Archivo de la etiqueta: reflexión

Empatía de ida y vuelta

Dayeon-An5

Ilustración de Dayeon An

Cuando convivimos con alguien con bajo nivel de empatía sufrimos los estragos que esta situación causa y nos pasamos la vida lamentándonos con los consabidos: “No me entiende”, “Si me conociera de verdad entendería que…”, “no me apoya”, ” no sabe lo qué quiero”.

Pero no somos conscientes de que alguien con bajo nivel de empatía no puede entendernos y no lo hace adrede, es incapaz. Y lo que pasa es que nosotros mismos nos convertimos en alguien con bajo nivel de empatía hacia ellos cuando no lo entendemos.

Cuántas veces me ha pasado que me he enfadado porque no me han entendido y la otra persona se ha enfadado ante mi airada respuesta.

La empatía ha de ser de ida y vuelta, como todo lo demás en la vida. Y cuando la empatía no funciona siempre nos queda la compasión, que es la empatía sin esperar nada a cambio, el más alto grado de amor por el otro.

 

 

 

 

La importancia de ser vulnerables

25-2-2018 0.2.40 2

Ilustración de Lady Desidia

Que levante la mano quien no tiene miedo a ser vulnerable. Nadie, ¿verdad? A todos nos aterra desnudarnos y sufrir, abrir nuestro corazón y que nos lo rompan, acercarnos demasiado y que se alejen y perder lo que pensábamos que ya teníamos, hablar de nuestros sentimientos y que usen nuestras palabras para dañarnos, mostrarnos humanos y que se nos tilde de inocentes y cándidos.

Y como tenemos miedo a todo esto, nos cerramos, nos alejamos, nos escondemos, nos insensibilizamos, damos menos de lo que podemos dar, sobre todo damos menos amor del que podemos dar.

Las buenas noticias son que si bien es cierto que la vulnerabilidad es arriesgada, es el único camino para vivir una vida plena, intensa y llena de amor. Porque el amor que damos, se nos devuelve exponencialmente.

Las buenas noticias son que ser vulnerable es el único camino al éxito, si veis éxito como la plenitud personal, con vivir acorde a tu esencia, a lo que realmente te importa. 

Las malas noticias son que cuanto más te escondes, y tienes miedo a ser vulnerable, menos sabes lo que realmente te importa.

Todo lo importante es difícil, cuesta mucho, por eso huímos de la vulnerabilidad, porque es difícil y a veces duele.

¿Cómo queremos vivir nuestra vida? ¿Difícil y plena o fácil e incompleta?

 

 

El pozo de Natalia Ginzburg (y de las mujeres)

iratxe

Artículo publicado en Kireei 9. Texto de Jenn Díaz e ilustración de Iratxe López de Munáin.

 

Natalia Ginzburg tiene una mirada particular. Ahonda en las emociones y las situaciones más cotidianas con una sabiduría insólita, de una lucidez impecable. El mundo de las mujeres — lo que les ocurre a las mujeres por serlo — es un tema complejo, lleno de matices, de fácil interpretación libre, del todo subjetivo y muy conflictivo. Por eso es tan difícil abordarlo con maestría. Por eso de cada texto nacerán nuevos textos y nuevas reflexiones. Y por eso hay tanta polémica, siempre, cuando se habla de ello. Las primeras defensoras y detractoras somos nosotras, que nos aliamos a favor o en contra de las palabras de una de las nuestras. El texto de Natalia Ginzburg que lleva por título A propósito de las mujeres es difícil, contradictorio y muy, muy rico.

Por una parte, Ginzburg se retracta de un artículo que escribió después de la Liberación. No porque dijera en él ninguna mentira, sino que le parece demasiado obvio, ilusionista, por el momento en que se escribió. Dice de las mujeres las cosas más vagas y más generales: que no son peores que los hombres, que si las dejan pueden hacer grandes cosas… Eso ya se sabe, aunque en determinados momentos sea más que necesario recordarlo porque el mundo parece olvidarse de nosotras por más que no pueda prescindir de nuestra aportación. Se da cuenta de que ha hablado de las mujeres como se habla de vaguedades, y quiere profundizar. Entonces encuentra algo que, según ella, nos aúna: el pozo en el que caemos. Las más libres, las más fuertes, las débiles, las tristes, las decididas, las madres, las solteras… no importa: hay un pozo al que nos precipitamos, una melancolía inusual, una tristeza que nos hace caer y caer. El texto está lleno de ambivalencias y, sin embargo, me parece enteramente feminista pese a que en determinados momentos pueda parecer que su discurso nos esté empequeñeciendo hasta la nada.

