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Escuelas que no parecen escuelas

Hace algún tiempo publiqué un extenso artículo sobre la necesidad de cambiar los espacios escolares para una educación diferente (podéis leerlo aquí). Está comprobado que los espacios que habitamos condicionan nuestro bienestar, nuestra capacidad para trabajar y concentrarnos e incluso nuestra creatividad. Factores como la luz, la estética, la acústica, son decisivos en los procesos de aprendizaje. Pero aún podemos ir más allá y afirmar que el tipo de actividades que se van a realizar y las relaciones entre alumnos y profesores van a depender mucho de la arquitectura y de la disposición y tipo de mobiliario. Podríamos hablar horas sobre ello pero creo que lo mejor es verlo. Por eso os traigo esta recopilación de imágenes escolares que salen de la tópica imagen de pupitres orientados hacia una pizarra en un espacio cerrado (aula) cuadrado o rectangular. Son sugerentes, ¿verdad?

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Todas las imágenes están sacadas de mi recopilación “Espais escolars” en Pinterest, desde donde podéis llegar a las fuentes originales y conocer más de estas u otras escuelas/espacios educativos.

Cómo cambiar el mundo

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Ilustración de Mónica Ramos

 

Ahora que estamos en época electoral se me ha ocurrido hablaros de lo que yo considero la solución global para cambiar el mundo. Suena grandilocuente y osado, lo sé, pero aquí en Kireei estamos en petit comité, estoy segura de que más de una vez habéis tenido charlas entre amigos del tipo: si yo pudiera cambiar el mundo…

Los que me conocéis o habéis hablado conmigo a través del acompañamiento sabéis que siempre hablo del binomio superficialidad-profundidad, de cómo no hay atajos, de la necesidad de ir a la raíz, de sembrar con cuidado y gota a gota. Pues para cambiar el mundo también.

También conocéis mi costumbre de darle la vuelta a las cosas y hacer ingeniería inversa, ir al origen para a partir de ahí construir, darle la vuelta a la tortilla para tener una visión distinta del problema. Pues en este caso también.

Y también lo mucho que insisto en ser fieles a nuestra esencia, para ser libres y vivir en paz y bienestar. Con estas tres cosas ya puedo hilar el post.

Estoy convencida de que el mundo no cambiará de manera profunda hasta que no hagamos ingeniería inversa y pongamos todos nuestros esfuerzos, recursos y acciones en la primera infancia, en nuestra esencia, hasta que los programas electorales de los partidos no tengan como punto principal de sus acciones el del apoyo a la primera infancia.

Se dice que es la educación la que cambiará el mundo. No digo que no, pero pienso que aun hay que ir más lejos, más profundo, y que es la crianza la que cambiará el mundo, y no una crianza cualquiera, sino una crianza basada en el respeto de la esencia individual, de los ritmos de cada niño, una crianza que no acelere nada, que no uniformice, ni desnaturalice, ni empuje a los padres a incorporarse rápido a la rueda laboral, o a reducir en los bebés los tiempos que necesitan del apego más cercano y nutritivo.

Ahora mismo estamos lejísimos de que esto ocurra, con políticas que ponen el esfuerzo en casi todo menos en esto. Los unos centrados sobre todo en la economía como eje central a través del cual piensan que el mundo puede mejorar, y los otros centrados en apagar fuegos, en curar heridas, en inventar maneras de resolver los desaguisados que provoca ese primer enfoque. Le preguntaba a un amigo que se dedica a la política porqué la izquierda no pone más esfuerzo en proteger la primera infancia, y me decía que tienen tantos frentes abiertos y tantos despropósitos que llegar a eso les va a costar décadas, si es que pueden.

Pero creo que se equivocan, creo que a pesar de tener que hacer frente a todo lo que en la superficie clama al cielo y necesita de cambios inmediatos, la izquierda debería tener en sus programas políticos un plan profundo de atención a la crianza y a las familias, y no me refiero a poner guarderías para todos los bebés de 0 a 3 años, eso no es una protección profunda de la infancia, esto es protección profunda a la rueda laboral.

Todos los grandes y pequeños esfuerzos, muy loables, son a mi entender parches que no solucionan el problema de raíz. El problema de raíz es que tenemos una sociedad enferma emocionalmente, una humanidad que no se siente bien consigo misma, y eso se arrastra desde la infancia, y vamos tirando como buenamente podemos. Solemos culpabilizar a la vida moderna y capitalista de las enfermedades emocionales que padecemos, como el estrés, la alta competitividad, el aislamiento, la soledad, la falta de solidaridad, la apatía. Y sí, la vida moderna juega un importante papel pero también lo juega cómo es nuestra autoestima, y nuestro bienestar personal.

