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¿El proceso o la meta?

betania zacarias

Ilustración de Betania Zacarías 

Ante esta pregunta la mayoría de nosotros contestaría “el proceso” sin pensarlo dos veces, ¿verdad? porque ¿qué es la vida sino el disfrute del camino? ¿qué importancia tiene un futuro incierto cuando lo único que tenemos es un presente seguro? Pero el otro día me puse a pensar en ello y me di cuenta de que mi respuesta sería las dos cosas: el proceso y la meta. Y como en los posts de fin de semana a lo que voy es a reflexionar sobre lo que hay en la intersección entre trabajo y vida, o mejor dicho, entre nuestro entorno de proyectos creativos y la vida me apeteció reflexionar aquí hoy sobre esto.

Por supuesto que el proceso es importante, el día a día, el aquí y ahora, es en realidad lo que vivimos a tiempo real, lo que sentimos como vida, lo que saboreamos, pero la meta también es importante. Me doy cuenta de cómo mi meta en mi proyecto creativo, que es Kireei, dibuja la hoja de ruta del proceso, del día a día, de las decisiones que tomo para que evolucione en un sentido o en otro. Mi meta para este pequeño proyecto es grande, tan grande como pensar en que pueda incluso trabajar aquí en un futuro mi hijo, si le apetece. También tengo otra grande: hacer feliz a la gente, inspirar, ayudar y acompañar, y otra: consolidar una pequeña plantilla de colaboradores que encuentren en Kireei su trabajo estable y soñado. Y podría continuar con unas cuantas más de este estilo. 

Con estas metas se diluyen muchas dudas y obsesiones más mundanas, que a veces nos nublan la vista. Ante un bache, o una dificultad muy concreta solo hace falta mirar el cuadro entero para saber si ese problema concreto es importante o no a la hora de llegar a la meta que sobrevuela por encima de todo. 

Mientras reflexionaba sobre esto ayer, vi este artículo en redes “así vive la empresa española elegida como la mejor para trabajar” y enseguida me di cuenta de que iba en esta linea. Fijaos en esta cita “Todas las decisiones que ha tomado la compañía en el campo de Recursos Humanos se basan en una máxima: el trabajador debe disfrutar con lo que hace y sentirse valorado”. Y con esta meta en mente todo el proceso va en la linea y no me extraña nada que lo haya conseguido. Os recomiendo seguir el enlace y leer el artículo.

Veamos un ejemplo muy simplificado: si tu meta es tener una cafetería que haga felices a sus clientes por encima de todo, tendrás el mejor café del mundo, no usarás agua del grifo que estropee su sabor, decorarás con gusto y encanto el entorno para que el cliente se sienta como en casa y contratarás una plantilla que deposite el café en la mesa con una sonrisa y una palabra amable, y no a alguien que lo lance en la mesa de malas maneras. Mientras que si tu meta no es tan elevada seguramente recortarás en calidad del producto, y contratarás a personal a bajos sueldos, por decir alguna cosa entre muchas otras. Dos metas distintas, dos procesos distintos. No hace falta que diga que el primer caso sacará menos margen pero consolidará un proyecto a largo plazo mientras que el segundo, ya os podéis imaginar.

Podemos jugar a poner ejemplos como este, puede ser divertido. Os invito a hacerlo, y os invito también a mirar vuestro entorno vital y laboral ¿Cuáles son vuestras metas? ¿Cómo dibujan el proceso? ¿Cómo cambia la hoja de ruta del proceso cuando cambias la meta?

Puede que suene naive por la manera en que lo expreso pero no lo soy, por descontado sé que para que una empresa avance hay que hacer números, previsiones, estrategias empresariales y de marketing, y todo lo demás, yo también lo hago pero una cosa no quita la otra. Cuando la meta es elevada el proceso se convierte en elevado también. Y en la vida, pues igual, aunque con las dificultades inherentes a la vida. 

Con este reflexión en voz alta me doy cuenta de que a lo largo de los años en mi proyecto creativo he dejado de preocuparme por la zona media y he pasado a mirar mucho más los dos extremos. Lo que quiero que pase en un futuro y lo que pasa hoy, lo que hoy hago para llegar a esa meta. 

 

Sé para qué no valgo pero no sé para qué valgo

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Ilustración de Cosas mínimas para Kireei magazine

 

Esta frase que seguramente hemos pronunciado la mayoría alguna vez es en parte cierta y en parte un autoengaño. Ciertamente si nos observamos de cerca, con ojo crítico, sin contarnos historias, y sin escuchar las que nos cuentan podemos saber también para qué valemos, porque a estas alturas de nuestra vida, nos vamos conociendo, ¿no?