Entonces me pregunto ¿por qué me parece un texto lleno de rebeldía y de liberación? Y es porque reconocer ciertos aspectos —el pozo, la banalidad, lo superficial, la culpabilidad o el sentimiento de inferioridad que nos han inculcado— no nos hace menos feministas sino que refuerza nuestro mensaje. Es cierto que lo que Natalia Ginzburg llama el pozo de las mujeres no es más que una melancolía que podría ampliarse hasta dar con los hombres o, al menos, con cualquier persona sensible. Ella habla de las mujeres solamente porque le parece que los hombres son más libres y más sanos. El texto, es cierto, tiene momentos ambiguos si se lee con la sospecha de que nos está atacando a nosotras, al sexo que nos han dicho que es el débil. En cambio, mi lectura es muy distinta. ¿Y qué si ese pozo existe y vamos cayendo todas, más o menos, y nos quedamos en él mucho o poco tiempo? ¿Nos hace eso menos mujeres y más injustas? ¿O nos demuestra que pese al pozo, lo logramos?

No podemos olvidar el contexto en el que Natalia Ginzburg escribe el artículo. No podemos olvidarlo, pero también creo que algo de ese pozo ha quedado en la generación de hoy en día y que el texto no está tan pasado de moda. Las mujeres tenemos ese pozo bien a mano y podemos caer o no. Podemos asomarnos solamente, pero la historia nos dice que ese pozo nos ha acompañado durante años y reconocerlo no nos debilita. Reconocer el pozo, familiarizarnos con él, nos hará valientes y libres. No es genéticamente femenino, pero pocas mujeres han podido escapar de él: lo construyeron para nosotras. Habrá que aprender a bordearlo.

 

La revolución de uno mismo

1-14 (2)

Mi editorial para Kireei 9 publicado en diciembre 2017

 

Cada uno puede hacer una pequeña revolución dentro de sí mismo saliendo de la cáscara del egoísmo y haciéndose responsable de todo y de todos”. Gianni Rodari

Tengo un amigo que siempre dice: “Si TODOS hacemos un POCO, unos POCOS no tendrán que hacerlo TODO”. ¿Os imagináis que todos hiciéramos un poco más de lo que hacemos? Cuánto podría cambiar el mundo con esa pequeña contribución de tanta gente.
No podemos justificarnos continuamente con la consabida excusa de “yo soy solo una gota en el océano y por mucho que haga nada va a cambiar”. Si el mundo ha cambiado a lo largo de los siglos ha sido por muchos revolucionarios de sí mismos que se plantaron ante la sinrazón y las injusticias, ante el despropósito de unos pocos.
Porque si lo pensamos bien, hay más gente que quiere cambiar el mundo que gente que quiere mantener el statu quo para no soltar su poder. Su fuerza viene dada por nuestra debilidad y esta, a su vez, viene dada porque nos creemos débiles. Se trata de cambiar nuestras actitud y nuestras rutinas, y para cambiarlo necesitamos elegir.
Yo elijo valentía en vez de miedo. Elijo esperanza en vez de cinismo. Profundidad en vez de superficialidad. Elijo slow en vez de fast, leer en vez de hacer scroll, seguir a gente inspiradora y talentosa que abre nuevos caminos y paradigmas en vez de hacer lo de siempre, seguir a los de siempre y conformarme con lo de siempre. Elijo cuidarme en vez de descuidarme. Elijo tejer redes en vez de meterme en una burbuja, justicia en vez de sinrazón. Elijo feminismo en vez de indiferencia, sostenibilidad en vez de híper-consumismo, escuelas innovadoras en vez de viejos métodos caducos.
Elijo amor, gratitud y alegría como modo de vida. Elijo revolución, por pequeña que sea, como modo de avanzar.
Espero que disfrutéis de este nuevo número de Kireei dedicado al mundo que queremos. Un mundo más justo, sostenible, feminista y libre.

 

Se necesita tiempo

3-2-2018 20.2.19 1

Ilustración de Monann

 

Se necesita tiempo para darte cuenta de que (casi) nada es importante.

Para que no te asuste el paso del tiempo.

Para aceptar que tu propones y la vida dispone.

Para silenciar el ego y vivir a través del espíritu.

Para amar incondicionalmente.

Para saber quién eres.

Y para conocer a los demás.

Se necesita tiempo para crecer.

Para cambiar tu visión de mundo.

Para que te importe solo lo importante.

Para entender tus emociones.

Para finalmente poder sentir compasión hacia quien te ha dañado.

Para saber perder y para saber ganar.

Se necesita tiempo para de verdad disfrutar del momento.

Para decir sí y decir no.

Para sacar de tu vida todos tus lastres.

Para no preocuparte por tu físico, para sentirte bien en tu cuerpo.

Para saber estas sola,

y para querer estar acompañada.

Se necesita tiempo para hacerte amiga del miedo,

para estar tranquila de la vida.