La única manera de crecer sanos emocionalmente es a través del respeto a la esencia, a los ritmos, a la individualidad de cada niño. Todo lo demás son parches. Que no digo que no puedan funcionar pero requieren incluso de más esfuerzo. Ya lo dice el refrán, más vale prevenir que curar.

Lo vivo en docencia. Todos los esfuerzos son paliativos, curativos. Todos los programas de mejora, todas las actuaciones para evitar el fracaso escolar se basan en apoyo académico, refuerzo, más medicina de la que ya se ve que no funciona, que a veces funciona con unos pocos a los que se recupera pero nunca con todos. 

Y luego está la educación en valores. Loable también, pero superficial. Porque los valores no se enseñan, como si de una asignatura se tratase, no se integran escuchando un cuento, los valores se integran sutilmente en la vida de los niños, a través de la experiencia, a través de lo que viven.

Ingeniería a la inversa, actuar de abajo a arriba, ir al principio, al origen del problema, y actuar allí. ¿Cómo? Con una crianza respetuosa hacia los ritmos y las emociones de cada niño. Ayudar a las familias para que no desaparezcan de la vida de sus hijos en sus primeros años.

Suena naif, idealista e inocente ¿verdad? Claro, no puede sonar de otra manera.

 

La igualdad por ley no significa igualdad real

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Póster de MariaChiara Tirinzoni

 

La semana pasada Michelle Obama estuvo en la ceremonia de graduación de una universidad de los Estados Unidos con mayoría de alumnos afro-americanos. En su discurso habló de las dificultades con las que iban a encontrarse los recién graduados solamente por el hecho de ser negros y les animó a sobreponerse y no dejar que la opinión que los demás tuvieran sobre ellos influyera en quienes eran realmente. Su discurso ha suscitado fuertes críticas por parte de algunas personas que creen que fue un discurso victimista, que la ley es igual para todos y que, por lo tanto, no existe el racismo contra los negros ya, que si alguno es mal visto es por las cosas malas que ha hecho él u otros como él, y que hablar de discriminación racial es casi como afirmar que los negros son todos buenos y los blancos todos malos y, por lo tanto, una forma de racismo inverso. Sí, yo misma he leído los comentarios que defienden esta increíble posición. El resumen sería “los negros que se quejan de racismo lo hacen porque son unos victimistas, no quieren esforzarse para salir de sus situaciones de pobreza y demandan tener más derechos que los blancos, a los que acusan de todos sus males”. ¿Alguien lo suscribe?

Este discurso tan delirante yo ya lo había oído antes. Os lo voy a reproducir aquí, a ver si os suena:
“Las mujeres ya no están discriminadas, legalmente son igual que los hombres y todas las leyes que las subordinaban a sus padres o maridos ya no existen. Pueden estudiar, trabajar, votar y hacer exactamente lo mismo que los hombres. Si quieren y se esfuerzan, claro. La igualdad está aquí. Y si hay mujeres que se quejan es porque son como los machistas de antaño pero al revés, unas hembristas (o feminazis) que quieren tener más derechos que los hombres, que odian a los hombres . “ Parece que el discurso sea una locura, pero creo que nos sorpenderíamos al saber cuanta gente lo tiene interiorizado sin ser consciente de ello. ¡Incluídas muchas mujeres!

Hace un par de días escuché en la radio a una psicóloga que comentaba que la violencia de género está cada vez más presente entre los adolescentes. Los jovenes de hoy tienen la teoría sobre la igualdad muy clara, pero sus carencias afectivas y emocionales los convierten en potenciales agresores y víctimas. Me pareció interesante (y preocupante, también). Por un lado, creo que sería interesante descubrir de dónde vienen todas esas carencias afectivas y emocionales, y descubrir como prevenirlas antes de tener que curarlas cuando quizá es tarde. Sospecho que la crianza y la educación tienen mucho que ver. Por otro lado, me devuelve a lo que os contaba: nuestros jóvenes tienen tan interiorizado que “todos somos iguales” que no conciben que situaciones que están viviendo y que, correctamente analizadas, son claramente de abuso, lo sean en realidad, puesto que admitirlo sería una actitud victimista y débil. O feminazi, que es peor. No son celos, es pasión. No es acoso, es amor. No es agresión, es romance.

