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Los cuentos vintage de Fine little day

A Fine little day le gusta coleccionar libros infantiles vintage, aquí tenéis algunas imágenes. ¿Y a vosotros?

Un zoo en mis manos

Este libro no lo hemos tenido en nuestras manos pero nos ha encantado el concepto y la estética y por eso hemos querido mostrároslo. Se trata de Zoo in my hand, de Éditions du livre y como veis contiene toda una serie de animales que se van despegando, cortando y montando. El libro al final queda con las siluetas y los datos de cada animal. Inteligente idea.

 

Lecturas recomendadas

Como solemos hacer cuando se aproximan las vacaciones seleccionamos algunos lecturas recomendadas para daros ideas. Incluimos la sinopsis de las propias editoriales.

El encuentro, Florence Ducatteau y Chantal Peten. Editorial Flamboyant

Osito vive lejos de todo, en el bosque, al lado de un río. Vive tranquilo y está encantado. Leontina, su nueva vecina, quiere conocerle, pero Osito no quiere amigos, ¡y mucho menos una amiga!

La discusión, Florence Ducatteau y Chantal Peten. Editorial Flamboyant

Leontina le propone a Osito jugar a cocinitas. Osito no se lo toma muy bien y ¡ se niega a jugar a un juego de niñas! Vivirán su primera discusión y hará falta un acontecimiento peligroso para que hagan las paces.

 

Adiós a la tierra de los colores vivos, Otis Rodríguez Marchante y Pere Ginard. Editorial A buen paso.

Secretos que no deben salir a la luz, increíbles aventuras que se niegan a abandonar las cuatro paredes de una habitación, misteriosos ordenadores con vida propia y dudosas intenciones, tesoros que aparecen cuando menos te lo esperas. En las páginas de Adiós a la Tierra de los colores vivos, lo inesperado es el auténtico protagonista: cuatro historias de transformación, de descubrimiento, de iniciación. Oti Rodríguez Marchante explora los entresijos de la adolescencia, esos días llenos de grises y aún así bañados por el color, por la ilusión de que todo está por hacer y Pere Ginard los ilustra con trazos sugerentes, como si el mundo estuviera lleno de esquinas que escapan a nuestra mirada. En Adiós a la Tierra de los colores vivos se reta al lector a escudriñar los rincones, a sonreír o a esconderse: si los libros pudieran hablar éste no se callaría nunca.

El cuento del carpintero, Ibán Barrenetxea. Editorial A buen paso.

Firmín es el mejor carpintero que jamás haya existido, de manera que el día en el que el barón Von Bombus pierde un brazo en el fragor de la batalla, el Médico, la Baronesa, el Ministro y el Cardenal acudirán a él para que le fabrique uno nuevo al incansable guerrero. El resultado será tan espectacular, que las ganas del barón de seguir combatiendo seguirán creciendo en lugar de disminuir y Firmín se encargará de ir reemplazando las extremidades dañadas en sus contiendas hasta casi quedarse sin madera. Así llegaremos al hilarante desenlace de la historia del noble que gusta de batallar y de su carpintero de cabecera, un final tan redondo como la figura del Barón. Iban Barrenetxea ilustra este cuento con imágenes de doble página ricas en detalles y toques de humor. No falta un delicioso desplegable para ayudar al lector a perderse en las escenas de esta historia que, a pesar de su sencillez, se abre a múltiples interpretaciones y que nos recuerda aquel dicho para invocar a la buena fortuna que el Barón supo aplicar tan entusiásticamente: “¡toca madera!”.

Un angel travieso, Ignacio Sanz y Noemí Villamuza. Narval editores

El ángel de la casa en ruinas está harto de que los niños que pasan se diviertan tirándole bolas de nieve y un día, para asombro de todo el pueblo, desaparece.

 

El viejo y la margarita, Roberto Aliaga y Guridi. Narval editores.

¡La margarita está llena de pulgón! Para solucionar el drama de la margarita, el viejo se mete en un laberinto de problemas que, finalmente, acaban teniendo un feliz e inesperado desenlace.