Para dejar de estar enfadada con el mundo y en paz contigo misma.

Se necesita tiempo para pasar el tiempo contemplando la vida.

 

¿Dopamina o serotonina?

laura perez

Mi artículo publicado en Kireei 9. Ilustración de Laura Pérez

Quién iba a decirme hace unos años que hoy estaría hablando de desconexión en vez de hablar de conexión. Y no es que no valore la conexión, al contrario. Creo que en los próximos años la conexión aún tendrá mucho más sentido que ahora, pero hay que evitar la parte tóxica que conlleva nuestro nuevo estilo de vida híper-conectado.

Seth Godin habla del “pleasure/happiness gap” y comenta que el placer es lo que obtenemos en el corto plazo, es adictivo y egoísta. Se toma, no se da. Funciona a través de la dopamina. Mientras que la felicidad es a largo plazo, es aditiva y generosa. Es dar, no tomar. Funciona a través de la serotonina.
Si llevamos esto al mundo del consumo claramente algunos empresarios venden placer, pues es una vía rápida a ingresos fáciles. Si enganchas a la gente, tienes fuente de ingreso frecuente y en abundancia.
Por otra parte, la felicidad es algo difícil de comprar. Requiere un camino que no es tan fácil, requiere paciencia, evitar el corto plazo, pensar qué queremos en la vida, confiar en que lo rápido no da la felicidad sino el andar todo el camino.

Porque lo que interesa de verdad es la conexión real, no la superficial. ¿Cuánta conexión real hay en un perfil de Instagram con decenas de miles de seguidores? Quizás la misma, o incluso menos, que la de un perfil con unos centenares de seguidores.

Porque la conexión real es algo más que pasarse el día haciendo scroll en Instagram. Conectar con la gente es otra cosa, es algo más profundo.

El problema no es internet en su globalidad. El problema es que todo lo que hayamos consumido en internet a lo largo del día sea una interminable sucesión de imágenes en las que no nos detenemos más de 1 segundo en cada una. ¿Qué hay de acabar el día cogiendo un libro en la cama en vez del móvil? ¿Cuándo fue la última vez que leísteis entradas largas y profundas en los blogs?

Pasar por las cosas de puntillas y no profundizar, vivir en diferido y no en directo, aparentar más que ser, híper-conectar pero no conectar… Esto es la vía rápida, la del placer, que es una vía insuficiente porque siempre te deja con ganas de más.

Bernadette Jiwa habla del declive en creatividad que resulta de la híper-conexión, porque si estamos todo el tiempo mirando lo que los demás hacen ¿cuándo encontramos tiempo propio de absoluta soledad y desconexión, que es el que se necesita para ser realmente creativo?

Los efectos de la dispersión en la que vivimos son claros: miramos más cosas pero en realidad “vemos” menos. Descartamos reflexionar sobre lo que miramos porque no hay espacio para la reflexión, no hay tiempo para pasarse a observar, admirar y profundizar.

El 22 de septiembre de 2015, Jason Gay envió este “tweet” as sus seguidores de Twitter:
“Hay un chico en esta cafetería, sentado en una mesa. No está con su móvil, no tiene un portátil, solo está bebiendo café, como un psicópata”.

Este tweet fue retuiteado 34.000 veces y no es de extrañar. Nos choca vernos reflejados con una verdad tan de cajón como esta.

Decía un amigo mío el otro día en Facebook (precisamente): “hacer scroll es la nueva droga”. Y no pude estar más de acuerdo. ¿Qué es la droga sino una gratificación instantánea y momentánea?

En los primeros meses de 2017 la Royal Society for Public Health y la organización Young Health Movement condujeron un estudio acerca de los efectos del uso de redes sociales en jóvenes de 14 a 24 años, y los resultados fueron clarísimos. En el ranking más alto de negatividad estaba Instagram con sus efectos nocivos culpables de causar depresión, ansiedad, soledad, insomnio, bullying y FOMO (Fear of missing out, miedo a perdérselo).

Por otra parte, Instagram tenía efectos positivos tales como la expresión personal, la identidad y la construcción de comunidades.

Y ahí es donde quería llegar, a que la herramienta bien utilizada tiene muchas cosas positivas y todos lo sabemos. Pero me da la impresión de que perdemos el norte con su sobreuso porque no hay que olvidar que es simplemente eso, una herramienta de comunicación, y no hace falta estar continuamente comunicando.

Más que nunca, ahora tenemos que hacer el trabajo duro de elegir felicidad si no queremos vivir una sucesión de días enganchados a la dopamina. Controlar qué leemos y qué consumimos, confiar en que no nos perdemos nada si no navegamos por redes continuamente, vivir tranquilos y serenos, contándonos otro tipo de narrativa.