Pues no, quizás no nos conocemos lo suficiente o nos basamos en una concepción típica, ya sabéis, para escribir hay que ser escritor, para dibujar hay que ser artista, etc, etc. Nos lo han dicho millones de veces, desde pequeños. ¿Qué quieres ser de mayor? y las respuestas siempre van en la linea de una profesión u oficio muy específico. El efecto Pigmalión puede tener un lado positivo (dime qué puedo llegar a ser y lo seré) pero también uno muy perjudicial (lo mismo).

¿Sabíais que en Canadá los dos primeros años de carrera puedes coger asignaturas de varias carreras y no decides en qué especializarte hasta el tercer año? quizás no es así del todo exacto pero este argumento me sirve para llegar donde quiero llegar, al de poder descubrir que valemos para muchas más cosas de las que creemos, aunque no lo sepamos y que vale la pena averiguarlo y materializarlo.

Para lo que cada uno de nosotros vale es una fórmula o cocktail complejo que vale la pena averiguar y que puede cambiar con el tiempo, porque cada uno de nosotros es único y cambiante, aunque parezca una paradoja. Me parece muy interesante un fenómeno común, que yo misma estoy viviendo, de quienes a mitad de su vida laboral cambian de profesión completamente. El ejecutivo que monta un hotel rural, la química que monta una tienda de productos ecológicos, la arquitecta que crea una asociación sin ánimo de lucro… Y no, no me refiero a la gente que cambia de profesión forzados por la situación económica. Pero un momento, ¿he dicho completamente? Ahí está una de las claves. En realidad no son cambios radicales, uno llega a su nuevo proyecto con toda la experiencia que le ha aportado el antiguo, y con la sabiduría de los años, solo tiene que aplicar esos recursos a la nueva situación. Y seguir aprendiendo, porque esa es otra de las claves (hay muchas, de este tema podrían salir miles de posts, es muy amplio). Nunca dejar la formación, sea del tipo que sea. 

Tres apuntes más. El primero: los ingredientes clave que hacen que nuestra fórmula o cocktail sean únicos suelen ser nuestros recursos personales más que los intelectuales o profesionales aunque estos también son importantes, pero estos tienen que venir de serie. Suele ser nuestra actitud la que decanta la balanza.

El segundo apunte: como comentaba arriba, hay que ser auto-crítico y quitarse muchas vendas de los ojos a la hora de descartar las cosas para las que no valemos. Si eres bueno en arte y pésimo en números, podrás llegar a ser muy bueno en arte, con la práctica, la experiencia, la formación, pero probablemente nunca llegues a ser bueno y menos aún muy bueno, en números, y viceversa.

Por último, el tercer apunte. Dicen que para encontrar tu proyecto, tienes que averiguar qué hay en el espacio que comparten tus pasiones, tus habilidades y lo que puede llegar a ser rentable. Es decir, si trazas tres círculos con lo que te apasiona hacer y no te cansarías nunca, lo que sabes hacer de manera muy potente, y lo que puede llegar a venderse o pueden pagarte por ello, ese espacio es el que tienes que explorar a fondo. Piensa creativamente y diseña tu propio proyecto teniendo en cuenta que ese espacio tiene un sinfín de posibilidades y que es un espacio que puedes compartir con más gente. A veces nuestra fórmula se refuerza siendo una pieza de un equipo.

Resumiendo:

1. Descarta las cosas para las que no vales (esta es la parte fácil, de ahí el título). Las cosas más evidentes.

2. Quítate vendas o revisa tus creencias o las cosas que te han contado. Tanto para lo uno como para lo otro.

3. Añade y refuerza tu actitud personal a la ecuación o fórmula que te hace ser quien eres.

4. Explora el territorio que aparece cuando juntas tus pasiones, tus habilidades y lo que puede ser rentable.

5. Tu fórmula única se puede aplicar a un sinfín de proyectos, piensa creativamente y rodéate de gente si te hace falta, de personas que sumen.

Un último apunte: Hazlo, hazlo posible, prueba y vuelve a probar. Tu fórmula única la averiguarás sobre todo haciendo, probando una y otra vez.

Y como comentábamos en redes el otro día: haz cosas porque sí, porque te gustan, aunque supuestamente no valgas para ello, eso también forma parte de tu actitud ante la vida.