Que las leyes proclamen la igualdad no significa que la igualdad sea real. Que los derechos humanos se hayan suscrito no significa que se respeten. Ser víctima y denunciarlo no es ser victimista. Ser del color, etnia, nacionalidad, género o grupo social del culpable no nos obliga a defenderlo frente a la víctima, ni nos hace culpables a nosotros al reconocer a la víctima. La igualdad no es algo que existe desde la fecha en que se promulgó cierta ley. Es algo que se construye (o se destruye) cada día.

Por todo ello, deberíamos enseñar a nuestros niños y adolescentes a ser conscientes de esta realidad, a no dar nada por supuesto y a no bajar la guardia. Y, por supuesto, antes que nada, deberíamos procurarles una crianza y una educación que cubrieran sus necesidades afectivas y los dotaran de la autoestima necesaria para no encajar el papel de víctimas o agresores con facilidad. Una crianza y una educación basadas en los hechos y en el ejemplo, y no en los discursos teóricos, a menudo tan vacíos de realidad.

 

¿No tenemos tiempo?

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Ilustración de Handz

 

No tenían tiempo para nada” podría ser el epitafio para la humanidad del S.XXI si desapareciésemos mañana.

Y aquí acaba el post de hoy. No tengo tiempo para más.

Bromas aparte.

No tenemos tiempo, ¿para qué?

Que yo sepa, el día sigue teniendo 24 horas como siempre. Ocho horas para dormir (aprox) 8 horas para trabajar (aprox) ¿y las otras ocho?

Pongamos que tres de esas ochos las dedicamos a lo doméstico. ¿Y las otras cinco? Cinco horas de cada día del año son muchas horas ¿A qué se debe esa sensación que nos invade, a mi la primera, de no llegar a todo lo que queremos hacer?

Probablemente sea eso: lo que queremos hacer. Me da la impresión de que existe una presión (externa y/o interna) que nos lleva a querer hacer todo esto y más:

- Pasar tiempo (de calidad) con nuestros hijos.

- Leer, ver y escuchar todos los artefactos culturales que pasan por nuestros ojos y manos.

- Pasar al menos dos horas navegando en internet.

- Ver los millones de series de TV de las que habla todo el mundo.

- Ir a todos los eventos, talleres, cursos que se programan todos los días.

- Estar en continuo contacto con nuestra familia y amigos.

- Aportar parte de nuestro tiempo al bien común.

- Empezar un proyecto emprendedor además de trabajar por cuenta ajena.

- Viajar.

- Dedicarnos tiempo del que se suele llamar “para uno mismo”.

Insostenible, ¿no os parece?

Yo también sufro de esta epidemia moderna, es difícil contarse otra historia. Sí, la presión es grande. Pero esto es lo que hago, por si os puede servir, para no estresarme más de lo que no puedo evitar.

Prioridades y renuncias.

Creo que fue el poeta Joan Margarit quien dijo: “Todos tenemos tiempo para una cita de amor” (no lo dijo así textualmente, pero no encuentro la cita). Y esta es una de las claves. Y si es tan fácil actuar por prioridades, por importancias, por lo que más nos llena, ¿porqué no lo hacemos? Lo que observo en mi, o mejor dicho, en mi antigua yo, es que el ruido mental no me dejaba ir a mi esencia y saber realmente cuales eran mis prioridades, mis amores.

Afortunadamente, con los años, he podido ir apagando todo ese ruido.

Por otra parte, las renuncias. Una forma de ser más libre es la de saber renunciar, saber dejar ir. Me duelen todos los libros que no podré leer, todos los conocimientos que no podré integrar, todas las personas con las que no pasaré más tiempo. 

Pero decido que el dolor sea únicamente el natural, el que no puedo evitar y renuncio a añadir más de la cuenta, añadir más presión lamentando todos los días el (poco) tiempo que tengo. Renuncio, dejo ir. No puedo llegar a todo.  

Deberes escolares. “Porque siempre se ha hecho así”

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Foto de Heva

No sé bien qué decir de los deberes.

El diccionario tiene varias acepciones para la palabra “deber”:

- Estar obligado a algo por la ley divina, natural o positiva.
- Tener obligaciones de corresponder a alguien en lo moral.
- Cumplir obligaciones nacidas de respeto, gratitud u otros motivos.

Hay algunas más pero cada vez son más lejanas al tema que me interesa y me he cansado de copiar.

