita ;))

PS2: Algunos de vosotros me ha escrito después de leer El Cuaderno del Emprendedor, mensajes tan bonitos como este:

Cristina estamos devorando tus comentarios, :)) Vamos a analizarlos con muchísimo interés. Muchísimas gracias! Tu libro es absolutamente una joya, el trabajo que has hecho a mi entender es extraordinario,  y tu idea de acompañamiento brillante.  

Postdata extra para los lectores de Kireei: Si quieres suscribirte a la Newsletter de la Mirada, lo puedes hacer aquí, te llegará un mail de confirmación (mirad en la carpeta de Spam por si acaso) La mayoría de las newsletters que escriba y envíe serán solo para suscriptores. Nos vemos en el rincón de las píldoras de emprendimiento!

 

“Me molesta”.”Necesito”.

yuliya

Ilustración de Yuliyart

 

Anoche se me ocurrió el tema del post de hoy, mientras charlaba en la plaza con dos amigas vestidas de zombies. Nada que ver con los muertos vivientes, el contexto es más bien anecdótico.

Seré breve: la gran mayoría de las discusiones y malestares con la gente se evitan hablando en primera persona, en vez de en segunda. No es lo mismo decirle a alguien, sobre todo a los niños: “necesito silencio”, que “cállate”, no es lo mismo decir “me molesta el ruido ahora mismo”, que “deja de armar jaleo”.

Cuando usamos la segunda persona para solucionar un malestar estamos atacando directamente al otro, cosa que suele acabar en defensa o en rebeldía o en mal rollo. Y encima, como suele pasar, añadimos un juicio de valor, o una frase hiriente y no solo decimos “cállate” sino que además añadimos una coletilla “cállate, no hagas que me enfade”. La gestión del conflicto la solemos hacer criticando la conducta del otro, en vez de simplemente expresando de manera asertiva lo que necesitamos, lo que queremos o lo que nos molesta, punto y final.

“La manera en la que hablamos a los niños es el lenguaje que interiorizan”, esta es una cita que leí una vez, no recuerdo de quien es, y tampoco es literal. En las escuelas también se da mucho, estamos intentando enseñar a los niños a ser amables, respetuosos, a tener unos valores elevados y lo hacemos desde el ataque frontal.

Y con los adultos, pues igual también. Ataque, defensa, ataque, defensa. O lo que es peor, circunloquios, ambigüedades, chantajes emocionales, para expresar lo que queremos que pase. “Si no hubiera tanto ruido me podría concentrar”, “si me tuvieras en cuenta no harías tanto ruido”.

Cambiar la manera de expresarse marca una gran diferencia en las relaciones personales. Probadlo, usad más la primera persona, al principio cuesta porque por inercia nos vamos a la segunda persona pero con el tiempo se interioriza. Al fin y al cabo de eso se trata, de decir lo que uno quiere, necesita o le molesta. Cuando lo hacemos, tranquilamente, sin más juicios de valor, el otro reacciona mucho mejor, y el conflicto se soluciona mucho mejor.

Queremos solucionar un conflicto, no echar más leña al fuego.

 

Los otros

 

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Ilustración de Daniela Tieni

Con este título tan cinematográfico me dispongo a reflexionar sobre nuestra relación con los otros, una de las cosas que más nos marcan la vida.

Desde que nacemos dependemos del otro, y de su manera de tratarnos y es por esto por lo que pronto ponemos nuestra felicidad en sus manos. Dependemos mucho, primero físicamente, esta es nuestra primera necesidad, la de los cuidados básicos pero además, necesitamos pertenecer al grupo, y necesitamos también su reconocimiento, estima, amistad. Estas necesidades se encuentran entre las básicas en la pirámide de Maslow. Son universales.

Muy fácil y claro sobre el papel, pero muy complejo una vez lo llevamos a la práctica. Dependemos de personas que a su vez dependen de otras, y que han ido haciendo ajustes para paliar sus carencias. Y la bola va pasando de unos a otros, y todos vamos ajustando, para sobrevivir.

Uno de los grandes logros que podemos hacer, de adultos, y digo adultos, porque suele ser cuando lo conseguimos, es dejar de depender de los otros, dejar de poner nuestra felicidad en sus manos. Cuando eso sucede empezamos a evitar un sinfín de malestares, ofensas, disgustos, discusiones, malos rollos, enfados, decepciones, dudas, miedos. La lista es interminable, y el efecto en nuestras vidas tremendo.

Fijaos, casi todas nuestras conversaciones, tanto las reales como las mentales giran alrededor de nuestro malestar con los otros. Con la familia principalmente, luego con los amigos, y finalmente con la gente que nos cruzamos en el día a día. Nos cuesta empatizar, ponernos en la piel de quien nos ha ofendido, y ver que dentro hay alguien que también sufre. 

En esta mi segunda mitad de la vida, en la que he vaciado bastante mochila, he logrado sentirme bastante en paz con el otro. Mi felicidad ya no depende de lo que haga el otro, ni de cubrir mis necesidades afectivas con el otro. Ha sido un camino difícil y pienso que aún inacabado pero mi bienestar personal ha mejorado muchísimo.

Lo bueno, aparte de esa gran losa que te quitas, es lo siguiente que ocurre. Al menos, lo que me ha ocurrido a mi y que os explico por si os sirve. Cuando he dejado de depender emocionalmente del otro, de esperar del otro que cubra mis necesidades afectivas, o que se comporte como se supone que debería, de repente, ha aparecido el “espectáculo” del otro. Ahora vivo observando al otro y disfrutando de lo que veo. Sin esperar nada, sin verme afectada por lo que pasa, simplemente viviendo los momentos, sin juzgarlos.

Los otros pueden ser causa de muchos malestares, pero en el otro lado de la moneda, hay un espectáculo, de pura vida.