Yo soy, por Mireia Simó

estibaliz

Ilustración de Pintameldia

 

Pues si, como decía Cris el domingo pasado, con el paso de los años solemos tener más claras nuestras preferencias, lo que nos gusta y lo que no, lo que nos atrae y lo que no nos interesa nada. Solemos tener mucho más claro donde invertir nuestro tiempo y dedicación.

Y eso es señal de salud. Desde bien pequeños, en nuestra relación con el mundo, nos vamos definiendo como personas, nos construimos, y vamos eligiendo aquello con lo que nos sentimos identificados. Y eso lo vamos haciendo como resultado de las experiencias relacionales que tenemos.

Aunque el proceso de individuación y construcción de nuestra propia identidad dura toda la vida, hay momentos especialmente importantes para esto. Como dice Evania Reichert, autora del libro “Infancia, la edad sagrada”, hay “periodos preciosos y sensibles” (me encanta esa manera de nombrarlo!). “Son momentos especiales en que están en maduración determinadas áreas del cerebro, lo cual facilita el surgimiento de habilidades, siempre que el medio sea suficientemente bueno”.

Así, hay un primer momento en la vida, cuando los niños y niñas empiezan a experimentarse como personas separadas de su mamá, empiezan a caminar, empiezan a decir Noooo a todo, con el fin de diferenciarse de los demás e ir sintiéndose y construyéndose como personitas únicas.
Luego, si todo va bien, esto se relaja un poco, hasta que llega la adolescencia, donde la necesidad vuelve a surgir con fuerza. Es cuando uno ya no es niño, tampoco adulto y está ahí en medio, definiéndose.

Entonces, si no se queda nada atascado, llegamos a ser adultos con las cosas claras y con un buen conocimiento de nuestra persona. Con el contacto y conciencia suficiente como para poder fluir con la vida sin confundirnos y sin perdernos. Aunque eso no significa que no tengamos periodos en la vida de incertidumbre, de replanteamiento, de dudas y de crisis.

Eso forma parte de la existencia. La diferencia está en cómo lo vivimos.

Luego, con la madurez y las experiencias de vida, vamos teniendo cada vez más claro nuestro camino y como decía antes, nuestras preferencias. Y eso es tan satisfactorio… Tener claro dónde queremos estar, como queremos invertir nuestro tiempo y sentirnos tranquilos con lo que hacemos cada día es estupendo.

Por eso, llega un momento en la vida que donde ponemos la atención es en aquello que tiene que ver con nosotros y no como cuando somos adolescentes que nos interesa casi todo lo nuevo porque es un momento de buscar.

La madurez es momento de disfrutar de lo que somos, de lo que hacemos, de lo que sabemos que nos gusta y de lo que hemos ido construyendo, y no tanto de buscar. Aunque, es cierto, que la sociedad actual, bastante líquida por cierto, y bastante indefinida, está favoreciendo cada vez más personas que se pasan la vida buscando porque no encuentran lo que quieren, aburridas e insatisfechas. Puede ser que todavía no sepan si quiera lo que les haría sonreír.

Y claro, no es lo mismo, tener claro lo que me aburre y sentirme apasionada y entusiasmada con la vida al mismo tiempo, como decía Cris, que sentirme aburrida e insatisfecha, como pueda ser el caso de las personas que todavía no han definido su identidad, tengan la edad que tengan.

 

Mireia Simó Rel .Psicóloga. Terapeuta Gestalt. Especializada en Intervención Familiar e Infantil. Co-directora formación Técnicas Gestálticas Aplicadas a las Familias en el ITG (Instituto de Terapia Gestalt de Valencia).

 

2 respuestas a Yo soy, por Mireia Simó

  1. 1
    virginia dice:

    buenos días, totalmente cierto ;) algo bueno tiene que tener cumplir años :) aceptación! feliz día!

  2. 2
    Gladys dice:

    Es muy cierto!!! Me gustó mucho leer este post

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