No parece que nada de eso se corresponda con los deberes escolares. Creo que los deberes no son obligaciones de la ley divina o la natural. Y después de pensar un poco sobre ellos, creo que tampoco hay ninguna ley “positiva” (es decir, hecha por un legislador) que los indique. No tiene mucho que ver con obligaciones morales, ni con respeto, gratitud… quizá con la obediencia sí. Pero sobre todo, con la costumbre, porque “siempre se ha hecho así”.

¿Cual es la justificación para los deberes? Me han dicho que se ponen para dos cosas: una, mejorar los procesos de aprendizaje de los niños. Dos, para que aprendan a esforzarse.

A veces parece que sin deberes se hundiría el mundo. A lo mejor sí. Como yo tengo una gran estima por el método científico me gustaría que se comprobara si se hunde el mundo o no. Pongamos a un grupo de niños sin deberes y a otro con deberes. Subdividamos ambos grupos a su vez, y trabajemos con unos de manera tradicional y con los otros con un sistema más activo e innovador. Evaluemos al cabo de un periodo de tiempo estipulado el rendimiento académico, la capacidad para esforzarse (no se cómo, pero seguro que alguien piensa en la manera de hacerlo), y también, por qué no, la satisfacción personal, la motivación y el bienestar emocional. Y luego decidamos.

Yo, personalmente, no me apostaría mucho dinero a que salen ganando los deberes tradicionales. Hago trampa, porque algunas de esas cosas ya se han medido y se ha descubierto que los deberes en su versión más tradicional no son útiles. Pero volvamos a comprobarlo, con luz y taquígrafos. Actuemos en base a la evidencia y no porque siempre se ha hecho así. Aprendamos a ponerlo todo en duda y no seamos como los protagonistas de la parábola de los monos y los plátanos.

Niños científicos, adolescentes entusiastas

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vía Freepik

 

Los niños y las niñas son, por naturaleza, pequeños científicos. Su función en la vida es aprender, acumular conocimiento. Por eso tienen una curiosidad innata, la mente abierta a todo tipo de estímulos y una capacidad inagotable para realizar experimentos que validen sus hipótesis.

Esto es lo que han comprendido en la escuela pública El Roure Gros de Santa Eulàlia de Riuprimer y por eso han hecho de la ciencia el eje vertebrador de su proyecto. Los conocimientos no se compartimentan en materias ni los alumnos se separan estrictamente por edad, permitiendo que haya grupos de trabajo de niños de diferentes edades. Trabajan por centros de interés y abordan proyectos siguiendo el método científico: se plantea un tema, se formulan hipótesis, se hacen experimentos para comprobarlas o refutarlas y se plasman las conclusiones en un informe. Las clases magistrales apenas se utilizan, excepto para casos concretos, y los niños trabajan en grupo o individualmente, moviéndose libremente por los espacios interiores o exteriores según sus necesidades.

El maestro no es la fuente del saber sino un guía que plantea dudas, motiva y los impulsa a profundizar. Su función es acompañar, fomentando la autonomía y la responsabilidad del alumno. Los errores no son penalizados sino tomados como elementos fundamentales en el proceso de aprendizaje. No se trata de “lo has hecho mal” sino más bien de “este resultado no era el que esperábamos, ¿qué debemos cambiar? ¿quizá la hipótesis no era correcta?”. Después de años aplicando este método de trabajo han conseguido demostrar que los niños son científicos capaces, y que su curiosidad, en lugar de apagarse, crece cuando es correctamente atendida. El aprendizaje para estos niños es un placer.

Si el niño es un científico, el adolescente está en tránsito hacia la vida adulta, ese momento en que los principales aprendizajes ya están hechos y en que se necesita la capacidad de ejecutar con eficiencia las tareas necesarias para la supervivencia. Claro que hay que seguir aprendiendo durante toda la vida, pero también se adquiere la responsabilidad de actuar con rapidez y acierto. La toma de decisiones, aunque aparente ser un tema de gran racionalidad, es una cuestión sobre todo de emociones. En ese tránsito, el adolescente debe reorganizar su cerebro. No es que pierda el espíritu científico pero se convierte en un ser mucho más emocional. Si no queremos lidiar con adolescentes apáticos y apagados, ¿qué debe hacer la escuela?

Creo que a esta pregunta responden, de manera explícita o implícita, institutos de secundaria como la SINS Cardener de Sant Joan de Vilatorrada. Este es un instituto público de secundaria obligatoria de una población de tamaño medio. El alumnado es diverso, con situaciones de dificultad como las que podríamos encontrar en cualquier instituto del país. Las clases empiezan y acaban sin timbres y, al igual que en el Roure Gros, las divisiones entre materias se han superado. Es cierto que hay unas horas dedicadas a las “habilidades”, que sería lo más próximo a una asignatura tradicional. Estas habilidades son trabajo sistemático de materias instrumentales, de habilidades que consideran necesarias para entender el mundo y comunicarse con él: las lenguas, las matemáticas, la educación física, la educación visual y plástica y la música.