Shrek

 

¿Hartos de princesas rosa? ¿De caballeros de brillante armadura? ¿De que ganen siempre los guapos? ¿De adivinar siempre el final perfecto de cada perfecto cuento de hadas? ¿De que incluso en el cuento tradicional más truculento los ogros, dragones y brujas acaben siempre hechos puré y habiendo sido meros contrapuntos de los verdaderos protagonistas? 

Siempre hay alguien que prefiere conocer el otro lado de la historia. Pues para eso nació Shrek, uno de los nuevos títulos de Libros del Zorro Rojo, una editorial que siempre se mueve fuera de los caminos trillados, con criterio propio y una exquisita selección de títulos.

«Su madre era fea y su padre era feo, pero Shrek era más feo que los dos juntos. Nada más dar sus primeros pasos, ya era capaz de escupir llamas a noventa y un metros de distancia y de echar humo por las orejas. Con tan solo una mirada atemorizaba a los reptiles del pantano. Y si alguna serpiente era lo bastante tonta como para morderle, moría al instante entre horribles convulsiones.»

Olvidad la película. (A mi me gustó, pero eso da igual). Mis hijos sí la han visto y de todos modos les ha gustado y sorprendido el libro. Así que, conozcáis o no al ogro de cine, no dejéis de acercaros al ogro original de William Steig. El formato del álbum es actualmente atípico por aquí: no es ni un álbum ilustrado al uso con brevísimo texto incrustado artísticamente en cada ilustración, ni una novelita con dibujos de tanto en tanto. Es un álbum ilustrado que combina un texto “demasiado largo para los que no saben leer, demasiado corto para los que sí” (en opinión de mentes cuadriculadas) con ilustraciones de diferentes tamaños, una en cada página. Es un formato que me recuerda a los libros de Sven Nordqvist, de la editorial Flamboyant,  y que los lectores de nuestro país no suelen apreciar en su justa medida. ¿He dicho lectores? Quería decir compradores. Dejaos de tiquismiqueces y dadle una oportunidad a formatos que triunfan en otras partes del mundo. Vuestros niños os lo agradecerán.

 

¿Animar a la lectura?

¡Tres años! Tres años pagando religiosamente el coste anual de una revista infantil, ¡porque leer es bueno!, ¡hay que promocionar la lectura!, y todo ¿para qué? Apenas miran la portada y la contraportada. En la contraportada hay una historieta que les hace reír. La tiran por cualquier parte. Me encuentro la revista en el sofá, bajo la mesa, enterrada bajo los álbumes de cromos. Ya me he cansado, les he dicho que los voy a dar de baja, porque nunca quieren leer solos ni siquiera un par de páginas antes de ir a dormir. Dicen que no les apetece. Que les lea yo un cuento. ¡Pero ya son mayores! Saben leer perfectamente, incluso el pequeño es capaz de leer solito. Pero son muy vagos. ¡Pues hasta aquí hemos llegado!

Ahora, otra versión de la misma historia:

Hace tres años que mi hijo mayor me pidió suscribirse a una revista infantil. Me hizo mucha ilusión porque era la misma revista infantil que yo también leía en la escuela. Nunca estuve suscrita, pero recuerdo esa revista con muchísimo cariño, así que suscribí a mi hijo mayor. Al principio solamente leía la historieta de la contraportada. Con su hermano, se tronchaba de risa… así fue como el pequeño empezó a interesarse por la revista también. De algunos números solamente han mirado los dibujos. De otras, intentaron poner en práctica sin mucho éxito algunas de las manualidades propuestas. Algunas veces han pasado varios números sin leer nada, pero ¿cómo voy a culparles si yo hago lo mismo con la revista de historia a la que estoy suscrita? Es cierto, a veces me leo hasta los anuncios con fruición y otras veces me doy cuenta de que ya tengo tres números atrasados sin leer, y la sensación de que es posible de que así se queden. Y eso que me encanta. Sin embargo, se que a veces mis hijos hojean su revista porque me la encuentro en diferentes sitios, como si se fuera desplazando sola. Y conocen a los personajes fijos, aunque no se de qué porque nunca los he pillado leyendo acerca de ellos. Creo que no les gusta que les vea leyendo, quizá tienen miedo de que si les pillo a media lectura les obligue a acabarla, o me tome eso como un precedente para una obligación inamovible. O a lo mejor temen que les reproche que pasan las páginas demasiado rápido “para habérselo leído todo” o que solo miran los dibujos.
Por la noche me piden que les lea yo. En voz alta. Y yo lo hago porque no quiero que asocien la lectura al penoso seguimiento de unas letras que todavía no tienen domesticadas. Prefiero que practiquen el descifrado cuando no hay más remedio, en la escuela, con los ingredientes de la caja de cereales, o con las instrucciones de un juguete. Los libros son para el placer, no para el sufrimiento. Así que disfrutamos de la lectura en voz alta, y veo como sus ojos miran más allá, ven mis palabras transformadas en una película mental, y espero con emoción pero mucha paciencia el día en que querrán quitarme el libro de las manos y devorar ellos mismos las palabras, las letras ya domesticadas, libres del penoso desciframiento infantil, directas al cerebro lector. Puede pasar a los 7 años, a los 10, o más tarde. Que dominen la mecánica no significa que hayan comprendido la magia.
Ayer por la mañana, cuando fui a despertar al mayor, encontré un cómic abierto sobre las sábanas y la luz de su cama todavía encendida.