 

El poder de la palabra

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Ilustración de Anuska Allepuz

“Un día, mirando desde la ventana de mi aula a los niños que jugaban en el patio, libres, felices, se me ocurrió compararlos con los que tenía sentados delante de mí en sus mesas, obedientes, resignados, sin ideas, mientras que los de ahí abajo estaban vivos, rebosantes de fantasía. Desde aquel día dije basta a un viejo tipo de escuela, la escuela autoritaria en la que yo mandaba y los niños obedecían y empecé otra en la que liberando a los niños me liberaba a mí mismo, daba sentido a mi propia vida y dejaba de hacer de ellos pequeños esclavos”.  

Estas son palabras de Mario Lodi, pedagogo italiano que falleció en marzo de 2014 a la edad de 92 años. Lodi creía que el pedagogo no era un especialista en conocimientos sino un experto en conversar con los niños. Según él, los niños no debían ser “los sin voz”, sino que iban a la escuela a expresarse, pensar y crear. 

Gianni Rodari, escritor y pedagogo, también creía en el poder liberador de la palabra. Decía: “ ‘El uso total de la palabra para todos’ me parece un buen lema, de bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”. 

En su poema “El cien existe”, Loris Malaguzzi reivindicava la expresión infantil utilizando múltiples lenguajes (cien) y lamentaba que los adultos les robaran noventa y nueve de ellos :

“Le dicen:

que piense sin manos,

que haga sin cabeza,

que escuche y que no hable,

que entienda sin alegrías,

que hable y se maraville

sólo en Semana Santa y en Navidad.” 

El uso de la palabra, junto con todas las otras formas de expresión que existen, es instrumento de libertad, es herramienta de descubrimiento, nos pone en contacto con el otro. Aprender a usar la palabra y a respetar la palabra del otro, he aquí uno de los principales objetivos que la escuela debería perseguir. Pero demasiado a menudo nos centramos en enseñar a escuchar y a repetir lo que la autoridad marca, consagrando el valor supremo del silencio, el respeto entendido como sumisión y la libertad como un peligro que aplazamos para luego, “cuando seas mayor”. 

Dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su prólogo que es “la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”. 

Solo deseo un mundo donde la palabra sea libre y eso nos libere del temor. 

Elena Ferro

 

Corazón, amor.

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Ilustración de Lady Desidia

 

Leí hace poco que el corazón tiene cerebro y no me sorprendió nada. Dice el estudio de Annie Marquier que las decisiones las tomamos antes en el corazón y este envía las señales al cerebro.
Adiós dilemas, el corazón ya decide por nosotros, y además, decide bien, escoge lo que nos conduce a nuestro bienestar personal. El sistema tiene un “pero” (siempre hay alguno). No funciona de manera tan fluida si no se cultivan las cualidades del corazón: amor, paciencia, generosidad, aceptación, empatía valentía, abrirse a los demás y por tanto exponerse, ser vulnerable y correr el riesgo de ser lastimado, de sufrir decepciones y todo un sinfín de cosas que etiquetamos como los estragos del corazón, de amar demasiado, de abrirse demasiado, de ser demasiado bueno… Además, también se anula si se vive continuamente desde el miedo, el enfado, la frustración, la desconfianza, etc. Al final, sí que existe cierto dilema, por tanto. Decidir desde donde queremos vivir.

Vivir desde el corazón conduce al amor, al sueño, a la belleza, al bienestar personal pero todo esto conlleva un riesgo, un esfuerzo, una decisión valiente. Aunque el resultado del estudio no nos convenza, y pensemos que la noción de un corazón con cerebro suena absurda, en realidad no importa, lo que marca la diferencia es nuestra actitud ante la vida.

Mi deseo para este año en el que entramos es que viváis desde el amor, desde el corazón, suena cursi y más en estas fechas, lo se, pero no importa. Vivir desde el amor puede que no sea la opción más fácil y cómoda pero estoy convencida de que es la que más cosas bellas os aportará, a pesar del riesgo.

Feliz 2015, feliz vida.

 

 

Regalar libros

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Póster de Coaner para Kireei

 

“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Jorge Luis Borges.

Cuando regalas un libro no estás regalando un objeto, no es papel y tinta, no. Cuando regalas un libro estás regalando la posibilidad de poner en contacto dos mentes separadas por el tiempo y el espacio. Estás ofreciendo la posibilidad de recrear ideas, pensamientos, mundos… de reinterpretarlos, de conectar con otro y a la vez desconectar de todo. Con un libro regalas una cerilla que, si se usa bien, puede hacer saltar una chispa e incluso encender una hoguera. Un fuego que tal vez arda para siempre.