También tienen talleres, que son espacios para experimentar y movilizar los saberes: talleres de música, ciencia en contexto, escritura creativa, fotografía, iniciativas sociales, hands-on (espacio de mantenimiento y creación)… Y un bloque horario de “lenguajes”, donde se trabaja la comunicación (no solamente lingüistica): francés, alemán, televisión, cocina, malabares, teatro, jardinería, oratoria… Tanto los talleres como los lenguajes se escogen teniendo en cuenta los intereses del alumno y las indicaciones tutoriales, y no están compartimentados por edad.

Sin embargo, la columna vertebral del centro son los proyectos, siete al año, con problemas definidos por los tutores pero abiertos a la sintonía, las ganas y las maneras de hacer del grupo. “La predisposición de nuestro alumnado cuando entra en el aula de proyectos es brutal”, dicen los profesores. “Lo primero que hacen es reunirse los miembros de cada grupo y, con decisión, empiezan a organizar la sesión de trabajo del día. Enseguida se pueden observar las primeras crisis y conflictos. Sí, surgen crisis, ¡vaya si surgen! Visto desde fuera podría percibirse mucha agitación, movimiento e incluso demasiada actividad, pero si participas en el proyecto descubres un desorden muy organizado. Todos juegan su papel, todos forman parte de un engranaje y, al final, a través del diálogo y la argumentación, casi siempre se llega a un consenso y se consigue un producto final digno y, a menudo, brillante”. Un producto final que debe exponerse públicamente.

Y, finalmente, están los espacios de tutoría, elemento fundamental. Los lunes a las ocho de la mañana hay una tutoría de grupo, con una función organizativa, funcional y formativa. Los viernes hay otra tutoría, en grupos reducidos de entre siete y catorce alumnos, que sirve para reflexionar, cerrar la semana y compartir emociones. En el marco de las tutorías se hacen asambleas para llegar a acuerdos y también, si hace falta, para resolver conflictos. Las normas de convivencia son pocas y pactadas con el alumnado. En caso de conflictos o situaciones complicadas que afecten al grupo o a todo el centro, la asamblea tiene prioridad e implica parar las clases y, por lo tanto, se trasciende el espacio dedicado a la tutoría. En estas asambleas se exponen los porqués, los motivos y las actitudes ante los hechos acontecidos. Los profesores afirman que lo normal es que haya silencio y mucha participación.

“Un día de trabajo en la SINS Cardener es suficiente para darte cuenta de que algunas barreras se han eliminado en este centro educativo. Sustituir barreras para trazar puentes. Puentes que van del alumnado al profesorado, a las familias, al pueblo de Sant Joan de Vilatorrada y su tejido social y, por extensión, al país y al mundo”, dice Jaume, uno de los profesores.

En la SINS Cardener han descubierto que el mundo es uno (no muchos mundos que se pueden estudiar por separado y sin contexto), que trabajar por proyectos es vivir a la vez que se crece en conocimientos y que las emociones de los alumnos no quedan fuera del centro al entrar. Aquí existe el convencimiento de que la motivación es fruto de poner siempre en juego el diálogo para resolver todos los conflictos. Esto significa que todo el mundo, desde el conserje al director, está siempre disponible para hablar e incluso, si hace falta, reir o llorar. No es solamente el método de trabajo lo que importa, es también la visión de la educación y el trato diario entre profesor y alumno, su cercanía. El resultado de todo este trabajo, dicen, es que un día cualquiera a la hora de entrada puedes ver, sobre todo, tranquilidad, risas y ganas de empezar.

Para saber más:

Adolescentes, ¿incapaces de interesarse por nada? 
Web de El Roure Gros
“La mirada científica de los niños”. Roser Jordà. Artículo aparecido en Kireei Magazine 4, sobre el sistema de trabajo de El Roure Gros.
Conèixer, descobrir i aprendre junts a través de la ciència. Video sobre la experiencia de El Roure Gros (en catalán). 
Web de SINS Cardener. 

Otros ejemplos de escuelas interesantes en Kireei:

- Los espacios de libre circulación de La Llacuna de Poblenou.
- Brightworks, una escuela extraordinaria. 
- Cambiar las aulas y los horarios para una nueva escuela. 
- Cocinando una nueva escuela.