Fomentar la lectura es una de las obsesiones de muchos padres y también de las escuelas. Por desgracia, tengo la sensación de que muchas veces nos marcamos como objetivo ver al niño con el libro abierto entre las manos y nos interesamos únicamente por el aprendizaje de la mecánica de la lectura primero y por la comprensión lectora después. Son aprendizajes importantísimos, pero no garantizan la pasión por la lectura. Esta no surgirá hasta que el niño encuentre “su libro” y se produzca el milagro de que las letras desaparezcan ante sus ojos y se abra una puerta cuyo umbral ha de atravesar solo. Mientras esto no sucede, nada tiene de malo (¡al contrario!) ayudarle a vislumbrar lo que hay tras la puerta a través de la lectura en voz alta, no importa la edad del niño. Creo que nos falta naturalidad, confianza y paciencia, y que estamos siempre apresurando procesos, marcando objetivos y ofreciendo recompensas innecesarias para motivar actitudes cuya motivación solo puede ser interna.

Una casa con libros al alcance, unos padres lectores, historias en voz alta a la hora de dormir, variedad de temas y formatos (conocimientos, álbumes ilustrados, novelas, cuentos tradicionales, cómic…), abandonar la actitud pedante ante la cultura y ofrecer libertad para leer y ¡también! para no leer, son suficientes armas, a mi parecer.

Pensando todo esto, leer Como una novela, de Daniel Pennac, fue una liberación, una alegría. Os recomiendo encarecidamente su lectura.
También está disponible en catalán. En el blog Libros y literatura tenéis una completa reseña.

Esta es la lista de los derechos de los lectores, según Pennac. 

  1. El derecho a no leer
  2. El derecho a saltarnos las páginas
  3. El derecho a no terminar un libro
  4. El derecho a releer
  5. El derecho a leer cualquier cosa
  6. El derecho al bovarismo (leer para satisfacer nuestras sensaciones)
  7. El derecho a leer en cualquier sitio
  8. El derecho a hojear
  9. El derecho a leer en voz alta
  10. El derecho a callarnos
     

* Las ilustraciones son de Quentin Blake.

 

Yo quiero mi gorro

 


Hoy os queremos hablar de un fantástico libro que ha llegado a nuestra manos. Yo quiero mi gorro, de Jon Klassen, editado en español por Milrazones. Esta es la reseña de la propia editorial:

Un oso pierde su gorro y va preguntando a distintos animales del bosque si lo han visto. Todos ellos le van contestando que no, incluso el que lo lleva puesto. Esta situación pasa desapercibida para el oso hasta que se encuentra con un ciervo. Es entonces cuando vuelve a por su gorro y… 

Este es un libro infantil particularmente inteligente, con una parte de su acción que transcurre fuera de escena. Al final, no solo los niños, también los mayores, sueltan la carcajada. Toda la historia está explicada a través de diálogos, con tan solo un par de frases cada dos páginas y acompañadas por unas ilustraciones magníficas.

Elegido por The New York Times Book Review uno de los diez mejores libros ilustrados del año, Yo quiero mi gorro se convirtió en un éxito inmediato que ha generado un montón de parodias por miles de autores aficionados.

Título original: I want my hat back