Claro que te arriesgas a que el libro se convierta en un mero objeto decorativo en casa del agasajado. Un lomo muy visto para unas páginas nunca visitadas. Es un destino triste para un libro pero no menos digno que el de muchos objetos de los que nos rodeamos. Sin embargo, la mera posibilidad de que un día unos ojos recorran las letras y se produzca el milagro…

Si el receptor del regalo es un niño, todavía mejor. Hay personas que creen que todo lo de los niños no vale, es pobre, es “infantil” y, por lo tanto, irrelevante. Que con unos dibujos coloridos ya vale; “total, lo van a romper enseguida”. No puedo estar más en desacuerdo. Suscribo, en cambio, las palabras de Vicente Ferrer Azcoiti: “Según mi opinión, si tiene algún sentido hacer libros, tiene sentido sobre todo hacerlos para los niños. Porque el mundo (y a veces nos olvidamos) es de los niños. Los mejores libros deben ser para los niños, las mejores historias, los mejores dibujos, el mejor papel, las primeras estanterías. Nada de repartir las sobras y condenar a los niños al rincón más apartado de las librerías, nada de dedicarles textos poco exigentes y dibujos que no son sino una caricatura triste de lo que hacen los mismos niños. Eso no está bien, no es bonito.”

Para entrar en el mapa de la imaginación de un niño – magistralmente descrito, por cierto, por J.M.Barrie en Peter Pan y Wendy – hay que hacerlo con reverencia, con respeto, y llevando solamente lo mejor que podamos ofrecer. Los niños son futuro, y hay que cultivar ese futuro, pero sobre todo son presente, y hay que dignificarlo.

Creo, como Gianni Rodari, en el valor liberador de la palabra y en el poder de la fantasía.

Elena Ferro

 

El futuro de los pequeños

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Ilustración de Delphine Durand 

Una vez iba en metro con uno de mis hijos. Entonces él tendría apenas tres añitos. El vagón iba muy lleno y mi niño, agarrándome fuerte la mano, me dijo: “Mamá, me siento muy pequeño”. Me invadió la ternura y acto seguido no pude evitar pensar: “Hijo mío, ¿cómo crees que me siento yo frente al mundo? Muy pequeña, también.”

Somos irrelevantes. A veces esa es la sensación que nos queda cuando vemos cómo funcionan las cosas. Formalmente somos una democracia pero efectivamente las decisiones se toman en unas esferas vedadas al común de los mortales. Podemos votar cada cuatro años, eso es cierto, pero a menudo no tenemos una opción de voto que refleje nuestros deseos o que finalmente pueda llevarlos a cabo. Al fin y al cabo, para construir un partido político no basta con ideas sino que se requiere una capacidad de mobilización y organización que no siempre está presente. Y luego está la posibilidad de cambio real desde arriba. Hay tantos filtros, obstáculos y condicionantes… ¡Pero no voy a hablar aquí de política! O sí, porque al fin y al cabo, política son los asuntos de la polis. Y como ciudadanos, “toda la política que no hagamos, la harán contra nosotros”. Pero… ¿qué podemos hacer si somos tan pequeños?

Hay quien cree que el futuro será de los grandes, que las multinacionales se harán (o se han hecho ya) con el control. Pero también podría ser que el futuro fuera de los pequeños. Porque los pequeños somos muchos e incontrolables, como las hormiguitas. Podemos decidir hacer lo que nos interesa a nosotros y no lo que nos dicen que nos interesa. Tenemos la posibilidad de utilizar el pensamiento divergente y no hacer aquello que nos dicen que funciona sino lo que nos funciona a nosotros. Por ejemplo, utilizando la colaboración en vez de la feroz competencia, adaptando a los nuevos tiempos las viejas fórmulas cooperativistas (cooperativas de consumo, de trabajo, de ahorro, de servicios…), utilizando las redes personales (físicas y virtuales), pensando en el impacto social de nuestras acciones y buscando el beneficio mutuo en vez de la depredación y el parasitismo.

Creo que las claves del cambio en nuestra actuación como consumidores y productores (de productos o de servicios) están en la creatividad, la sostenibilidad y la solidaridad. Esto puede aplicarse a un artesano, a una tienda de barrio, a un grupo de arquitectos, a un bufete de abogados, a una escuela, a una explotación agrícola o a una empresa industrial. Todo cambio que se produzca desde abajo puede acabar teniendo un impacto mayor que el imaginado. Intentémoslo, pero no en solitario: hagámoslo entre muchos, construyamos el futuro que queremos.

Elena Ferro